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Laser Zone
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Hablar de Llamasoft, es hablar de Jeff Minter, alias El Peludo, uno de los programadores más originales (era hasta psicodélico, diría yo) de los primeros años del C64. Si había algo que dominaba este que era uno de los pocos hippies decicados al mundillo de los videojuegos, sin duda se trataba del chip SID. Ya en 1983, lograba arrancarle algunos de los efectos más sorprendentes... por no hablar de las músicas (un ejemplo: echadle un vistazo -o un orejazo, más bien- al Hover Bovver).
Pero si había algo de este melenudo genial que llamaba la atención, era su extraña obsesión por los borregos y ... ¡las llamas! Me refiero a estos bichejos andinos a medio camino entre los dromedarios y los gamos, que comparten con sus jorobados primos del desierto la costumbre de rociar a escupitajo limpio a cualquiera que se les ponga a tiro. Tiene gracia, sí... de ahí el nombre de su compañía.
Quizás Laser Zone no sea el título más emblemático de Minter, pero sí que es uno de los más psicodélicos.
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Probad a jugarlo con las luces apagadas, y cerca del monitor, ya veréis que colocón, ya... Y es que, cuando la pantalla se llena de horrendos malosos, en niveles avanzados, y nuestros disparos los hacen saltar por los aires en medio de chispas de colores, el juego casi se transforma en un espectáculo de fuegos artificiales en miniatura. |
Recuerdo, de hecho, que esta era una de las cosas que más me gustaban, en mis tiempos, de este juego: el colorido de las batallas. Bueno, esa y el sonido. Laser Zone no podía ser una excepción en la carrera de virtuosismo del SID, de Minter.
¿Y el argumento? ... La verdad... ¿qué más da? No creo que importe mucho
que los invasores se llamen Zusfs o Frulos, y vengan del planeta Raticulín, o
de un mundo en torno a la estrella Bibidibabidibú, a sotopocientos años-luz de
cualquier lado. Lo que importa es dejarse el dedito pegado al botón de disparo.
El tuyo y el de algún amiguete, porque en Laser Zone pueden participar dos
jugadores simultáneamente (y creo que debió de ser de los primeros títulos
que permitían tal opción). Uno de ellos controlará la estación de combate
que se desliza a derecha e izquierda, en la parte inferior de la pantalla, y el
otro, la que se mueve arriba y abajo, hacia la derecha.
Si un solo usuario se enfrenta a las hordas de invasores, la cosa se complica
sobremanera: tendrá que controlar a las dos estaciones a la vez, y es no es
nada fácil.
| En cada fase hay dos tipos de malosos distintos: unos atacan cayendo desde las alturas, y tratando de posarse en la superficie sobre la que se mueve la estación de defensa en la parte inferior de la pantalla, y los otros revolotean de izquierda a derecha, tratando de hacer lo propio con los rieles verticales. | ![]() |
Si uno de los marcianitos consigue tocar a cualquiera de las dos estaciones, la volará en pedazos y perderemos una vida.
En principio, una estación que se mueve sobre raíles en los que se han posado
enemigos lo tiene en chino, ya que no puede disparar a su lado... pero sin embargo,
ambas pueden inclinarse un poco, y lanzar un rayo en diagonal, hacia la superficie
sobre la que corre la otra estación (por ejemplo: la que se mueve en la parte
inferior de la pantalla puede girar su cañón unos pocos grados hacia la derecha,
de modo que sus descargas impacten contra el raíl en ese lado). Así, se hace
posible que uno de los puestos de defensa ayude al otro.
Supongo que ya os estaréis imaginando que esa táctica, cuando participan dos
jugadores, es relativamente sencilla de llevar a cabo... pero cuando es uno
solo el que se las ve y se las desea para frenar a las hordas de babeantes invasores,
resulta terriblemente difícil. Y para terminar de rizar el rizo, si una de las
estaciones no apunta bien y acierta a la compañera mientras trata de ayudarla,
la hará saltar por los aires.
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Son simplísimos. Prácticamente no hay escenario: sólo un fondo negro, y las dos superficies perpendiculares sobre las que se mueven las estaciones de defensa. |
El resto, son sprites que, en general, no están mal hechos, pero como son el único elemento que dota de variedad al juego (cuando completamos una fase, en la siguiente cambia la pareja de especies que nos ataca), hace que termine siendo algo repetitivo. Lo más llamativo es el despliegue de colorido que se produce en los momentos cumbre de las batallas... bueno... para un juego de 1983 no está mal, al menos.
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Excelente; muy en la línea de Minter, con un curioso surtido de efectos casi psicodélicos. Sin embargo, no hay música. |
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Un matamarcianos extraño, frenético y tremendamente difícil para un solo jugador. |
| * El colorido en algunos momentos. * Los efectos de sonido. |
* Dificilísimo para un solo jugador. * Tiende a hacerse repetitivo. |