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The Muncher
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En los 80, hubo un tipo de juegos de difícil clasificación. Yo he decidido meterlos en el saco de los "arcades", porque este es algo así como el "género genérico" (perdón por la pollez), pero lo cierto es que forman casi una categoría propia. Me refiero a los títulos comparables al Rampage (este fue el que lo empezó todo, con permiso del "The Movie Monster Game", de Epyx), en los que un bichejo colosal, estilo Godzilla, King-Kong, o similar, se dedica a arrasar todas las ciudades por las que pasa, mientras se las tiene tiesas con el ejército y se merienda a los peatones.
Bueno, pues aunque no he visto todos esos gratificantes machaca-civilización (ea, ya me salió la vena megalomaníaca... perdón), salvo los mencionados Rampage (muy bueno), The Movie Monster Game (curioso), y una especie de versión medieval del tema (Ramparts -bastante entretenido-), creo que, en mi opinión, no es necesario para decir algo tan rotundo como: The Muncher es el mejor. En serio. Es un juegazo.
Hemos de manejar a uno de los sprites más gigantescos y versátiles que jamás se han paseado por la pantalla de un C64. Y para muestra, un botón: mirad la foto de abajo.
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Muncher es una especie de descomunal lagartija mutada a causa de las radiaciones de los vertidos nucleares que cierto país (no especifican cuál, aunque tiene toda la pinta de ser Japón... al menos, el segundo nivel se llama "Nintendo Village") hace al mar. |
Vaya, sí, como Godzilla. Pues resulta que el engendro está comprensiblemente cabreado (a ver quién encuentra unos gayumbos como un zeppelín de grandes... si a mí me hicieran eso, me tocaría mucho las narices), e irrumpe en la costa y, ni corto ni perezoso, la emprende a mamporros con edificios y coches, ventilándose a algún que otro viandante, de tapita.
El ejército no tarda en responder. Al principio, tímidamente: nos sobrevolará algún que otro helicóptero, casi más en misión de reconocimiento que de ataque y veremos a algún que otro soldadito, correteando despistado. Pero pronto se volverán mucho más agresivos... especialmente conforme nos acerquemos a su base.
Hemos de recorrer cada nivel (no se desarrollan en una única pantalla, como
en el Rampage, si no que ocupan varias -tanto en extensión como en altura-, y
hacen scroll en consecuencia), derribando rascacielos, hoteles, apartamentos...
Muncher es como un elefante en una cacharrería. Prácticamente cualquier
movimiento suyo se carga algo. Hacedle dar un salto y, si pilláis un tanque
debajo, lo convertiréis en un felpudo. Giradlo repentinamente y, con la
inercia, su cola pondrá en órbita un trozo de algún edificio.
Tenéis que verlo: es una gozada. Sí, está dibujado con unos píxeles del
tamaño de calabazas, pero ¡da lo mismo! Es rápido, expresivo, puede trepar
por la fachada de los edificios más altos (mirad la foto de abajo), lanzar
dentelladas al aire, para tratar de cazar a algún helicóptero, pegar patadas,
puñetazos (a varias alturas), coletazos... y hasta escupir bolas de fuego
verdaderamente devastadoras. Uno de los protagonistas de videojuego más
versátiles que he visto nunca.
Además, el enorme bicharraco tiene, como el título de aquel disco de los "Gansan
rouses", un auténtico "apetito de destrucción". Fijaos en su
caricatura, en la parte inferior de la pantalla. Irá cambiando de expresión
en función de la devastación que causemos. Si estás demasiado tiempo sin reducir
un orfanato a escombros, o sin laminar a alguna ancianita, Muncher irá impacientándose.
Su "retrato" mostrará una expresión de fastidio cada vez más vehemente.
Si seguimos en nuestras trece de causar el menor destrozo posible, la monstruosidad
actuará por su cuenta: comenzará a dar golpes, saltos, puñetazos, o a escupir
fuego, sin que podamos evitarlo. Afortunadamente, el arrepijo se le pasa en
seguida. Vuelve a relajarse (su caricatura sonríe de nuevo), y otra vez nos
hacemos con su control.
No creáis que os podéis tomar esto a chacota: cuando a nuestro lagarto
sobrealimentado le dan uno de estos ataques, prácticamente siempre escupe
alguna bola de fuego... y hay que tener en cuenta que son limitadas y, en
ocasiones, vienen de perilla.
| ¿En qué ocasiones? Pues, por ejemplo, cuando nos las
tengamos que ver con algún caza (están entre los enemigos más
peligrosos del juego: vuelan a toda velocidad, haciendo acrobacias para
ponerse fuera del alcance de nuestras fauces, mientras nos acribillan a
misil limpio), o sobre todo, con alguno de los monstruos del ejército. |
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Sí señor: los militares han creado su propia fauna radioactiva, toqueteando el código genético de bichos tan pacíficos como las pequeñas tortuguitas... y los han convertido en engendros descomunales, capaces de darle de sopapos a nuestro Muncher, hasta debajo de las escamas de los sobaquillos...
Lo mejor del juego, sin duda, son los personajes. No solo Muncher... hasta el más insignificante paisano resulta expresivo. Es muy divertido ver el susto que se pegan las señoras cuando se topan con el caos desatado que es nuestra gigantesca lagartija. Algunas huyen en sentido contrario... pero otras parecen armarse de valor y echan a correr entre las patas del monstruo. Aquí es cuando nuestra mala leche más profunda asoma... si pulsamos fuego+abajo en el momento justo Muncher atrapará a la desdichada que, con un agudo gritito (muy cómico, jejeje) desaparece en la boca del monstruo. (Además, nos da una unidad de energía, así que ya sabéis... ¡a zamparos a todos los peatones que podáis!
El juego está lleno de detalles, insisto. Los helicópteros, que nos atacan con sus ametralladoras o sus misiles... o incluso lanzándonos paracaidistas (hay algunos, por cierto, que si nos las apañamos para que caigan sobre los hombros del aprendiz de Godzilla, conseguiremos que el resto de los militares no abran fuego contra nosotros) -en un arrebato de mala uva, podéis dar un brinco hacia uno de ellos, mientras cae y cazarlo de un mordisco en pleno vuelo (el monstruaco lo masticará a conciencia)-, los tanques, jeeps, camiones (algunos transportan agua -vienen fatal para eso de las bolitas de fuego-, y otros, gasolina -todo lo contrario-)... en general, prácticamente todos los personajes que aparecen, están cuidados hasta el más mínimo detalle.
Empezamos con una sola vida, pero podemos conseguir más si recogemos algunos de los huevos que aparecen en ciertos niveles y los dejamos en barriles radioactivos. Si Muncher cae aporreado por el ejército, otro nuevo dinosaurio tragón surgirá en el lugar en el que se encontraban los deshechos nucleares.
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Quizás no utilicen una resolución altísima, pero es sorprendente que, aún así, tengan tantos detalles (especialmente los vehículos y las personas). Muncher es verdaderamente colosal. Uno de los sprites más grandes y con mayor versatilidad que he visto nunca en un videojuego de C64. |
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Un tema musical técnicamente bueno pero una miaja rarito como composición y bastantes efectos de sonido, muchos de ellos realmente buenos (como el chillido que profiere la gente cuando Muncher la agarra para tragársela, o precisamente, el quejido del monstruo cuando le alcanza un misil o el obús de un tanque...) |
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Ya os digo: en mi opinión, The Muncher es el mejor juego "machaca-edificios" que he visto nunca. Es sorprendente su atención a los detalles, la cantidad de movimientos de que dispone el protagonista... un verdadero gustazo, vamos. |
| * El enooorme sprite del monstruo y la cantidad de movimientos
que tiene. * Los detalles de la gente, camiones, helicópteros... * Muuuuy adictivo. |
* El primer nivel es un paseo. El segundo es una miaja más fastidiado... y a partir de la base militar te quitarán los mocos a bombazos. (Si alguien se ha cargado alguna vez a la tortuga mutante, que me diga cómo...). |