Overlander
Género: Carreras / Arcade Música: Mark Cooksey
Desarrollado por: Elite Año: 1988
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A principios de los 80 hubo un argumento relativamente manido en algunas películas y videojuegos: en un futuro cercano, se produce una guerra nuclear global, que deja la Tierra hecha un cromo y a los pocos supervivientes viviendo en comunidades anárquicas y terriblemente violentas, entre mutantes y otros alegres hierbajos. Yo diría que la cosa empezó con Mad Max.

Y Overlander es una especie de, precisamente eso, Mad Max... aunque venido a menos. Incluso le han quitado megatones a la historia... la culpa de que todo el planeta sea un desierto seco y cuarteado la tiene la desaparición de la capa de ozono. Los rayos ultravioleta del Sol prácticamente han esterilizado la superficie del mundo y la mayoría de la población se ha visto forzada a construir refugios subterráneos.

Ya prácticamente nadie se aventura por los caminos y las carreteras del exterior... salvo las razas llamadas Habitantes de la Superficie (¡halaaa! ¡qué alarde de imaginación! ¿eh? Es como si dicen... "y sólo un pueblo se atrevía a navegar por el mar, y los llamaban Los que Navegan por el Mar") y los Overlanders, enamorados de sus coches, que retocan, remodelan y trucan a más no poder, hasta convertirlos en una (mínima) garantía de supervivencia en el mundo exterior.

¡Esta carretera no es lo bastante ancha para los dos, Flanagan! Precisamente ese es nuestro papel en este juego: convertirnos en un Overlander. Vivimos por y para nuestro coche y la única forma de mantenerlo a punto y de dotarlo de más potencia, más blindaje y, en general, más juguetitos surtidos para hacer pupa al prójimo, es ganar dinero con algún trabajo.

¿Y qué mejor trabajo que hacer de correo entre las ciudades subterráneas? De eso se trata.

Cada fase comienza con dos ofertas: una de la Federación y otra de los Señores del Crimen. Da igual si eliges una u otra. Me refiero a que no te condecorarán por seguir el camino recto, ni te perseguirá nadie por recorrer el retorcido. La única diferencia (aparte de la ética, claro) entre las dos opciones, será el precio que nos pagarán por hacerles el recadito. Siempre una de las dos ofertas será mayor que la otra. Y si la aceptamos, nos encontraremos con más oposición en las carreteras de la superficie. Ya sabéis: a más valor de la carga, más coña nos dan los malos.

Cuando aceptemos una, nos ingresarán un 50% por adelantado, para que podamos hacer frente a los gastos del viajecito. Y dado que la gasolina no es precisamente un bien abundante en este mundo chamuscado, os puedo asegurar que llenar un depósito se os llevará unos cuantos miles de dólares. De todos modos, siempre es conveniente dejar unas cuantas pelas para adquirir chucherías adicionales, tales como cuchillas en las ruedas (a lo Ben-Hur), granadas, lanzallamas, o vidas extras. Todo esto podremos elegirlo de un menú que aparecerá justo antes de que comencemos la misión.

Y ésta se basa en pisar el acelerador, esquivar los obstáculos de la calzada y emprenderla a tiros con los malos que nos asediarán. Principalmente, nos toparemos con dos tipos de enemigos: unos motoristas suicidas (que según el manual, adoran al Gran Dios Harley -jejeje, tiene gracia... supongo que sus equivalentes en lo que quede de España en este mundo imaginario, serán fieles acólitos de la Divina Vespa-) forrados de explosivos y cuyo mayor honor es reventar en cachitos estampándose contra cualquier morador de la carretera (no, embestirse entre ellos mismos no vale) y una banda de chiflados que conducen coches rapidísimos, recubiertos por una armadura impenetrable a las balas y que se lo pasan pipa tratando de empujar a nuestro bólido fuera de la carretera, para que se estampe contra alguno de los obstáculos que la jalonan.

La mayoría de estos tipejos (tanto los motoristas como los coches) aparecen adelantándonos velozmente desde atrás. Conviene, por tanto, que conduzcas por el centro de la calzada, porque como los energúmenos tienden a surgir por la izquierda o por la derecha, si tenemos la mala pata de conducir por un carril en el momento en el que se nos abalanza una moto cargada de explosivos, no tendremos tiempo ni de reaccionar. Sí, el juego nos avisa cuando se aproxima alguien por nuestra retaguardia, con una flechita amarilla que señala la dirección por la que vienen (izquierda o derecha), pero insisto, no hay tiempo material de reaccionar. Yo diría que apenas pasan un par de décimas de segundo desde que surge la flecha, hasta que el motorista o similar hace acto de presencia, como un poseso.

Pero hay más malosos, claro. Entre los que me parecen más incordiantes, se encuentran unos que tienen la divertidísima costumbre de apostarse en una especie de bunkers en los lados de la carretera, y dispararnos cuando pasamos junto a ellos (en la captura de la derecha tenéis un buen ejemplo).  A puntito de saltar por los aires

Será que yo aún no les he cogido el truco, pero cada vez que entro en una zona llena de estos energúmenos, tengo garantizado que voy a perder una o dos vidas (y comenzamos con tres, así que imaginaos la gracia...).

Es que no fallan una los tíos. Si te alejas de ellos... ¡te dan! Si te acercas a ellos ¡te dan! Oiga, pues me lo explique. Imagino que será cuestión de comprar blindaje antibalas, pero claro, la transacción no es precisamente comparable a la compra en la verdulería del barrio. Vaya, que te cuesta una pasta y, como ya os he dicho, la gasolina es astronómicamente cara, además de absolutamente imprescindible.

Para redondear la faena, a veces nos encontraremos con unos enormes camiones (esos que los yanquis llaman Bigfoot; ¿sabéis cuáles? ¡Sí, hombre! Los que tienen unas ruedas gigantescas, de cosa así de 4 ó 5 metros de altura), con un psicoesquizo en la parte de atrás (al menos eso aseguran las instrucciones, pero yo no he visto aún a nadie), que nos lanza todo tipo de explosivos. El cacharro aguanta bastante plomo antes de saltar por los aires, así que yo os sugeriría que reservarais algunas de las armas especiales (lanzallamas y demás bicocas) para estos encuentros.

Si llegamos a la ciudad de destino, nos pagarán la otra mitad del sueldo y podremos acceder a la siguiente misión, en la que las cargas serán más valiosas, lo que implica que los malos se pondrán especialmente plastas con nosotros. Vaya, que el juego es la leche de difícil. Nunca pude pasar de la segunda fase (ya en la primera me daban leña hasta debajo de los empastes) y además, para más regocijo, guasa y cachondeo, se desarrolla de noche cerrada. Y se conoce que en el futuro, eso de conducir con las luces encendidas será una mariconada, porque no se ve un pimiento.

 
 

Pues la verdad es que es uno de los juegos de carreras más resultones de C64. Eso sí, no es que el escenario esté lleno de detalles (como en el Out Run Europa, por ejemplo), pero en líneas generales, tanto los fondos como los personajes, están bien dibujados.

No hay efectos, pero sí un elenco de músicas muy bien hechas y que ambientan lo suyo. Me gusta esto, vamos... no es como muchos de los títulos modernos de C64, con temas principales que no te dicen nada, por muy bien hechos que estén (técnicamente); vamos, que les pones otro y te da lo mismo. Sin embargo, se nota que las músicas de Overlander fueron compuestas ex-profeso para este juego.

Siempre digo lo mismo sobre estos cruces de géneros. Con demasiada frecuencia, quien mucho abarca poco aprieta y, al final, una mezcolanza como la que propone este Overlander, entre arcade y juego de carreras, termina de forma que... bueno... ni destaca en un aspecto ni en el otro.

Entendedme bien: Overlander es un buen juego. Tiene buenos gráficos, la música es magnífica... pero la conducción es muy fácil, y la parte arcade es frustrantemente difícil. Sí, ya sé que me quejo con demasiada frecuencia de esto, pero cuando me empeño, llego bastante lejos en un juego, aunque sea la monda de complicado (¿ejemplos? Operation Wolf o Nebulus), pero hay algunos casos en los que, por mucho que me esfuerce, no hay manera... y en este, jamás pasé de la segunda fase. Demasié p'al body, en serio.

* La música.
* Gráficamente resultón.
* Frustrantemente difícil. Y no exagero.