Pole Position
Género: Carreras Música: ?
Desarrollado por: Atari Año: 1983
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Es curioso lo de este juego. Ya en su tiempo, me parecía que, técnicamente, se merecía un par de carcajadas (¡vaya pixels gordos, mamma mía!) pero, sin embargo, por alguna extraña razón, siempre que lo cargaba y comenzaba una carrera, la perspectiva y los gráficos me parecían agradables.

Algo parecido puede decirse de la mecánica: lo mejor que se puede decir de ella es que es extraña. Ni por asomo simula ninguna de las fuerzas que se supone están activas en una competición de Fórmula 1. Vaya, ni inercia, ni fuerza centrífuga, ni la madre que les trajo a todas... pero aún así... Pole Position es verdaderamente jugable.

Si Pitstop innovó incluyendo la posibilidad de parar en boxes para reparar nuestro bólido, Pole Position (basado, por cierto, en una recreativa) lo hizo precisamente con lo que su nombre indica: antes de cada carrera, haremos una vuelta de clasificación al circuito elegido (sólo hay tres: Malibu Grand Prix, Namco Speedway y Atari Grand Prix -ojo, diferentes de los que aparecen en la distribución de Datasoft-) y, en función de nuestro tiempo, ocuparemos un puesto u otro en la "Pole" de la competición en sí.

Precaussióoon, amigo conductooooohhrrr... ¿Que qué es eso de la "Pole"? Pues la parrilla de salida. Ni más ni menos. Hay ocho posiciones en ésta y más os vale conseguir una buena en la vuelta de clasificación, porque si comenzáis desde muy atrás, os será bastante complicado remontar puestos.

Los coches rivales, para variar, parece que funcionan a pedales y que su único papel es estorbarnos y servir de poco más que de obstáculos móviles que tenemos que esquivar. Y para colmo, al contrario que en la inmensa mayoría de los juegos del género, si chocamos contra uno de ellos, por muy leve que sea el toquecito, en lugar de simplemente pegar un respingo y perder algo de velocidad, nuestro coche reventará entre llamaradas, como si estuviéramos pilotando una carreta cargada de TNT. Chungo, sí.

Respecto a la velocidad de los oponentes: ya os digo. ¡Como pavas al trote, van los condenados! Nunca he entendido qué le ven de divertido a esto los aficionados a los juegos de carreras. Recuerdo uno de los títulos de este género más emocionantes y adictivos que he conocido nunca: se llamaba Indy 500 y aunque era bastante simple para los estándares actuales (pero funcionaba de miedo en mi antediluviano 386), era un auténtico desafío. ¿Que por qué? ¡Porque los rivales corrían como posesos! Las carreras eran auténticas luchas, en las que, para desempeñar un papel digno, tenías que afinar previamente tu bólido como si fuera un piano de cola, con toda la precisión y con todo el cuidado del mundo. ¡Eso SÍ es un juego de carreras como yo entiendo que deberían ser todos!

... pero bueno, tampoco es cuestión de exigir tanto siempre, ¿no? Especialmente porque estamos tratando con un verdadero fósil en esto de los videojuegos. 

En Pole Position, nuestro bólido tiene dos marchas: baja ("Lo" -de "Low"-) y alta ("Hi", -de "High"-). Pues bien: en la más corta, alcanzaremos un tope que ronda los 140 km/h.

Si quieres hacerte una idea de lo que debe de ser una carrera de Fórmula-1 de verdad, trata de conducir todo el tiempo con ella, porque tus rivales no circulan mucho más rápido. Vaya, como cualquier turismo en una autovía. A esa velocidad, sí que viviremos escenas verdaderamente emocionantes, tratando de adelantar a nuestros rivales. Nuevos neumáticos Pirelli Cuadradito's. Poderosamente inútiles.

Claro que, en cuanto metas la marcha larga y pongas el coche a más de 240 km/h, los demás parecerán haberse quedado literalmente clavados en el asfalto. De todos modos, en realidad, no te aconsejaría experimentar demasiado con la marcha corta, porque tenemos un tiempo límite para completar cada vuelta al circuito que hayamos elegido.

Muy al estilo Out Run, cada vez que crucemos la línea de meta obtendremos un minuto más, que se añadirá al tiempo restante. Si se nos agota, la carrera terminará, estemos donde estemos.

 
 

Es curioso. Los pixels son más que gordos... ¡son obesos! Mirar a los bólidos y otros detalles del escenario casi da risa. Fijaos en los coches rivales... ¡parecen marcianitos de recreativa de principios de los 80! Y lo mismo puede decirse de los carteles publicitarios que decoran los laterales de la pista.

Y no os cuento nada de nuestro propio vehículo. Fijaos en la rueda delantera, en la segunda captura. ¡Cuadrada, señores! ¡Cuadrada como un cubito de hielo! ¡Cuadrada como una caja de cartón! ¡Cuadradísima! ... y sin embargo, aún hoy en día, cada vez que cargo este juego... digamos que me "siento a gusto" en su "mundo virtual". La perspectiva, más "pegada al suelo" de lo que era usual en los juegos de carrera de aquella época (Pitstop, por ejemplo, se desarrolla con la "cámara" más elevada; bien es cierto que sus gráficos, aunque menos coloristas, son sensiblemente mejores), es bastante efectiva y los gráficos no resultan desagradables. Al final: un 6.

Pues casi podría decir lo mismo en este apartado. Tanto los efectos como las músicas suenan mucho, mucho, a ordenador. O más exactamente, a recreativa del Jurásico. Y quizás ahí radique su encanto. Había programadores, en aquella época, capaces de imitar perfectamente el sonido de las recreativas con el SID (Martin Galway, por ejemplo).

Vale... técnicamente, Pole Position es de risa. Sus pixels son inmensos, su sonido, de hojalata. Pero aún así y sobre todo teniendo en cuenta el año en que se produjo, es verdaderamente agradable y entretenido.

* Divertido. * Técnicamente chusquero.
* Que el menor roce con cualquier obstáculo, haga que nuestro bólido explote.