Puzznic
Género: Puzzle Música: Geoff Follin
Desarrollado por: Ocean / Software Creations Año: 1990
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He aquí otro género que ha desaparecido de los videojuegos actuales. No sé muy bien por qué y no creo que tenga que ver con el tipo de "jugón" de hoy en día. Me refiero... ¿quién le hace ascos a una partida al Tetris? (por poner un ejemplo). Igual es que cuando uno carga un CD-ROM recién salido del "horno" en su PC, o en su videoconsola, lo último que espera encontrar es una serie de piececitas de colorines, que deben moverse, unas sobre otras, mientras se escucha una musiquilla alegre y marchosa de fondo.

Por alguna extraña razón, un título así no parece tan fuera de lugar en, digamos, una Gameboy Advanced, o en otro invento portátil de similares características. Mirad: en el momento de escribir este comentario, son las tantas de la noche, tengo un dolor de cabeza considerable y más bien pocas ganas de analizar los motivos sociopoliticoeconómicos de la poca aceptación de los videojuegos como este Puzznic, en la actualidad. Digamos que igual es cosa de una alineación planetaria, y hala, sigamos adelante.

Erm... ¿alguna pista? Entiéndase que los puzzles, en el contexto de los videojuegos, no consisten en poner en su sitio una serie de piezas dentadas, hasta conseguir formar la imagen de un castillo superferolítico, un paisaje de vaya usted a saber qué pintor impresionista de Cracovia o una entrañable escena en la que Blancanieves barre la casa a sus siete compañeros (desde luego, las premisas de ese cuento son de lo más escandalosas, si te paras a analizarlas).

No: ya que contamos con gráficos, sonido y algún que otro detalle más (como aquello tan manoseado de la "interactividad" y que mister billipuertas parece empeñado en demostrar que fue inventada por el Windows 95), ¿por qué no darle un par de vueltas de tuerca al vetusto concepto de los rompecabezas? ¿Por qué no utilizar algún tipo de figuras móviles (o movibles) multicolores y algún que otro efecto de sonido de fondo para amenizar la cosa?

En Puzznic, concretamente, el objetivo es limpiar cada pantalla, eliminando todos los tipos de piezas que aparecen en ella. El área de juego se divide en una serie de ventanas sobre un "telón" de ladrillos. La principal es en la que tiene lugar la acción. Su forma y tamaño cambia en función del puzzle al que nos enfrentemos. Y hay la tira. Para ser exactos: 144. Suelen estar formados por una serie de bloques grises, a modo de pedruscos cuadrados y generalmente inmóviles, aunque con no poca frecuencia, encontraremos alguno que otro con la propiedad de desplazarse cíclicamente a derecha e izquierda, o arriba y abajo.

Entre esos bloques, bajo algunos o reposando sobre otros, veremos las piececitas que hemos de eliminar. Tienen la forma de cuadrados con una figura en su interior: esferas rojas, triángulos azules. Todas muy diferentes y reconocibles. Pues bien: la idea es mover un cursor por el área de juego (sólo en las cuatro direcciones básicas, es decir: arriba, abajo, derecha e izquierda; nada de diagonales) para empujar las piezas. Esto se consigue situando el citado cursor sobre una de ellas y, mientras se mantiene el botón de disparo pulsado, moviendo el joystick.

De momento vamos bien, ¿no? Vale. Ahora, lo que hemos de hacer es tratar de poner en contacto las piezas que tengan las mismas figuras inscritas en su interior. Cada vez que lo logremos, todas estas se desintegrarán. Y como ya os he contado, el objetivo final es destruirlas todas, antes de que termine el (a veces más bien escaso) tiempo con que contamos.

¿Fácil, decís? Sí, siempre y cuando sólo tengamos que unir piezas de dos en dos y no haya demasiados obstáculos entre ellas.

No, cuando comencemos un nivel con, por ejemplo, cinco rombos amarillos repartidos entre "ascensores" (bloques que se mueven), hondonadas y salientes. Tened en cuenta que no podemos mover piezas hacia arriba. Cuando pulsamos fuego con el cursor sobre una de ellas, sólo podremos desplazarla a derecha e izquierda. ¡Vamos! ¡Tirao!

Esto quiere decir que si una de las piezas cae al fondo de un pozo, no podremos sacarla de allí. La única manera de destruirla será arrojando otra del mismo tipo sobre ella. Pero ¿y si ésta se encuentra precisamente en otra hondonada? La cosa se complica, ¿verdad?

Más aún: en la práctica totalidad de las pantallas, las piezas se amontonan, mezclándose casi caóticamente. A veces, si movemos una de ellas, en la base de un montón, las que están encima descienden una posición y puede que su nueva ubicación las lleve a entrar en contacto con otras de su mismo tipo y se destruyan. En ocasiones, esto es una ventaja (amén de una jugada de lo más fardona, que nos reportará una bonita suma de puntos), pero hay casos en los que es una verdadera puñeta. Por ejemplo, si hay un total de cuatro esferas rojas y, al meter la pata quitando una pieza de donde no debíamos, se destruyen tres de ellas. ¿Con qué eliminaremos la cuarta?

Con cada vida (comenzamos ni más ni menos que con 9 -creo que son demasiadas-) se nos otorgará un número de reintentos, variable en función de lo que hayamos progresado en el juego. Si metemos el remo (cosa de lo más frecuente, os lo aseguro), sólo tenemos que pulsar la barra de espacio para devolver todas las piezas a sus posiciones originales... lo malo es que no ocurrirá lo mismo con el tiempo.

Cada cuatro puzzles, aparece una pantalla en la que puede verse una especie de disposición en árbol de los niveles del juego. Comenzamos en el bloque "raíz", situado a la izquierda de la pantalla. De él parten dos enlaces, hacia sendos nodos (de cuatro puzzles cada uno). De esos, otros dos, y así sucesivamente. Cada vez que completamos el cuarto puzzle de un bloque, se nos ofrece la posibilidad de elegir qué enlace queremos recorrer para entrar en el siguiente. Así, es posible jugar a puzzles distintos en cada partida. No tiene uno que progresar a través de los 144, vaya.

 
 

Simples, pero efectivos. Tampoco se le puede pedir mucho más a un juego de este género, así que digamos que lo poco que hay, cumple. Esto no significa que no haya algún que otro detalle agradable, como los destellos que recorren, de vez en cuando, la superficie de algunas piezas, dando la impresión de que están pulidas.

Las músicas no están nada mal (como que corrieron a cargo de Geoff Follin). Sin embargo, la que suena principalmente durante el juego es demasiado corta y se repite una y otra vez. Los efectos de sonido son buenos, aunque en todas las versiones que he probado, por algún motivo que no puedo imaginar, hacen que el juego se cuelgue tras un tiempo que varía de una partida a otra.

Uno de los juegos de puzzle más entretenidos e interesantes para el C64. Tiene (como casi todos los títulos del  género) el inconveniente de que para resolver muchos de ellos, sólo hay que aprenderse de memoria qué piezas mover. Así, la siguiente vez que te enfrentes a ellos, el proceso se convertirá en algo mecánico. De todos modos, con 144 pantallas, hay más que suficiente para mantener el interés de los aficionados a este tipo de juegos, durante mucho tiempo.

* Entretenido.
* Muchos puzzles (144).
* Las músicas.
* La música principal es demasiado corta, y se repite una y otra vez.
* Que no he podido encontrar ninguna versión que no se cuelgue tras un rato cuando uno juega con efectos de sonido.