Rastan
Género: Arcade Música: Martin Galway
Desarrollado por: Imagine Año: 1987
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Siempre me llamó la atención de, cuando personajes tan anodinos y poco conocidos como el tal Geoff Capes tuvieran un videojuego dedicado, no ocurriera lo mismo con otro, al que seguían muchos aficionados en todo el mundo, como Conan el bárbaro.

Bueno, matizo, sí que hubo un videojuego de Conan... ¡pero era una castaña! Quiero decir que nadie hizo un esfuerzo serio. Ni siquiera Ocean, los reyes de la adaptación de películas a los ordenadores domésticos de la época, cuando el héroe de los comics dio el salto al cine.

Sin embargo, mira tú qué curioso, hubo decenas de "clónicos". Con muchísima frecuencia, aparecían videojuegos protagonizados por "una especie de Conan", es decir, un tipo descomunal, con músculos inflados como globos, y ataviado con botas de piel, un taparrabos y un espadón del porte de un armario ropero. Como este Rastan, sin ir más lejos, conversión de una recreativa, por cierto.

¡Bárbaro! Lo dicho: Rastan es un bárbaro; "una especie de Conan" que debe enfrentarse a las monstruosidades y engendros que pueblan su mundo primitivo; por cierto, nunca he entendido mucho de Historia Antigua, pero en las películas, juegos y tebeos de bárbaros se describe ese mundo más próximo a la Edad de Piedra que a algo antes del auge de la Era Romana que es cuando, creo yo, este pueblo salvaje campaba a sus anchas...

Vamos, como si eso importara mucho.

A lo que íbamos: Rastan es un arcade con scroll lateral en el que nuestro héroe combate a las criaturas que le salen al paso, supongo yo que con el objetivo final de derrotar a algún malvado brujo que le está haciendo la puñeta a su tierra. No, no he leído el argumento, pero ni falta que me hace. Posiblemente, he acertado. :-)

Creo recordar que el nombre completo del juego es "La Espada de Fuego de Rastan". Algo así, vamos. Y le viene del hecho de que, a lo largo de cada nivel, podremos encontrar distintas armas (mazas, hachas y demás), incluyendo una espada envuelta en llamas que nos permite lanzar bolas de fuego y tostar eficazmente a los malos a una distancia prudencial. Claro que los efectos de este devastador cachivache no duran eternamente. ¡Ojalá, porque se nos facilitarían muchísimo las cosas a la hora de enfrentarnos al descomunal gigantón que guarda la salida del segundo nivel! Pero no adelantemos acontecimientos...

Como os decía, a lo largo de cada fase encontraremos armas suspendidas en el aire que podemos recoger si nos situamos bajo ellas y saltamos, pulsando al mismo tiempo el botón de disparo, para que Rastan lance un mandoble hacia arriba. Y es que no sólo podemos golpear al frente. También es posible orientar nuestra arma en otras direcciones. Bueno, en realidad, en DOS direcciones: hacia arriba (lo que nos viene muy bien cuando nos ataque algún enemigo volador) y hacia abajo, para pillar a cualquier engendro que nos aguarde cuando saltemos al fondo de un pozo.

Lo que no termino de entender es qué utilidad especial tienen estas armas extra. Salvo la espada de fuego, se comportan exactamente igual que la especie de tizona con la que cargamos desde el principio del juego. Ni son más rápidas, ni hacen más daño (todos los malos caen fulminados con un solo impacto)... ni idea, vamos.

Y hablando de fulminar a los monstruitos, ningún arcade que se precie está completo si no incluye alguna que otra ventajilla que algunos enemigos nos dejen al fenecer bajo nuestros mamporros. Rastan no es una excepción y, ocasionalmente, podremos conseguir gemas (más puntos) o un frasco de poción que recupera nuestro nivel de energía.

Por cierto, es posible que a los más roleros entre vosotros, algunas de las monstruosidades les recuerden a bichejos indeseables de algunos de los juegos de fantasía épica más célebres. ¿Ejemplos? No sé si conocéis el Advanced Dungeons & Dragons, pero los esqueletos de cuatro brazos se parecen sospechosamente a los Golems de Hueso.

Claro, que esos no serán los únicos oponentes. Además, nos las habremos de ver con Quimeras (léase, la criatura mitológica con la forma de un león con tres cabezas: la suya, la de una cabra y una de dragón), hombres-lagarto y otros alegres y festivos engendros directamente surgidos del Averno.

Al final de la primera fase, que tiene lugar en un desolado páramo montañoso, llegaremos a un templo, habitado por los típicos matones de película de bárbaros, es decir, ataviados con armaduras que están a medio camino entre las de los gladiadores romanos y los aderezos ciberpunk de los macarras de Mad-Max. Encuentro filosófico entre dos intelectuales

Bueno, eso, y hachas inmensos, espadas descomunales y otros inventos con los que nos darán la bienvenida.

Si este nivel tuviera una dificultad comparable a la del anterior, casi, casi estaría dispuesto a otorgarle todo un notable a este juego. Sin embargo, cuenta con un par de puntos que son literalmente frustrantes. Se pasan de la raya, vamos. En mis tiempos, dediqué bastantes partidas a este Rastan y, por muchísimo que me esmeré y me esforcé, JAMÁS conseguí pasar de esta fase.

Para empezar, en cierto momento llegaremos a una especie de enorme foso de fuego sobre el que se mecen tres lianas. Tenemos que cruzarlo, saltando de una en una. Y es ABSURDAMENTE difícil. En serio. Cuando tratamos de que nuestro barbarito salte hacia el frente, la mayoría de las veces parece caer a plomo hacia las llamas. Y es que no se puede decir que los programadores del juego se preocuparan por simular una especie de rudimentaria "física", ni nada que se le parezca. Me refiero a que, teóricamente, cuando uno se balancea en una liana y se suelta de ella en uno de los extremos de su recorrido, llegará más lejos que si se dejara caer cuando está en reposo, porque la inercia del movimiento oscilatorio le impulsa hacia adelante, ¿no?

Bueno, pues aquí no. Da igual que te columpies como un macaco y que trates de saltar en el momento en el que crees que tu liana y la siguiente están más cerca. En la mayoría de las ocasiones, Rastan caerá como un pedrusco. En serio: es HORRIBLEMENTE difícil. El juego te permite continuar varias veces cuando llegas al templo (más que nada, porque en su versión original era multicarga, y así se ahorraba uno tener que rebobinar la cinta y todo eso). Pues bien: en la partida que jugué para redactar este comentario, gasté TODAS las vidas de TODAS las continuaciones, tratando de pasar de la primera liana a la segunda. ¡Y son tres!

Lo conseguí una vez, eso sí. Pero me di la gran morrada en la siguiente, así que fijaos qué éxito.

No, y esperad, que aún hay más: si lográis superar este punto, no mucho después os las tendréis que ver con un gigantón capaz de mandar a Rastan a 30 años-luz de una bofetada y que hace que el numerito circense de las cuerdecitas oscilantes sobre el foso ardiente, quede a la altura de un paseo en bici. TREMENDO, el tipejo.

Ya os digo: si no fuera por esos detalles de dificultad exacerbada, creo que Rastan se merecería un notable.

 
 

Los escenarios son bastante agradables y hacen un uso bastante efectivo de sombreados varios. Su punto débil, sin embargo, es que son muy estáticos. Podrían haber animado la superficie de las charcas, o las llamas del foso, por ejemplo.

Los personajes también están bien trabajados (salvo en el caso de los Golems de Hueso... resultan un poco simplones), sobre todo muy bien coloreados, pero les pierde su animación ortopédica y acartonada.

No se puede decir que este sea de los mejores trabajos de Martin Galway. Casi todas las músicas rozan lo obsesivo y machacón (aunque la que se puede escuchar durante el juego, si elegimos esa opción, es aceptable y recuerda un poco a las bandas sonoras de Basil Poledouris -Conan-). Los efectos de sonido, aunque técnicamente correctos, son en su mayoría desagradables y estridentes y, con demasiada frecuencia, no pegan ni con cola en la acción.

El "chillidito" de rata con la cola pillada por una puerta, que profiere Rastan cuando recibe un impacto, o cuando pierde una vida, no es precisamente lo que uno cabría esperar de una mole de músculos como él.

Tampoco es que sea especialmente espectacular el extraño sonido que emiten las Quimeras cuando nos disparan.

Rastan es un arcade gráficamente agradable y con muchos ingredientes para ser adictivo e interesante. El problema que tiene es que, si bien la dificultad de la primera fase alcanza el rango de desafiante, en el segundo se mete de lleno en el de FRUSTRANTE.

Si es imprescindible para progresar en el juego el superar un par de zonas a base de saltos entre lianas, al menos podían haberlos hecho algo más fáciles. No se implementa nada que recuerde a una física rudimentaria (no, no hablo de simulaciones de mecánica de fluidos, ni desquicios similares... un juego tan primitivo -y divertido- como el Jungle Hunt, ya incluía algo así en su primera fase), y cuando Rastan salta de una liana a la siguiente, cae a plomo, como un pedrusco. Y eso no es lo más difícil del juego.

Por cierto, ya que estoy en la dinámica de dar leña: la detección de colisiones no funciona especialmente bien cuando algunos de los malos nos atacan. Ya os sorprenderéis en alguna ocasión cuando un hombre lagarto consiga golpearos mientras estáis colgando de una cuerda bastante por debajo de él.

* Gráficos agradables. * El sonido y las músicas son estridentes a veces.
* Frustrantemente difícil.