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Road Blasters
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Nunca fui demasiado aficionado a las recreativas, salvo contadas excepciones. Lo que más me fastidiaba de ellas es que tenían una limitación de tiempo implícita: en el momento en el que se te acababa la calderilla, tenías que dedicarte a otra cosa. Era un verdadero fastidio, sobre todo cuando te topabas con algún juego verdaderamente bueno, y tenías que jorobarte disfrutándolo diez minutos porque la provisión de monedas de cinco duros se te gastaba.
... bueno, o de 20 peniques, que es lo que costaban en Inglaterra, allá por
el final de los años 80. A los españolitos nos parecía que el precio era
prácticamente el mismo que en nuestro terruño. Hasta la moneda se parecía
mucho físicamente a las de 25 pesetillas que teníamos por aquel entonces (no las del
agujerito en medio que salieron después). Error. En realidad, la partida nos
costaba casi el doble (en aquel entonces, una libra equivalía a 200 pelas;
luego, un penique, a 2; haced las cuentas).
Todo esto viene a cuento de que fue en uno de esos viajes-cursos de inglés que
hice allá por el verano de 1987 (más o menos), cuando, en un centro de
deportes y ocio (el "Leisure Centre") de la región sureña de
Cornualles (o Cornwall, en versión original), descubrí la recreativa de este
Roadblasters.
Por cierto, que la idea del Leisure Centre es una cosa que, salvo que me
equivoque, no he visto aquí en España. Una buena idea, además. Para que nos
entendamos, era como un centro comercial, pero que, en lugar de tiendas, tenía
gimnasios de todo tipo, pistas de badmington, tenis, atletismo (incluyendo su
tartán y su foso de arena para el salto de longitud), una enorme piscina
cubierta con tobogán y trampolines a varias alturas incluidos, una pared con
asideros para practicar la escalada libre, varias máquinas recreativas y algún
que otro comedor. Magnífica idea, insisto. Pero se ve que aquí eso no vende, y
se dedican a levantar enormes centros llenos de supermercados, tiendas variadas,
algún Burriquín o similar, restaurantes y, sobre todo, infinidad de salas de
cine. Que tampoco está mal, dicho sea de paso.
Vamos que, como siempre, hacemos lo que los gringos, pero con un par de décadas
de retraso. Puestos a copiar, ya podíamos importar alguna buena idea también
¿no? Como lo del "Leisure Centre", sin ir más lejos.
Vaya; en cuanto me doy rienda suelta a mí mismo, mirad lo que pasa... :-)
Bueno, vamos a lo que vamos: la recreativa del Roadblasters fue una de las primeras que incluía un volante, varios pedales (dos, concretamente: acelerador y freno) y una sencilla palanca de cambio (con dos marchas, claro).
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Y hay que reconocer que el condenado invento era divertido. No sólo consistía en correr como alma que lleva el diablo, a bordo de nuestro bólido, y cruzar paisajes futuristas tratando de no quedarnos sin combustible (o lo que es lo mismo: sin tiempo). Además, teníamos que vérnoslas con varios malosos armados y peligrosos, con unas ganas enormes de apretar el gatillo. |
Lo cierto es que la conversión que U.S. Gold lanzó no mucho después para
las máquinas de 8 bits no era del todo mala. Es más: como adaptación se puede
decir que estaba muy bien. Con un total de 50 pistas y respetando prácticamente
todos los elementos del juego, a priori, el Roadblasters "doméstico"
tenía todas las papeletas para convertirse en un juego casi, casi
imprescindible.
Pero no fue así. ¿Por qué?
Pues lo cierto es que no acabo de tenerlo claro. En realidad, es un juego
entretenido, y no está mal dotado en el aspecto técnico. Y, como ya os he
dicho, resulta una conversión bastante fiel. Pero, chico, no lo sé, no acaba
de enganchar. Quizás sea el hecho de que, cosa extrañísima en el género y en un C64, ¡no
se escucha el motor de nuestro bólido! Surcaremos las carreteras a casi 300 por
hora, sin un susurro. ¡Hala! ¡Eso sí que es insonorización! ¡Y no como mi antiguo
131, que sonaba como la avioneta del Equipo A en cuanto lo ponías a más de
100!
Al comenzar la partida, podemos elegir entre tres niveles de dificultad: fácil, medio y avanzado, que suman en total 50 pistas. No está nada mal, creo yo. Tenemos que recorrer cada una de ellas mientras nuestro nivel de combustible desciende a un ritmo alarmante. Nuestro coche cuenta con dos tanques independientes: el principal y el de reserva, y los dos pueden llenarse si recogemos una serie de esferas que flotan sobre la calzada. Hay dos tipos: verdes (aumentan el propelente del tanque principal), y rojas (además de eso, añaden un poco al de reserva). Procurad no perderos muchas, porque en algunos niveles están prácticamente contadas, ¡y no veáis la jodienda que es quedarse con el depósito seco a prácticamente 20 metros de la meta! (me ha pasado más de una vez).
Otra forma de aumentar nuestro nivel de combustible, es pasar sobre ciertas bandas celestes que cruzan perpendicularmente la calzada. Vamos, que no son más que los clásicos "check-point" o "extended time" de los juegos de carreras, es decir, esos puntos que hacen que recuperemos parte del tiempo límite que tenemos para completar el circuito de turno. (Abajo tenéis una foto de una de esas bandas).
Como os he contado, Roadblasters no sólo consiste en pisar el acelerador hasta sacar el zapato por el suelo del coche.
| Además, nuestro bólido va armado hasta el techo (literalmente), lo que nos vendrá de perilla para enfrentarnos a la multitud de malos motorizados que nos encontraremos por la carretera. Desde bólidos que no hacen más que incordiar, hasta motos casi suicidas o torretas con cañón incorporado, en los lados de la calzada. | ![]() |
Algunos de estos indeseables son invulnerables a nuestra metralleta básica
(como unos vehículos de color morado, y que van blindados hasta los manguitos).
Pero para eso contamos con las armas especiales que, en ciertos momentos de
ciertos niveles, nos dejará caer una especie de caza que sobrevuela la
carretera. En la primera captura tenéis uno de esos momentos. El arma varía en
cada fase, pero hay bastante variedad: desde un cañón de repetición con una
cadencia de disparo altísima, hasta un lanzador de misiles de crucero, que
desencadena un holocausto nuclear de bolsillo en varios cientos de metros a la
redonda. ¡La repanocha!
No sólo obtendremos cacharros ofensivos: a veces, el aparatejo volante nos deja
caer un inyector de nitrógeno que nos permite salir zumbando a velocidades
asombrosas, con el mismo consumo de combustible. Ideal para robarle tiempo al
tiempo.
Cuando escuchéis el (magníficamente bien conseguido) ruido de turbinas del
caza, no os mováis de vuestro carril, o el chisme que deje caer se estrellará
contra el asfalto, y lo perderéis.
Por cierto: hablando de cambiar de carril; la conducción en este Roadblasters,
es tremendamente sencilla. Imagino que sus responsables pensaron que ya teníamos
bastante viéndonoslas con la flor y nata de la macarrería montada del futuro,
como para encima tener que preocuparnos de la fuerza centrífuga en las curvas...
así que no la modelaron, y santas pascuas. De este modo, cuando la calzada se
tuerza y retuerza, nuestro bólido permanecerá firmemente anclado en su carril,
siguiéndolo casi con obstinación, sin que tengamos que tocar el joystick para
nada (salvo para acelerar, frenar y disparar). En realidad, los "volantazos"
a derecha e izquierda sólo se utilizan para cambiarnos de uno de los tres carriles
de que consta la calzada, a otro, para, por ejemplo, esquivar a algún malo indestructible,
o algún otro obstáculo, como charcos que hacen que nuestro bólido describa un
espectacular trompo, o minas de lo más traicioneras, prácticamente imposibles
de evitar a altas velocidades. Una lucecita en el panel nos avisa, parpadeando
y emitiendo un sonido de alarma, cuando vamos a entrar en un campo minado. Sí:
pero lo hace como medio segundo antes, así que casi nunca te da tiempo a reaccionar.
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Quizás no sean muy rápidos, pero en general, cumplen bastante bien. Los escenarios están bien dibujados, igual que la mayoría de los malosos (exceptuando las torretas armadas en los lados de la carretera, que muestran un extraño problema de batiburrillo de colores -fijaos en la segunda captura-), aunque lo mejor es, sin duda, nuestro coche y el avión de suministros. |
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Las pocas músicas que hay no son gran cosa. Salvo excepciones (como la excelente banda sonora del Knight Games), nunca me gustaron las composiciones de David Whittaker. Poco melódicas y bastante metálicas ("hojalatescas", quiero decir), en general. |
Hay pocos efectos de sonido (lo que no me explico es que precisamente falte el casi imprescindible en un juego de carreras: ¡el del motor del coche!), pero la mayoría están bien resueltos, especialmente el de las turbinas del caza de suministros. Es más: ese efecto, en concreto, es excelente.
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Roadblasters es entretenido, sí. Como juego de carreras no vale demasiado, pues se limita a obligarnos a cambiar de un carril a otro en función de los obstáculos o las ventajas que circulen por ellos. No se modela ningún tipo de fuerza centrífuga, y no es especialmente rápido. Como arcade no está del todo mal, pero tampoco pasó a la historia. ¿Resultado? Un juego aseadito y entretenido. Sin más. |
| * Aseadito y entretenido. * Una buena conversión. * El sonido de las turbinas del avión de suministros. A mí me gusta, vamos :-) |
* No es muy bueno como juego de carreras, ni tampoco
como juego de arcade. * ¿Cómo es posible que no se escuche el ruido del motor de nuestro coche? |