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Rupert and the Toymaker's Party
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Ya que estamos con esto de la nostalgia y el recuerdo del auge de los 8 bits, que sospecho que coincidió con la adolescencia de la mayoría de los que visitan esta página, vamos a rebobinar un poquito más la cinta a propósito del juego que nos ocupa. Unos años más. Permitidme ponerme cursi hasta rayar en la ñoñería, pero... ¿os leían cuentos por las noches, cuando erais pequeños? A mi sí. Bueno, más que leérmelos, mi abuelo (que era quien ejercía de duermeniños la mitad de las noches -la otra mitad, la tarea corría a cargo de mi abuela-) me los recitaba, bien poniéndole efectos especiales a los clásicos (sí, sí, "run-run, run-run", y todas esas cosas), o bien basándose en sus propias experiencias. No creáis: ser médico en la Galicia de los años 40, daría bastante juego para cualquier cuentacuentos. Eso de acudir a alguna aldea aislada por la nieve, montando a caballo, mientras los lobos aullaban en la sierra, y atender un parto a la luz de una vela, tenía mucho de aventura.
A lo mejor es que me estoy amariconando. O a lo mejor es que estoy en edad de merecer, y se supone que debería yo mismo ir ensayando para cuando tenga que ser el que cuente historias, y no el que las oiga. Hmmm... no sé cuál de las dos perspectivas me gusta menos :-P
El caso es que a veces uno se topa con cosas como este Rupert and the Toymaker's party, o el Below the Root, y ¿qué queréis que os diga? A mí se me sube la nostalgia a las barbas, y ya paso de la adolescencia, la pubertad y demás tormentosos años, para zambullirme en la que es quizás la más gloriosa edad del Ser Humano: la infancia más temprana.
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Este juego es, simple y llanamente, bonito. Ah, sí, y divertido. Eso también. Pero el caso es que tiene un regusto a "cuento" que a mí me parece fantástico. Está protagonizado por el Oso Rupert, un personaje (imagino que de dibujos animados) bastante célebre en Inglaterra por aquel entonces. |
Resulta que su amigo el juguetero le ha invitado a una fiesta, pero nuestro plantígrado llega tarde. Ahora, debe ir recogiendo todas las invitaciones que encuentre en el castillo del juguetero, para poder avanzar.
Curiosamente, las creaciones del amigo de Rupert no son todo lo amistosas que cabría esperar. Es más, tienen órdenes estrictas de vigilar el castillo, y sólo dejar pasar a los forasteros cuando todas las invitaciones hayan sido recogidas. De modo que ya sabéis: a la caza del rico papelajo, para conseguir que el portalón que da acceso a la siguiente fase, se abra.
El desarrollo de este juego queda a medio camino entre un arcade más bien relajado, y un plataformero tampoco excesivamente exigente. Puede parecer que estaba dirigido a un público muy joven, pero en ese caso se supone que tendría que ser más bien fácil, y oye, ¡de eso nada! . Vaya, aunque igual luego llega un tierno infante y me da un vapuleo delante del joystick. El caso es que nunca llegué más allá de la tercera fase.
Y eso que, a primera vista, parece todo lo contrario. Cualquier enemigo con el que nos topemos, se limitará a patrullar una zona de la pantalla, moviéndose cíclicamente a derecha e izquierda. Nada de disparos de fotones en pepitoria, protonazos a las finas hierbas o neutronazos en vinagreta. Nada de vuelos cuasierráticos, describiendo círculos y elipses a velocidades histéricas. Pero aún así, perder vidas es, en ocasiones, demasiado fácil. Principalmente, porque cuando Rupert toca a un malo, sale disparado en dirección contraria. Y no es raro que vaya a aterrizar justo sobre otro. Una jodienda, creo yo. ¡Huy, perdón, un taco! ¡Que me cargo el angelical ambiente de cuento de hadas que destila este juego! ... erm... un fastidio, cáspita, chispas, caracoles y recontracórcholis.
| La parte plataformera aparece cuando tenemos que saltar sobre objetos o... bueno, precisamente eso: plataformas, para alcanzar zonas de difícil acceso en las que podemos encontrar más invitaciones. En ocasiones, podemos valernos de la ayuda de un cuco que revolotea en ciertas pantallas. | ![]() |
Si logramos pegar un brinco y aterrizar sobre él, nos llevará volando hasta
el extremo opuesto de la pantalla (pero, ojo, nunca más lejos; no puedes cruzar
un nivel a lomos de uno de estos pájaros: cuando Rupert alcance el borde de la
pantalla, caerá al suelo). A veces es necesario saltar justo antes de que eso
suceda, para entrar en la siguiente localización "en pleno vuelo", y
posarnos sobre alguna plataforma. Por ejemplo: esa es la táctica que tendríamos
que adoptar con la pantalla a la que corresponde la captura que podéis ver
arriba.
No hay mucho más que contar. Lo cierto es que Rupert and the Toymaker's party
es un juego muy, muy simple, así que podemos poner el punto aquí. Con vuestro permiso, terminaré de
aquella forma tan encantadora...
... y fueron felices, y comieron... ¡COMO CERDOS!
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Los escenarios son simples como el mapa de una charca. De hecho, a pesar de que cuentan con algún que otro detalle agradable (parterres de flores, y cosas así), con frecuencia rozan lo esquemático. Los personajes ya son otro cantar. Todos están dibujados en alta resolución, y exquisitamente animados. Mención especial para Rupert, uno de los personajes mejor hechos de los juegos de C64. |
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Hay un par de músicas sencillamente preciosas (me gusta especialmente la que se puede escuchar cuando Rupert vuela encima de un cuco), y una serie de efectos especiales bien hechos, pero que no termino de entender. ¿Que por qué? Pues porque durante la partida, escucharemos una serie de golpeteos, bufidos, resoplidos y campanitas, de fondo, que la verdad, no sé de dónde salen. Imagino que es el ruido que emiten los juguetes. |
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Sencillo y bonito. Ya os digo: como un cuento. |
| * Los sprites; especialmente el de Rupert. * Las músicas son preciosas. * Un juego bonito. |
* Los escenarios son bastante simplones. * A veces, cuando un malo golpea a Rupert, lo hace rebotar contra otro, con lo que se pierden varias vidas de una tacada. |