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Sly Spy - Secret Agent
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¿Os gustan las películas de James Bond? ¿Sí? Pues a mí no. Aunque reconozco
que me tragué alguna que otra en mis tiempos, es un personaje que nunca me hizo
demasiada gracia. Si tengo que elegir, me quedo con el Inspector Gadget.
Sí, sí, vale, salían unas señoritas que estaban como un pan, pero a muchas películas
/ series de televisión les pasa algo parecido: cuando aparece una o más chicas
monas ligeritas de ropa, es que el producto, en cuestión, es una castaña pilonga.
De algún modo tienen que llevar a la gente a los cines, ¿no?
Es como cuando uno sale de una película, le preguntan, "bueno, ¿y qué tal
es?". Si responde "¡Ah, los paisajes son muy bonitos!", es que
estamos ante un peñazo marinero.
Bueno, pues lo mismo. Haced memoria, y pensad en la mayoría de las películas
en las que se confía, descaradamente, en un buen par de... de... eso, para llamar
la atención de los representantes del género masculino (¡eh! ¡de machismo nada!
Que a las nenas se las lleva a las salas de cine si metes al último "intelectual"
marcapaquetes / esboza-sonrisitas-de-perdonavidas de Hollywood, y se le involucra
en alguna historieta de amor).
Y corroborando aquella teoría mía (que, no creáis, también tiene sus excepciones) que asegura que película mala prácticamente equivale a videojuego malo, no recuerdo ni uno solo de los títulos basados en alguna de las aventuritas del agente 007, al servicio de su cuasi-fosilizada Majestad, que mereciera la pena. Eran, prácticamente todos, un coñazo. Salvo el Live and let die, eso sí.
Afortunadamente, este Sly Spy no está basado en ninguna película del guaperas inexpresivo con licencia para matar, sino en una recreativa de cierto éxito en su tiempo.
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Y aunque alguno podría decir que eso es casi peor (sobre todo porque el juego se desarrolló en 1989, cuando la potencia de las recreativas era infinitamente superior a la de cualquier ordenador doméstico -incluyendo a los de 16 bits-), lo cierto es que el resultado es más que satisfactorio. |
El argumento es tan chorras como el de cualquiera de las películas de Bond: una organización secreta con un nombre tan sutil, abstracto y poco revelador de sus intenciones como el "Consejo para la Dominación Mundial" (¿no te digo? Eso es como si cuatro chalaos pretenden fundar la "Organización para el Asesinato del Presidente de los USA"; ¿repartirían pins, globitos, gayumbos y panfletos con su logotipo?) ha irrumpido en escena, ¿adivináis con qué planes?
Pues sí: instalar un puesto de canapés exóticos delante del Capitolio, para asombrar a propios y extraños con las delicias culinarias de los montes de Pakistán. Nos ha jodido...
Si hay algo que llama la atención de este Sly Spy, aparte de algunos escenarios espectaculares, es la enorme variedad de sus fases. Aunque el estilo de todas ellas es muy similar (a fin de cuentas, estamos ante un juego de acción, así que no esperéis mucho más que aquello de correr, agacharse, saltar y disparar), veremos a nuestro agente enfrentarse a los malos de formas tan diferentes como a bordo de una moto, o enfundado en un traje de neopreno, buceando entre tiburones.
De hecho, la primera etapa, pese a tener un típico desarrollo de arcade, es
bastante original: el agente salta desde un avión que sobrevuela Washington y,
durante su caída libre (fijaos en cómo su ropa y su pelo se mueven con el
viento) se las tendrá que ver con paracaidistas enemigos que tratan de
balearle.
No sé si se ha visto algo semejante en alguna de las películas de Connery /
Moore / Dalton / Brosnan y compañía, pero no me extrañaría lo más mínimo.
Al final de la fase, y con la capital de los USA al fondo, en una especie de
guiño u homenaje al personaje que inspiró el juego, el agente despliega un
paracaídas con la bandera estadounidense. Un comienzo bastante espectacular.
Y no creáis que es sólo para despistar, y que a esta técnicamente excelente etapa le siguen un puñado de bodrios injugables. ¡Qué va! Ya os daréis cuenta cuando el agente tenga que batallar contra hordas de malosos uniformados (no sé por qué, pero hay unos, gordos y barbudos, que llegan cargando con un barril explosivo que nos arrojan, que tienen toda la pinta de ser rusos), con la estatua de Lincoln al fondo (miradla arriba).
Normalmente, se alternan dos tipos de fase: en uno, manejaremos al protagonista, mientras camina a través de algún escenario. Y en las otras, lo veremos pilotando una moto a toda pastilla, a través de una autopista, o buceando, armado con un arpón, y viéndoselas con submarinistas enemigos (foto abajo).
| Contamos con una pistola normal y corriente, y bastante munición (por cierto: si se gasta, tendrás que emprenderla a puñetazos y patadas), aunque de vez en cuando encontraremos una metralleta de lo más eficiente a la hora de convencer amablemente a los malos, de que desistan de su actitud totalitaria. | ![]() |
Algunos de ellos dejan fragmentos de la "pistola de oro" (otra chuminada que parece sacada de cualquiera de las películas de Bond; ¡mira que tienen guiones nefastos, las condenadas!), que debemos ensamblar.
Cuando los tengamos todos, dispondremos de un arma devastadora. La pistolita de marras más parece un lanzallamas o un cañón láser, porque emite unos proyectiles enormes, capaces de chamuscar hasta el más pintado de los malosos de fin de nivel. Porque, por supuesto, tendremos que vérnoslas con más de un jefazo al término de algunas de las fases. Desde un coche que alberga todo un batallón de mafiosos y macarras que tratan de ametrallarnos y hasta de colocarnos un cohete debajo de las encías, en la autopista, hasta un tiburón INMENSO en la fase que se desarrolla bajo el agua, pasando por algún que otro gigantón mutante y otras alegrías floridas y primaverales de esa índole.
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Hay fondos verdaderamente espectaculares. Fijaos en la estatua de Lincoln de la primera captura (correspondiente a la segunda fase). Pero no es una excepción: la panorámica de la ciudad de Washington desde el aire, en la primera, mientras el agente desciende con su paracaídas, o el barco en el que se desarrolla el cuarto nivel, están magníficamente dibujados y coloreados. En más de una de las fases podremos disfrutar de un scroll parallax estupendo. |
Sin embargo, los sprites son un poquitín más flojos. El protagonista está bien hecho, y los jefazos de fin de nivel se mueven con mucha rapidez, y están bien definidos. Peeero la mayoría de los malos de a pie son un poco sosos. No sé por qué razón, tienen la piel blanca (¿qué les costaría coloreársela de rosa, como al protagonista?), y son un poco cuadriculados. En este sentido, la etapa con los malos menos convincentes, gráficamente, es la tercera (la de la moto).
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En cada fase podemos escoger entre músicas (que varían entre algunas excelentes y otras algo cargantes), y efectos de sonido bastante adecuados. |
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Sly Spy es una conversión fantástica. Pero además, como juego, resulta verdaderamente entretenido, con unos fondos espectaculares y fases muy distintas. Lo malo es que algunas de ellas son bastante cortas (uno las puede acabar en cosa así de 1 minuto), y cuando terminan, el programa tiene que cargar la siguiente... ¡y se lo toma con calma, el jodío! A veces, te tiras más tiempo esperando que jugando. |
| * Algunos escenarios son espectaculares. * Una conversión magnífica. |
* Hay fases tan cortas, que a veces uno está más tiempo esperando a que carguen, que jugándolas. |