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Turbo Esprit
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"¡Y qué chulo es el Turbo Esprit! ¡Y cómo mola el Turbo Esprit! ¡Y
qué bien nos lo pasamos con el Turbo Esprit! ¡Y qué divertido es el Turbo
Esprit!" ... todo esto, y bastante más, debieron de decirme mis
omnipresentes vecinos spectrumneros para que, en una de mis excursiones /
minicursillos veraniegos de inglés en Gran Bretaña, decidiera comprarme la
adaptación al C64 del dichoso juego.
El caso es que recuerdo que no fue una decisión impulsiva. Tenía buenas
referencias de la versión de Speccy. Y oigan, o la gente de Durrell metió la
pata espectacularmente con esta conversión, o esos vecinos spectrumneros que
tanto cito, como diría un castizo: se tiraron un pegote enorme.
No, Turbo Esprit no es un mal juego. Es más: iba por el buen camino, pero acabó estampándose con un par de defectos tan clamorosos que son difícilmente perdonables. Especialmente, UNO de ellos. En seguida os lo cuento, pero vayamos por partes...
Yo no sé si eso del policía freelance que persigue a los malos a bordo de un asombroso deportivo de color rojo-fosforito-macarra-de-playa, es cosa exclusiva de las películas, o en Estados Unidos semejante especie tiene algún representante real.
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El caso es que en este juego, nos ponemos al volante de un reluciente Lotus Turbo Esprit. Sí, como el que sale en el Test Drive. Y no sé yo si bajo las órdenes de algún superior, o simplemente porque nos da la gana, nos dedicaremos a cazar a narcotraficantes que surcan las calles a bordo de sus bólidos blindados. |
Sólo con estas premisas, uno podría pensar que estamos ante el típico
arcade con perspectiva cenital, u horizontal, a lo sumo, en el que hemos de
conducir a toda pastilla, esquivando a los coches de los ciudadanos inocentes.
Pues no; y he aquí uno de los detalles más sorprendentes del juego: se
desarrolla más bien como un título de carreras. Digamos que la imagen
"persigue" a nuestro deportivo, desde atrás, y el escenario
"fuga" tridimensionalmente hacia el horizonte. Muy chulo, sí. Al
menos, lo es hasta que decides dar gas, y observas cómo el fondo es más
bien poco variado, y fluye con un scroll que dista bastante de ser suave.
Y, amiguete, aquí nos topamos con el principal defecto de este Turbo Esprit: es
inmensamente monótono. Insisto: una pena, porque no está nada mal planteado, y
tiene muchas ideas dignas de mención.
¿Por ejemplo?
Las ciudades (al principio, podemos elegir la que servirá de escenario de nuestras denodadas
carreras en pos del chorizo motorizado, de entre un total de 4 -todas
imaginarias-) no son como pistas de alta competición:
tienen sus reglas de circulación, su tráfico, y hasta sus peatones. Hombre, no
esperéis encontraros algo equivalente al Gran Turismo ese, pero ver muñequitos
chiquitajos, monocolores y cuadriculados, paseando animosamente por las aceras,
en su momento, era algo bastante original.
Los coches "civiles", por decirlo así, también circulan a su ritmo. Hemos de tratar de no golpearlos en nuestra frenética carrera por las avenidas, o sufriremos una penalización, tanto mayor cuanto más fuerte sea el topetazo; está claro que si nos comemos un patatas un semáforo en rojo y nos llevamos por delante a algún utilitario, el desplome de la puntuación será mucho mayor que si, simplemente, le rozamos el maletero en un adelantamiento poco ortodoxo.
Y sí, habéis leído bien: hay semáforos en rojo. Bueno, y en verde, claro, jeje... er... buena pollez... perdón. Mirad, fijaos en la captura de arriba. ¡Funcionan de verdad! De hecho, no es raro ver a un montón de vehículos detenidos ante un cruce, esperando a que se encienda la luz verde. Si uno va a toda velocidad y un poco despistado, puede acabar empotrándose contra la cola de coches que aguardan, o teniendo que dar un volantazo, meterse en el carril contrario, y atravesar la intersección, entre otros aterrorizados ciudadanos. A veces se producen situaciones bastante emocionantes, la verdad.
| Y hay más. Hay calles de sentido único (claramente señaladas en un mapa de la ciudad al que podemos acceder en cualquier momento pulsando la tecla M, y que muestra, entre otras cosas, el ancho de las vías, la situación de los malos...), obras en la calzada, gasolineras-taller en las que podemos detenernos cuando andemos escasos de combustible, o el coche sufra alguna avería (que las sufrirá, ya veréis), etc... | ![]() |
Estos intentos de dotar al juego de cierto realismo (obviad el hecho
de que se conduce por la izquierda; a fin de cuentas, es inglés) son bastante
loables y, en no pocas ocasiones, dan muy buen resultado. Incluso uno está
dispuesto a pasar por alto los gráficos y el sonido, más bien mediocres ambos.
Las persecuciones a tiro limpio detrás de uno de los coches de los malos, son a
veces bastante intensas. Imagináoslas, tratando de esquivar a los inocentes, y
de no estamparnos contra la fachada de algún edificio al intentar tomar una
curva muy cerrada.
Vaya, que sí, que Turbo Esprit tiene ingredientes para ser un juego verdaderamente
entretenido. ¿Dónde está el fallo entonces?
Pues en que las ciudades son GIGANTESCAS. Exageradamente grandes, en serio.
Cuando un mensaje en pantalla te avise de la presencia de un coche de narcotraficantes,
o uno de esos "hit-and-run" (extraño género de criminal especializado
en atropellar a los viandantes desprevenidos, y huir a todo gas), dándote las
coordenadas del interfecto en cuestión, y recurras al mapa, comprenderás lo
que digo. No porque en el plano computerizado, los iconos de los malos aparezcan
a gran distancia del nuestro, sino porque, aunque se muestren a un puñado de
pixels mal contados, llegar hasta ellos es un auténtico viaje. No es coña. Si
las ciudades imaginarias de que consta el juego, se trasladaran a la vida real,
nos encontraríamos con avenidas de ¿qué sé yo? 100 ó 200 kilómetros de largo.
Avanzar a través de ellas y alcanzar nuestros objetivos, se convierte en un
auténtico suplicio. Uno pasa la inmensa mayoría del tiempo conduciendo en línea
recta por calles no muy transitadas (salvo excepciones). Encontrar un semáforo
o un paso de cebra es todo un acontecimiento. El paraíso de los conductores
de verdad, y la pesadilla de los virtuales. Curiosa, aunque gilipollesca, reflexión.
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Curiosamente, a primera vista, llaman la atención por su efectividad. La perspectiva tridimensional no funciona mal del todo, y consigue cierto nivel de realismo. Eso sí, en cuanto pones el coche en marcha, la cruda realidad te da en todos los morros. El scroll no es ninguna maravilla, desde luego, pero lo peor es lo repetitivo que es el escenario, formado a base de bloques grises que parecen repetirse hasta la náusea. |
Me recuerda a esos dibujos animados de Hanna-Barbera en los que, cuando los
personajes corrían por una ciudad, pasaban una y otra vez ante los mismos edificios,
los mismos arbolitos, los mismos coches... sumad a esto el hecho de que las
calles son irrealmente largas, y he aquí el caldo de cultivo ideal para la proliferación
y prosperidad del bostezo proceloso.
El resto de gráficos del juego no son mucho mejores. Los coches parecen cajas
de zapatos con faros, y los peatones, plastas monocolores vagamente humanoides,
que se desplazan por las aceras.
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Un tema musical bastante anodino, tanto como composición, como técnicamente, y muy pocos efectos: el ruido del motor del coche, el sonido de los disparos, y poca cosa más. |
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Lo que más me gusta de este Turbo Esprit es su intento de emplazar las clásicas persecuciones del cine de acción, a tiro limpio, en un escenario más o menos realista, con coches que circulan a su ritmo, viandantes, y reglas de tráfico que todos deben respetar. La idea es muy buena, y durante unos minutos, puede hacer que te enganches al juego, aunque sólo sea por pura curiosidad. |
El problema es que esa "falsa adicción" se resiente en cuanto te das cuenta de lo terriblemente repetitivo que es, principalmente por culpa de las calles, exageradamente largas, y casi sin rasgos que rompan la monotonía.
| * La idea de ambientar el juego en un entorno más o menos realista, con reglas de circulación y otros detalles parecidos. Además, no está del todo mal llevada a la práctica. | * Técnicamente flojo. * Muy monótono. Principalmente, porque las calles son larguísimas, y uno tarda demasiado en entrar en acción, y además, los escenarios son muy repetitivos. |