FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO
Ace of Aces

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COMENTARIO ORIGINAL
La review
Hay una serie de juegos de 8 bits que pasaron sin hacer mucho ruido, pero que, en mi opinión, eran bastante interesantes. Quizás, el primero de todos ellos, The Dam Busters, tuvo bastante más aceptación, por su curiosa forma de mezclar el género de los simuladores de vuelo, con el de los arcades. La cosa no funcionaba nada mal y, por decirlo de algún modo, era como una manera de invitar a los que le tenían tirria a aquello de emplear 12.000 teclas para controlar el avión de turno, a meterse en la cabina de un cazabombardero ("virtual", claro). En realidad, bastaba con el joystick, y poca cosa más.
Este fue el primer título de esta saga que tuve yo. Y siempre me gustó mucho. Creo que conseguía reproducir con bastante fidelidad el interior de un cazabombardero Mosquito, de la Segunda Guerra Mundial. ¿Que si nunca he estado dentro de uno de esos, así que no puedo hablar del tema, y que me calle ya, cagontó, cohone, cacaculopeopís? Pues el caso es que... sí que he estado, sí.
Bueno, en realidad, no recuerdo qué clase de chisme era. Yo debía de contar con 13 años, más o menos. Fue en Cornualles, en el suroeste de Inglaterra, en una de mis excursiones/viajes/cursillos de inglés; así que, a estas alturas de la película, espero que comprenderéis que no os dé muchos más datos.
Los anglosajones (británicos y estadounidenses sobre todo) son muy aficionados a los parques temáticos y similares. Les basta con buscarse alguna excusa más o menos histórica, y ¡hala! te montan un chiringuito de atracciones, norias, trampolines, y carritos de los helados.
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Si queréis que os diga la verdad... me parece una idea estupenda. Así, por lo menos, la gente aprende algo. El parque de turno suele estar gestionado por alguna empresa privada. Los beneficios que saca con las entradas y los tickets de los cacharritos en los que se montan los nenes, y los papás se juegan el pescuezo, se invierten en el mantenimiento. |
Y ya de paso, añades algún que otro "minimuseo", y además de zamparte tu cucurucho de vainilla y echarte unas buenas risas en los coches de choque (o "coshetope", como dirían en Lepe), vas y te enteras de algo que no sabías, que nunca viene mal.
Bueno, pues el sitio en cuestión del que os estoy hablando, se ve que tuvo alguna finalidad especial en los años 40, durante la Gran Guerra. No, no recuerdo cuál... seguramente te lo contaría algún punto de información o similar, pero... bueno, ya sabéis: las desventajas de juntarte con sotopocientos españoles más, en las excursiones de ese tipo. Al final, de practicar el "inglis" nada. Te dedicas a portarte como un garrulo, aprovechando aquello de que allí nadie te entiende, y poco más.
A lo que iba: en el lugar se exponían, al aire libre, en medio de jardines
bastante agradables, y como si fueran monumentos o estatuas, algunos cazas de la
Segunda Guerra Mundial. A mí, que siempre me ha encantado la aviación, la cosa
me hizo mucha gracia. En el centro de la instalación, habían construido un edificio ambientado como
los de la época, incluyendo los coches antiguos a su alrededor. Y en su
interior, había un museo magnífico.
Pequeño, sí, pero magnífico.
Había un subterráneo en el que se imitaba a la ciudad de Londres, durante los
bombardeos... y tengo que reconoceros que aquello daba miedo. El fulgor rojizo
de las llamas, las ruinas a lo lejos (era un decorado pintarrajeado sobre las
paredes, obviamente, pero daba el
pego bastante bien, gracias a la oscuridad del sitio), el aullido de las
sirenas, el ruido de los motores de los siniestros pajarracos de la Luftwaffe,
las explosiones... te asomabas a una ventana de algún edificio medio derruido y veías, en el interior, un
cuartucho abandonado, lleno de muebles polvorientos iluminados por la llama
macilenta de un quinqué, en el que una radio, entre
chasquidos, emitía una especie de parte de guerra. De lo más conseguido,
creedme.
Una de las cosas que más me atrajeron fue un enorme bombardero británico
que tenían en la planta baja del edificio. Era un chacharro real. Auténtico.
No recuerdo de qué modelo, ya os digo, pero es probable que fuera un Mosquito,
o un Lancaster.
El caso es que uno podía entrar en él, y recorrerlo libremente, puesto por
puesto. Era fantástico.
Lo que llamaba la atención era lo funcional del aparatejo. No estoy diciendo
que debieran llevar más adornitos, posavasos, radiocassette con frontal
extraíble o aire acondicionado, sino que parecían bastante incómodos. Es más: eran hasta feos. Puro metal. La cabina estaba llena de
hierrajos, indicadores y cables. Todo como muy rudimentario.
Por eso, puedo decir que este Ace of Aces tiene momentos que consiguen
despertarme la imaginación, casi tanto como aquella visita a aquel
parque.
En las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, cuando Alemania comenzaba a flaquear (allá por el 43), empezaron los bombardeos aliados de Berlín y otras ciudades del gigante nazi.
| La verdad es que no se andaban con chiquitas. Ni los de la svástika, ni los del bando de las libertades. Si había que sembrar un pueblo de dinamita en rama, se sembraba, y santas pascuas. No es que se lamentaran las víctimas civiles: es que se iba a por ellos. Y si podían formar una buena escabechina y no dejar piedra sobre piedra, mejor que mejor. | ![]() |
Los Mosquitos fueron protagonistas de uno de los primeros ataques a Berlín (además, cuentan las instrucciones del juego, justo en medio de un discurso del jefe de la Luftwaffe, un personaje bastante prepotente que había asegurado que los aliados jamás se atreverían a bombardear la capital alemana. Hala, pues lo hicieron; ¡y a plena luz del día!), aunque en este caso, ninguna de las cuatro misiones a las que nos enfrentaremos tiene nada que ver con reducir a fosfatina alguna localidad teutona.
Podemos elegir una o más de las siguientes tareas:
- Interceptar un grupo de bombarderos alemanes.
- Derribar las bombas V2 que zumban hacia Londres (fueron los primeros misiles
que se utilizaron en una guerra).
- Atacar a una serie de U-Boats (o sea, submarinos) antes de que se
sumerjan.
- Bombardear un tren enemigo (intentando evitar los vagones de prisioneros, y
centrándonos en los de las tropas nazis, y sobre todo, en la locomotora).
Cuando comience la misión, nos encontraremos directamente en vuelo. Vaya, en
realidad, Ace of Aces no es precisamente un simulador muy realista. Es uno de
esos juegos "encorsetados". No tienes libertad total de movimientos.
Nunca podrás inclinar tu avión, ya sea hacia arriba o abajo, o hacia los
lados, más de un cierto ángulo. Y por supuesto, olvídate de ver cualquier
detalle en la superficie. Durante toda la misión, estaremos sobrevolando un
enorme mar de nubes grises, que se deslizan bajo nosotros. Si asciendes mucho,
verás más cielo, y si te zambulles, estarás rodeado de ellas. Pero, por mucho
que bajes, nunca te encontrarás con un montecito, un arbolito o alguna
ciudad.
Lo más espectacular con lo que uno puede toparse en el mundo exterior, son una
serie de tormentas (localizables en el mapa). Si atravesamos una de ellas, el
cielo se oscurecerá, y nos veremos rodeados de relámpagos que, a veces,
vuelven tarumbas a los instrumentos del avión.
Si queréis ver suelo, no os quedará otra que escoger una misión de bombardeo, volar bajo y despacio y, cuando estéis en las inmediaciones del objetivo, abrir las compuertas de las bombas.
Antes de enfrentarnos a algún objetivo, tenemos que equipar el avión con bombas,
cohetes, balas y combustible, en función del tipo de maloso al que nos enfrentaremos.
La cosa es bastante obvia, vaya: si hemos de derribar un grupo de cohetes V2,
llevar el Mosquito hasta las trancas, lleno de bombas, es una maniobra bastante
gilipollas.
Del mismo modo, si nuestro objetivo queda en el quinto pinto, convendrá llevar
combustible extra.
↑ Lo mejor
* Sencillo de manejar.



