Portada de Annihilator

FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO

Annihilator

GéneroShoot'em up
Desarrollado porMike Wacker
MúsicaNo tiene
Año1983
Veredicto originalPscheee…
Valoración5/ 10
Gráficos
5
Sonido
7

Material

COMENTARIO ORIGINAL

La review

Este juego SÍ que me trae recuerdos. Podrá ser más simple que un cubo sin asa. Podrá ser más tonto que un bocadillo de pan rallao y más repetitivo que la portada del Telediario. Sí, pero es el PRIMER juego de Commodore que tuve en mi vida. :'-)

No recuerdo exactamente cuándo me hice con él, pero no debió de ser mucho tiempo después de que el inefable C64 entrara en mi casa. Y, ¿qué hacía yo antes de poder echarme mis buenas partiditas con él? (podrá preguntar alguien, y además con mucho tino).

Bueno, pues programaba. No, no codificaba mis propias aplicaciones de cálculo de ecuaciones diferenciales utilizando un lenguaje diseñado por mí en los ratos libres, y compilado por un parser que había ideado mientras me sacaba los mocos, como correspondía a la edad. Me limitaba a copiar los ejemplos de programas BASIC que venían con el manual de aquella intrigante maquinita. Llegué a tener un globo con el anagrama de Commodore (aquella especie de "C=") sobre su superficie, revoloteando por la pantalla. ¡Mi primer sprite! Claro, que por lo pixelado del engendro, y por la excesiva imaginación del que suscribe (en aquel entonces, yo era de los que no veían un sombrero, sino una boa con un elefante dentro -copyright Saint-Exupery), a mí me daba la impresión de que lo que se deslizaba suavemente ante mis ojos era una especie de pavorosa calavera con un solo ojo (la C=). Igual también es que copié los célebres DATAs un poquito a mi manera.

Ya... ya veo que a nadie le interesa semejante chorrada. Comprensible.

Bueno, centrémonos: cuando llegó este primer videojuego de C64 a mis manos, lo primero que me llamó la atención es que... ¡era una cinta! ¡Vaya, qué cosa tan extraña!

¡Que me los como a todos!
Yo habría esperado un cartucho (tampoco es que hubiera visto montones de ellos, pero en los tebeos de la época ya comenzaba a abrirse paso la publicidad de este mundillo, y se anunciaban las ahora prehistóricas consolas de ColecoVision, con sus Jungle Hunt y Q-Bert en ese formato, precisamente).

Imagino que os parecerá una gilipollez, pero en aquel momento, pensé que uno tenía que reproducir la cinta en el Datassette, y el juego funcionaría mientras ésta corriera. En el momento en que llegara a su fin, la pantalla se congelaría, y habría que rebobinarla y ponerla desde el principio, para volver a jugar. Qué cosas.

Bueno, bueno, no os paséis, que yo tenía 10 añitos por aquel entonces, y lo más cercano que había visto a un ordenador doméstico era aquella antediluviana consola con UN SOLO juego (un ping-pong de lo más rudimentario) y que, según he leído, estaba programado... ¡a base de cables! ¡nada de circuitos integrados! Con semejantes mimbres, pocos cestos se podían hacer, ¿no? Esas rarezas eran cosa de los japoneses... o como mucho, de los gringos.

Bueno, pues resultaba que no: que el juego cargaba, manteniendo la pantalla azul durante unos minutos, y luego, para mi pasmo, uno podía jugar todo el tiempo que quisiera. ¡Aquello era una gozada! A fin de cuentas, estaba yo acostumbrado a las poquísimas recreativas que en España aún eran, y en las que, de una forma o de otra, uno tenía que dejarlas tarde o temprano. Ya fuera cuando perdiera todas las vidas, o cuando se le agotara la calderilla. 

Pues aquel ingenio, aquel... Commodore ("curioso nombre", debí de pensar), te permitía pasar el tiempo que quisieras vaporizando marcianos, y encima ¡gratis!

Eso sí, cuando el juego terminó de cargar, dejé pulsado el botón de "Play" del Datassette. Por si acaso.

A pesar de la descomunal simplicidad del juego, en aquel entonces me pareció un mundo. Entre otras cosas, precisamente por la imaginación desbocada, propia de un chaval de mi edad. Me daba lo mismo que el juego no tuviera final, y que el desarrollo fuera infinitamente repetitivo. Sólo tenía que echar mano de mi inventiva, y al momento estaba a bordo de aquella "Starfighter'64", desintegrando hordas de monigotes en alta resolución, que flotaban ominosamente hacia mí. No tardé en ponerles motes a todos... y en dibujar un tebeo basado en el juego. Sí, bueno, ya entonces tenía yo afición a eso de garrapatear monas en mis blocs cuadriculados (que, se supone, debería dedicar para asuntos del cole -y ni de coña, claro-), y cuando algo me gustaba mucho, terminaba dedicándole una historieta, a mi manera. 

Pero volviendo a lo que nos ocupa: Annihilator es un matamarcianos de una simplicidad total. En todos los aspectos. De hecho, la imagen comprimida ocupa 4 Kb. Imaginaos. 
El asunto no va más allá de pilotar la navecita de color verde que tenéis en las capturas, esquivando a los malos, o desintegrándolos en cuanto tengamos oportunidad. 
Perseguidos por un avieso aerolito

El número de estos en pantalla es siempre más o menos el mismo. Cuando destruimos a uno, en seguida llega otro, emergiendo desde uno de los bordes laterales, a ocupar su lugar. 

Y si tratamos de volar rápidamente hacia la izquierda o la derecha (haciendo que se desplace, con un scroll más bien básico, pero efectivo de todos modos, ese fondo de... bueno, montañitas esquemáticas, trazadas a base de líneas cortas dispuestas más o menos aleatoriamente), todos los marcianitos se agruparán tras nuestro caza, y comenzarán a perseguirnos implacablemente. De hecho, en esos momentos son algo más rápidos que nosotros, de modo que es imposible dejarlos atrás. 

Cuando destruyamos a un cierto número de malos (cuya única forma de ataque, por cierto, es chocar contra nosotros: ninguno va armado con algún cañón de positrones revueltos con ajetes, ni nada por el estilo), pasaremos al sector siguiente... que sólo se diferencia del anterior, en el color del borde de la pantalla, en el de las líneas que delinean las montañas del fondo, y si acaso, cuando hayamos avanzado lo suficiente, en la velocidad de los malos. Bueno, y en algún que otro extra más: por ejemplo a veces, las naves emiten una especie de cuadraditos celestes (fijaos en la segunda captura) que, si salen de la pantalla, se transformarán en otro marcianito nuevo, que ingresará en el área de juego con las mismas ganas de repartir leña que sus congéneres. Lo curioso es que, mientras esté en la pantalla, el cuadradito de turno estará "vinculado" a la nave que lo generó, de modo que si lo destruimos, el avieso marciano de rigor, también quedará vaporizado del todo.

También veremos unas torretas amarillas que se desplazan a ras de suelo (de modo que no representan un verdadero peligro, a no ser que nos dé por volar bajo, ya que, insisto, todos los malos sólo pueden atacarnos echándosenos encima... claro, que éstos también pueden emitir cuadraditos de esos), y más adelante, unos curiosísimos aerolitos, meteoros, o similares, que atraviesan la pantalla a gran velocidad, emitiendo un simpatiquísimo ruido como de pedorreta electrónica (a veces irrumpen tan súbitamente, que te pegan unos sustos de lo más curiosos). 

Cada cierto tiempo, tendremos que enfrentarnos a un sector poblado exclusivamente por meteoros. Son los más difíciles, está claro, porque estos engendros se mueven con mucha más rapidez que los marcianitos normales.

Lo mejor

* Que fue el primer juego que tuve :'-)
* Buenos efectos de sonido (aunque algo machacantes).

Lo peor

* Simplón como él solo.