FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO
Asterix and the Magic Cauldron

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COMENTARIO ORIGINAL
La review
He aquí otro de los "hitos literarios" de mi infancia (y supongo
que de la de muchos de vosotros), junto con Mortadelo y Filemón y, ya a cierta
distancia, Tintín (principalmente porque me parecía menos gracioso; los dibujos
eran fabulosos, eso sí, y algunas de las historias merecían muchísimo la pena).
Había quien decía que las aventuras de Astérix servían estupendamente como texto
de historia resumida, simplificada, premasticada y preparada para la digestión
de los chavales más jóvenes. Estoy en desacuerdo. Con las andanzas de Astérix,
Obélix, y demás recios celtas bigotudos, poca historia se aprendía. Otra cosa
es que Uderzo y Goscinni utilizaran el Mundo Antiguo como escenario para sus
tebeos, y que en ocasiones, se nombraran poblaciones reales, o sucesos que verdaderamente
tuvieron lugar (alguna que otra batalla, por ejemplo).
No creo pudieran tomarse como un tratado riguroso de Historia. Ni medio riguroso,
siquiera. No sabéis a qué cantidad de gente les indujo a creer que una de las
características de los celtas que poblaban la Galia, eran sus cascos adornados
con alas... cuando resulta que esa es una invención de la marca de tabaco Galoises
Blondes. ;-)
Eso sí, disguste a quien disguste, hay que reconocer que las andanzas de Astérix
tenían mucha más enjundia intelectual que Bola de Dragón. Por ejemplo. Aunque
nos pintaran a los hispanos como tipos feúchos, renegríos, canijos, bajitos,
más bien vagos, irascibles, canturreando flamenco y bailando sevillanas (ellas,
muy monas, con un traje de lunares -que no desmerecería en la Feria de Sevilla-
y mantón de Manila incluido) a la menor de cambio, y vestidos con un chalequillo
cordobés y un casco tocado con enormes cuernos de toro. Como veis, no es muy
riguroso, no.
Por lo menos nos enterábamos que a los portugueses se les llamaba Lusitanos,
que los Godos venían de la zona de Alemania y los Numidas de África. Ah, y que
París era Lutecia.
Si habéis leído alguna de las historias de Astérix, sabréis que Obélix, el gordinflón mastodóntico y un pelín corto de entendederas, que acompaña al protagonista en todas sus peripecias, se cayó dentro de una marmita de poción mágica cuando era niño.
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Ah... ¿que no os suena? Bueno, al menos lo de la "poción mágica" lo habréis oído, ¿no? Sí, hombre, aquel brebaje estupendo que, a base de muérdago, petróleo (puaj) y otros ingredientes tan secretos como los de la Coca-Cola, preparaba el druida Panorámix. |
Pues el potingue resultante dotaba al receptor de una fuerza sobrehumana. Al
menos, durante un tiempo.
Gracias a semejante descubrimiento, los habitantes de la pequeña aldea bretona
(creo recordar que andaba en las inmediaciones de la Bretaña francesa) habían
resistido enconadamente el asedio de las legiones del César que, por aquel entonces,
ya sometían a casi toda Europa occidental.
De hecho, el esmirriado enclave en la costa gala, estaba literalmente cercado
por campamentos romanos, rebosantes de legionarios, decuriones y centuriones
que, eso sí, en cuanto se cruzaban con un galo, estuviera a rebosar de poción
mágica o no, salían por caligae (que significa "sandalias"... sí,
eso también lo aprendí de los tebeos de Astérix).
A lo que iba: Obélix se cayó en la marmita de poción mágica cuando era un niño,
y se pegó el grandísimo atracón, con lo que los efectos de ésta se han hecho
permanentes. Lo que no aclaraban Goscinni y Uderzo era:
a) Y ya puestos, ¿por qué no se bañaban todos los habitantes de la aldea en
una acequia llena del milagroso mejunje, para transmutarse en sansones a perpetuidad
y no tener así que depender de un druida a las puertas de la chochez más devastadora?
b) El evidente desorden endocrinológico de Obélix, con su panza tamaño globo
sonda, y un apetito comparable al de una manada de cocodrilos a dieta de compota
de ciruelas, ¿viene también a raíz de la sobredosis de muérdago, petra oleum,
y otros excipientes?
c) ... ¿puede formularse la misma pregunta acerca de su lucidez mental, que
alcanza un nivel semejante al de la primera rebanada del pan Bimbo? (anda que
no es tonta, la condenada).
Sea como sea, cada vez que Panorámix, el druida, congrega a los habitantes
de la aldea para recibir su racioncita de potingue embrujao (sin contraindicaciones
ni efectos secundarios, mira tú qué cosa), Obélix se queda sin probarla. Y el
chaval suele cabrearse de lo lindo.
Así que, en una de estas, le arrea una coz al caldero (a veces se olvida de
que tiene la fuerza de catorce osos adultos), y lo rompe en varios pedazos,
que quedan repartidos por medio continente.
Dado que la poción mágica sólo adquiere sus asombrosas propiedades si se elabora
en la malograda marmita (bueno, y si el muérdago se corta con una hoz especial,
aunque eso en el juego da lo mismo), los galos están a merced de las legiones
de Roma.
Astérix, que bien podría recibir el apodo de "Sacalascastañasdelfueguix", en vista de su propensión a ser elegido indefectiblemente como el que salva una y otra vez a su pueblo de cualquier catástrofe en ciernes, se presenta inmediatamente voluntario para recuperar los fragmentos de la marmita.
Y aquí tenéis las premisas de una aventura verdaderamente entretenida, original y hasta, si me lo permitís, "bonita". Desde luego, este Asterix and the Magic Cauldron, es un juego agradable como él solo, y con una personalidad innegable.
A través de multitud de pantallas, hemos de guiar al guerrero galo (con la perpetua escolta de Obélix... que, por cierto, si alguien sabe para qué sirve, aparte de para acabar con las raciones de jabalí que llevamos encima, que me lo cuente), en busca de los pedacitos del caldero mágico. |
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Están presentes muchos de los ingredientes de los tebeos. Como la inevitable
poción mágica que nos proporcionará una fuerza tremenda, y un aumento de la
vitalidad que nos vendrá de maravilla en algunos combates. Bueno, matizo: en
UN combate. Y es que sólo disponemos de una dosis del asombroso pringajo potable.
Muy poca cosa, creo yo, sobre todo si tenemos en cuenta que hay cierto momento
en el juego en el que hemos de enfrentarnos a una pelea que, os lo garantizo,
como no echéis mano de la ventaja druídica, se os tragará todas las vidas.
Y si te reservas para ese instante, vas a tener que darte de bofetadas con las
huestes del "SPQR" a palo seco. Y te garantizo que no es fácil. Quizás
en el caso de algunos legionarios, las refriegas no vayan mucho más allá de
tener que pulsar histéricamente el botón de disparo para que Astérix lance una
guantada tras otra. Pero con los centuriones, la cosa cambia. Son duros como
el mármol, los condenados.
Por cierto, cuando el bigotudo protagonista de la historia se acerca a un enemigo
o a un objeto, ambos aparecen dentro de una especie de ventana que se abre sobre
el escenario, y donde se ven ampliados (y consecuentemente, cuadriculados a
más no poder).
En el caso de los combates, podremos salir de la condenada cajita ampliadora,
si derrotamos al rival, si éste es quien nos da una buena somanta (y nos quita
una vida, en consecuencia), o si nos alejamos de él, caminando hacia el borde
opuesto de la ventana (aunque, ojo, esta táctica sólo funciona cuando alguno
de los contendientes ha conseguido endosarle un mamporro al otro). Después de
cada pelea, nuestra energía se restablecerá un poco.
La cosa, como veis, consiste en explorar un verdadero laberinto de pantallas (y es que trazar un mapa de este juego es de lo más complicado; las localizaciones se entrelazan sin lógica ninguna, y con mucha frecuencia, si salimos por el borde derecho una pantalla, por ejemplo, y entonces volvemos sobre nuestros pasos, en lugar de regresar a la anterior, apareceremos en otra, vaya usted a saber dónde) a través de bosques, campamentos de los legionarios, y la mismísima Roma. Al menos, los escenarios son muy vistosos, y no hay dos pantallas iguales (salvo las celdas de los calabozos romanos, claro).
↑ Lo mejor
* Lo mismo puede decirse de la música.
↓ Lo peor
* Con una sola dosis de poción mágica es difícil llegar lejos.



