FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO
Bangkok Knights

Material
COMENTARIO ORIGINAL
La review
Me vais a permitir una brevísima (esta vez lo será, en serio) disertación:
la he titulado "¿Cómo es posible que un espectáculo consistente en dos
acémilas que se dan de patadas en las encías, puñetazos en el epigastrio y rodillazos
en las criadillas, sea considerado como un deporte, y además goce de cierta
épica y no menos prestigio?, amén de otros eventos igualmente interesantes".
Pues sí... como tan sintético y sinóptico encabezamiento sugiere, soy de los...
hmmm... bueno, no diría detractores, pero sí "no comprendedores" del
atractivo de los supuestos "deportes" que involucran una refriega
a bofetada limpia. Pensadlo friamente: ¿qué tiene de noble un evento que se
centra en apostar a ver qué mastodonte de cuello de buey deja inconsciente a
golpes, a otro de su mismo porte? Es la monda. Ver cómo dos tíos se parten la
cara hasta caer sin sentido al suelo. Joé. Pues qué bien.
Y por si lo del boxeo, que al fin y al cabo tiene sus normas y sus relativas
precauciones, fuera poco, hete aquí que los tailandeses no tienen mejor ocurrencia
que cruzar semejante barbaridad con una especie de coreografía demente en la
que los púgiles no sólo se atizan guantazos, sino que también se propinan patadas
de todos los colores. Hay gente pa to, que dijo el torero.
Ahora viene el matiz (inevitable): lo he dicho hace un par de renglones mal
contados, y lo repito... no soy un detractor del boxeo y disciplinas más o menos
afines, sino un simple "no comprendedor". Así que me abstendré de
darle más estopa al asunto. Me basta con decir aquello tan manido de "no
lo entiendo, pero lo respeto" (es de esas verdades que, a fuerza de sobreutilizarlas
y manosearlas, acaban pareciéndose a la clásica cita-cascajo-presuntamente-honda
que adorna las carpetas de algunas quinceañeras... bueno, al menos las adornaban
en mis tiempos; ahora, las nenas han sustituido las frases dulzonas y ñoñerías
poéticas de Rabindranah Tagore, por las fotos del último modelo de calzoncillos
marcapaquetes; los tiempos cambian, sí *suspiro*).
En 1987, System 3, una de las compañías que desarrolló algunos de los juegos de más calidad en la historia del C64, decidió comercializar este Bangkok Knights.
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Un juego de lucha, sí, pero no uno cualquiera... y no lo digo por aquello de que la disciplina elegida fuera el Thai Boxing, sino porque fue uno de los más espectaculares, prácticamente desde cualquier punto de vista. De principio a fin, se nota, en todos los detalles, que los programadores se empeñaron en hacer las cosas bien. Y vaya si lo consiguieron. Así da gusto. |
Recuerdo el comentario pertinente en la MicroManía de turno. Y recuerdo que me sorprendieron las fotos que lo acompañaban. ¿Sería posible que el juego moviera aquellos personajes tan inmensos y bien dibujados con una soltura razonable? El análisis del redactor era bastante elogioso. Y cuando, años después, y gracias a los emuladores, le eché un vistazo (si os digo la verdad, con bastante curiosidad, pero sin creer que el invento podría terminar engrosando mi colección particular -soy bastante exigente a la hora de cazar títulos que no conocía, a través de Internet, y además, los juegos de lucha uno-contra-uno, a la Street Fighter, nunca estuvieron entre mis favoritos, salvo honrosas -y contadas- excepciones), pensé que el zagal (o la zagala... ahora mismo no recuerdo si el autor de la review fue la única chica commodorera que, al menos durante un periodo, MicroManía tuvo en plantilla; Cristina no sé cuántos se llamaba) se había quedado corto. Cortísimo. ¡Mamma mía! ¡Qué alarde de habilidad de los programadores! ¡Qué forma de aprovechar la máquina!
Disculpadme pero, una vez más no puedo resistir la tentación de ondear la banderita
con el logotipo de Commodore: en ocasiones, cuando leía los comentarios de los
juegos de C64 en la MicroManía, pensaba que estaban redactados por avezados
y expertos commodoreros. ¿Que por qué? Pues porque si los escribieran usuarios
asiduos de las otras grandes máquinas de 8 bits, serían MUCHO más elogiosos.
Un desparrame de gráficos, un despilfarro de música y efectos, un despiporren
de rapidez como este Bangkok Knights era, guste o no guste, sencillamente IMPOSIBLE
de alcanzar para los especcies, cepeceses y emeeseequises... Claro que, al César
lo que es del César; es justo decir que los micros basados en el Z80 eran capaces
de cosas que un C64 no podría hacer nunca.
... pero eran bastantes menos, jié, jié...
Bueno, ¿y el juego en sí? La verdad es que no tiene demasiada chicha, aparte del asombroso apartado técnico, y de su jugabilidad, más que decente.
| Insisto: no es más que el típico juego de lucha uno-contra-uno, en el que nuestro repeinado y sosísimo púgil (parece de todo, desde el campeón de Squash del club Lacoste, hasta agente de seguros... todo, menos un furibundo "thai boxer") se las tiene tiesas con una serie de luchadores, a cuál más duro. | ![]() |
Y supongo que ya conocéis la mecánica: combinando movimientos con la palanca
del joystick y el botón de disparo, podemos lanzar toda suerte de coces, collejas,
trompazos y leches surtidas. Los bloqueos también están a la orden del día.
Sabía decisión la que los programadores tomaron al incluirlos. Y es que eso
de detener los puntapiés de un psicópata de mirada torva y pinta de mongol caníbal,
con el esternón, como que no es especialmente inteligente.
Para superar cada ronda, tenemos que noquear a nuestro oponente un cierto número
de veces. Contamos, no sólo con nuestra fuerza y habilidad con los artísticos
mamporros de funambulista (anda que no tiene mérito lo de endiñarle con el dedo
gordo del pie en los dientes al otro), sino con... con... bueno... en realidad,
contamos SÓLO con nuestra fuerza y habilidad. Lo dicho: no hay nada más detrás
de lo (bien poco, en realidad) que os he contado sobre este juego. Aporrea el
botón, maltrata al joystick, y ametralla a pescozones a tu oponente, hasta que
ruede por los suelos. Así de fácil.
La lista de aspirantes al Pulitzer está formada por: Manchu Man (el energúmeno
de la coleta, que aparece en la primera captura), Bambo Man (otro "Man",
sí... este asiste a los combates tocado con una boina de ranger o similar -evidentemente,
es un juego de palabras, más bien tontainas, con el nombre de aquel otro ingenioso
hidalgo de greñas grasientas, parálisis facial y repertorio inagotable de frases
profundísimas como "Coronel, ¿esta vez nos toca ganar?"), Killa Kalle
(quitadle los tornillos del pescuezo al monstruo de Frankenstein, y obtendréis
el vivo retrato de esta afable criaturita), Siam Sally (la única chica del reparto...
del reparto de coces con el que te obsequia como bajes la guardia), Mucho Mike
(creedme: este garrulo bigotudo se merece eso de "Mucho"; ¿recordáis
a Lech Valessa, aquel señor de pobladísimo mostacho, que llegó a presidir Polonia?
Bueno, pues imagináoslo inflado con un compresor a presión, hasta que la mirada
de sindicalista paternal, implicado y consecuente, se le transmute en la de
un ñu en época de celo... algo así es este querubín), Dan Fists (el siniestro
encapuchado de la segunda captura), Daddy Khale (todo lo que tiene de feo y
desagradable, lo tiene de peligroso; y el muchachote es tan hermoso como la
papada recolgona de un buitre carroñero), y una especie de Ramapitecus con un
cráneo de 25 centímetros de grosor -lo que le deja un espacio de cuatro milímetros
cúbicos al cerebelo, poco más o menos-, y que responde (seguramente, a gruñidos
babeantes e infrahumanos) al nombre de B. B. Butler.
↑ Lo mejor
* Magníficos efectos de sonido, incluyendo música de Hubbard y samples digitales.
* Rápido y adictivo.
↓ Lo peor
* Demasiado fácil en el nivel más sencillo.



