FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO
Barbarian

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COMENTARIO ORIGINAL
La review
Creo que todos tenemos bien claro que gráficos bonitos y sonido cuadrafónicopsicotrópicodelcopón,
no son garantía de juego divertido. Y me consta que no soy el único que, en
su momento, tuvo la fortuna de ser dueño de un C64 y un Amiga, y que asegura
que el cachivache más antiguo de los dos, tenía bastante más encanto. Incluso,
en ocasiones, la versión de 8 bits, superaba en muchos aspectos, a la teóricamente
superior.
¿Es ese el caso del juego que nos ocupa? Pues miren ustedes... ni repajolera
idea. No he visto la versión de Amiga, aunque tiene toda la pinta de que estamos
ante una excepción. A no ser, claro, que entre vosotros haya algún visionario
(con pasta, suerte y puntería, además), que en los 80 se hiciera con un ratón
para su Commodore 64. Que los hubo, sí.
Resulta que, durante el auge del Amiga, el uso de semejante periférico estaba prácticamente tan extendido como en la actualidad. En aquellos remotos tiempos, mira tú por dónde, el sistema operativo que ponía en movimiento al fabuloso invento de 16 bits de Commodore, el célebre Workbench, era todo un entorno gráfico.
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Hay muchos anti-Microsoft que, en realidad, lanzan sapitos, culebras, estiletes, estoques y picahielos envenenados contra el gigante de Redmond, simplemente porque está de moda hacerlo. Ya sabéis: la moda de la anti-moda. Windows en particular, y el resto de los ingenios del monstruo comandado por maese Gates en general, son la moda. Una moda de facto, sí (o sea, impuesta por caralho), pero una moda a fin de cuentas. |
Ergo, tiene que haber una contracorriente. Un movimiento alternativo. Una
oposición al poder establecido. Una fuerza motivada por el afán, tan humano,
de darle de pescozones al jefe (dialécticos, morales y siempre por lo bajinis).
Al que manda, leña. Se llame Telefónica, Microsoft o Gobierno de los USA.
De este modo, no faltan quienes claman, convencidísimos de ello, cosas como
"cagüen en el Gates", "ledén al Ventanucos 98", o "viva
er Linux manque pierda", sin haber salido jamás del mundillo de Microsoft,
y sin haber siquiera pasado caminando, accidentalmente, por delante de un ordenador
funcionando mediante el (más que digno de aplauso) invento de mister Tolvards.
Bueno, pues si queréis saber la opinión de alguien habituado a manejar los dos
sistemas operativos, anotad esto: es cierto, Linux es NOTABLEMENTE mejor que
Windows.
Es más: Microsoft no sólo no representa la punta de lanza en esto de las nuevas
tecnologías (y menos, en las domésticas), sino que siempre ha tendido a ir a
rebufo de las ideas brillantes de los demás, y su principal mérito (que no es
poco, admitámoslo), es haber sabido venderlas mejor que sus propios dueños.
Ahora, les resulta de lo más sencillo, pero en los 70, la cosa tenía bastante
más enjundia.
Lo que quería deciros es que, en aquellos tiempos remotos en los cuando que
los escasos PCs que reposaban sus graníticas moles sobre los escritorios de
los pocos despachos de los privilegiados que podían permitírselos en España,
aún trabajaban con una versión antediluviana y en exclusivo modo texto del MsDOS,
el Amiga ya empleaba una verdadera interfaz gráfica de usuario, de modo que,
claro, el uso del ratón se hizo imprescindible.
Y no tardaron en surgir los juegos que lo utilizaban como método de control
principal. He aquí uno de ellos: este Barbarian, desarrollado por Psygnosis
(así que no lo confundáis con el celebérrimo juego
de lucha y decapitaciones maravillosa y gratuitamente sangrientas, de Palace
Software). Supongo que la versión de Amiga será bastante entretenida. Y me consta
que esta adaptación al C64 no es nada mala. El problema es que, sin un ratón,
la experiencia pasa de interesante a engorrosa.
Es complicado programar un juego de acción controlado mediante un punterito.
Y más aún cuando tienes que manejarlo con joystick. Esto te fuerza a
aprenderte de memoria la localización de las trampas aviesas, abismos
procelosos, y malos furibundos, para que te dé tiempo (que, de todos modos,
suele haber de sobra -salvo algunas excepciones-) a pinchar sobre el icono
correspondiente, y poner a tu bárbaro a salvo.
Fijaos en las capturas. Si miráis la parte inferior de las pantallas, veréis
una hilera de botones con una serie de símbolos sobre ellos. Se utilizan para
controlar al protagonista a través de las lúgubres profundidades de la
mazmorra de turno, a cuyo término encontraremos... erm... bueno, vaya usted a
saber qué, pero seguro que está entre estas tres opciones:
- Brujo esquizoide, megalómano e imperialista.
- Bestezuela antropófaga, descomunal y malvada. Dragones y diablillos
infernales incluídos.
- Antiguo talismán, reliquia de civilizaciones pasadas, y fuente de un poder
asombroso que, una de dos:
- O está jodiéndole la vida al personal, y hay que
reducirlo a harina, a mamporro limpio.
- O es toda una fuente de salud, felicidad, e ingenua
alegría, rayana en la cursilería más florida y mariposona. Si el chisme en
cuestión se encuentra en las lóbregas catacumbas de esta fortaleza, es porque
alguno de los siniestros esbirros de Belcebú, mencionados en los dos primeros
puntos, lo ha traído hasta aquí para desdicha del poblado indígena de
turno. Luego, hay que recuperarlo a toda costa.
Lo que sea; da igual. Si os interesa de verdad, echadle una ojeada al manual
(que ¡anda que no me costó someterlo a OCR! ¡Qué puñetero! Cuenta una
historia rayana en el más indigesto de los bodrios, y encima, redactada con una
letra tan ínfima, que me forzó a retocar el resultado a mano). El caso
es que nuestro avezado barbarito avanza pantalla tras pantalla, enfrentándose a
trampas mil, y a monstruitos... mil y uno. Erm... vale, ya me busco el consabido
terroncito de azúcar, por capullo.
| Centrémonos ahora en el tan cacareado método de control: como os he dicho, os podéis ir olvidando de tener un control directo sobre el héroe. Sólo podemos guiarlo por medio de esos iconos que aparecen en la parte inferior de la pantalla, situando sobre ellos un cursor, y pulsando fuego para elegir el que consideremos apropiado en cada momento. | ![]() |
Por ejemplo, los tres primeros se refieren al movimiento del protagonista; de izquierda a derecha, son: caminar a la izquierda, subir o bajar escaleras, y caminar a la derecha.
Tened en cuenta que cuando pinchamos sobre uno de estos iconos, el bárbaro
comienza a desplazarse, y no se detiene ante nada (salvo paredes, suelo o techo,
claro). Es decir, que si lo encamináis hacia un abismo pavoroso, o hacia las
fauces de alguna babosidad del submundo, y no lo detenéis a tiempo, se despeñará
tan tranquilo. Sólo podéis pararlo si pincháis en el cuarto icono, o si le obligáis
a hacer otra maniobra (excepto correr, claro). ¿Por ejemplo? Sigamos recorriendo
las opciones disponibles, y así os las cuento:
El quinto botoncito hace que el bárbaro dé un salto al frente. Dependiendo
de si toma impulso caminando o corriendo, llegará más o menos lejos.
Continuemos: el sexto icono... bueno, ¿qué os sugiere? Porque si el botón anterior
no era especialmente intuitivo, este tampoco le va a la zaga en generar confusión.
Resulta que sirve para hacer que el protagonista corra.
El botón que ocupa el séptimo lugar, es bastante más claro: se utiliza para
que el bárbaro dé una estocada al frente con su espadón. Derrotar a la miríada
de mucosidades rezumantes y alimañas surtidas que pueblan el laberinto es bastante
sencillo. De hecho, yo diría que la principal causa de pérdida de vidas en este
juego, son las trampas, que saltan así, de sopetón y en la gran mayoría de las
veces, sin previo aviso. No suele haber nada que delate su presencia. Ni un
bloquecito de piedra más prominente que el resto, o de un color ligeramente
distinto, ni un montoncito de huesos pulverizados, al pie de algún boquete de
lo más sospechoso... nada... simplemente, vas tan tranquilo paseando a través
de un corredor, cuando se te viene encima una losa de piedra de 14 toneladas,
y le plancha el ombligo a tu héroe. La única forma de escapar a semejante hecatombe,
es dando un salto mortal hacia atrás, lo cual se consigue, precisamente, con
el siguiente botón: el octavo. Y ya me diréis si la imagen que decora su superficie
es intuitiva o no...
... está claro: más bien no.
O sea, una espada con la empuñadura hacia arriba, y una serie de rayajos a los
lados de la hoja, se supone que representan "salto mortal hacia atrás".
Ajá. De lo más lógico. Y si hubiera algún icono que permitiera al protagonista
rodar por el suelo para esquivar los proyectiles de algunos de los monstruitos
más recalcitrantes, ¿qué imagen se le asociaría? ¿Una chancleta playera de las
que uno compra en los puestos de los hippies, tocada con un rotor de helicóptero
y asentada sobre una tortilla de patatas con cebolla? No me extrañaría...
El noveno icono está algo más claro: se emplea para que el protagonista se
gire 180º grados.
Pero ¡no se vayan todavía, que aún hay más! Si desplazáis el cursor hacia el
extremo derecho de la hilera de botones, veréis que aparecen algunos de ellos
más. Concretamente, dos: uno con la forma de una flecha señalando hacia arriba,
cuya función es la de recoger objetos (como un arco que encontraremos según
nos adentremos en la fortaleza, y las flechas que le sirven de munición), y
otra apuntando justo en sentido opuesto y destinada a (lo adivinasteis) soltar
algún chisme que llevemos encima. Además, podréis ver tres ventanas que contienen
sendos objetos. Bueno, en realidad, al principio del juego sólo una de ellas
estará llena; se trata del inventario de armas, y comenzamos con dos huecos
vacíos, y el tercero ocupado por la espada. Cuando dispongamos de más ingenios
para repartir pupita a diestro y siniestro, no tenemos más que seleccionarlo
aquí.
↑ Lo mejor
* El sistema de control es bastante original.
↓ Lo peor
* Si no tienes un ratón para C64 (y es lo más probable), eso de seleccionar iconos con el joystick, te resultará un poco tostón.



