FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO
California Games

Material
COMENTARIO ORIGINAL
La review
A lo mejor os suena un poco a frase lapidaria de esas que parecen fabricadas a base de lejanísimas inspiraciones orientaloides bien pasadas por el tamiz de las películas de jóvenes karatekas de flequillos cardados que hacían las delicias de ociosos adolescentes en los 80, y regada con abundantes dosis de mostaza rancia de hamburguesería de barriada, de esas que pretenden ser modernas colgando en las paredes un par de anuncios de Coca-Cola y un poster del skyline neoyorquino encima de alguna polvorienta recreativa estridente... a lo mejor os suena a eso... o incluso a algo peor, pero de todos modos se me ha ocurrido que podría comenzar esta ficha entonando aquello de que uno debe encontrar el término medio entre la flexibilidad y la firmeza. Si te pasas de maleable, todo hijo de vecino hará de ti el receptáculo (ojo, receptáculo, no receptor) de sus antojos. Y si no tienes medida a la hora de mostrarte firme, acabarás por pelearte hasta contigo mismo. No sé si algún tipo de orden de monjes tibetanos rapaditos y envueltos en túnicas hare-krishna utilizó precisamente la metáfora del junco. Flexible y firme. Miren ustedes qué gracia. Y dicho esto, ya casi podemos irnos a pegar el salto de la grulla sobre algún tocón clavado en una playa de San Francisco arrullada por la brisa que lleva el aroma del océano y de un puesto de perritos calientes cercano...
Bueno, es que últimamente me ha dado por releer las primeras fichas que escribí cuando comencé esta sección, años ha. ¡Ahh, ingenuo de mí! ¡Qué tiempos aquellos en los que pensaba que en un veranito me las arreglaría para comentar los cientos de juegos que tenía en lista de espera! Vaya, ni aunque hubiera recurrido a la gilipollez de fichas sinópticas y desprovistas de cualquier cosa que recordara lejanamente a cierto sentido del humor, que redactaba por aquel entonces, lo habría conseguido. El asunto es que me doy cuenta de que ¡albricias y aleluyas de colores! ¡estoy consiguiendo parecerme al paradigma del junquito tibetano! ¡ya luzco hasta el rapado de coco y todo! Lo digo porque me contradigo a mí mismo de lo lindo, con el paso del tiempo. Hay cosas que digo en algunos de los comentarios con los que, unos meses después, no estoy nada de acuerdo. Y en contra de lo que pudiera parecer, creo que es algo estupendo. A ver, os cuento...
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Cambiar de opinión no es mala cosa... siempre que sea el producto de una reflexión más o menos seria. Hombre, no creo que se pueda hablar de seriedad cuando estamos tratando con videojuegos de dos décadas de edad (salvo por las implicaciones psicóticas que a lo mejor tiene el hecho de que un treintañero como yo ande todavía jugando con navecitas espaciales de colorines y otras menudencias comparables), pero tener opinión siempre es buena cosa. |
Aunque sea acerca de una frivolité. Lo que importa es pensar. Y a veces,
estas polleces de comentarios sirven como "entrenamiento", como
método para evitar el anquilosamiento neuronal, cuando uno no tiene nada más
enjundioso a mano. Y si lo tienes, ¡qué demonios! ¿por qué habrías de dejar
aperitivos menores? Vamos, por pintarlo de alguna forma, es como si, por el
hecho de tienes una reserva estupenda de Vega Sicilia, vas a dejar de tomarte
tus cañitas con los amigos. No sé si me explico...
... supongo que no...
A lo largo de estas fichas he ido dando bandazos en algunas opiniones. Una de ellas es la que concierne el tema de la originalidad de los juegos antiguos versus los modernos. Al principio, lo sencillo es asirse al tópico, al cliché (como en tantas otras cosas, miren ustedes por where) y ya que estamos en una página dedicada a los 8 bits, proclamar que los títulos que se lanzaban a mediados de los 80 para nuestros commos, espec-cies, cepeceses y eme-ese-equises (hay que joderse con la chorrada) eran lo mejor de lo mejor. La panacea. El summum. Inmejorables. El paradigma de la jugabilidad, la adicción, la diversión y la originalidad. Inmediatamente después, volvemos la vista hacia el presente, torcemos el gesto una miaja y adoptamos el típico tono de caricatura de carca nostálgico cuando proclama aquello de "ya no se hace --lo que sea-- como se hacía antes". Los juegos de ahora son muy bonitos y tal, pero no son ni originales ni jugables.
Pues, ya os digo, primero secundé esa opinión. Después me escoré hacia la contraria. Y por fin, como suele ocurrir en estos casos (bueno... no, ahora que lo pienso, no, no sucede eso con tanta frecuencia...), me acomodé en un término medio. O sea que ni los juegos de antes eran maravillosos, infinitamente mejores en su esencia, brillantez conceptual e intenciones de todos los implicados, que los modernos, ni ocurre todo lo contrario. Hoy en día, casi cualquier título es una maravilla técnica. Y uno se puede enganchar ferozmente a la última maravilla de Black Isle o Id Software con la misma facilidad con la que lo hacía, hace 15 años, con las mini-obrillas-de-arte de Thalamus o System 3.
Hay géneros que la potencia de los ordenadores modernos han ayudado a surgir. Géneros y mecánicas de juego... hoy en día, la práctica totalidad (... quiten de ahí lo de "práctica"...) de los lanzamientos utilizan de forma intensiva las 3D. Hay otros que han quedado obsoletos (las aventuras conversacionales). Pero ... ¡oigan ustedes! ¿qué ha pasado con los deportivos?
No, no, olvidemos Fifas y Collin Macrraes varios. No hablo de virguerías 3D multipoligonales enfocadas a la acción... hablo de juegos como los Games de Epyx. Ya no existen ¿os habíais fijado? Y es curioso, porque en su tiempo resultaron asombrosos y motivaron las adicciones más febriles de los commodoreros de medio mundo. Un síntoma claro: mogollón de empresas (generalmente de segunda fila) se lanzaron de cabeza a imitar la fórmula. Y siempre con menos éxito, claro. Así, nos topamos con los Galactic Games, Alternative World Games, Aussie Games, Eskimo Games, Western Games y ¿cómo no? el Aquetemetodosyoyas Games (no podía faltar este) (sí, soy tonto, lo sé).
A pesar de las imitaciones que, con más o menos tino, fueron brotando al rico calorcillo de las genialidades de Epyx, los Games fetén, fetén, de los güenos de verdad, nunca estuvieron bajo la sombra de nadie. Y muchos aseguran que este California Games es el mejor de todos ellos. Yo no sería tan rotundo, pero en ocasiones casi estoy por afirmar lo mismo. Y ¿queréis saber por qué?
Pues porque es original, divertidísimo, está lleno de detalles ... erm... (perdonadme la mariconada pedantoidea, pero no se me ocurre ningún palabro más adecuado... esto... menos DESadecuado, y ya que he cogido carrerilla...) impregnados (ajjj) de un sentido del humor sutil e inteligente y, por si fuera poco, hace gala de unos gráficos que, en algunos momentos, son simplemente asombrosos.
Una de las cosas que más gracia me hacían de los Games clásicos (esto es, los basados en los Juegos Olímpicos) era aquello de elegir una serie de jugadores, cada uno con una nacionalidad y escuchar su himno y ver su bandera cuando ganaba una medalla. Era todo un detalle, no me lo negaréis. Claro que, en los California Games difícilmente va a ver uno a un miembro de la delegación de Burkina Faso patinando media-tubería arriba (ahora os cuento de qué va semejante ida del garbanzo), ni a un aguerrido atleta de Togo haciendo el mico en un parque, corriendo detrás de un platillo (que ahora resulta que se llaman "frisbis", casi como una marca de comida para chuchos). Así que, en lugar de eso, se nos permitirá elegir el equipo al que queremos que los jugadores pertenezcan. Tienen pinta de tiendas de artículos para hacer surf, rafting, puenting, gilipolling y demás deportes más o menos de riesgo --os lo confieso: eso de los jovenzuelos extreme-radikal que se gastan un pastón en ropa de macarra de diseño e invierten las vacaciones que les concede su macroempresa con sede en algún rascacielos, en hacer el marrano zarrapastroso antisistema e inconformista, jugándose de paso el pescuezo saltando de un barranco con una banda elástica atada a los escrotos, me motiva cierta tirria...--, pero supongo que dan el pego. No sé si los Ocean Pacific, Costa del Mar Sunglasses o Santa Cruz Skateboards son marcas reales o no. Pero desde luego, Kawasaki y Casio sí.
Bueno, da igual, porque una vez elegidos los equipos en los que queremos participar (a lo mejor a alguno no le parece especialmente glorioso eso de representar a una compañía comercial en lugar de a un país, pero sinceramente, prefiero que mi equipo tenga el nombre de un fabricante mundial de motos de gran cilindrada que el de un productor de chorizos de cantimpalo de algún poblado de vaya usted a saber qué sierra; es que eso de Club de Surf Longanizas Paco queda miaja triste), podremos enfrentarnos a las 6 pruebas de que consta el juego, ya sea a todas ellas, por orden, o a un subconjunto. Picando de aquí y de allá, como se nos permite hacer en los otros Games de Epyx.
Y he aquí la lista de las pruebas:
- Half Pipe (la que os mencionaba antes): o sea, media tubería. Con el monte ese tan fotogénico que alberga las letras que forman la palabra "Hollywood", de fondo, un patinador un pelín ido de la olla se dedica a trazar piruetas sobrecogedoras en el interior de... eso... precisamente, una media tubería.
| Una especie de "U", vaya. Se trata de tomar impulso y de utilizar los bordes de esa "U" no sólo para darle de comer al dentista y al neurocirujano desparramando nuestros molares y nuestro cerebelo sobre el cemento, sino para practicar todas esas maniobras que uno ve en los anuncios de bollicaos, merendillas infantiles y ya puestos, de moda masculina. No, si a imaginación (calenturienta -en el sentido más freudiano-) pocos ganan a los publicistas. | ![]() |
- Foot bag: menudo pasatiempo chorras. A los anglosajones les pasa algo muy curioso... se les da de miedo eso de inventar deportes. Toman cualquier pollez que sus antepasados llevan practicando desde que emergieron de las grutas (originalmente, como una forma de invocar a algún manitú benefactor para que les proveyera de cannne de megaterio adulto), visten a los participantes con un par de petos, colocan a un árbitro en algún lado, meten catorce cámaras de televisión, editan un par de revistas y ¡hala! ¡montamos el negocio! Bueno, pues en este evento, tenemos que controlar a un chaval que se afana por mantener una pelotita en el aire (aunque según el nombre de la prueba, es una bolsa -bag-) a base de artísticos y malabarísticos puntapies, golpes de hombro y toques de coronilla.
- Surfing: no podía faltar esta. Y además, es una verdadera gozada, en
todos los sentidos. Gráficamente es sorprendente, la jugabilidad llega a
ponerse por las nubes y la música le va como anillo al dedo. Es un cliché
envuelto dentro de un topicazo y arropado por un par de cebollescas capas de la
previsibilidad más típica. Y a lo mejor por eso resulta tan simpática.
La cosa no sólo consiste en mantenernos a flote encima de la tabla, sino, a ser
posible, en trazar toda suerte de piruetas arriesgadas sobre la cresta de la
ola, intentando que no nos rompa encima. Al final, veremos una pantalla en la que
un jurado de lo más californiano (esto es, californiano de película, o lo que
es lo mismo, formado por nenes y nenas delgados, rubios y saludables... lo digo
porque tengo la sensación de que si uno se dejara caer por una playa de San
Francisco, se toparía, cada 15 metros de arena, con 1.600 kilos en canal de
gordo -o de gorda- enfundado en un bañador fosforito chillón) enarbola las
clásicas tablillas en las que se nos muestra la puntuación que hemos
obtenido.
- Patinaje: de topicazo en topicazo y tiro porque me sale de las narices ¿pasa algo? ... estoo... bueno, junto a la clasiquísima iconografía californiamorfa de aguerridos surferos cabalgando sobre olas descomunales y demás soleadas imágenes, suele aparecer con frecuencia la de la nena jamona patinando a lo largo de un luminoso paseo marítimo jalonado por palmeras, tiendas de ropa-macarra-de-diseño (sí, como la que os mencioné antes), bares que fingen ser tascas marranas pero que pasan religiosamente todos los controles sanitarios habidos y por haber, cuentan con los cuartos de baño más higienizados y perfumados de la región (la caca salpicona y la mugre costrosa cuarteada son falsas, claro; se adhieren a las paredes siguiendo patrones diseñados por algún decorador mariquita de Los Angeles que ha tenido a bien cobrar una pasta al dueño del bar, el cual, claro, no tiene más remedio que vender el chupito de cerveza pseudo-laxante (en realidad, rejuvenece, hidrata el cutis y cura la gonorrea, todo en uno) en vaso falsamente mugriento, a precios estratosféricos... esto... ¿por dónde iba antes de engarzar otra sarta de imbecilidades? ¡Ah, sí! Lo de la suculenta nena con sus shorts, sus patines y su bandeja de Martini, del anuncio. Bueno, pues esta no está tan rica. Tiene los pixels más gordos y prietos, eso sí, pero no es que se preste a figurar en campañas publicitarias o películas de superdetectives chulescos de Beverly Hills; al menos se las arregla medianamente bien sobre sus patines. Sin embargo, el paseo marítimo debe de estar entre los más abandonados y peligrosos del Hemisferio Occidental y no sólo veréis toda suerte de obstáculos moteando el asfalto (desde los más inofensivos hasta cosas tan aviesas como botellas rotas y calentitas al Sol; de lo más agradable, eso de caer de culo encima de una de ellas) sino que tendréis que saltar desniveles bruscos, montoncitos de arena (sobre los que las ruedas de los patines tienen la mala costumbre de no rodar especialmente bien) y hasta balones de playa que pasan rebotando con intenciones perversas.
- Lanzamiento de frisbee: ... hmmm... bueno, no sé qué tiene de espectacular, extreme-radiká-ke-te-meto-dos-yoyas-de-diseño esta actividad. A mí me sugiere la imagen de felices familias compuestas por muy higiénicos, sonrientes y saludables papases, mamases, hermanitos, hermanitas (y perro), triscando sobre un césped cortado con primor mientras lucen palmito, bermudas caras y sonrisa resplandeciente (más todavía -por aquello del contraste- en el caso de la familia afro-americana clásica -no puede no salir en el anuncio, hombrepordiós-). Sólo falta de fondo alguno de los ñoñísimos soniquetes que amenizan la publicidad de la Coca-Cola y ya tenemos la estampa American Way of Life lista para ser consumida. Respecto a las premisas de esta prueba, me remito a las cuatro imbecilidades que escribí a propósito de la del Foot-Bag. Sí, hombre, aquello de la sorprendente habilidad de los anglosajones por convertir un pasatiempo tonto en todo un espectáculo. En lo que concierne al juego en sí, lo cierto es que es bastante divertido. Eso sí, no es la prueba más llamativa de todas, precisamente. Consiste sólo en lanzar uno de esos platillos de plástico (el "frisbee" de marras) y conseguir que una chica que espera a varios metros de distancia, lo recoja al vuelo. Veréis: cuando el lanzador... erm... lanza el disco, asistiremos a una inusualmente larga etapa de "vuelo" en la que simplemente, veremos cómo el ingenio gira sobre sí mismo sobrevolando un agradable parquecillo. Tenemos acceso a una especie de "radar" simplificado en el que se muestran las posiciones del lanzador, el frisbee y la receptora. Bien, pues en función del efecto y la fuerza con la que hayamos arrojado el platillo, volará más o menos lejos y a mayor o menor velocidad. De lo que se trata es de calcular por dónde caerá y llevar hacia allí a la recogedora (guiándonos por el radar ese que os he mencionado). Las recepciones espectaculares, esto es, con salto de tigre bengalí incorporado, puntúan más. A pesar de que la pobre chica acabe jincando el pico en la hierba.
↑ Lo mejor
* Lleno de detalles simpáticos.
* Uno de los mejores "Games" de Epyx. Si no el mejor.
* Ninguna prueba tiene desperdicio.



