FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO
Caveman Ugh-Lympics

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COMENTARIO ORIGINAL
La review
A ver ¿qué os hace más gracia? ¿el garrulo de la garrota, o el pipiolo
escuchimizado, encanijado y macilento que arrastra los pies bajo el peso
asfixiante de sus gafas de pasta negra y su peinado de actor de reparto de una
película de "Cine de Barrio"? ¿qué os motiva más simpatía, el
brutote simpaticote, con su sonrisa de gorrino satisfecho de su propia
estulticia, o el nene prodigio absorto en su Quimicefa? Me pregunto por qué la
imbecilidad está tan bien vista y la inteligencia es tan políticamente
incorrecta. A López, aquel defensa con pinta de macarra carabanchelero que
tenía el Atlético de Madrid, le llamaban "noble" en los
radio-estadios, carruseles-deportivos y demás carricoches futboleros
radiofónicos. Noble. O sea, que ahora tener rictus de Homo Neanderthalensis,
triscar por un campo de fútbol en paños menores, guedejas estropajosas al
viento (símbolo de rebeldía, sin duda), y emprenderla a coces con las
espinillas de los delanteros rivales, es una cosa noble. No, no, si en el fondo,
a mí el López este me caía bien y todo. Lo admito.
El burráncano con barba
de cuatro días, embutido en una camisa grasienta que le viene doce tallas
pequeña, paseando su barrigón peludo que asoma sobre el pantalón del chandal
de mercadillo, un domingo por la tarde en los aledaños de algún estadio,
luciendo su sonrisita de capón felizmente cebado... pues ¿para qué vamos a
negarlo? cosecha muchas simpatías. Al menos, cuando sale por la tele y/o lo
imitan Los Morancos. Sí señor: la representación más fiel y fidedigna del
pueblo llano y soberano.
... madre mía... ¿quiénes son los que nos ven a los ciudadanos de a pie, de semejante guisa? Qué miedo. Que me lo digan, para no votarles nunca. El trepa-andamios que gutura cuatro barbaridades obscenas a la chica mona que pasa al lado de la zanja, suele ser considerado como una persona "sanota". Ese es el calificativo exacto, literal y más repetido que he oído aplicado a individuos comparables. No hay nada más "sanote", "simpático" y "noble", ya se sabe, que el trabajo sudoroso, físico y manual. De ahí que llamen "noble bruto" al asno vulgaris. Ser, no ya listo, sino aseadito, cortés y cívico, tener los arrestos de no tirar ni un mísero papelajo al suelo y la honestidad de devolverle al señor que va delante de nosotros el billete de 20 euros que se le ha caído, representa a un tipo de personalidad que oscila entre la repollez y la estupidez. No hay nada más despreciado por el común de los mortales, por lo visto, que el repipi. El niñato resabido y relamido que se limita a estudiar su lección y a hacer bien sus exámenes. Y no digamos nada del que se atreve a intentar saber más que los demás, simplemente por el puro gusto de aprender.
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Ese showman listísimo y poco escrupuloso que es Javier Sardá, tuvo durante una temporada en su programa, a un adolescente blanducho, sonrosado, de aspecto frágil y risible, con sus inevitables gafas horrendas y su no menos evitable aparato en los diente, que se dedicaba a recitar multitud de datos, de memoria. Era una especie de enciclopedia parlante, el muchacho. |
Respondía a cualquier pregunta, por peregrina o rebuscada que fuera. Se ve que el chico disfrutaba lo suyo compartiendo su sapiencia, sus aficiones, su amor desmedido por leer cuanto le cayera en las manos, con aquel público que... bueno... dudo bastante que estuviera *realmente* interesado en lo que tenía que decir. Si así fuera, habrían asistido a otro programa menos zafio, estarían escuchando algo profundo en la radio, o habrían sustituido las nalgas de Boris Izaguirre por algún texto de historia. Ojo, que no tengo nada contra los fieles de la saca de detritus que vierte el Sardá todas las noches. Tiene que haber de todo. Y conozco a más de una persona inteligente y lúcida que no concibe nada más relajante que terminar la jornada entre el culo de Boris y las imitaciones del... del... como se llame... esto... como se llame el de las imitaciones. Ese mismo.
A lo que iba: en realidad, me daba pena que el célebre alter ego del señor Cassamajor (¿se escribe así?) se riera así de aquel jovenzuelo tan culto y... en el fondo, tan torpe. Porque no parecía darse cuenta de que no estaba interviniendo en un sesudo programa nocturno (de esos que sólo echan por La 2, a horas intempestivas en las que ningún espíritu sensible está ante la tele) de debates, tertulias, coloquios y/o corrillos político / filosófico / histórico / científicos. Estaba en un show de telebasura maloliente. De esos en los que los guionistas hacen fuerza por ser repugnantes. Y con Sardá, se reía medio país. Fíjate tú qué chaval más tontainas. Sí, bueno, más de uno habría, que admiraría su capacidad para recitar fechas, acontecimientos clave en el Renacimiento y las motivaciones y frustraciones de Godoy, Fernando VII y Napoleón. Pero, vamos a ver, si estaba en "Crónicas Marcianas" era porque se le podía meter en el saco de los marcianos. De los raros. De los monstruos de feria. De las mujeres barbudas, los tragasables, los escupefuego y demás deformidades de barraca. Qué pena, insisto.
La risa que motiva un tipejín culto e inteligente, pero lo suficientemente frágil y vulnerable como para no saber defender su condición con entusiasmo y contundencia elegante, es bastante más maliciosa que la que nos lleva a pasar un rato simpático contemplando las proezas "nobles", "sanotas" y "bonachonas" de los garrulos de la garrota. Porque, resulta, tiene bastante de envidia detrás.
Pocos se salvan de eso. Y aunque a mí, el que el personal se carcajee a mandíbula batiente de un jovenzuelo nervudo y esmirriado que comete el pecado de hablar bien y saber de muchas cosas, me da pena, sinceramente, no niego que el garrulo de la garrota me hace reír. Cuando me topé con este Caveman Ugh-Lympics, una especie de versión cafre, peluda y retrasada mental, de los Games de Epyx, en la que la gente de Dynamix y Electronic Arts se dedicó a troncharse a costa de una piara de Homo Tontolculus que perpetran las barbaridades más espectaculares y surrealistas en una especie de olimpiada de la Edad de Piedra, reconozco que pasé unos ratos de lo más entretenidos. Me encanta que los juegos tengan sentido del humor. O sea, un sentido del humor DE VERDAD y no forzado y "porque así lo manda el guión" (véase el Monty Python's Flying Circus, para más señas). Un humor del estilo de la saga Monkey Island. ¿Por qué no puede uno reírse abiertamente delante de una pantalla? No es una cosa tan patética, en serio.
Bueno, pues el juego que nos ocupa está poblado por hordas, recuas, rebaños, cardúmenes y manadas de garrulos de la garrota, todos en su elemento, todos en su salsa, pugnando por ver quién es el más bestia, anormal, estúpido, lento y halitoso. Qué maravilla. Y, ¿para qué negarlo? tiene una gracia bárbara.
La introducción (muy bien hecha) ya es toda una declaración de principios.
Comienza como una especie de parodia de las oberturas de los títulos deportivos
de Epyx. Todos ellos, como seguramente recordáis, comienzan con la ceremonia de
apertura. Ya sabéis, el atleta que llega al estadio portando el último relevo
de la llama olímpica y enciende con ella el pebetero. Suelta de palomas, de
globitos y de cuantos adornos flotantes sea menester. Bueno, pues cuando el
juego carga, podremos ver a un esbelto corredor que trisca con elegancia a
través de un paisaje bastante rupestre, portando la antorcha sagrada. La
música de fondo es algo así como una burla tontainas de la que se escucha en
todas las introducciones de los célebres Games.
Cuando el chaval alcanza la
escalinata a cuyo término se yergue el pebetero, lo enciende con solemnidad
y... apenas tiene un segundo para mirar hacia arriba y ver cómo se le viene
encima el título del juego. "Caveman Ugh-Lympics", escrito con
gigantescas letras de piedra, aterriza encima de pebetero, escalinata y atleta,
y los chafa a todos eficazmente. Inmediatamente, irrumpe en la pantalla un
energúmeno gorilesco envuelto en pieles, blandiendo una cachiporra pavorosa, y
comienza a hacer aspavientos de todo tipo. Salta, brinca, se agita como un
poseso, cubre de garrotazos al pétreo nombre del juego (bajo el que sale el
brazo laminado del desdichado atleta relamido) y, todo ello, después de que la música
se haya convertido en una sucesión atropellada de acordes desafinados que se
empujan y se pisotean, como si salieran de una orquesta formada por
orangutanes. Lo dicho: toda una declaración de principios.
| Como lo de hablar de países en un juego de esta índole no sólo no sería nada creíble, sino que no tendría ninguna gracia, si queremos que participen varios jugadores en las olimpiadas cavernarias, tendrán que escoger a sendos macacos antropoides. Hay seis: Vincent, Gronk, Crudla, Glunk, Thag y Ugha. | ![]() |
El primero es algo así como la versión Cro-Magnon del nene blanducho, rosáceo y quebradizo que enunciaba dinastías y batallas para cachondeo del público del señor Sardá. Todas las pruebas se le dan mal, al pobre. El segundo es el equivalente al capitán del equipo de rugby del instituto en las películas gringas. Todo masa muscular. Y cuando digo todo, es todo. Su cuerpo está ocupado por músculos, de manera que no queda ni un huequecito para el cerebelo. Su cráneo alberga los músculos necesarios para mover la lengua de forma obscena (exactamente lo necesario para encandilar a las animadoras macizas que también se ríen muchísimo del nene blanducho, rosáceo y quebradizo de turno -en gringolandia, al menos, luego el infortunado tiene la oportunidad de tomarse la revancha cuando acaba ingresando en la NASA y se topa con el ex-capitán del equipo de rugby del instituto, que resulta que también ha sido contratado en el Laboratorio de Propulsión a Chorro, como responsable... de la limpieza de la escalera; lo digo porque en España podría suceder más bien lo contrario-). Como aquí, lo que interesa no es tener más o menos neuronas, precisamente Gronk es el más fuerte de todos los atletas. De hecho, podríais considerar esto como una forma de escoger un nivel de dificultad. Con Gronk, el juego se hace más fácil, y con Vincent, más complicado.
Los demás garrulos-de-la-garrota representan un término medio entre los dos anteriores. Cada uno es especialista en dos pruebas, a saber: Crudla, la única muje... muj... erm... primate hembra... de la reunión, es experta en la carrera contra el Dientes de Sable y el salto de dinosaurio. Glunk domina también la carrera huyendo del avieso felino de colmillos descomunales, pero es el único, aparte de Glonk, que se desenvuelve estupendamente en la pelea a garrotazos. Thag y Ugha son estupendos haciendo fuego, pero el primero es de lo mejorcito cuando se trata de lanzar a la parienta por los aires, y el segundo es difícil de batir en las carreras de dinosaurios.
Sí señores, esas son, precisamente, las pruebas de que consta el juego: lanzamiento de pareja, carrera de dinosaurios, hacer fuego, carrera contra el Dientes de Sable, pelea a garrotazo limpio y salto de dinosaurio. Os las comento:
En el lanzamiento de pareja (fijaos en la segunda captura) uno de nuestros piojosos intelectuales entra en la pantalla arrastrando a su compañero / compañera (es de suponer que Crudla, por muy orangutanesca que sea la condenada, tendrá a bien aparearse ocasionalmente con un representante del género masculino -por indistinguibles que sean ellas de ellos- de su especie). La cosa consiste en voltear al otro / otra como hacen los atletas de verdad en las pruebas de lanzamiento de martillo, a base de mover el joystick describiendo círculos en sentido contrario a las agujas del reloj, mientras mantenemos fuego pulsado. Cuando hayamos alcanzado el impulso suficiente, no tenemos más que soltar el botón de disparo y mandar al pariente o a la parienta a hacer puñetas.
La carrera de dinosaurios es de lo más meritoria en el apartado técnico. Se
desarrolla mediante SimulVision (ya sabéis, dividiendo la pantalla en dos
mitades independientes), ya que competirán dos cavernícolas a la vez. Cada una
de esas mitades hacen scroll parallax por su cuenta y están protagonizadas por
sendos dinosaurios enormes, muy bien animados y dibujados. Sobre cada uno de
ellos cabalga un greñoso pulgoso neanderthalensis, que debe espolearlo e
incitarlo a saltar los obstáculos que encuentre en el camino. De vez en cuando,
cualquiera de los dos homínidos simiescos puede utilizar la opción de
"turbo" de su cabalgadura... ¡arreándole un garrotazo en todo el
colodrillo! Esto conseguirá que el dinosaurio rompa a trotar fuera de control, muy
rápidamente, lo que nos hará ganar muchos metros. Pero, ojo, cada trancazo que
sufra la pobre bestezuela, a partir del segundo, aumentará en un 20% las
posibilidades de que se derrumbe. O sea, que el sexto garrotazo tiene un 100% de
posibilidades de tumbarla.
... a todo esto... ¿sabíais que eso de pintar a los primeros antepasados del Hombre conviviendo con los dinosaurios es un error bastante gordo? Hay más de
60 millones de años entre las dos especies.
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Hacer fuego (primera captura) es bastante complicado.
Siempre he seguido las instrucciones al pie de la letra y he intentado
imitar al otro cavernícola, pero, por alguna razón, SIEMPRE termino
perdiendo. Sospecho que tendré que jugar con otro ser humano
tan torpeitor como yo, en lugar de contra el ordenador. |
Bueno, pues la cosa consiste en frotar dos palos frenéticamente, hasta que broten chispitas refulgentes de ellos, y caigan sobre un montón de hojarasca seca. Entonces, hemos de liarnos a soplar como locos (no olvidéis inspirar de vez en cuando, o vuestro simiesco montón de pelambre áspera y poblada por 14 especies distintas de liendres y 43 de garrapatas, sufrirá un mareo de lo más simpático). Si veis que vuestro rival os adelanta, siempre podéis largarle un palo en todo el cráneo. Y si él intenta lo propio con vosotros, tirad del joystick hacia abajo y esquivad la aviesa maniobra.
La carrera contra el tigre Dientes de Sable es de las pruebas más simpáticas del juego. De nuevo se recurre a la SimulVision. En la mitad de arriba, dos primitivos despavoridos corren atropelladamente a través de un paraje desolado, huyendo del minino que aparece, precisamente, en la mitad de abajo: uno de aquellos tigres con incisivos como cuchillos jamoneros, que, por lo visto, debe de llevar sin probar bocado desde la última glaciación. La cosa consiste en menear el joystick rítmicamente a derecha e izquierda (importa más el mantener una cadencia constante que en dejaros los microswitches y los músculos del antebrazo en el proceso, así que tranquilos todos). De vez en cuando tendréis que saltar sobre algún que otro escollo, incluyendo charcos y cactus de lo más inoportunos (especialmente cuando los dos prehistóricos aterrorizados van descalzos). Resultan de lo más divertidos los forcejeos entre los dos garrulos, cuando corren codo con codo. Puedes intentar desembarazarte del otro, a empujón limpio, para ponerlo a tiro de las fauces del gatito famélico que os persigue. Claro, que tu muy cavernícola adversario tampoco perderá la ocasión de hacer lo propio contigo.
Lo de la pelea a garrotazo y tentetieso siempre se me ha dado fatal. No acabo de encontrarle la mecánica, y el rival, por muy endeble que sea, siempre termina dándole a mi monstruoso ramapitecus, más que a una estera. El combate se desarrolla sobre una especie de plataforma de piedra que se mantiene en equilibrio precario en lo alto de un pilar rocoso, y comienza con una simpatiquísima "fase de intimidación", en la que hemos de acojonar a nuestro oponente todo cuanto sea posible, a base de mover frenéticamente el joystick en todas direcciones, para que nuestro Homo Burrus gesticule ferozmente. El vencedor de esta etapa logrará desplazar a su enemigo hacia uno de los bordes de la plataforma, lo que le dará una ventaja, ya de entrada. Y es que el combate termina cuando uno de los dos valerosos garroteros se despeña precipicio para abajo. Bueno, o cuando se queda sin energía merced a las caricias de su rival.
Y, por fin, el salto de dinosaurio. No es, tampoco, nada fácil. De hecho, hasta ahora nunca he conseguido ningún logro más admirable que... terminar con mi bestiajo peludo, masticadito, en las fauces de la lagartija inflamada que se supone que tenía que sobrevolar. A ver, os cuento: resulta que, a falta de listones, colchonetas y pértigas, los habitantes de Atapuerca, por lo visto, cuando se aburrían, recurrían a Tiranosaurio, piedras rompe-espinazos y ramitas flexibles. Cuando la prueba comienza, podemos escoger la altura de la bestezuela, estirando o encogiendo su cuello. Es muy sencillo: si queremos que el enorme engendro eleve la cabeza, no tenemos más que hacer que el cavernícola que se alza sobre ella en ese momento le enseñe al saurio el pedazo de solomillo que pende del palo que sostiene. O sea: empujad el joystick hacia arriba. Y si lo que queréis es reducir la altura, haced que el troglodita del filete brinque sobre el lagartazo. Una vez terminado semejante proceso, no tenéis más que tomar carrerilla (sincronizando los movimientos derecha-izquierda-derecha-izquierda, del joystick, con la cadencia de los pasos que da el saltador) y, cuando lleguéis a las inmediaciones del monstruo hambriento, pulsar el botón de disparo. No sólo se trata de lograr el impulso suficiente. Además, tenéis que plantar la rama-pértiga a la distancia adecuada (muy lejos, y podéis terminar en la boca del dinosaurio -como está a punto de ocurrirle al desdichado de la tercera captura-; muy cerca y os estamparéis contra su panza) y ser capaces de soltar el botón de disparo en el momento justo, esto eso, cuando la pértiga esté a punto de enderezarse.
↑ Lo mejor
* Original, desafiante, divertido y cargado de un sentido del humor gamberro y surrealista.
↓ Lo peor
* Algunas pruebas son casi frustrantes.




