FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO
Chase H.Q.

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COMENTARIO ORIGINAL
La review
Yo no sé si es uno de tantos mitos generalizadores o no, pero es curioso
cómo, igual que se tiende a meter a todos los habitantes de una ciudad, región
o país en un mismo saco (los de aquí son tal, los de allí son cual... ya
sabéis), también hay quien los clasifica en función de su forma de conducir.
Y si dicen que Picio es el tío más guapo del mundo, porque todos son más feos
que él, a la hora de ponerse al volante, por supuesto, no hay dios que lleve
mejor su coche que el que organiza la comparativa. O sea, que el comparador
resulta que es el mismísimo Picio. ¡Anda! ¡Ni más ni menos! ¡Y yo con esta
calva!
Bueno, señor Picio, pues explíqueme usted qué entiende por "conducir
bien". Porque, evidentemente, no tendrá nada que ver con lo que postula el
código de la circulación. Algunos piensan que ahora conducir bien es hacerse
el trayecto Coruña - Bollullos del Condado (provincia de Huelva) en hora y tres
cuartos, y no matarse en el proceso, ¿no?
Hace un tiempo me contaron la historia de uno de esos niñatos repelentes (no,
no hablo de los que se saben la lista completa de los Reyes Godos porque sí,
porque les apetece y porque les entretiene; esos, a mí, tienden a no repelerme)
con peinado modelo nido-de-jilgueros, un piercing en cada colgajo de su cuerpo y
demás agresivas proclamas de esa rebeldía consistente en la adhesión a la piara
de los que se esfuerzan por ser ainda mais macarras y garrulos cada día que
pasa. El papá, era un señor que, probablemente, sería moralmente ociosísimo, mentalmente
abotargadísimo y en cualquier caso orgullosísimo de su memez (no veas cómo
prolifera esa estirpe hoy en día; la que podría protagonizar diálogos tal que
este...
-Yo tengo derecho a hacer lo que me dé la gana. ¿Pasa algo?
-Pues sí, ilustrísimo señor don soplapollas, excelencia; sí que pasa ¿y sus
obligaciones?
-Mis ¿qué? ¿obligaqué? ¿A que te meto dos turboyoyas-of-the-power? - el
energúmeno también se cree con derecho a ello, faltaría más). Bueno, pues el
caballero en cuestión había premiado
a su vástago por lo bien que iba siguiendo sus pasos de disipado mental
gorilesco, demasiado bien alimentado, demasiado bienacostumbrado a un montón de
cosas grandiosas y maravillosas que, por lo visto, no tiene ni
recontrarrepuñetera idea de lo que ha costado conseguir. ¿Que con qué lo
premió? Con un pedazo de coche, de esos que tanto molan a los megamacarras
raídos de mollera habilitada como vivienda de protección oficial para
chochaperdices urbanas. Ya sabéis, de esos bólidos que uno podría definir mediante el
número 500. Es el peso, en kilogramos y la potencia en caballos. Y, de paso, la posibilidad, en tanto
por ciento, de que, antes de que pase el rodaje, el angelito lo estampe contra
los bajos de un camión frigorífico pontevedrés. O lucense, tanto da.
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Bueno, pues el encantador protagonista de nuestra historia (repito: verídica; y eso no es lo triste... lo que más me joroba es que es frecuentísima) validó la estadística y le faltó tiempo para reducir a migas el flamante buga con el que su papá había tenido a bien obsequiarle. Se ve que tenía unos poquitos glóbulos rojos en el catálogo, minuciosa y escrupulosamente recopilado, de sustancias alucinógenas, que corría por sus venas. |
Al muchacho no debió de pasarle gran cosa. En esta novísima especie de ceporros contentísimos con el eco que se despierta en el interior de su calavera cada vez que se la golpean contra alguna esquina, la expresión "traumatismo craneoencefálico" está en franco desuso. Como no tienen gran cosa que traumatizarse... y en este caso concreto, tampoco el muy condescendiente papasito debió de pasar por azoguillo alguno. Al cabo de unos pocos meses, el nene ya pilotaba otro bólido. Aún más potente que el anterior. Aplausos.
Me pregunto cuántos estudios se han organizado para investigar esta causa de
porrazos en carretera: ¡la educación, señores, la educación! No, es que
todavía dicen "el alcohol es responsable de...", "el porrete en
rama es el causante de...". ¡Cuernos! ¡Ni vodka a palo seco ni chinajo
moruno! ¡Los responsables son los que, primero, adquieren una jartera
estupenda, y después, abordan su coche! Ya lo decía Queen: "Las armas no
matan a nadie / Pregunta a quien quieras / A la gente la mata la gente...". El
alcohol no es una especie de ente demoníaco que flota en el ambiente, tomando
al asalto la consciencia, el equilibrio y la mesura de los pacíficos peatones.
Uno bebe porque le da la gana. Así que la birra no-es-responsable-de-nada, sino
más bien lo es quien se pimpla catorce antes de ponerse a pilotar una excavadora
pesada al lado de una refinería de petróleo que, casualmente, limita con un
almacén de TNT, una tienda de cerillas, velitas y mecheros al por mayor y una
fábrica de fuegos artificiales.
(... redoble de tambores, que ahora viene el óctuple tirabuzón con veintitrés
saltos mortales, letales y/o gravemente perjudiciales para su salud, mediante los que consigo enlazar la vomitona mental que acabáis de
presenciar -toda espesita y grumosa ella; qué bien ha quedado la plasta ¿eh?-
con el juego que, se supone, tengo que comentar ...).
A veces pienso que en los 80 nos libramos de más de una y más de dos (y de más
de setecientas treinta y cinco) polémicas a cargo de los inevitables
tocadores-de-huevos que no tienen nada mejor que hacer, gracias a que los
videojuegos aún no eran un fenómeno muy extendido. Ahora sucede todo lo
contrario. La sociedad ya tiene un enemigo más: eso que los cursis llaman
"ocio electrónico". Así que, ya podremos clamar, contentísimos:
"los videojuegos son responsables del fracaso escolar de bla, bla, bla...".
Por supuesto. Ni los padres, ni los profesores, ni el nene, ni los amigos del
nene, ni el taco de revistas guarrísimas que almacena, con las páginas
firmemente pegadas y acartonadas, debajo de la cama. No. Los responsables son
los videojuegos. Esos entes diabólicos. Cagontó.
Hace poco leí, no sé dónde, que ciertos investigadores aseguraban, con el
consabido tono apocalíptico, que los videojuegos "dañan el cerebro".
Te cagas. Ya del todo. No me extrañaría nada que estudiosos tan clarividentes
aconsejaran a las autoridades competentes (¡huuyy! ¡qué grima me dan esas dos
palabras cuando van juntas!) de rigor la prohibición de este Chase HQ. ¿Que
por qué? Pues, ni más ni menos, porque se trata de una especie de juego de
carreras en el que el objetivo no es correr más que nadie (algo, de por sí,
espantoso, dirán algunos... y ya que estamos, ¿por qué no prohibimos la retransmisión del
mundial de motociclismo? y el de rallies... y el de Fórmula-1... ¡y el Tour!
¡ese el primero! ¡vade retro!), sino acercanos, a todo gas, a bordo de nuestro
trucadísimo Porsche, al coche en el que huye un criminal criminosísimo, y
detenerlo... ¡emprendiéndola a golpes contra él!
O sea, recapitulemos. Chase HQ puede y, por tanto, debe (ojo a la implicación,
muy en boga hoy en día) ser acusado de una o más de las siguientes
infracciones:
- Incita al nene lobotomizable y manipulable a conducir como un salvaje.
- Incita al púber impresionable y sonámbulo a perseguir a los criminales
ferozmente, en lugar de sentarse con cuantos tarados psicópatas asesinos en
masa y antropófagos ocasionales, en el Mundo son, a debatir una salida
negociada a su conflicto social, que satisfaga a todas las partes, a ser posible
dando por saco a las víctimas en el proceso.
- Incita al preadolescente de hormonas en plena ebullición y agresividad
reptiliana a punto de caramelo, a lanzarse con su coche contra cualquier honrado
conductor que tenga la desdicha de cruzarse en su camino.
Ya está bien claro, pues. "Chase H.Q. es responsable
de...".
| ... ¿sabéis de lo que es responsable este juego? De motivar un pequeño debate entre los viejos commodoreros que aún tenemos arrestos para no hacer caso a los años y seguir jugando a antiguallas como esta. Jaté tú qué cosa más atroz, abyecta y censurable. No hay duda. | ![]() |
Lo dicho: menos mal que en nuestros tiempos esto de los videojuegos no estaba
muy extendido y, además, los medios técnicos no daban para según qué aleluyas
salpiconas, albricias palpitantes, zapatetas pringosas y jolgorios sanguinolentos.
Un par de pixels coloraos revoloteando por la pantalla, algún que otro pititido
más estridente e irritante de lo normal, y pare usted de contar. Porque, si
no, no me habría extrañado que esta desvalida e inocente adaptación de una recreativa
de cierto éxito, hubiera terminado siendo objeto de escrutinio sesudísimo a
cargo de un tribunal de investigadores inquietos por no cobrar las subvencio...
esto... por la salud mental de nuestros hijos.
¿Y por qué un debate, como os decía antes? Bueno, pues porque el 99% de los
Commodoreros parecen estar de acuerdo en concluir que Chase H.Q. es un bodrio
macabeo. Cananeo. Hitita. Sumerio. Babilonio. Nabucodonosorita. Y hasta
mameluco. Fíjate tú, oye, un bodrio mameluco. Qué espanto.
Y el 1% restante, entre los que me cuento, afirma con rotundidad y contundencia
que... hoooombreee, tampoco está tan maal... Sí, admito que no es
especialmente rápido. Sí, admito que parece una especie de horripilante
adaptación directa, sin escalas, sin aplicación de los pertinentes filtros y
los parches correspondientes, desde la versión de Speccy. Sí , admito que los
demás coches que encontraremos en nuestra histérica persecución son más feos
que un busto de Jesús Gil tallado en cerumen auricular. Pero ¿qué queréis
que os diga? ... a mí me resulta entretenido.
Ya sabéis que lo que más me ha fastidiado siempre de los juegos de carreras de
los 80, es que no pasaban de ser una especie de desbandada hacia la meta,
esquivando a los demás pilotos, que no tenían nada mejor que hacer que
circular a la mitad de velocidad que nosotros. Sin embargo, en este Chase HQ, se
introduce un ingrediente bastante original, sospecho que inspirado en las
clásicas escenas de persecuciones de coches tan frecuentes en el cine made in
USA. ¡Qué cosa! ¿Cómo no se le había ocurrido eso nunca a nadie? ¡Con lo
bien que podía quedar en una recreativa -o, en su defecto, en un ordenador
doméstico- lo de correr detrás de un mangante motorizado! Bueno, pues helo
aquí.
Tengo la impresión de que, en realidad, lo que más joroba al grueso de la commodorería
mundial (especialmente a la anglosajona) es el hecho de que... la versión de
Speccy del juego es bastante mejor que la que nos ocupa. Y eso siempre chincha
lo suyo. Más rápida, más fiel a la recreativa (de hecho, tengo entendido que
la versión de 128 K incluye las voces digitalizadas -sí, sonarían como una cacatúa
aprendiendo a vocalizar, pero las incluye, de todos modos-)...
Puedo comprender el cabreo de más de un incondicional de nuestra inefable panaera.
A mí, personalmente, más que fastidiarme el hecho de que los spectrumneros tuvieran
un título con el que nos superaban (de vez en cuando había que dejar que se
dieran ese gustazo; los pobres no podían presumir muy a menudo, jua, jua, jua,
jua... erm... jua), me rejodía sobremanera el hecho de que, una vez más, una
piara de programadores cuya principal característica eran las ganas... de no
hacer nada a derechas, habían conseguido desperdiciar las capacidades del C64.
Vamos, que daban la impresión de haberlo hecho así de mal a conciencia.
Eso, hasta que uno dedica un ratillo al invento y llega a la conclusión de que...
¡oye! ¡si se deja jugar y todo! Es más: la cacería del maloso resulta incluso
emocionante, especialmente por el hecho de que el tipo corre que se las pela.
Los demás coches circulan mucho más lentamente, así que tendremos que ir esquivándolos,
al uso de los juegos de carreras que tanta rabia me dan... pero, fijaos en la
sutileza: juegos de CARRERAS. En este Chase H.Q., el grueso de la población
se supone que conduce a una velocidad más o menos razonable y somos nosotros
quienes, a bordo del reluciente Porsche negro (eso de que la madera circule
en un deportivo de ni se sabe cuantísimos euros, no se lo cree nadie... aquí,
van con su Citröen Xsara blanquiazul, de gasoil, y gracias) tenemos que hacer
los salvajes.
La idea es muy sencilla: cada fase comienza con nuestro bólido a bastante distancia
del malo (mirad el diagrama de la parte derecha de la pantalla; el cuadrado
rojo nos representa a nosotros y el amarillo a él) y lo primero que hemos de
intentar es acercarnos todo lo posible, antes de que termine el tiempo. En cuanto
lo avistemos, la cuenta atrás comenzará de nuevo (vaya, que ganaremos un buen
puñado de segundos), y el copiloto que, si no recuerdo mal, era un negro trajeado
de corte y confección, al estilo de Tubbs en Corrupción en Miami, activará la
sirena. Fijaos en las luces dibujadas en la parte superior de la pantalla. ¡Se
iluminan y todo, como en un coche patrulla de verdad! ¡Ohhh! ¡Ahhh! ¡Pasmo,
pasmo! Bueno, sí, es una ñoñez de detalle, pero tiene su gracia, no me digáis
que no.
Bueno, pues en ese momento, y con el estridente aullido de la sirena perforándonos
eficientemente los tímpanos y soliviantando al vecindario, hemos de emprender
la persecución del malo. Para que se detenga, hemos de embestirlo con nuestro
coche, un buen número de veces. Podremos ver el daño que le hemos inflingido,
mirando el recuadro de la zona izquierda del área de juego. Allí, cada impacto
se representa con un rectángulo verde, o bien, fijándonos en el humo y/o el
fuego que escupe el bólido del fugitivo. De lo más diplomática, la solución,
no cabe duda.
Si conseguimos que el coche del manguis se detenga, habremos superado el nivel.
Y no creáis que es fácil... mientras el tipo huye, tendremos que seguir esquivando
a los demás coches y evitando cualquier otro obstáculo. Ah, a todo esto, contáis
con tres usos del turbo de turno. (Huy, jeje, "el turbo de turno".
Qué grasia. Jajaja. Jejeje. J... No, pues ahora que lo pienso, tiene tanta gracia
como un picotazo de avispa debajo de un párpado). Os aconsejaría guardar al
menos dos para la etapa de persecución furibunda e implacable del fugitivo.
Viene de perlas activarlo cuando lo estamos enfilando y, entonces, empotrarnos
contra él.
↑ Lo mejor
* Más entretenido que el típico juego de carreras.
↓ Lo peor
* El sonido es estridente y metálico.
* La música es aún peor.
* Lento.



