FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO
Chuck Yeager's Advanced Flight Trainer

Material
COMENTARIO ORIGINAL
La review
Lo de ser piloto de pruebas tiene su miga. El tal Chuck Yeager, toda una
celebridad en el mundillo de la aviación en general, y en los círculos
pertinentes de gringolandia, en particular (y tan conocido por estos pagos como
Constantino Romero en el altiplano nepalí) fue la primera persona que rompió
la barrera del sonido a bordo de un avión. O de un cohete con alas, más bien.
"Hay que tenerlos muy bien puestos", que dirán algunos. "Hay que
estar como un cencerro", que dirán otros. Pero vamos a ver, ¿en qué
piensan estos zagales del queroseno y la mascarilla de oxígeno cuando son
niños? ¿No les da por querer ser bomberos de mayores? Pues no, se ve que
no:
-Nene, ¿qué quieres ser cuando seas mayor?
-Ay, omá, que yo lo que quiero es apilotá un uroplano y joerle las cristaleras
a las viejas del barrio.
*Plas, plas* (bofetones cruzados, con movimiento parabólico, revés con triple
tirabuzón y hostión interior con paradiña y poderoso giro de cintura a la
salida)
-¡Toma, por gilipollas!
Vamos, como los macarras de turbocompresor, alerón modelo Horterix Plus-Plus,
mega-macanude sistema de suspensión con amortiguadores del porte de la bomba
extractora de una plataforma petrolífera, pastillitas pastilleras de freno
pintadas de rojo higadillo de imbécil inconsciente despanzurrado sobre la
cuneta más árida y traicionera de los alrededores del pueblo y, por supuesto,
el detalle final: ventanillas bajadas de serie, para hacer partícipe a todo
transeúnte del último éxito de Bakalaete-Al-Pil-Pil Avec TechnoLenguado Und
CiberPijota, interpretado por el macroequipo de música del vehículo (con una
potencia estimada de 700 Gigawatios). Ay, pero qué generosos que son mis
macarrillas de barriada, que no se sienten plenamente felices escuchando el último
grito pedorretesco y chirriante de su grupeto de Gitaneo Electrónico, si no lo
comparten con sus semejantes. Y mira que la música (o incluso las vomitonas
pseudorrítmicas y blasfemas como las que ellos consumen) se escuchan
infinitamente mejor cuando uno sube las ventanillas del coche. ¡Pero les da
igual! ¿Quién ha dicho que estamos ante recuas de energúmenos movidos por la
ética de lo gratis -hago lo que me da la gana, porque nadie me lo impide y/o me
reprende- y por un espectacular y restallante desprecio por cualquier cosa que
recuerde lejanamente al decoro, el respeto al prójimo y la cortesía? ¡Nada de
eso! Si los pobreticos brindan todo un concierto de estertores gástricos
electrónicos al ciudadano de a pie, ¡y gratis!
Hombre, no sé yo si los pilotos de caza comparten ciertas inquietudes con los de utilitario trucado y pintarrajeado como una mezcla de carricoche del
tren de los escobazos de la feria, y de bólido del rally de los cien lagos (¿o
eran mil?). Pero ese afán por llamar la atención metiendo todo el ruido
posible, y por correr mucho más que nadie, aparece en ambos grupos. Sospecho
que las similitudes terminan ahí, porque servidor de ustedes tuvo una época,
durante su adolescencia temprana, en la que pocas cosas le habrían gustado más
que haber terminado ganándose los garbanzos a los mandos de un F18. Y no me
resulta nada fácil describir el profundísimo asco que me motivan los niñatos
displicentes, agresivos, descerebrados, chulainas y siempre desafiantes,
eternamente a bordo de su tartana pasada de revoluciones y continuamente
envueltos en la avalancha de truenos y chirridos electrónicos que brota de sus
catorce altavoces estratégicamente ubicados para dar más por saco al probo
trabajador de a pie.
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Vamos, que igual, después de todo, mister Yeager no fue, en sus años mozos, una especie de chuloputas de barrio residencial norteamericano, sino más bien un personaje que se ajusta estupendamente al perfil de héroe / practicante de deportes de riesgo / candidato a donante de su cuerpo desmadejado a la Ciencia, para la elaboración de pienso hidrolizado y liofilizado para tortuguitas domésticas. Mismamente. |
Dicen por ahí que esos simpáticos chiflados que se ganan la vida jugándose el pescuezo un día sí y otro también, no están, en el fondo, deseando cometer un descuido un día de estos, y terminar reducidos a confetti arrugado debajo de un tren, o acabar pareciéndose a un tazón gigante de Corn Flakes en el fondo de un barranco. Al contrario: he leído, no recuerdo dónde, que, precisamente, esa extrañísima estirpe de saltimbanquis vocacionales se cuentan entre las personas con más "amor a la vida". Curiosa forma de demostrarlo, pardiez.
De modo que Chuck Yeager podría no ser sino una especie de esbozo de héroe de guerra, vivaracho, jovial y entusiasta, siempre deseoso de sentir emociones fuertes y de comprobar que es capaz de mantener el esfínter fuertemente sellado incluso ante las situaciones más peliagudas. Y es que el tipo no sólo se puso morado de repartir estopa de superioridad aérea entre las furibundas huestes del Viet Cong y las no menos iracundas hordas de Adolf Hitler, sino que, ya os digo, fue elegido por la fuerza aérea de los USA como conejillo de indias con carnet de piloto, para probar sus ultimísimos experimentos en tecnología volante. Rompió la barrera del sonido, rompió más de un avión, se rompió la crisma en alguna que otra ocasión y, hasta la fecha, ya con la apariencia de un venerable pero enérgico abuelito, sigue de una pieza y con ganas de protagonizar nuevas aventuras, como la de prestar su nombre y su imagen para un videojuego. Qué valor, el suyo.
Aunque, la verdad, puestos a ser muy estrictos, este Chuck Yeager's Advanced Flight Trainer (AFT, para abreviar) no recuerda exactamente a la idea que uno puede tener de un juego de ordenador de 8 bits. "Los marcianitos", que los llamaban genéricamente todos los no iniciados. O "los chinitos", como, en un alarde de originalidad que aún me deslumbra, los bautizó mi abuelo. "¿Ya estás matando chinitos otra vez?", me preguntaba con frecuencia. Y yo, que a pesar de mi pacifismo y mi ingenuidad, tenía de cuando en cuando ciertos ramalazos de mala uva, le respondía con un "Da igual. Todavía quedan muchos". Ni que hubiera leído a Mao.
Pues no: estamos ante uno de los simuladores de vuelo más trabajados técnicamente, más complejos en todos los órdenes y más realistas, que he visto nunca en un C64. Tanto, tanto, que a veces hasta se pasa de dificultad. Sin embargo, es curioso, con los años he ido "revisando al alza" mi opinión sobre él. Cuando me lo compré, original, en aquellos tiempos remotos en los que los juegos de este género se contaban entre mis favoritos (me siguen haciendo bastante gracia, pero es que llevan muchos años pareciéndose todos demasiado), se me hizo inmanejable. Más aún por culpa del manual de instrucciones más ridículo y digno de toda suerte de denuncias, querellas y reclamaciones airadísimas al responsable de turno. ¡Un par de hojitas descarriadas, en las que resumían (muy mal) algunos de los controles del invento!
Así que nunca conseguí meterme en la cabina de ninguno de los aviones simulados (en sentido figurado, claro). A lo que, lo reconozco, contribuía lo suyo el hecho de que... vaya, estaban bastante mal simulados. Me pregunto de qué sirve vanagloriarse en la publicidad del juego del asombrosísimo hecho de que uno puede pilotar vaya usted a saber cuántos ingenios volantes diferentes, desde una avioneta Cessna hasta un F18... cuando apenas se distinguen en nada. Bueno, sí, en la cabina, un poquito. En el ruido del motor. Y en la velocidad. Pare usted de contar. Y casi que tendría que haber parado antes, porque cuando hablo de cabinas diferentes, tengo que hacer un matiz importante: no hay una carlinga para cada avión. Hay dos distintas para los dos grupos de chismes alados que tenemos a nuestra disposición, esto es, los de hélice y los de propulsión a chorro. O séase, que la carlinga del Cessna y del P51 Mustang son prácticamente idénticas (salvo algún detalle que otro -la del segundo es más oscura, por ejemplo-). Y lo mismo ocurre con las del F18 Hornet y un misterioso XPG12, o algo así (igual pertenece a la serie de cazas "X" desarrollados por la NASA. El X15, por ejemplo, sirvió a mister Yeager para dejar atrás la velocidad del sonido. Y, de paso, para protagonizar un juego miaja extraño). Quizás os parezca una tontería, pero a mí no me hizo gracia nunca semejante falta de variedad. Ya puestos ¿por qué no permitían al jugador manejar sólo dos aviones, el Mustang y el F18, y tan tranquilos? Para colmo, los paneles de mandos no parecen especialmente fieles a los reales. Bueno, ya, vale, tampoco hay que llevar el nivel de realismo en este aspecto, hasta el punto de que el salpicadero de nuestra poderosa avioneta playera muestre las rascadillas de las uñas de los pies del piloto en los pedales del timón, y la colección de mocos secos con formas divertidas, pegados debajo del asiento. Pero, ya que estamos con la credibilidad en todos los demás apartados del juego (hasta cruzar, a veces, la frontera que separa lo jugable de lo frustrante), ¿qué menos que incluir reproducciones más o menos fidedignas del interior de los dos modelos de avión que os he mencionado? Y si no, fijaos en el Fighter Bomber y en cómo cada caza tiene una cabina completamente distinta. Digamos, eso sí, a favor del título que nos ocupa, que no es multicarga. Pero... aún así.
Lo del "Advanced Flight Trainer" va en serio, por cierto. No es una coletilla rimbombante destinada a aumentar un poquitín las ventas o a conseguir que los autores del invento puedan adornar una mica sus currículums.
| Como cuando los Status Quo sacaron su "Anniversary Waltz", que tenía tanto de vals como servidor de campeón olímpico de salto con pértiga. Qué chorrada esa. Era un rock alegre e ingenuo, en el que los Quo (que, de todos modos, hacían cosas de lo más escuchables) se parecían muchísimo a sí mismos una vez más. ¿Cómo que "el vals del aniversario"? | ![]() |
Si queréis oír a un grupo guitarrero interpretando un auténtico rock
sinfónico a ritmo de vals,
no os perdáis el "Millionaire Waltz", de Queen. ESO sí que es
talento, coñe.
... ¿a qué ha venido eso?
Erm... bueno, pues eso, queee... lo del AFT que acompaña al nombre de nuestro avezadísimo vuélalo-todo y que completa el título del juego, no tiene nada de presunto truco publicitario. Y he aquí uno de los detalles más originales del juego. Desde el menú principal podemos escoger la opción "Flight Instruction", para acceder a todo un cursillo acelerado de vuelo, dividido en tres categorías: básica, avanzada y acrobática, donde podéis aprender a manejar vuestro cachivache volante, desde manteneros en vuelo nivelado, hasta trazar toda suerte de maniobras malabares por los aires. Cada "lección" puede abordarse de dos formas: dejando que el ordenador tome los mandos del chisme y, mediante una serie de breves mensajes de texto, os vaya ilustrando las maniobras que lleve a cabo, o podéis enfrentaros a las cabriolas surtidas vosotros mismos. Está claro que la intención del "adiestrador de vuelo" es que os sentéis a mirar las evoluciones, alerón p'acá, timón p'allá, del simulador, y que luego tratéis de repetirlas vosotros.
Se supone que, una vez que hayáis conseguido haceros con la mecánica de tirabuzones, rizos, tupés y permanentes de toda condición, podréis dar un paso más y arrostrar las mini-misiones que os ofrece el juego, accesibles desde el menú principal (que, por cierto, puede desplegarse en cualquier momento pulsando, simplemente, la tecla RETURN), a saber:
- Intro Flight: o lo que es lo mismo, un vuelo libre en el que podemos dar
una vuelta con nuestro XPG12 sorteando una serie de edificios (o al menos, eso
parecen), que se yerguen, en hilera, en mitad de un páramo verde. Fíjate tú
qué divertido. En serio: eso es lo único que hay que hacer. Volar. Ni
bombardear a una troupé de fundamentalistas vociferantes, ni rociar con napalm
calentito un par de kilómetros cuadrados de jungla indochina.
- Test Flight: esta opción sí que tiene bastante más gracia. Es algo así
como la versión corregida y aumentada del vuelo introductorio. Os
enfrenta a un escenario, os pone a los mandos de un avión y ¡hala! ¡vuele
usted hasta que se le salten las lágrimas de tanto bostezar! El chiste está en
que podéis escoger multitud de localizaciones (incluyendo una, de lo más
surrealista, etiquetada como "Logo", en el menú -a todo esto: los
submenús, dentro de cada uno de los tipos de vuelo seleccionables desde el
menú principal, se despliegan utilizando la tecla CTRL-, formada por un cubo,
una esfera y una pirámide enormes, alzándose en mitad del campo. El antiguo logotipo
de Electronic Arts, vaya) y tripular cualquiera de los aviones que incluye el
juego, a saber: Camel, Cessna, Cherokee, F16, F18, P51, Spad, Spitfire, SR71
(¡el mismísimo Blackbird!), X1, X3, XNL16, XPG12 y XRH4. Sí, un montón de
ellos, sí, pero, insisto, a efectos prácticos es como si sólo fueran dos: uno
de hélice, y otro de propulsión a chorro. Vaya, que, salvo por el detalle
estúpido del nombre del cachivache en cuestión apareciendo en la cabina, no
podréis distinguir entre un Blackbird y un F18.
- Airplane Racing: otra opción que tiene su aquel. Se trata de una carrera
área. Lo cierto es que aquí el juego da el do de pecho en el apartado técnico.
Eso de enfrentarse a otro caza, al que podemos ver evolucionando a toda pastilla
delante de nosotros, mientras sobrevolamos curiosas formaciones geométricas
en tierra, y todo ello trazado mediante gráficos vectoriales rellenos, sin que
la cosa tenga que reptar, frame a frame, es digno de aplauso.
La carrera también cuenta con un submenú de opciones en el que podemos escoger
la competición que más gracia nos haga, desde un simple vuelo en línea recta,
hasta toda una desbandada volante a baja altura, esquivando edificios de lo
más inoportunos.
- Formation Flying: Dicen los entendidos que el vuelo en formación es de lo
más complicado. Y ahora se supone que tendría que decir yo algo como "y
tendréis oportunidad de comprobarlo con este juego...", o una ñoñez chirriante
similar. Pero el caso es que, oh torpeitor de mí, yo me las tengo tiesas incluso
para mantener una avioneta mugrienta en vuelo nivelado, sin que vaya zarandeándose,
inclinándose y meciéndose como un gorgojo borriquero. Técnicamente, también
es bastante llamativa. No sólo porque podréis ver al líder de la formación despidiendo
una columna de humo (vectorial relleno también, sí; y queda de lo más resultón
además. Me recuerda a las que se empleaban en el Jetfighter original) para que
no le perdamos de vista (es curioso cómo la estela se comporta del modo en el
que, se supone, lo haría una real, y sigue al caza como hacen las pancartas
publicitarias esas que arrastran las avionetas que amenizan el baño de los domingueros
de playa, sombrilla y bocata, un agosto cualquiera), sino porque os ofrece la
posibilidad de grabar vuestro desempeño a los mandos del avión de turno, para
reproducirlo después. Además, hay tres "ranuras" en las que podréis
almacenar sendos vuelos.
↑ Lo mejor
* Cantidades industriales de opciones, escenarios...
* Los gráficos están muy conseguidos, muy detallados y se mueven con bastante rapidez.
* La multitud de vistas del exterior de los aviones.
* El adiestrador de vuelo.
↓ Lo peor
* Sólo hay dos tipos de cabinas y de imágenes exteriores de los aviones: uno para los de propulsión a chorro y otro para los de hélice. ¿Para qué incluir tanto chisme volante en el juego, entonces?



