FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO
Grand Monster Slam

Material
COMENTARIO ORIGINAL
La review
Todas las culturas del mundo tienen sus "deportes". En algunos casos, se trata de pavadas ociosas y carísimas, y en otros, de salvajadas garrulas, que ponen a piaras de cafres peludos blandiendo garrotas en pos de una cabra despavorida, o algo comparable. Pero el caso es que todos los países, todas las regiones, y hasta todos los villorrios, tienen sus propias tradiciones seculares, en honor de aquel santo, o de este diosecillo; atribuibles a aquel acontecimiento o en honor de tal personaje y sus fazañas. Vamos, está claro: los juegos de equipo son cosa de la Humanidad, porque además, surgen de forma independiente, en lugares que no han tenido nunca el menor contacto entre sí. Llevemos más allá semejante chuminez de argumento (síntoma más que claro de que cada vez me cuesta más escribir las introducciones de estas fichas), y planteemos la siguiente pregunta: ¿es el deporte en realidad de inevitable surgimiento en cualquier civilización o cultura de seres inteligentes? Llámennos ahora con la respuesta correcta al 3656562534765, con el prefijo -12854 si telefonean desde fuera de la Galaxia. Si eres uno de los agraciados, podrás elegir entre unas babuchas de pellejo de ñu o una visita guiada a los estudios de Radio Petete (cada día más tonto y guarrete). Si eres agraciada, pásate por mi casa a eso de las 8.
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Bueno, pues se ve que a alguno de los currantes de la empresa alemana Rainbow Arts, se le ocurrió imaginar cómo sería el deporte en otro mundo. Un mundo llamado GolD (sí, deletreado así), sujeto a incomprensibles leyes naturales (bueno... incomprensibles para el que redactó el manual... se ve que eso de que el Sol salga por el Oeste, y la semana tenga 6 días, le parecía al interfecto de lo más desquiciante; jijijí-jajajá, qué ocurrencias tan surrealistas y brillantes... me recuerdan a las mías, cuando no estoy inspirado). |
GolD está poblado por toda suerte de criaturas extrañas. Es un batiburrillo
de razas de lo más increíble. En la amalgama de babosidades reptantes,
monstruosidades peludas, y demás yerbajos malolientes y recubiertos de
parásitos de todas las clases, que es la capital del Imperio de los Hombres, se
celebra cada 5 años el magno acontecimiento del Grand Slam, una especie de oda
al entendimiento entre culturas, la paz, la concordia, y demás floripondieces...
en el que representantes, a cual más bestia y macarra, de distintas razas, se
reúnen para inflarse a balonazos ante un público de lo más exaltado.
Bueno, lo cierto es que la descripción no es del todo correcta... no utilizan
balones, sino más bien... unas temerosas criaturitas esféricas, blanduchas e
indefensas, que se llevarán coces mil.
El torneo se divide en tres liguillas. En la primera, nuestro furibundo enano
(no es que controlemos a un tipo bajito y cabreado... es que, por primera vez en
la historia del Grand Slam, un representante de la -más bien recia- estirpe de
los Enanos, o sea, estos engendros barbudos, achaparrados, de espalda ancha y
mente estrecha, tan importantes en la mitología tolkieniana) debe enfrentarse a
un total de tres contrincantes. Éstos, saldrán de otros tantos partidos.
Al principio, se nos mostrará a los 8 participantes, y quién venza en cada
encuentro, es cosa del azar (aunque, claro, algunos tienen más posibilidades
que otros).
Cada uno tiene su propia ficha, en la que se nos enumeran sus virtudes, y se nos
cuenta cómo se las ha arreglado para llegar a participar en el torneo. ¡Hay
cada animalito suelto! Como un ogro descomunal, entre cuyos puntos fuertes se
encuentra el hecho de que es... cretino profundo (sí, sí: es uno de los "pluses"
del angelito; supongo que hay que ser una miaja capullo para competir en
semejante juego), y en cuyo haber se encuentran anécdotas como que esta es la
primera vez que participa en el Grand Slam... después de que todos sus
predecesores fueran expulsados de por vida a los 5 minutos de desatar el caos y
la destrucción en la cancha.
Pero no es el único. La verdad, es que algunas de las fichas están redactadas
con bastante sentido del humor. Y si no, echadle una ojeada a la de un tal
"Conold, el bárbaro", un macarra medio en pelotas, ataviado con una
máscara de hierro y un taparrabos sadomaso, absolutamente imbécil, y que
cuenta con el aval incondicional y muy prestigioso patrocinio de... sus
amigotes. Todo un caballero.
Entre combate y combate, debemos enfrentarnos a una extraña fase de bonificación. Extraña, porque se puede convertir en una de penalización, si no lo hacemos lo suficientemente bien.
Se trata de repeler las acometidas de un grupo de airados Beloms (las desdichadas criaturas que sirven de balón a los acémilas que campan por sus respetos sobre la cancha). Son un poco lerdos, la verdad, pero aún así se las han apañado para formar una especie de sindicato. Un lobby de bolitas comestibles blanduchas, con cara de idiota, que pone ciertas condiciones a las autoridades que reglamentan el Grand Slam. |
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Han venido a decir algo así como "vale, nos dejamos masticar, patear,
pisotear, aporrear y devorar como si nada... pero a cambio, debemos enfrentarnos
al vencedor de cada combate, y el tipo tiene que perder siempre". Un trato
de lo más justo, sin duda.
Bueno, pues nuestro enano, en una escena que se desarrolla con una vista cenital,
debe detener los embates de los Beloms, blandiendo un palo con dos topes. No
es nada, nada fácil, la etapita de marras. Al menos, el juego tiene la decencia
de incluir una opción para practicarla a voluntad, las veces que consideremos
necesarias.
Si conseguimos vencer todos los encuentros, pasaremos a la siguiente ronda.
A todo esto... ¿y cómo se vencen esos encuentros? Bueno, pues resulta que el
Grand Slam, pese a celebrarse en el mundo de Choricia (o como se llame), en
la galaxia Atomarporculo-IV (parsec más, parsec menos), es una curiosa mezcla
entre el fútbol americano, y el béisbol. Si es que la influencia yanqui se deja
notar en todo el Cosmos, está claro.
Bueno, pues nuestro enano aparece primer plano, ante seis Beloms trémulos y
acojonados. En el fondo, nuestro rival, en idénticas circunstancias.
La cosa consiste en patear a los Beloms hacia el oponente, tratando de derribarle.
El que consiga lanzar a todas las desventuradas criaturas hacia el campo contrario,
podrá iniciar una "home-run", o sea, correr como loco hacia éste,
con lo que vencerá el partido.
Ojo con los patadones indiscriminados. Al público no les gusta que algún salvaje
pestilente enfundado en una armadura de pinchos desaforados, les vuele la cabeza
de un Belomazo (comprensible), de modo que si se te escapa uno hacia la grada,
cometerás un penalty.
Y, siguiendo la tónica de tan caballeroso y sofisticado deporte, ¿imagináis
cómo se lanzan? Bueno, pues una especie de pollo kamikaze desplumado desciende
de una cuerda en medio de la pista, y corre hacia el jugador que debe chutar.
Éste sólo tiene que propinarle un puntapié inmisericorde, orientando el vuelo
del animalito hacia el centro, o hacia uno de los lados del otro jugador. En
realidad, la maniobra es una verdadera lotería: el sancionado tiene que elegir
en qué sentido se tirará, ANTES de que el otro le arree la coz a la gallinácea
mutante.
Marcar un penalty supone una verdadera lluvia de Beloms extras sobre el perdedor.
Y, bueno, la cosa sigue así, aumentando de dificultad, y enfrentándonos a rivales cada vez más avezados y peligrosos, hasta que, nos las tengamos que ver con los tres mejores del Grand Slam que, por cierto, no tienen el menor reparo en utilizar magia para su propio beneficio.
Ah, una cosa más: tras cada liga, y antes de poder acceder a la siguiente, tendremos que pasar la prueba de los "Remarcables Seis Faultons". La cosa consiste en encestar seis Beloms en las bocazas de sendas monstruosidades que se yerguen al final de la pista, agazapados sobre pilares de alturas diferentes. Muy difícil, la maniobra (aunque también podemos practicarla).
↑ Lo mejor
* Muy simpático.



