FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO
Gryzor

Material
COMENTARIO ORIGINAL
La review
Creo que en otros formatos, este juego, conversión de una recreativa de cierto
éxito, tuvo bastante más aceptación que en el C64.
Me parece que se le llamó "Contra". Bueno... en su versión de Commodore,
este Gryzor no es más que un arcade entretenidillo como cualquier otro, sin
más pretensiones.
Je... de hecho es tan poco original que no sé cómo me las voy a apañar para llenar unas cuantas líneas de review. Bueno, no nos preocupemos: siempre me las arreglo para encontrar una excusa para divagar a gusto.
A ver: la Tierra ha sido invadida por quincuagésimo novena vez, y nuestro rambo de pacotilla se enfrenta a las hordas alienígenas, rifle en mano. ¿El objetivo? Er... esteee... pues ni idea. Sabotear una serie de instalaciones enemigas, creo. Da igual, la verdad. |
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El juego comienza con la típica fase de scroll horizontal en la que nuestro héroe se enfrenta a tiro limpio a los malosos. La cosa es muy sencilla: avanza hacia la derecha, baleando a diestro y siniestro, y tratando de evitar los disparos de soldaditos y torretas automáticas, hasta llegar a la fortaleza alienígena. (Ah, antes de que se me olvide: para saltar, pulsa la barra de espacio, y para bajar a un nivel inferior, la misma tecla, y "abajo", a la vez; si, simplemente, mueves el joystick, lo que conseguirás es que el soldadito apunte en la dirección pertinente).
Por el camino, tendrás la posibilidad de hacerte con armas mejores que el patético
riflecillo con el que comienzas el juego. Éstas adoptan la forma de cápsulas
con la inicial del ingenio destructivo de turno sobre su superficie: "R",
es un rifle (sólo vale para fastidiar; si tienes un arma estupenda, y coges
esta cápsula por error, volverás a encontrarte con la de partida), "S"
es un "scatter", o sea, que dispara tres proyectiles en ángulos distintos.
Y "L" es un láser verdaderamente devastador.
Algunas de estas cápsulas aparecen flotando por el aire, (como la de la captura
de arriba), y hemos de derribarlas de un tiro para poder cogerlas.
Otras, las sueltan algunos malosos al caer fulminados por nuestros disparos.
Y algunas se encuentran en una especie de receptáculos, protegidas por una compuerta
indestructible que se abre y se cierra intermitentemente.
Salvo los soldados y los cañones robóticos, no hay otro peligro en la primera
fase (de todos modos, se las bastan y se las sobran para convertir el nivel
en un verdadero desafío)... bueno, ellos y un puente minado que encontraremos
casi al principio. No se te ocurra cruzarlo, o las cargas explosivas te volarán
a ti con él.
De todos modos, es más peligroso para los malos que para nosotros: nuestro personajillo
puede caminar tranquilamente por el río, ya que el agua sólo le llega a la cintura.
Pero sorprendentemente, a pesar de eso, los malos se ahogan que es un primor.
En la segunda fase, el desarrollo cambia radicalmente. Ahora tiene lugar en los corredores de la fortaleza enemiga, con una perspectiva... eeen... algo que recuerda, aproximadamente, más o menos, de refilón, a las 3 dimensiones...
| En cada corredor, el protagonista se topa con una barrera que le impide el paso (trata de tocarla, verás qué risa). La única forma de desactivarla es destruyendo un conmutador que parpadea en tonos azules y rojos, en la pared del fondo del pasillo. | ![]() |
Pero claro, todos ellos están protegidos: por cañones automáticos en los muros,
soldaditos que pasan corriendo y nos lanzan hasta granadas, y en ocasiones,
por unos bloques grises (que, afortunadamente, son destructibles, aunque tras
un cierto número de disparos).
Y para darle más salsita a la situación, resulta que tenemos SÓLO cuarenta segundos
para atravesar la fortaleza y enfrentarnos al malo malísimo que nos aguarda
al otro extremo. (Si no recuerdo mal, se trataba de una especie de edificación
robótica llena de cañones láser, y demás pocholos... no me hagáis mucho caso;
como podéis imaginar, hace bastante tiempo que no llego tan lejos).
↑ Lo mejor
↓ Lo peor
* Podrían haber cuidado un poquito más el apartado del audio.



