FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO
Kane

Material
COMENTARIO ORIGINAL
La review
La compañía Mastertronic era la prueba de que un buen videojuego no tiene por qué ser caro. Se especializaban en lo que los ingleses llaman "budget" (algo así como "ganga"), e incluso creo recordar que algunos de sus títulos costaban alrededor de las 500 pesetillas. Y vale, es cierto que no estuvieron detrás de la producción de muchísimos clásicos, pero la inmensa mayoría de sus programas eran sencillamente entretenidísimos.
Además, el que un juego sea barato, no implica que tenga que tener un nivel técnico equiparable al de la pandereta. A este Kane, en concreto, no le faltaban detalles curiosos.
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Lo primero que me llamó la atención fue el sospechoso parecido
del protagonista (y sobre todo, su forma de correr) con el del Impossible
Mission. Es como si hubieran cogido al agente no-sé-cuántos, que se
las tuvo que ver en 1984 con el chiflado megalomaníaco de Elvin Atombender
y sus hordas de robots asesinos, y le hubieran puesto un sombrero de cow-boy.
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Bueno... por lo menos, escogieron un buen "modelo". Muchos reconocen que el sprite de ese clásico de los plataformeros del C64 disfruta de una animación fabulosa.
El objetivo final del juego, si no recuerdo mal, es detener un tren (no sé
por qué motivo). Pero todo empieza de una forma bastante original: nuestro
heroico vaquero se dedica a cazar pajarracos en migración, que sobrevuelan un
bonito poblado indio.
Armado con un arco y flechas, tiene que derribar el mayor número posible de
ellos. Cada tres abatidos, recibirá una vida.
Los que conocen este juego, es bastante probable que lo recuerden por esta
pantalla, precisamente. Desde luego, originalidad no le falta. Además, es
bastante entretenida; y menos complicada de lo que parece. No es raro que uno
termine saturando el contador de pajaritos agujereados, y el de vidas otorgadas.
Además, es posible conseguir, literalmente, matar dos pájaros de un tiro. Si
aciertas a uno con una flecha, a veces cae sobre otro que revolotea bajo él, y
también se engancha con el proyectil. Mención especial para el graznido
digitalizado que profieren los pobres animalillos al ser alcanzados por el
protagonista.
Cuando agotemos todas las flechas (y eso tardará un rato en ocurrir, porque
cada pájaro abatido no nos descontará el proyectil con el que lo derribamos
-es de suponer que el vaquero lo recupera cuando el infortunado bichejo cae a
tierra-; sólo se pierden las que no le aciertan a nada), accederemos a la
segunda fase, en la que, con la Obertura de Guillermo Tell, de fondo (desde la serie de televisión de El
Llanero Solitario, parece inevitable que suene cada vez que aparece un cow-boy
a caballo), el héroe debe recorrer
la distancia que le separa del pueblo de Kane, saltando sobre obstáculos (si
tienes la mala pata de tropezar con alguno, te recomiendo vivamente que vuelvas
a empezar la fase -pulsando F1-, porque en ocasiones te quedas atrapado entre
dos escollos, y sin carrerilla, el caballo no puede saltarlos), antes de que
termine el tiempo.
| Por fin, llegamos a Kane. Aquí, tenemos que eliminar a todos los malosos que se ocultan en los lugares más insospechados, y salen de algunas puertas o ventanas, se asoman desde lo alto de algún tejado, o incluso nos acechan desde la diligencia aparcada en la parte izquierda de la pantalla. La fase consiste en mover a nuestro vaquero por la pantalla, y apuntar con un cursor a los malos que surjan de su escondite, dispuestos a balearnos. | ![]() |
Nuestro revólver sólo tiene capacidad para seis balas, pero podremos reponerlas
si movemos al héroe hacia la parte derecha de la pantalla.
Es una fase muy entretenida (y además, cuenta con sonidos digitalizados -los
de los gritos de los malos, o del protagonista, cuando son alcanzados por un
disparo-), aunque en el fondo se basa en la rapidez y en la suerte. El que un
malo nos acierte o no, depende únicamente del azar. No podemos hacer nada por
evitarlo... nada, excepto disparar lo más rápidamente que nos sea posible.
Y una vez que Kane esté limpia de morrallilla, podremos acceder a la última etapa, en la que el héroe cabalga a toda velocidad, junto al tren que debe detener. De nuevo, nos toparemos con infinidad de obstáculos que pueden hacer tropezar a nuestro jamelgo, y en consecuencia, mandarnos a nosotros a tomar viento (más sonido digitalizado, por cierto: el del ruido del batacazo del vaquero). Esta fase es verdaderamente DIFICILÍSIMA. El primer escollo con el que nos toparemos consiste en una roca y un matojo, dispuestos de tal modo que si nos pasamos de velocidad, saltaremos el primero, pero nos empotraremos contra el segundo. Y si vamos demasiado lentos, nos comeremos el primero. Hay que calcular muy bien... pero tampoco vale dormirse en los laureles porque, obviamente, el tren está en marcha (y además, va a toda pastilla), y si se aleja demasiado de nosotros, perderemos una vida.
↑ Lo mejor
* Los sonidos digitalizados.
* El escenario de la primera y la tercera fase.



