FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO
Kong'64

Material
COMENTARIO ORIGINAL
La review
(Tomo aire para una de mis mayores idas de olla de los últimos... hmmm... ¿veinte
minutos?)
Que me perdonen los puristas, pero creo que cada arte tiene su emblema. Más
aún: pienso que los videojuegos van camino de convertirse en arte. ¿Que suena
a coña? Seguramente pensarían lo mismo los que se enteraron (supongo que por
los periódicos) de la aparición de un novísimo invento... ¡imágenes en movimiento,
decían! Se comenta que la proyección mostraba una locomotora cargando contra
el patio de butacas, lo que provocó la estampida de los aterrados espectadores.
Seguro que los que jugueteaban con esta curiosidad óptica nunca pensaron que
llegara a convertirse en el Séptimo Arte.
¿Hay un octavo? Lo que pierde a los videojuegos, no es el "vídeo",
si no el "juego". Cualquier cosa que suene a "ocio" parece
que no tiene más remedio que ser considerado, como mínimo, una frivolité, una
puerilidad, o algo peor. En cualquier caso, lo lúdico suele tenerse por intelectualmente
barato (especialmente si implica cierta participación por parte del espectador...
daos cuenta que en todas las Artes reconocidas, la persona es un sujeto pasivo:
se limita a recibir). ¿O no está la crítica más que dispuesta a ensalzar la
sutileza expresiva de vete tú a saber qué película moldava rodada en blanco
y negro, y que muestra una escena de 25 minutos con una gotera llenando un cubo
oxidado poco a poco... plic... plic... plic..., con el ronco monólogo existencialista
en off, en versión original, y con subtítulos en checo, de uno de los actores,
como fondo? ¿O no está más que dispuesta a hundir en la miseria a cualquier
éxito de taquilla? ¿O no está más que dispuesta a degradar a eso que yo llamo
"cine de palomitas" -y que me encanta-?
Pues tengo la impresión de que los juegos cada vez se acercan más a algo que
puede considerarse arte. El problema es que no sólo implican ocio y despreocupación,
sino que se crean con ordenadores y un porrón de matemáticas (al menos como
base). Y claro, eso no mola. No es humano... Pues que me perdonen los de letras,
pero para mi la Ciencia y las Matemáticas, son tan humanas como la Filosofía
o la Literatura.
... Ah, coñe, que tenía que comentar el Kong'64 este... ¡jejeje! Perdón...
(Qué... no ha estado mal ¿eh?)
Bueno, pues aunque os parezca de guasa, semejante desvarío tiene un poco de
sentido: si cada arte tiene un icono que lo representa o lo resume, estoy seguro
de que el día que esto de los juegos de ordenador (habrá que llamarlo "entretenimiento
electrónico" para que según qué lumbreras comiencen a tomárselo medio en
serio), se considere el Octavo Arte (o Noveno, o Décimo... o Quincuagésimo Tercero...
vaya usted a saber qué número de orden le tocará), uno de sus iconos será el
fontanero Mario saltando sobre andamios y precipicios, para rescatar a su amada
de las garras de un descomunal gorila ido de la chaveta.
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No, no os estoy presentando en esta página el comentario del
celebérrimo y por todos considerado como uno de los "abuelitos"
de los videojuegos, Donkey Kong,
si no más bien un "clon" que responde al nombre de Kong'64. Ya que hablo del Donkey Kong clásico... ¿habéis visto alguna vez el Donkey Kong Country? Sí, sí, el de la SNES. ¡Vaya juego! ... técnicamente, vamos. |
Es envolvente y adictivo, pero quizás le falta el ingenuo encanto del original... bueno, quizás no: seguro.
Pues bien, en la escena de presentación del titulito en cuestión para la
(estupenda) consola de 16 bits de Nintendo, aparece un monicaco barbudo y
achacoso que, se supone, es lo que queda del Donkey Kong original, tocando con
un conmovedor gesto de nostalgia (dentro de lo que puede conmover un sprite
texturado, claro...), una gramola de la que emanan las notas metálicas de la
musiquilla del mítico videojuego. De pronto, llega el capullo de su nieto,
protagonista de la nueva espectacularcísima versión, manda al abuelete al
cuerno con un cartucho de dinamita, y salta a escena con un "loro" que
reproduce a toda castaña un refrito techno del ancianísimo tema.
... bueno, pues... ¡me da una rabia...! Supongo que estoy más colgao que un
chorizo de cantimpalo, pero eso de volar por los aires a los clásicos, para
dejar paso a las nuevas generaciones, con sus sotopocientos mil canales
digitales y sus chumicientos forrollones de polígonos 3D, me toca mucho las
narices... ¡estos niñatos de hoy, con sus pleiesteisions, sus equisbocs y sus
gueimquiubs, no
saben en qué consiste la esencia de los VERDADEROS videojuegos!
Vaya, ya he vuelto a irme a la galaxia Grijander...
... si es que es normal... ¡Pero vamos, gente! ¿Qué queréis que os cuente
del Donkey Kong? ¿Es que no lo conocéis?
Venga, os haré un resumen rapidito, para cumplir con el expediente.
Ya sabéis que nuestro objetivo es alcanzar a la chica, saltando sobre abismos o sobre los barriles que el energúmeno de Kong nos lanza, y esquivando otros peligros, como bolas de fuego que en la primera fase se generan cuando uno de estos toneles cae dentro de un contenedor ardiendo, o como un horno de tartas (gigantescas, por cierto... más te vale saltarlas también) hacia el que fluyen cintas transportadoras bastante incordiantes. |
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Cuando llegamos hasta la pobre muchacha, en lo alto de cada pantalla, y siempre
junto al enorme simio (que en esta versión aparece con una sonrisa bobalicona,
por cierto), lograremos el típico subidón de puntos y ¡hala! ¡A la siguiente
fase!
Si no recuerdo mal, son sólo cuatro, pero no tengo constancia de haberlas completado
todas, y es que esta es una de las versiones del clásico más rematadamente difíciles
que conozco. Quizás se deba a que el muñequito del protagonista no es especialmente
ágil y rápido. Y hablando de él... no, no es Mario. Lo han sustituido (no sé
yo por qué... si copian el juego entero, ¿por qué cambian al protagonista?)
por un señor narigudo y bastante feo.
↑ Lo mejor
↓ Lo peor
* Las cuatro notas musicales que suenan, desafinan cosa mala.



