FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO
Livingstone, supongo

Material
COMENTARIO ORIGINAL
La review
Quizás sepáis que durante un tiempo tuve en esta página la versión en inglés
de este juego. Pues gracias a Piti, uno de nuestros amigos commodoreros argentinos,
y de los mejores beta-testers que conozo (¡un saludo, Piti!), ahora la disponible
es la que también podéis encontrar en Computer
Emuzone (a estas alturas de la película, imagino que conocéis el sitio,
pero si no ¡id para allá a toda la velocidad que os permita el módem! porque
es sin duda la mejor página de juegos españoles para las máquinas de 8 y 16
bits más populares de los 80 y 90). Y es que es la única que parece que funciona
bien. Según me contó Piti, la anterior se colgaba en la entrada del templo.
Sin embargo, la que podéis descargaros ahora parece funcionar al 100%.
Este juego fue de los mayores éxitos de una compañía española (Opera Soft) en el
extranjero. Seguramente por eso, decidieron programar la versión de C64: era la
mejor manera de aumentar significativamente las ventas en parte de Europa; sobre
todo, en Inglaterra y Alemania.
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Supongo que sabéis de qué va la historia, ¿no? Se inspira en las peripecias del periodista norteamericano Henry Stanley, en busca del celebérrimo David Livingstone, un misionero escocés que a finales del XIX descubrió el nacimiento del Nilo... por cierto, que hace poco parece que se han encontrado documentos que prueban que el descubrimiento se produjo unos siglos antes... ¡por un español! Claro, que eso vende menos. |
Bueno, pues si habéis oído hablar de la historia, sabréis de dónde viene una de las frases más célebres: aquella de "El doctor Livingstone, supongo", que se cuenta que pronunció Stanley cuando, a la orilla del lago Tanganika, y rodeado de gentes de piel más bien tostadita, se encontró con un señor con rasgos británicos. ¡Muy lúcido, Stanley! El tal doctor tendría que haberle contestado: "Mira, pues no, resulta que soy Yogurtu Unngue, jefe de la tribu de los Masai a este lado del Kilimanjaro, pero asombrosamente, tengo toda la pinta de haber nacido al ladito de Edimburgo, ¿no te fastidia?".
Bueno, bueno, centrémonos.
¿Qué tal el juego?
Oh, muy bien gracias. ¿Y su familia?
Bien, bien. Dele recuerdos a su señora.
... joé, qué tarde tengo hoy, madre...
Vaya: Livingstone, supongo es un
divertidísimo plataformero, con una dificultad estratosférica (como sucedía
con muchos de los juegos españoles de la época), lleno de detalles originales
e inteligentes. Sin duda, uno de los mejores títulos para C64 realizados en
nuestro país.
Evidentemente, el objetivo del juego es llegar hasta el doctor Livingstone,
pero previamente, tendremos que adentrarnos en un templo que se yergue en mitad
de la jungla, cosa que sólo conseguiremos si previamente encontramos cinco
gemas que, evidentemente, no están en cualquier tenderete de esos en los que te
venden collares de colorines, gafas de sol de plástico, sombreros de paja,
radios chusqueras por tres duros y otras chucherías de allende el Estrecho...
Pues no, claro: vas a tener que saltar, evitar trampas, vértelas con toda
suerte de bichos hostiles, incluyendo monos que la emprenden a cocotazos con el
pobre Stanley, o unas plantas carnívoras con una boquita de piñón tal que
serían capaces de tragarse un buey derrapando...
¿Que si contamos con algún cachivache para defendernos de los malosos? ¡Sí señor! ¡Todo un arsenal! Bueno, o al menos, más de lo que podría uno esperar: nuestro osado explorador lleva cuatro herramientas con él. Tres de ellas son armas, y la cuarta es una sorprendente pértiga con la que podremos acceder a lugares inalcanzables en otras condiciones, o saltar sobre abismos, arenas movedizas, y demás alegrías propias de la selva.
Los tres utensilios de hacer pupa son:
| - Un boomerang, muy útil para alcanzar objetivos que no estén en línea recta con respecto a Stanley, pero bastante jodidillo de usar: como todo el mundo sabe, estos chismes tienden a volver hacia el lanzador, y calcular la fuerza que hemos de imprimirles para que la curva que describa tenga la apertura exacta, no es nada fácil. |
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- Cuchillos: vuelan en línea recta (aunque con cierta tendencia a caer según
surcan el aire).
- Y granadas (curiosa herramienta de explorador... pa mi que no las venden en
el Coronel Tapioca, ese...): describen una parábola antes de estallar contra
el suelo. Ojo: si una revienta cerca de Stanley, le mandará una vida a freír
monas.
Para utilizar cualquiera de estos cuatro objetos (por cierto, seleccionables
pulsando las teclas 1 a 4), tenemos que mantener el botón de disparo pulsado;
tanto más tiempo cuanta más fuerza queramos imprimir al lanzamiento (o cuanto
más lejos queramos llegar con la pértiga). Aparecerá entonces una barra roja
en la parte izquierda del panel del juego, que se incrementa rápidamente. Suelta
el botón para que Stanley lance el arma seleccionada, o se impulse con la pértiga.
Afortunadamente, podemos utilizar los números (de 0 a 9) que aparecen en la
parte inferior del marcador, como referencia.
Y ya que menciono el marcador: hay dos barritas más, como podéis apreciar en
las capturas. Indican el nivel de comida y agua de Stanley. Las dos menguan
constantemente, y supongo que es obvio decir que si alguna llega a cero, perderemos
una vida. O sea, el más difícil todavía: por si acaso el juego no era suficientemente
complicado, ¡hala! ¡ahora también tienes que buscar víveres! E imagino que no
tengo que decir lo mismo que dije acerca de las gemas, ¿no? Claro... no hay
ningún Pryca en el Serengueti.



