Portada de Ninja Warriors, The

FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO

Ninja Warriors, The

GéneroArcade
Desarrollado porThe Sales Curve / Virgin
MúsicaTiny Williams
Año1989
Veredicto originalMola
Valoración7/ 10
Gráficos
7
Sonido
6

Material

COMENTARIO ORIGINAL

La review

Érase una vez un niño muy bueno, relamido y bien educado, llamado Bangler, que hacía las delicias de sus mayores con sus exquisitos modales. ¡Qué ricura, qué mono... qué asco!

Con el paso de los años, Bangler se convirtió en un joven idealista y decidió hacer carrera política. Su prestigio le precedía y no tardó en alcanzar un puesto público de relativa importancia... y una vez allí, descubrió que ¡el poder era una gozada! Vamos, el tipejo se aferró a la poltrona con sus zarpas y no había manera de echarlo de allí; como si tuviera el culo soldado al escaño, vaya.  

No contento con su posición, Bangler decidió mandar a paseo sus antiguos sueños de demócrata convencido y trepar lo más alto que pudiera. Tan alto, tan alto, tan alto, que llegó a ser Presidente del Mundo. Y una vez allí, claro, no podía permitirse el lujo de que existiera un electorado que lo botara (sí, con "b") cuando se cansara de su megalomanía, de modo que abolió todo lo que oliera a urnas, e instauró una especie de dictadura planetaria. Sus ejércitos patrullaban todas las ciudades más importantes del globo y hacían tasajo con cualquier desdichado que tuviera la ocurrencia de estornudar sin permiso del grandísimo jerifalte.

Total, que todo el mundo sufre bajo el yugo de Bangler.

¡Juacha, juyá, maguasi-gueri, sakaruki-sotomaki! ... y todo lo demás
Bueno, todo, todo... ¡no! ¡porque un científico chiflado resiste ahora y siempre al muy psicótico! Se llama Mulk, y ha conseguido fabricar un robot ninja blindado, ágil, sin sentimientos, sin miedo, sin conservantes y sin colorantes, capaz de pasar a cuchillo a todo el ejército de Bangler, llegar hasta él, y darle un par de lecciones de Democracia, a machetazo limpio.

Estas son las premisas de The Ninja Warriors, un típico arcade 2D con scroll lateral, en el que nos enfrentamos a las tropas del gran dictador, a lo largo de seis niveles. A primera vista, parece bastante adictivo. Y aunque luego quizás pierda un poco de encanto por lo larguísimos que son los niveles y lo parecidos que resultan todos, el caso es que es un buen juego.

La cosa es de lo más sencilla, ya os digo: avanzar continuamente hacia la derecha en cada fase para alcanzar el final, que siempre estará defendido por el típico "jefazo" y todo esto antes de que se agote el escaso tiempo que nos dan. No os entretengáis vapuleando a los malos que os salgan al paso; sería un error porque, insisto, las etapas son bastante grandes, y conviene no perder ni un segundo discutiendo amablemente con los energúmenos armados con cuchillos jamoneros que tratan de hacerle alguna que otra rascadilla en los circuitos a nuestro robot.

El desarrollo, al cabo de un rato, termina siendo un poco repetitivo. Se basa en caminar, esquivar o machacar a los malos de a pie, que suelen salirnos en parejas, uno por cada lado de la pantalla y, de vez en cuando, enfrentarnos a guardias armados con escopetas que disparan balas explosivas, o incluso otros que nos lanzan granadas.

Para romper un poco la monotonía, en ocasiones se nos echará encima una especie de ciber-jorobao enarbolando un terrible brazo mecánico implantado en su hombro derecho, que corretea, salta y trata de aporrear al héroe... sin embargo, es bastante fácil librarse de este tipo de malo (no, no se trata de huir: estos están entre los enemigos más recalcitrantes y te perseguirán por todas partes), simplemente agachándonos y acercándonos a él de cuclillas, asestándole un machetazo cuando lo tengamos a tiro. Lo bueno de estos engendros, es que nos proporcionarán 5 shurikens adicionales, a sumar a los que ya tengamos, cuando los derrotemos.

Para lanzar estas estrellitas asesinas, basta con pulsar breve y rápidamente el botón de disparo. No es que sean especialmente útiles (salvo en cierto momento del segundo nivel que gustosamente os describiré en seguida...), ya que la mayoría de los enemigos caen como imbéciles en cuanto uno descubre el truco para conseguirlo. ¿Un ejemplo? Agachaos para combatir al ninja del espadón enorme que nos atacará al final de la primera fase y endiñadle con los cuchillos cada vez que se acerque. Si lo hacéis bien, el tipo ni os despeinará.

Ahora: ¿qué momento es ese del que os hablaba?
Echadle un vistazo a la captura de la derecha. En dos ocasiones durante la segunda fase, que tiene lugar en un aeropuerto, habremos de enfrentarnos a un tanque tamaño familiar, que nos bombardeará para anunciar su irrupción en la pantalla y, posteriormente, nos ametrallará como a un pato de feria.
¡Abusones!

Y sí, he dicho bien: irrumpirá en la pantalla. No es un elemento del decorado: es uno de los jefazos de fin de nivel más ENORMES que he visto en un juego de C64, si no el que más. No cuento a los que no se mueven, porque este cachivache sí que lo hace... ¡y a toda velocidad!

La única forma de quitárnoslo del medio, es lanzarle shurikens al personajillo que emergerá de vez en cuando de la escotilla en la torreta, para manejar la ametralladora.

Lo mejor

* Entretenido.
* Algunos detalles bastante llamativos, tanto en los escenarios, como en los personajes (insisto en lo del tanque descomunal).

Lo peor

* Los niveles son tan largos que a veces se hacen algo repetitivos.
* La música es un poco estridente (aunque en el fondo no está tan mal, no vayan ustedes a creer...).