FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO
Park Patrol

Material
COMENTARIO ORIGINAL
La review
He aquí un juego de esos que ya no se hacen. Es curioso. Nunca me cansaré de repetirlo (vosotros sí, de oírmelo decir, imagino, jeje), pero ¿por qué ha cambiado tanto el mundillo? No me refiero al inevitable (y deseable, por supuesto) avance técnico, sino a la imaginación y a los argumentos. ¿Qué creéis que pasaría si a alguna empresa se le ocurriera lanzar un videojuego como este, en el que controlamos al guarda forestal de ún parque que tenemos que limpiar de porquería, salvar a bañistas despistados que chapotean desesperadamente en el río, o esquivar a alimañas agresivas? Supongo que nadie querría pagar las 7.000 calas que cuestan los juegos modernos, por una simplicidad semejante.
Pues en eso consiste precisamente Park Patrol, un divertidísimo arcade que parece estar a medio camino entre el ecologismo y los dibujos animados del Oso Yogui. Con sus casi 20 añitos, se conserva estupendamente, la verdad.
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Daos cuenta también de lo agresivos que son los títulos de la actualidad. En una aplastante mayoría, el protagonista debe progresar rebanando pescuezos, pisoteando páncreas y sofriendo píloros a diestro y siniestro. |
No, tranquilos, no creáis que me voy a alinear con los que aseguran que la violencia la inventaron los videojuegos y que, desde el principio de los tiempos hasta el año 80, más o menos, la Humanidad vivía en paz y armonía. Pero es un hecho curioso, ¿no creéis? Imagino que de algún modo hay que justificar la potencia de las tarjetas aceleradoras actuales. ¿Y qué mejor forma que desplegar toda suerte de espectaculares explosiones, chispazos, rayos, cañonazos y neblinas sanguinolentas que envuelven a las desdichadas víctimas del héroe de turno?
Pues olvidad todo eso ahora. Park Patrol es simplicidad y adicción en estado puro, como la mayoría de los juegos de aquel entonces. Comenzamos cada fase con nuestro guarda en su lancha, justo frente a la cabaña que le sirve de centro de operaciones. No os alejéis mucho de ella, porque os servirá de referencia en el caso de que alguno de los bañistas que chapotean en el río decida ahogarse un poquito y reclamar urgentemente vuestra ayuda. Todos ellos están siempre en las inmediaciones de la cabaña, así que si escucháis una especie de divertido gritito de auxilio (no, no es digitalizado... es más bien una musiquilla) y aparece el texto apremiante "Help!" en la parte inferior derecha del marcador, ya sabréis hacia donde tenéis que dirigiros.
Pero aún hay más: la tarea de guarda forestal es bastante cansada, y nuestro protagonista pierde calorías a marchas forzadas (en la parte inferior izquierda del marcador, podéis ver las que nos quedan, bajo la palabra "Energy"). Cuando el número comience a parpadear, nuestro héroe estará al borde de la pájara, así que habremos de poner rumbo a la cabaña, entrar en ella y reponer fuerzas (pero no abuséis, porque las reservas de alimentos en cada nivel son limitadas).
Como ya os estáis imaginando, no toda la acción se desarrolla en el río. Si nos acercamos a una orilla y pulsamos fuego, el guarda dará un brinco y saldrá del bote. A veces, esto es imprescindible, ya que mucha de la basura que tenemos que recoger no está flotando en el agua, sino desperdigada en tierra firme. Claro, que en el río nos toparemos con troncos capaces de catapultarnos por los aires si chocamos contra ellos a demasiada velocidad, o encontraremos culebras de agua bastante molestas (de las que, menos mal, podemos defendernos pulsando el botón de disparo para utilizar una sustancia repelente -también hay un número limitado de usos-), en tierra nos las tendremos que ver con una especie de tortuguitas bastante recalcitrantes.
| Muchas de ellas nos perseguirán con bastantes malas intenciones en cuanto nos acerquemos a sus dominios. Lo curioso es que son bastante torpes en el agua (serán de secano, los bichejos) y podemos librarnos de ellas, temporalmente, si las engañamos para que nos persigan hasta la orilla y caigan al río. | ![]() |
No se ahogarán, sin embargo, sino que permanecerán chapoteando febrilmente y, si pasamos sobre ellas, obtendremos una buena suma de puntos.
Conforme avancemos en el juego (por cierto: para pasar de nivel, basta con recoger todas las piezas de basura -latas vacías, botellas y demás- que se nos muestran en el marcador), encontraremos más ventajas (como una misteriosa planta energética que crece junto a la cabaña), o malos (como hormigas gigantes que tratan de robarnos la comida), hasta que el desarrollo llegue a hacerse verdaderamente frenético.



