FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO
Psycho Pigs Uxb

Material
COMENTARIO ORIGINAL
La review
¿Nunca os habéis parado a pensar en nuestro hobby? Me refiero a esto de los emuladores, los videojuegos antiguos, y demás. ¿Sí? ¿Y no habéis sentido alguna vez una especie de pequeño remordimiento? ¿Que por qué? Por estar utilizando un hardware avanzadísimo y una tecnología que hace sólo unos años era casi de ciencia-ficción... para, como pasa en este Psycho Pigs Uxb, atontar a un grupo de cerdos de colores que corretean por la pantalla.
¿Nunca os habéis parado a pensar en lo frívola que puede resultar esta
afición nuestra a los juegos de ordenador? Yo sí. Y si queréis que os diga la verdad, cada vez le hago menos caso a
la idea ;-)
Hace poco leí una carta al respecto, en la revista Zzap!64 (recordad que sus
números están escaneados en http://www.zzap64.co.uk).
Su autor concluía que esto de los videojuegos es algo superficial, sí. Como
la Coca-Cola. Como las películas de acción. Como las pasarelas de moda de alta
costura. En realidad, la inmensa mayoría de los hobbies son una frivolité. Su
única misión es servirnos de vía de escape. De relax. Han de ser frívolos casi
por definición. No tienen justificación posible, más allá de eso.
Y ¿sabéis una cosa? Estoy totalmente de acuerdo.
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A lo mejor así, los que en alguna ocasión (en un pasado remoto) reflexionamos acerca de lo poco productiva que es esta afición, encontramos un consuelo o una coartada (a elegir) para continuar por muchos años más (y usted que lo vea) vaporizando marcianitos. |
Y es que si a alguien le parece una chorrada entretenerse con un juego en el que el único objetivo es echar de la pantalla a una piara de cochinos mutantes, a base de bombazos, a mí me parece aún peor tratar de justificar por qué eso es divertido. Lo es, y punto :-)
Nuestra misión en Psycho Pigs Uxb (el título es la monda; lo de "Uxb" queda totalmente fuera de mi conocimiento del inglés, pero el resto es una verdadera declaración de principios: ¡Cerdos Psicópatas!) es superar 12 niveles, enfrentándonos a un número cada vez mayor, de gorrinos macarras y agresivos (o como el manual les llama -con una expresión que, lo confieso, siempre me ha hecho mucha gracia-, una "masa de porquería intergaláctica").
El desarrollo es simplísimo. En cada pantalla hay un montón de bombas de relojería esparcidas por el suelo. Tenemos que eliminar a todos nuestros contrincantes (solos, o con la ayuda de otro marrano -este, de un curioso color verde-) lanzándoselas, o consiguiendo que alguna explosión los arroje fuera del escenario. Por supuesto, ellos también tratarán de hacer lo propio. Todos contra todos. Una verdadera guarrada.
Cuando cogemos una bomba, se activa automáticamente. Todas tienen una cifra grabada sobre su superficie. Es el número de segundos que transcurrirán desde que se arme hasta que estalle. Y esta cantidad es variable, pero inicialmente, siempre superior a 4. Podemos tratar de lanzar uno de los explosivos contra algún cochino chulesco que merodee cerca de nosotros, pero hay que tener cuidado con la maniobra: si la bomba revienta demasiado cerca de nuestro protagonista, perderemos una vida. Y lo mismo ocurrirá si la arrojamos cerca de uno de los bordes de la pantalla y no acertamos a nuestro objetivo: el siniestro chisme impactará contra el límite y volverá hacia atrás, chamuscándonos el hocico si no lo esquivamos.
Aunque yo diría que lo más peligroso son las bombas que ya están contando inexorablemente, en el suelo. Está claro que en algunos de los niveles, en los que hay unos 15 ó 20 explosivos desperdigados por el área de juego, es imposible tener un ojo en todos ellos, mientras tratamos de controlar los movimientos de los ciberguarros, que intentan denodadamente convertirnos en pancetita muy hecha.
Afortunadamente, el juego tiene la deferencia de avisarnos cuando alguna de las bombas está a punto de estallar (le quedan para ello menos de 4 segundos), haciéndola parpadear en rojo.
| De todos modos, no creáis que basta con eso para apartarnos de su devastadora onda expansiva (no demasiado extensa, eso sí). Si una bomba revienta cerca de otra, la hará explotar a su vez. Y si hay más, en las inmediaciones, se provocará una auténtica reacción en cadena. Un peligro. | ![]() |
Bueno... un peligro moderado, porque hay que reconocer que el juego es
bastante facilón. Sólo 12 niveles (al principio de los cuales, se nos presenta
a un cochino diferente), relativamente sencillos de superar, no representarán
un desafío para prácticamente ningún jugón.
Encima, no es infrecuente que algunas bombas, al explotar, dejen en su lugar
ventajillas bastante útiles, que varían desde vidas extras, hasta un traje
protector (que parece un disfraz de dragoncito) que nos permite soportar un
bombazo sin oler a lechón al horno, pasando por una mochila que nos permite
cargar hasta con tres explosivos (ojo: seguirán activos cuando los llevemos en
ella).
Cada dos o tres pantallas de fregado marranero, nos enfrentaremos a una extrañísima y psicodélica etapa de bonificación (y que tiende a aburrir, la verdad), en la que (ojo al dato), nuestro puerco principal tiene que corretear como un descosido entre enormes margaritas de las que emergen cochinos multicolores y vuelven a ocultarse tras un instante. Debemos acercarnos a todos los que podamos y pulsar fuego para "atontarlos" (digo yo que es eso lo que sucede; el cerdo afectado se limita a esbozar una especie de gesto de fastidio y volver a sumergirse en la flor). Cuantos más, mejor.
↑ Lo mejor
* Muy divertido y original.
↓ Lo peor
* Facilón.
* Las fases de bonificación son un poco peñazo.



