Portada de Renegade

FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO

Renegade

GéneroLucha
Desarrollado porImagine
Música?
Año1987
Veredicto originalMola
Valoración7/ 10
Gráficos
7
Sonido
5

Material

COMENTARIO ORIGINAL

La review

Nunca tuve tanta afición a las recreativas como a los juegos de ordenador. Por dos razones principales, a saber:

- Con mi Commodore podía jugar cuando me viniera en gana y sin que apareciera el clásico palizas dándote consejos sobre qué hacer. "¡Cuidado, que ahora te sale un gordo! ¡Dale, dale! ¡Salta! ¡Pero saltaaaa! *Splotch* ¿Ves? ¡Ya tanmatao!".
- No tenías que gastarte cinco duros por partida.

Aún así, hubo una maquinita, instalada no lejos de mi Instituto, que llenó su panza con muchas de las monedas que me daban mis mayores: el Double Dragon. Un compañero de clase y yo, corríamos todos los recreos al bar en cuestión, habitualmente seguidos por una bandada de amiguetes deseando pasar un buen rato. Llegamos a ser auténticos expertos y hacíamos las delicias de los chavales allí congregados, cuando alcanzábamos la pantalla final y teníamos que machacarnos a mamporro limpio por los favores de la chica que habíamos rescatado. En el fondo, la cosa iba más allá de lo virtual,, no sé si me entendéis...

Durante mucho tiempo, mientras esperaba que a alguna compañía se le ocurriera desarrollar una adaptación para el C64 de mi recreativa favorita, anduve buscando juegos que se le parecieran. Renegade fue uno de ellos. Pensaba que me serviría como aperitivo, aguardando el lanzamiento del título de lucha por excelencia, para mí... y años después, tras ver la infame conversión que Melbourne House había perpetrado, me di cuenta de que llevaba tiempo jugando con una imitación que superaba, con mucho, al original.

No: Renegade no es una maravilla. Es simplemente entretenido. Es sólo que al compararlo con la versión para ordenadores domésticos del Double Dragon, gana una barbaridad.

Es curioso que la mayoría de los primeros juegos de lucha que se lanzaron, tenían como argumento el rescate de alguna chica secuestrada por una panda de sanguinarios macarras. 

¡Toma olor a camembert, macarra!
Esta no es una excepción. La muchacha en cuestión se llama Lucy, y se encuentra al final de cinco fases pobladas por lo más selecto de la intelectualidad de los bajos fondos, más que deseosos de debatir acerca de sus posturas filosóficas a bofetada limpia.

La primera etapa se desarrolla en la estación del metro, a la que nuestro héroe llega, todo determinación y mala leche, para encontrarse con un comité de bienvenida compuesto por energúmenos que le asaltan siempre de tres en tres. La mayoría serán horteras vestidos con una camisa blanca y un pantalón negro, apoyados por algún que otro negrazo siniestro armado con una barra de hierro. Cuando hayamos quitado del medio a los suficientes, se nos echará encima un hortera desmelenado, gafas de sol incluidas, no especialmente peligroso. Simplemente, resiste más porrazos que el resto.

Una vez que le hayamos derrotado, podremos acceder al segundo nivel, que tiene lugar en unos muelles en los que se oculta una banda de moteros poco hospitalarios. De hecho, nos recibirán cuatro de ellos, tratando de embestirnos a lomos de sus cacharros (afortunadamente, nos atacarán de uno en uno). Para derribarlos sin perder energía, tenemos que darles eso que los inglesitos llaman "patada volante", en el momento justo.

Nos asaltará entonces otro buen puñado de macarrones, siguiendo las mismas tácticas que en el primer nivel, es decir, una mayoría de quinquis de a pie, reforzados por algún que otro pintas esgrimiendo una barra de hierro. Por fin, como guinda a la refriega, nos las veremos con el jefe de la pandilla, un energúmeno con cierta capacidad de repartir pataditas con giro incluido, de lo más simpáticas.

Tercer nivel: nunca han faltado, en los juegos de este tipo, las chicas guerreritas. Es casi una tradición ya. Y en esta etapa, nos tendremos que enfrentar a un grupito de féminas bastante garrulas, armadas con látigos unas, y la inevitable barra de hierro, otras. Están entre los enemigos más fáciles del juego, por su escasa resistencia. Pero su jefa... ¡huy, su jefa! Ella solita sería capaz de merendarse a todo lo que nos hemos encontrado hasta ahora y, de postre, a un par de boinas verdes hervidos en su jugo.

La muy energúmena recibe el nombrecito de La Gran Berta (que, por cierto, era como los alemanes bautizaron a un gigantesco cañón que fabricaron durante la Segunda Guerra Mundial, si no me equivoco), y tiene la fuerza de la cabeza tractora de un trailer de treinta y siete toneladas. Ataca a golpes de pechuga, cogiendo carrerilla y todo, y mandando a nuestro fornido renegado volando por los aires como si fuera un espantajo desmadejado. Hay un truquito para derrotarla, pero como estas cosas son parte de la salsa de los juegos de lucha, dejaré que lo descubráis vosotros mismos. Je, je. 

Hasta ese momento, hay que admitir que, a más de uno, Renegade le puede parece un juego más bien facilón. No es nada difícil llegar a este punto sin haber perdido ni una de las dos vidas que tenemos al principio. Sin embargo, a partir de la cuarta fase, las cosas se complican sobremanera. Los malos que nos asaltarán van armados con navajas, y les basta UN solo golpe para quitarnos automáticamente una vida. La repanocha. Muy femeninas, sí...

Para colmo, no son tan tontos como la inmensa mayoría de los malosos del juego, y nunca se nos acercarán lo suficiente como para que saquemos brillo a sus calvas a base de collejas. Intentarán siempre permanecer fuera del alcance de nuestros puñetazos y patadas. Y si esto os parece difícil, esperad a ver la última etapa del juego, que se desarrolla en la guarida del mismísimo Mr. Big. ¿Que quién es ese? ... Oye, pues ni idea, pero sale con muchísima frecuencia en muchos videojuegos, como el gran maloso final. Imagino que ese nombre debe de ser algo así como un "título" genérico. "Señor Pez Gordo", o algo parecido, vamos...

Bueno, pues el tipo en cuestión, llega escoltado por unos cuantos navajeros como los que hemos tenido que planchar a coz limpia, en la fase anterior. Y para rematar la faena, está armado con una pistola automática que usará en cuanto nos tenga a tiro y que, por supuesto, nos quitará una vida completa si consigue acertarnos. Tienes que jugar casi a la perfección, en cuanto llegues a este punto. No sólo no puedes permitirte encajar un solo corte o tiro, si no que debes darte prisa, porque hay un tiempo límite (de poco más de dos minutos) para acabar con Mr. Big y sus secuaces. En otras fases, es más que suficiente. En esta, te obligará a esmerarte. Y no es fácil. De hecho, jamás he conseguido vencer al muy villano.

Lo mejor

* Divertido.

Lo peor

* Muy corto (es posible completarlo en unos 10 minutos).