Portada de Shinobi

FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO

Shinobi

GéneroArcade
Desarrollado porVirgin Games
MúsicaTiny Williams
Año1989
Veredicto originalMola
Valoración8/ 10
Gráficos
7
Sonido
6

Material

COMENTARIO ORIGINAL

La review

He aquí una prueba de que era posible realizar conversiones decentes de recreativas de éxito, para el C64, cuando se ponía empeño en ello.

De lo que ya no os digo nada es del control de calidad al que sometían a las cintas. Porque, ¡vaya! cuando compré este juego (me gustaba bastante la maquinita original), grande fue mi sorpresa cuando comprobé que la cinta daba cosa así de 15 ó 20 vueltas (justo hasta cargar la secuencia de presentación), y ahí se terminaba. Una jodienda, en serio. Afortunadamente, aquello de "si no queda satisfecho, le devolvemos su dinero", me sirvió para conseguir una copia que funcionara en condiciones. Y mereció la pena, desde luego.

Creo que estamos ante una de las conversiones más fieles y divertidas que jamás se lanzaron para C64. La atención por los detalles es más que digna de mención. No falta ni uno. Ni en los escenarios, ni en los personajes... bueno, salvo el "ataque de magia ninja" que nuestro héroe puede activar una vez por fase, y que no es tan espectacular como en la maquinita original, pero imagino que eso ya era mucho pedir (no olvidemos que la recreativa tenía dos procesadores -un 68000 a 10 MHz y un Z80 dedicado exclusivamente al sonido-; no, no soy una especie de "videojuególogo": no tenéis más que lanzar la ROM del Shinobi con el MAME, para ver estos datos).

De todos modos, estoy seguro de que el C64 daba para bastante más. Claro que su sempiterna limitación de memoria seguramente forzó a los programadores a no pasarse con los detallitos y los gráficos, para evitar que tuviera que cargarse cada etapa desde cinta (el juego es multicarga, sí, pero sólo es necesario sentarte a esperar varios eones cósmicos, cada vez que terminamos un nivel -y cada uno consta de tres etapas-).

Ya verás qué shurikanazo te vas a llevar El protagonista es un ninja con la misión de rescatar a una serie de chavalillos, secuestrados, maniatados y desperdigados por las calles como si fueran envoltorios de chicles, por una banda de guerreros y criminales surtidos, vaya usted a saber con qué siniestras y retorcidas intenciones. 

El desarrollo es bastante sencillo: se trata de un arcade con scroll continuo a través de una serie de escenarios, en los que encontraremos a los niños secuestrados, guardados por los miembros de la banda.

Hay una serie de niveles, formados por tres fases, y que terminan ante el típico maloso gigantesco y con una mala uva digna de un babuino esquizoide.

Durante el recorrido, tendremos que saltar sobre cajas y otros obstáculos. Pero los malos tampoco se van a quedar contemplando extasiados nuestras cabriolas de macaco histérico (¿se nota mucho que vi el otro día el remake de Tim Burton de El Planeta de los Simios? ¿Sí? Bueno, pues aunque no quiero descorazonar a nadie, no os la recomiendo. Es una castaña pilonga -y además, peluda-. Que conste que fui a regañadientes), comiendo palomitas y haciendo apuestas acerca de cuántos metatarsianos y costillas nos partiremos a causa de nuestros malabarismos gilipollescos. ¡De eso nada! No se cortarán un pelo a la hora de perseguirnos, brincando y botando detrás de nosotros, implacablemente.

En cada grupo de fases nos toparemos con distintos enemigos. En las primeras, por ejemplo, nos las veremos con unos macarras bastante agresivos que, afortunadamente, sólo nos dañarán si consiguen acercársenos lo suficiente como para endiñarnos una bofetada (ojo, porque Shinobi, por mucho ninja heroico que sea, sólo aguanta un porrazo) y algún que otro energúmeno armado con un machete, todos ellos apoyados por unos tipejos que llevan un revólver con el que tratarán de airearnos los intestinos. Son un peligro, sobre todo cuando se apostan tras algún cajón, pero tenemos una ventaja: cada cierto tiempo tendrán que detener el fuego para recargar su arma. Es la ocasión perfecta para caerles encima y sacudirles el polvo a base de coces.

Y, por último, veremos que algunos de los chavales están vigilados por unos matones bastante feos, que enarbolan una enorme cimitarra y se protegen con un gran escudo que detiene todos nuestros ataques a distancia (ya sean los shurikens o los proyectiles que dispara el arma que obtendremos cuando hayamos rescatado a un cierto número de niños). Para más diversión del público asistente, de vez en cuando, estos barbudos indeseables arrojan su espada, que avanza y retrocede, girando como un boomerang, hasta volver a su mano.

Sólo podremos pasar a la siguiente fase cuando hayamos rescatado a todos los chavales de la actual.

El enemigo final de este primer nivel es una especie de inmenso samurai que lanza chorros de fuego por las manos. Shinobi tiene un ataque especial de magia ninja (sólo uno por nivel, atención, así que os aconsejo que lo reservéis para el supermaloso pertinente; precisamente, en la captura de abajo lo está llevando a cabo); bien, pues este es el momento perfecto para utilizarlo. No derribaremos al bestiajo, pero sí que lo dejaremos suficientemente chamuscado como para poder quitarlo del medio con un par de impactos más.

No es cosa fácil, sin embargo: su único punto débil son sus ojos, así que tenemos que brincar y lanzarle shurikens, tratando de que se cuelen por la única rendija abierta de su enorme yelmo. Si le acertamos, la monstruosidad parpadeará brevemente.

Los niveles sucesivos son similares, pero afortunadamente, la variedad de los escenarios, y su desarrollo (no siempre consisten en corretear desde la izquierda hasta la derecha de cada fase, sino que en ocasiones tendremos que saltar de piedra en piedra, sobre el agua, o adentrarnos en alguna edificación a base de brincar entre plataformas, ascendiendo hasta la parte superior) son suficientemente diversos como para que uno no se aburra. ¡Abla cadabla, pata de seldito aglidulse!

No sólo eso: los malos cambian (en aspecto, comportamiento y dificultad) conforme avanzamos el juego. Pronto tendremos que enfrentarnos a ninjas con más peligro que un indio detrás de un matojo, y hasta un enorme helicóptero (uno de los malos de fin de nivel más grandes y de movimiento, aún así, más suave que he visto en un juego de C64; lástima que su motor no emita ningún sonido).

Cada vez que concluyamos con éxito un nivel, nos enfrentaremos a una pantalla de bonificación que, he de seros sincero, nunca pensé que los programadores se atrevieran a adaptar a nuestro querido Commodore. Demasiado trabajo, me parecía a mí.

Si conocéis la recreativa original, seguro que ya sabéis a cuáles me refiero: aquellas en las que, con una vista en primera persona, tenemos que combatir contra un montón de ninjas que corretean y saltan entre una serie de pasarelas que se extienden ante nosotros.

Controlamos a las manos de Shinobi, moviéndolas de derecha a izquierda, y lanzando shurikens a las hordas de guerreros que se nos acercan.

Si uno de ellos consigue saltar y caernos justo ante las narices (además, el personajillo se ve, enorme, llenando casi toda la pantalla, con todo lujo de... pixels inflados), acabará la etapa. La mayor puntuación se consigue (y una vida extra, de paso), claro, si los barremos a todos, aunque os garantizo que eso no es nada fácil.

Lo mejor

* Una conversión fantástica.
* Muy adictivo.

Lo peor

* Aunque todo es cuestión de práctica, al principio se hace terriblemente difícil.