Portada de Starfox

FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO

Starfox

GéneroArcade / Simulador
Desarrollado porAriolasoft / Reaktor
Música?
Año1987
Veredicto originalPscheee…
Valoración6/ 10
Gráficos
7
Sonido
5

Material

COMENTARIO ORIGINAL

La review

Cuando la era de los 8 bits daba sus últimos coletazos, las tiendas de informática y los centros comerciales se afanaban por dar salida a los juegos que se cubrían de polvo, ignorados por todo el mundo, en sus estanterías. Por una vez en la vida, los commodoreros españoles nos beneficiamos de algo. Éramos tan pocos que los títulos programados para nuestra maquinita eran los que más problemas daban a los vendedores. No había manera de enjaretárselos a nadie, así que los precios se desplomaron. No, en serio: se desplomaron. Se pegaron una morrada monumental. Llegaron a un punto en el que prácticamente los regalaban. No duró mucho aquella locura, pero sí lo suficiente como para que cierto día, mi hermano, llegara de las ya desaparecidas Galerías Preciados, con cuatro o cinco juegos originales... a veinte duros cada uno. Flipemos todos juntos, en amor y comparsa.

Hombre, está claro que no podía encontrarse ningún clasicazo entre ellos, así que, con cierto escepticismo, procedimos a probarlos. Y bueno... la verdad es que no se trataba de joyas, precisamente, pero a caballo casi-regalado, pues... vale, puedes mirarle el diente, pero de reojillo na más.

Algunas de las cintas que trajo el bueno de mi hermano (conocido como Vaquin por la Red) eran verdaderos BODRIOS infumables (léase Hybrid).

Tate quieto, que no sales en la foto Otras, podían pasar (léase Centurions). Y hubo una que... bueno... nunca me llamó la atención, y nunca consiguió capturar mi interés durante más de 5 ó 6 minutos, a pesar de que admitía que tenía ciertos toques de bastante calidad técnica: este Starfox.

Cuando, gracias a los emuladores, pude dedicarle un poquillo más de tiempo, con más calma y con un espíritu un poco más crítico (obviando que era un juego de saldo, de fondo de cajón, de rebajísimas, de... bueno, ya me entendéis), me sorprendí. Starfox no era un coñazo inaguantable... era... normalito. 

El juego mezcla una serie de buenas ideas y de detalles que demuestran el innegable dominio del ensamblador del 6510 de su autor, con un desarrollo más bien tirando a monótono.

El argumento es el típico desquicio que le asalta a cualquier profano en la materia cuando trata de inventarse una historia intergaláctica, que involucre objetos cósmicos y fenómenos estelares al por mayor. Aberrante. Pero curiosa, lo reconozco.

Veréis: resulta que hay un sistema estelar formado por ocho planetas y que, desde hace bastante tiempo, se protege en el interior de un enorme cubo de energía (el Holocubo, lo llaman). El sistema les ha garantizado la paz, por su práctica invulnerabilidad. De hecho, es capaz de mandar a cualquiera que intente traspasarlo, dando tumbos, a través del contínuo espacio-tiempo.

Pero de pronto, cierto día (cósmico, claro), se produce una brecha en el Holocubo, y a través de ella irrumpe un noveno planeta. Sí, sí: no una flota alienígena... ¡un planeta vagabundo!

No sé si es que estaría celoso de la cohorte estelar que conformaban sus ocho bien alimentados, civilizados y guarecidos hermanos, pero el caso es que el mundo errante recorre el interior del cubo protector sembrando el caos. Es más: puede cambiar su trayectoria en el espacio, para interceptar a cualquier objetivo y destruirlo. La monda.

Aparte de las inmensas dificultades de todo tipo (físicas, cosmológicas, técnicas, relativistas, morales, éticas, filosóficas, cómicas, televisivas, radiofónicas, gastronómicas y olímpicas) de ser capaz de controlar los movimientos de una masa tan grande como todo un planeta, y ponerlo a navegar libremente por el espacio, como si fuera una chalupa en alta mar, pasándose, los pilotos, por el forro de sus caprichos todas las normas de la Gravitación Universal, y usando de felpudo las Leyes de Kepler, tengo que reconocer que la idea es original.

El Noveno Planeta es un peligro para los demás. Es una fuerza hostil y descontrolada, que escupe hordas y hordas de naves de guerra... o algo parecido (porque algunas tienen formas verdaderamente extrañas).

Nosotros, en el papel de un tal Hawkins (¿Stephen? ... erm... sospecho que no), piloto del avanzado caza interplanetario Starfox, nos erigimos como el último baluarte de la libertad y la paz del Sistema Planetario. O sea, que nos vamos a poner como el quico de repartir estopa a diestro y siniestro.

El juego consta de ocho misiones. La primera de ellas es tan divertidísima e intensa como... aniquilar a 60 naves enemigas. Un tostón, en serio.

Puede que tenga su gracia al principio, pero al cabo de unos 30 minutos, comienzas a notar una especie de adormecimiento del cerebro, pesadez en los párpados, relax muscular y regularización del ritmo respiratorio.  ¡Madre, la nave madre se desmadra! ... cada día estoy más tonto

Unos segundos más tarde, has abierto un boquete en el monitor, de un cocotazo, y roncas atronadoramente, babeando el teclado con profusión.

A lo mejor deberían haber llamado al juego "Valium".

Vale, vale, me he pasado un poquito. Lo cierto es que tampoco es tan aburrido. De hecho, Starfox está lleno de detalles muy originales, y de evidente calidad técnica. Desde algunos de los sistemas de la nave, con puntitos y líneas de colores que oscilan, se mueven y describen toda suerte de trayectorias en sus pequeñas pantallas, hasta cómo las naves, tanto las enemigas como las aliadas (incluyendo las estaciones espaciales, y las "gasolineras" interplanetarias -que las hay-) evolucionan ante nuestros ojos, y cambian de forma y tamaño en función de la perspectiva, con bastante realismo y suavidad, para tratarse de gráficos bitmap, no vectoriales (la única manera de programar un juego de estas características en un C64, y que resultara aceptablemente rápido).

La verdad es que Starfox tiene bastante más profundidad que un simple mata-mata en 3D. Por ejemplo, en las inmediaciones de los planetas, podremos atracar en una estación espacial, para conseguir nuevas armas, más potentes. También es posible ver en cualquier momento un mapa (vectorial, esta vez) del Holocubo en el que se nos muestra nuestra posición y la de los planetas más cercanos... en fin, que tiene su enjundia.

El problema es que llegan los combates, y la cosa se vuelve mortalmente aburrida. Todo se transforma en una especie de persecución sideral en pos de las extrañas navecitas del Noveno Planeta, objetos de diseño cuando menos poco convincente, que rotan, palpitan y pulsan, mientras zumban a nuestro alrededor como enormes insectos, sin representar ningún peligro temible, ni ningún desafío.

Lo mejor

* La idea.
* Técnicamente, tiene detalles bastante buenos.

Lo peor

* Aburrido.