Portada de Street Hassle

FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO

Street Hassle

GéneroLucha
Desarrollado porMelbourne House / Beam Software
Música?
Año1987
Veredicto originalMola
Valoración8/ 10
Gráficos
8
Sonido
8

Material

COMENTARIO ORIGINAL

La review

La ciudad está llena de pirados psicópatas y taraos criminales. Ya no se puede pasear tranquilamente, sin encontrarte con algún gorila esquizoide escapado del zoo, algún gordo asesino que ataca a sus víctimas a golpe de barriga, o algún jugador de baloncesto del equipo local, capaz de hacer verdaderas barbaridades, con su balón, a los inocentes y honrados ciudadanos.

En un ambiente así, no es de extrañar que nuestro protagonista, antiguo profesor de Universidad, acabe completamente tarumba, decida enfundarse los calzoncillos amarillo pollo más horteras y fosforito que encontró en el fondo de su armario, y se lance a las calles llenas de maleantes, para repartir un poquito de justicia, ley y orden a fuerza de colleja, rodillazo en el epigastrio, y patadón en los riñones.

Su cerebro, antes rebosante de conocimientos, presenta ahora encefalograma plano. Mientras se abre paso por las calles, a empujones, pisotones y mordiscos, su conciencia está tranquila.
... pero las ancianitas, no.

¡Vamos a bailar un poco! Más o menos, estas son las premisas de Street Hassle, uno de los juegos de lucha más originales de C64, y desde luego, el más simpático que conozco. Nuestra única misión es atravesar una serie de niveles con scroll horizontal, mientras nos las tenemos tiesas con todo bicho viviente que se cruce en nuestro camino.

Insisto: con todo bicho viviente.

Los quinquilleros, pintas, sucios y malintencionados macarras y jinchos surtidos, no están a salvo de las iras de nuestro héroe, mezcla de Hulk Hogan y Duke Nukem... pero la cuestión es... ¿están a salvo también los inocentes transeúntes?

La indignación, la furia y la mala leche, ciegan de tal manera a nuestro protagonista, que ya no diferencia entre las churras y las merinas. Ahora, si tiene oportunidad, le da un par de bofetones a la primera churra que pase a su lado, y dos o tres coches a cualquier merina que tenga la desdicha de acercársele demasiado.

Realmente, una de las cosas más llamativas de este juego es el elenco de malosos a los que nos enfrentamos. Casi ninguno de ellos tiene precisamente pinta de matón barriobajero o avieso y frío mafioso. ¡Qué va! De hecho, la "infantería" de nuestros enemigos está formada por unos vejetes vestidos de negro, que llevan un bastón blanco en las manos. No sé qué queréis que os diga, pero me da la impresión de que son ciegos. Vamos, que no es que estemos ante el juego más políticamente correcto de la historia, porque, invidentes o no, se van a llevar unas somantas que les pondrán las pilas.

(Ahora, que ellos tampoco se quedan mancos y, desde luego, se desenvuelven con una soltura asombrosa, y no pierden de... ¿vista? a nuestro héroe; incluso le miran con cara de susto cuando se les abalanza encima, de un brinco).

Estos curiosos personajillos están respaldados por gorilas violentos y peludos. No, no hablo de porteros de bar con el coeficiente intelectual de una zapatilla roída y cara de barracuda famélica (tiendo a no soportarlos), sino de gorilas de verdad. Gorilas, gorilas, vamos. Como los que estaban en la niebla con Sigourney Weaver.

No me preguntéis qué diantres pintan aquí, pero en un juego tan surrealista como este, lo raro sería no ver algo semejante.

De cuando en cuando, se nos echará encima un perro pachón chiquitajo, estúpido y con una mala uva más que digna de mención. Al menos, quitárselos de encima es facilísimo: un par de carantoñas, y el bichejo se retirará, satisfecho. Si te pasas con las caricias, ¡le dará un patatús y fallecerá del gustazo, patas arriba!

En otras ocasiones, veremos cómo un hombrecillo diminuto, envuelto en una especie de gabardina-faldón y tocado con un sombrero, se nos acerca tímida y cautelosamente. Si no le prestamos atención (esto es, si seguimos a lo nuestro, vapuleando a todo el que se nos acerque, o si le damos la espalda), nos dejará un objeto. Puede ser un corazoncito con alas que revolotea por la pantalla, y que recargará toda la energía, o una bomba que tendremos que echar de la pantalla cuanto antes, porque, si revienta, perderemos una vida automáticamente.

Aún hay más: paseando en medio de la debacle, aparecerán a veces unas inocentes ancianitas, con su bolso y su cara de pánfilas.

Si no nos metemos con ellas, no sólo no nos causarán ningún daño, sino que tratarán de hacer mutis por el foro, en cuanto las cosas se pongan feas, volteando su bolso por encima de la cabeza, como si fuera el rotor de un helicóptero, y ¡despegando! Simpatiquísimo, en serio. Espera, que te hago el nudo de la corbata...

Pero ojo, si en el fragor de los pellizcos, bofetadas a dos manos, capones y sardinetas, alguna de estas desdichadas viejecitas se encuentra un leñazo destinado a otro personaje, tomará cartas en el asunto y la emprenderá a bolsazos con nosotros. Cuanto más zurremos la badana a las ancianitas, más de ellas se nos echarán encima. Y ¡oye! ¡que son un peligro, las jodías!

En ocasiones, tendremos que medirnos con algunos malosos especialmente fuertes y dañinos. Y, entre ellos, hay verdaderos monstruos de feria. Cuando os hablé del gigantón baloncestista o el gordinflas de la camisa a cuadros, que esgrime su inmenso panzón para tratar de ponernos en órbita de un ombligazo, no estaba desvariando (como de costumbre). Insisto: los malosos, en este juego, son realmente originales.

Pero si hay algo gracioso de verdad, son los golpes con los que cuenta nuestro héroe. Todas las fases tienen dos en común: una potente patada con giro y una maniobra que nos permite tirar de los pies a los rivales, para que se den la gran costalada.
Pero cada etapa tiene dos llaves o golpetazos verdaderamente gamberros, y únicos. En la primera, por ejemplo, el protagonista puede repartir puñetazos o, agarrando a su víctima por los hombros, arrearle un cabezazo que hace temblar la pantalla (literalmente).

En la segunda, podemos voltear a cualquier desdichado, hasta lanzarlo por los aires, o retorcerle las orejas... tenéis que verlo, porque hay movimientos realmente divertidos.

Es una pena que un juego tan simpático y original como este, termine tan pronto. Al cabo de cinco fases, todo comienza de nuevo, sólo que se nos eliminará un movimiento (la patada con giro -es de los más efectivos-) para complicar las cosas.

Lo mejor

* Original, divertido y gamberro.
* Personajes muy expresivos, de gran tamaño y bien animados.
* La variedad de los mamporros que puede repartir el protagonista y lo curiosos que son todos.

Lo peor

* Muy corto.