FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO
Super Scramble Simulator

Material
COMENTARIO ORIGINAL
La review
¡Qué manía tenían algunos con incluir el sufijo "simulator" en
los nombres de sus juegos! ¿Es que creían que así elevaban el caché del
invento? ¿Que vendía más? ¿Que se volvía más serio?
La cosa era especialmente capullesca en el caso de los CodeMasters, y su saga de
lo-que-sea-Simulator, donde ese lo-que-sea se trataba siempre de algo cuya simulación
quedaba a años luz de las posibilidades técnicas y humanas de la compañía y de lo que el juego era, en realidad
(en la práctica totalidad de los casos, algún arcade más simple que la
ingeniería del patinete). Creo que ya conocéis todos mi contencioso psicótico
con los CodeMasters, así que dejémoslos a un lado.
Vale. ¿Y tiene algo de Simulator este Super Scramble?
Pues mirad por donde, yo diría que... el caso es que... sí. Un poquitín, sí.
Pero no mucho, no vayáis a creer. A lo mejor es "deformación
profesional" (qué más quisiera yo que estar todo el día pegado a los
videojuegos fuera una profesión), pero siempre he pensado que los simuladores
son programas complejos, que adjuntan un manual de las dimensiones aproximadas
de un Códice Sixtino, y casi, casi que le obligan a uno a implantarse dos o
tres brazos más para dar a basto con tanta tecla. Y lo cierto es que podríamos
meter en ese saco a todo aquel programa que sea más o menos fiel a la realidad.
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Pero a lo que vamos (cómo me gusta divagar, hay que joerse): este Super Scramble Simulator no requiere que uno tenga catorce dedos en cada mano, y la habilidad de teclear con los pies, aunque tampoco es tan directo y sencillo como un matamarcianos cualquiera. |
¿De qué va? Pues de emular a esos flipados del cross (o como quieran llamarlo) capaces de subirse con su moto a un quiosco de esos de los cupones, como el que se sube a un taburete.
Supongo que todos los habréis visto alguna vez por la tele, en alguno de esos campeonatos que organizan varios patrocinadores, y que se celebran en un pabellón cubierto con una pista llena de toda serie de obstáculos, a cuál más retorcido e inexpugnable. El caso es que estos chavales y sus ruidosísimas monturas, hacen de cabras locas, y trepan por las cajas de colorines con la marca del sponsor del espectáculo, mientras chorros de agua manan entre las superficies, resbaladizas a mala idea. Y los tíos, tan tranquilos. Es impresionante.
¿Os imagináis poder hacer algo remotísimamente parecido a los mandos de un Commodore? Hala. Pues dicho y hecho: Super Scramble Simulator.
He de reconocer que este título no es de los que se llevan bien con el
jugador desde
el principio. Es tan frustrante, en ocasiones, que en los primeros 10 minutos de
juego, se acuerda uno de todo el árbol genealógico del señor Shaun Southern.
Pero para sorpresa de propios y extraños, pasan esos 10 minutos y sigues
pegado a la pantalla. Rezongando, musitando entre dientes, resoplando y poniendo
cara de zulú estreñido, pero pegado a la pantalla, a fin de cuentas. Y es que
el condenado juego echa mano de las propiedades enormemente adictivas de un
nivel de dificultad diabólicamente ajustado para que haga equilibrios sobre el
alambre que separa lo frustrante de lo desafiante.
En cada partida llegas un poquito más lejos. Y en cada partida acabas
esmorrándote contra el obstáculo más inverosímil, y teniendo que reprimir las
ganas de poner el monitor en órbita de una coz mulera colosal. Y así progresa
uno, la mar de entretenido, entre troncos, rampas de barro y otros escollos por
los que ni el más desquiciado de los peatones transitaría.
El juego consta de 15 pistas agrupadas en cinco conjuntos de tres. Podemos recorrer las pistas de un grupo en el orden que nos dé la gana (sugerencia: las que te ofrecen más tiempo para clasificarte NO son las más fáciles... si te permiten unos segundos extra, por algo será; no sé si lo captáis - es que yo no lo capté al principio, y al señor Southern tienen que estar temblándole las orejas todavía, porque, al menos de pensamiento, lo puse perdido), pero en cualquier caso, hemos de completarlas todas para acceder al siguiente conjunto. Hay tres grupos con pistas de barro, y dos en asfalto. No hay demasiada diferencia entre ellas, la verdad, salvo la puramente estética.
Una cosa que no termina de convencerme del juego es que, cuando metes la pata (y no os podéis imaginar lo inmensamente sencillo que es eso), no se nos muestra una animación de nuestro osado motorista dejándose los piños contra el retrovisor de un Volkswagen Escarabajo, o llenándose los gayumbos de tierra. Simplemente, la acción se detiene, suena una musiquita (que os hartaréis de escuchar, seguro), y un mensaje en la pantalla nos informa de cuál ha sido el motivo del batacazo, fallo o similar, y cuántos segundos de nuestro escasísimo tiempo se nos descontarán.
Las pifias van desde lo más obvio (bajar a todo gas una rampa de barro deslizante con una pendiente del 80% suele terminar con el intelectual, padre de la brillantísima idea, confundiéndose con el paisaje, o sea, repartido por el bosque en fragmentitos difícilmente localizables), hasta lo más oscuro (si frenas un poquito más de lo debido, en un momento un poquito anterior o un poquito posterior al oportuno, y en un punto algo más alejado del correcto, igual te patina la moto), causa fundamental de la mayor parte de las frustraciones que provoca el juego.
| Como ya os he comentado, Super Scramble Simulator es más que un arcade puro y duro, y menos que un simulador de los de toda la vida. O sea, que no hace falta enchufar un piano de cola al puerto de expansión del Commodore para no quedarnos cortos de teclas, ni tiene que reducirse la cosa a aquello tan entrañable -sobre todo para los Spectrumneros- del "Q, A, O, P" -y "space" para disparar-. | ![]() |
Los controles no son especialmente intuitivos, y cambian bastante en función de si tenemos el botón de disparo pulsado o no en el momento de mover el joystick. Al principio, os aseguro que os haréis un lío estupendo y acabaréis calando la moto por meter directamente la segunda para arrancar (penalización al canto, acompañada del inevitable rechinar de dientes, mirada asesina, inyectada en sangre, clavada fijamente en el monitor, y demás aleluyas catárticas), pero lo curioso de este juego es que, una vez superada la barrera de la frustración inicial, se hace verdaderamente divertido. Como, además, resulta que el apartado técnico también acompaña... pues miel sobre hojuelas.
Ah, una cosa más: fijaos en las capturas. ¿Veis que hay dos ventanas encima del dibujo del manillar de la moto? Bueno, pues digamos que la acción se desarrolla en la superior, y la del medio, que muestra una vista aérea de las inmediaciones, sirve para alinear al piloto con los obstáculos. Si no lo haces a tiempo, aunque en la ventana superior parezca que vas bien, estarás fuera de la ruta correcta, y te meterán una penalización de tiempo de lo más salerosa.
↑ Lo mejor
* Muy adictivo.
↓ Lo peor
* A lo mejor es cosa mía, pero creo que eso de escribir un mensaje que te informa de los motivos de un guarrazo, en lugar de mostrarlo, animado, en todo su esplendor, es un poco cutre.



