Portada de Superstar Ping Pong

FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO

Superstar Ping Pong

GéneroDeportes
Desarrollado porSilvertime
Música?
Año1986
Veredicto originalPscheee…
Valoración6/ 10
Gráficos
6
Sonido
6

Material

COMENTARIO ORIGINAL

La review

No podía ser de otro modo. En una página como la mía, y tratándose de un juego como este, era inevitable que empezara haciendo una referencia al primer videojuego que entró en mi casa (y no sé yo si el primero que vi en mi vida -recreativas antediluvianas incluidas-).

No sé si alguno de vosotros lo conoció. Era una curiosidad técnica... una pijada que, posiblemente, más de uno pensaría que inventaba un tipo de entretenimiento que no iría mucho más lejos. Consistía en una consola que apenas recuerdo (pero por supuesto, con un diseño que no se parecía, ni remotamente, a ninguna de las maravillas de Sega, Sony y compañía), y un par de mandos que, en lugar de palanquita, tenían una ruedecilla similar a la que se emplean en algunos equipos de música para controlar el volumen.

Bueno, pues la consola en cuestión sólo incluía un videojuego. No es que se vendiera con él, o que sólo se pudo distribuir un cartucho. No. Es que NO tenía ni puerto para cartuchos, no sé si me explico. El videojuego venía "dentro" del engendro en cuestión. No, no estaba almacenado en una ROM. Nada de eso. Ni microprocesadores ni gaitas: todo a base de cables y electrónica arcaica. En serio.

Creo que este juego es un poquito chorras... En la pantalla (de televisión, claro, olvidad eso de los monitores) aparecían dos rectangulitos que pretendían ser palas de ping-pong. La pelotita era un cuadrado. Y el área de juego estaba dividida, por una serie de pixels gigantescos, en dos mitades.

Cada jugador controlaba uno de los rectángulos, moviéndolo arriba y abajo con la ruedecilla del mando. La cosa consistía en hacer que el cuadrado rebotara contra el rectángulo. Imaginaos qué cosa.

El programa igual medía unos cuantos cientos de bytes (aún recuerdo el "plic-plic" electrónico que emitía la presunta pelotita al golpear a una de las supuestas palas). Desde luego, este mundillo sí que ha tenido un avance espectacular y exponencial.

Unos años después (no os podría decir exactamente cuántos, porque no sé cuándo se comercializó aquel entrañable "Pong"... supongo que alrededor de mediados o finales de los 70), con el Commodore ya sólidamente instalado en medio mundo como la principal y más vendida máquina doméstica de videojuegos (aquí no, por supuesto; ahora y siempre -por lo visto- Spain is different), a una desconocida compañía americana, Silvertime, le dio por lanzar otro juego de Ping-Pong.

Ya sé que con frecuencia, las ideas más simples son las más adictivas, y que aquel ping-pong de cuatro pixels monstruosos deslizándose por una pantalla negra, podía ser verdaderamente entretenido... pero oigan, a finales de los 70, la consola del Paleolítico podía ser toda una curiosidad, pero en 1986, estábamos ya casi a vuelta de todo.

Y ¿qué queréis que os diga? El ping-pong (o su variante playera-light... aquello de las paletas de madera junto al rompeolas... ya sé que hace furor en verano, pero a mí me aburre horriblemente) siempre me ha parecido una chorrada. Parece que hay que ser chino (o coreano, en su defecto) para jugarlo bien. Vaya, que igual es emocionantísimo, pero a mí me parece que queda a medio camino entre el pestiñamen y la tontería.

Mala premisa, para empezar.

Con estos mimbres, no va a ser fácil confeccionar un cesto que convenza.

Y desde luego, Silvertime, no lo consiguió.

No digo que este Superstar Ping Pong no sea entretenido. Sí que lo es. Al menos, razonablemente. Pero ¿no creéis que, en pleno apogeo de los videojuegos de 8 bits, un título tan simple como este quedaba un poco desfasado? Yo sí, humildemente.

Claro que, para tapar lo obvio (que eso de pelotita va-pelotita viene durante un cuarto de hora tiene más bien poca tensión e intensidad; curiosamente, no le ocurre lo mismo al tenis... en mi opinión siempre, claro), el juego incluye bastantes opciones y hasta un curioso elemento aproximadamente estratégico que permite repartir 12 puntos entre una serie de parámetros (6 en total) que influyen en el rendimiento de cada jugador.  Juego un poquito chorras, pero visto de lado...

O de cada paleta, más bien, porque no se ve ningún ser humano, sino sólo las palas flotando en el aire.

Así mataban dos pájaros de un tiro, claro: evitaban que un muñecajo enorme (y que difícilmente se iba a impedir que padeciera una pixelización crónica galopante) tapara la visión de media mesa cuando se selecciona la perspectiva frontal (primera captura), en lugar de la lateral (segunda) y, de paso, eliminaban un potencial churrupeteado de recursos, una complicación extra, sin más.

Además, pueden participar dos jugadores, o sólo uno contra el ordenador. Puede escogerse la velocidad de la pelotita, la duración de los partidos (no en tiempo, sino en número de "juegos", "sets", "zusfurullolos", "fagarramélucos", o como quieran llamarse los segmentos en los que se divide un partido de ping-pong), y hasta el color de las palas. Vale. Todo muy curioso, muy simpático y demás. Pero es inevitable: Superstar Ping Pong es más simple que un cubito de hielo, sencillamente porque, que me perdonen los aficionados, el deporte en el que se basa no parece que dé para mucho más.

Lo mejor

* Agradable, técnicamente.
* Razonablemente entretenido... un ratito.

Lo peor

* Simplón. Aunque claro, el tema no da para más.