FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO
Terrorpods

Material
COMENTARIO ORIGINAL
La review
No sé a qué niveles ascenderá la piratería de software en España. Pero
seguro que son estratosféricos, porque hoy por hoy, sigue siendo casi una
institución. El que piratea es listo. El que se deja las pelas en un programa
original, es tonto. O, peor aún: es rico.
Cuando uno cede a la tentación de gastarse un dinerillo legalmente, tiene que
capear el remordimiento de conciencia que ello supone. "¡Si podías
haberlo conseguido por mucho menos, simplemente copiándolo!". Aún es más
grave la situación, cuando llega a su casa, prueba el juego en cuestión, y resulta ser una macana
infumable.
En los 80, la cosa tenía un pase. A 875 pelas la cinta, te podías permitir el lujazo de gastarte una parte de tu presupuesto para el fin de semana en la última maravilla distribuida por Erbe o alguna de sus contemporáneas. Si luego quedaba demostrado que los durillos habrían estado mejor invertidos en... bueno... en cualquier otra cosa (no: yo no bebía en aquel entonces; llamadme bicho raro si queréis, pero con 16 años, prefería gastarme la calderilla en un juego que en un cubata; jaté, qué antisocial ¿eh?), la cosa tampoco era tan grave. 875 pesetillas miserables no iban a conducir a tu familia a la ruina, ¿no?
El problema es cuando, ahora, uno se deja 8 de los verdes (o el equivalente en euros -hay que estar al día, señores-) en lo más nuevo, superferolítico y faraónico de la más afamada productora de soft del momento... y resulta que no hay quien lo digiera. Eso SÍ que duele. Los precios suben por la piratería (los videojuegos cuestan más o menos lo mismo en los USA que aquí... y a ver quién me defiende la idea de que su nivel de vida es comparable al nuestro), y la piratería sube por los precios. Alguien tendrá que echarle narices para romper el círculo vicioso, ¿no?
Mientras esperamos a que eso ocurra, os voy a enumerar los Cuatro Mandamientos del buen y honesto comprador de software original:
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1. JAMÁS te fíes de una portada muy bonita. 2. JAMÁS te fíes de una adaptación de un juego que ya tuvo éxito en otra plataforma MUY distinta de la tuya. 3. JAMÁS te fíes de los comentarios de los que jugaron a la versión original. Sí, esa de la plataforma TAN distinta de la tuya. 4. JAMÁS te fíes de tu intuición cuando te asegura aquello de "oye, pues tiene buena pinta...". |
Estos cuatro mandamientos se resumen en uno: JAMÁS te fíes de las apariencias. Si puedes leer cuantas comparativas existan y echarle una ojeada a una demo, mejor. No hagas como yo, que me compré este Terrorpods guiado por esas condenadas apariencias, y acabé por no dedicarle más de 20 minutos en toda mi vida. 30, a lo sumo. (Menos mal que estábamos en los 80, y me costó el equivalente a un par de cubatas de aquel entonces).
Me encantó la portada. Me gustaba la historia, o lo poco que había leído
sobre ella en comentarios de revistas del sector, que hablaban maravillas acerca
de la exitosa versión de 16 bits. Pero claro, los Amigas y Ataris no tenían
demasiado que ver con los C64s y alegre comparsa, ¿verdad?
Verdad.
Bien es cierto que más de un honesto y habilidoso programador ha sabido adaptar
algunos de los títulos más entretenidos que han pasado por las pantallas del
ordenador más espectacular de Commodore, a su hermanito pequeño (léase Hammerfist,
The First Samurai o Time
Machine). Desde que esto de desarrollar videojuegos dejó de ser una afición
más o menos esotérica y se convirtió en una industria, los artistas se han transformado
en profesionales. Ahora no es mala cosa, eso, pero, a finales de los 80 no siempre
era bueno. Solía implicar una táctica que parecía poder resumirse en algo así
como "acaba pronto tu trabajo, cobra tus pelas, y olvídate".
No sé si la versión de 16 bits de Terrorpods es tan interesante como
algunos aseguraban. Pero os garantizo que la de Commodore 64 no lo es. De nuevo
estamos ante el clásico refrito de géneros que no funciona en ninguno de
ellos por separado.
Se supone que comandamos una especie de vehículo futurista con el que
recorremos la superficie de un asteroide rico en minerales carísimos y con
multitud de aplicaciones en las industrias de tecnologías avanzadas y defensa.
Y se supone también que tenemos que defender las colonias mineras establecidas
en su superficie, de las hordas imperiales que quieren hacerse con ellas, y
quedarse con sus recursos.
También se supone que los malos cuentan con una enorme nave nodriza con una
fijación obsesiva por nosotros (siempre ocupa el mismo punto aparente en el cielo, como
la Luna... salvo que sigue ahí cuando giramos 180º; es curioso-) y que trata
de volarnos por los aires a base de proyectiles, cada vez que tiene una oportunidad (menos mal que podemos tratar de esquivarlos, o bloquearlos,
activando brevemente nuestros escudos).
Además, se supone que los muy imperialistas han traído consigo un ejército de
robots de combate, conocidos como Terrorpods, magníficamente plasmados en la
seductora carátula del juego, y reducidos a unos ridículos, casi insectoidales,
montones de pixels que, a modo de bloques rojizos y anodinos brincando sobre
alambres, se desplazan histéricamente entre las instalaciones mineras.
Al final, se suponen muchas cosas. Incluso, que el juego debería ser divertido.
Pero no lo es, miren ustedes por dónde.
| Puede que al principio creas que tiene su interés. Quizás, cuando mires el mapa, identifiques un par de instalaciones extractoras de detonita (uno de los minerales que más abundan en el asteroide, empleado tanto en explosivos como en renegeración de estructuras), y las utilices para recuperar tus reservas, pienses que este Terrorpods tiene posibilidades. | ![]() |
Incluso puede que estés dispuesto a pasar por alto la absurda velocidad y la total falta de perspectiva con la que todo se desarrolla y que terminan por darle a uno la impresión de que, en lugar de pilotar un vehículo entre sofisticadísima maquinaria de minería interplanetaria, corretea en un parque de Legoland. De juguete, vamos.
La sensación se acrecienta cuando las primeras Terrorpods tienen la mala sombra de hacer su aparición estelar, con su diseño risible, sus inmensos pixels, su tembleque al caminar, su poquísima (por no decir nula) apariencia de... en fin... de algo peligroso. Retroceded ligeramente, pulsando la tecla A, para tener una perspectiva más amplia de la zona, y pasmaos: esos muñequitos ridículos que corretean nerviosamente como hormigas hostigadas por un soplo de brisa, son las temibles, las poderosas, las pavorosas Terrorpods. Un par de zambombazos del armamento de nuestro vehículo, y aplastaremos a cualquiera de ellas como a una pulga. Menuda emoción.
Entonces, ¿dónde está el peligro? Pues en que te despistes moviéndote a toda pastilla por el mapa (porque, ojo, desplazar el cursor a través de éste y de sus iconos esquemáticos, hace que nuestro vehículo también cambie de posición), lo que consume cantidades ingentes de combustibles, y termines tirado en mitad del desolado paisaje grisáceo del asteroide, a merced de las insulsas Terrorpods, y la obsesiva nave nodriza. ¡Qué divertido!
↑ Lo mejor
↓ Lo peor
* Las Terrorpods deberían llamarse PatéticaPods o RidículaPods, porque dan verdadera pena.



