Portada de War in the Middle Earth

FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO

War in the Middle Earth

GéneroEstrategia
Desarrollado porMaelstrom Games Ltd. / Melbourne House
MúsicaNo tiene
Año
Veredicto originalMola
Valoración7/ 10
Gráficos
7
Sonido
1

Material

COMENTARIO ORIGINAL

La review

(NOTA PREVIA: -añadida varios meses después de escribir la ficha original-. Es interesante comprobar cómo ha evolucionado mi forma de redactar estos comentarios. Comenzaron siendo ñoñerías sinópticas sin ninguna gracia ni poder de descripción. Evolucionaron hacia algo más funcional, cuando, ya con un par de cientos de ellas publicadas en Internet, me esforcé por alargarlas y por intentar que cumplieran con su cometido, o sea, que se parecieran a algo así como un "manual anotado" del juego de turno. Y, antes de llegar a la etapa surrealista de la "segunda vuelta" en la que reescribí los análisis más anodinos y escuchimizados, atravesaron por un breve lapso de CURSILERÍA profunda en los que toqueteaba todos los clichés habidos y por haber. En resumen: qué asco me doy cuando leo cosas como la que tenéis a continuación. Como dirían los anglosajones: "proceed at your own risk" ... y con la nariz tapada, además).

La fabulosa obra del profesor Tolkien, ha despertado la imaginación y la inspiración de millones de personas. Eso está más que claro y, si no, echad un vistazo a las montañas de libros, películas, dibujos y por supuesto, videojuegos, que son sus herederos directos.

¿Conocéis su trabajo más universal, El Señor de los Anillos? Es uno de los derroches de creatividad más maravillosos que he visto en mi vida. Me fastidia la gente que desprecia este tipo de literatura, simplemente porque trata de temas imaginarios. Porque es ficción. ¿Es que sólo las obras con un lóbrego, sórdido y lúbrico trasfondo social tienen que ser dignas de aplauso? ¿Es que el inmenso despliegue intelectual de Tolkien, que creó un continente, lo moteó con ciudades, castillos y pueblos, lo salpicó de cuentos, canciones, leyendas y dioses, y lo pobló de hombres y elfos, no es igual de plausible (o más)?

¿Sabéis que, al final de El Silmarilión (para que nos entendamos, es el libro en el que se describe la Cosmogonía Tolkieniana, o sea, algo así como el equivalente a nuestro Génesis, pero aplicado a la Tierra Media) hay un esbozo de diccionario de español-elfo? ¿Y sabéis que el libro en sí habla de que todo cuanto existe fue creado a partir de las canciones de unos dioses, los Valar? El Universo es música. Bonito, ¿eh? Me recuerda a aquellas frases de Carl Sagan, que hablaban de que la Vida en el Cosmos podría ser como una sinfonía, y que nosotros seríamos sólo una voz.

(OTRO INCISO -añadido, de nuevo, meses después de escribir el original- ¡Os lo dije! ¡Diosss, pero qué mariconada! ¿En qué haditas vaporosas estaría yo pensando? ¿Me habría pimplado dos o tres cervezas en ayunas? ¿Tendría el día tonto después de haberme cruzado con cierta rubia que...? erm... dejémoslo...).

Lo cierto es que, en general, para cualquier persona que tenga la fortuna de poseer una imaginación inquieta, Tolkien es todo un filón. Y más aún, en el mundillo que nos ocupa, el de los videojuegos.

Pixels épicos Directa o indirectamente, la práctica totalidad de los juegos de rol por ordenador, vienen inspirados por las hazañas de la Guerra del Anillo. Y ya puestos, (supongo yo que diría la gente de Maelstrom Games), ¿por qué no hacemos un juego REALMENTE basado en la Guerra del Anillo, con batallas, movimiento de tropas y todo eso, es decir, un juego de estrategia? Pues helo aquí. 

En mi época de commodorero adolescente, pocos géneros había que yo despreciara más que el de la estrategia. Jamás había tenido uno de sus representantes en mis manos, así que sólo pude forjarme esa opinión tras leer cierto número de la revista Commodore Magazine (¡lo que me gustaba en su momento y lo cutre que me parece hoy en día, en todos los aspectos, incluyendo el estético!) dedicado a los "wargames", en el que se analizaban ciertos títulos de relativo éxito. Las fotos me parecían tan rematadamente aburridas que llegué a la conclusión de que los juegos de estrategia, eran un peñazo. Entendedme bien; en aquel entonces, los usuarios nos tirábamos de cabeza a lo que entraba fácil y rápidamente por los ojos (bueno, si me apuran, lo mismo, exactamente, pasa ahora). Y hasta el advenimiento de los 32 bits, no me negaréis que este tipo de juegos NUNCA han conseguido algo así.

Cambié de opinión cierto día, a finales de los 80, en que vi, en casa de un amiguete, un curioso wargame para PC, que permitía al usuario revivir batallas históricas, e incluso darle un par de patadas al continuo espacio-tiempo, y enfrentar a las huestes de Julio César con los batallones bajo el mando de Napoleón. Me pareció que, después de todo, la cosa no estaba tan mal, y que unos gráficos flojitos no implicaban, necesariamente, que el juego no podía ser entretenido.

Así que, ya un poco tarde, lo admito, comencé a buscar títulos de estrategia para C64. Misión imposible, y más en Badajoz. Aún así, me las apañé para echarle el guante a este War in Middle Earth. Y, bueno, no sé si mi recién nacido interés por el género influye en esta conclusión o no, pero creo que no está nada mal. Os cuento...

Si conocéis la obra maestra de J.R.R. Tolkien, conoceréis, al menos aunque sea de oídas, el por qué de la Guerra de Anillo. El Señor Oscuro, Sauron, un tipo malo malísimo con ribetes de psicópata totalitario y tenebrosos poderes arcanos, forja una serie de anillos mágicos, para doblegar a las principales razas que pueblan la Tierra Media. Imagino que habéis escuchado el soniquete en alguna ocasión: "Tres anillos para los altos Reyes Elfos bajo el cielo..." y todo aquello. Y, si es así, supongo que recordaréis cómo terminaba: "Y un anillo para atarlos a todos. Un anillo para gobernarlos a todos...". He aquí el truco del regalo que Sauron hizo a los representantes de los pueblos Elfo, Enano y Humano.

AINDA MAIS INCISOS: -este, poco después de terminar mi relectura de El Silmarilion, por aquello de que conviene estar en forma en vista del inminente estreno en cine, en el momento de teclear estas líneas, de Las Dos Torres-. Sauron NO forjó los tres anillos de los Reyes Elfos. Lo hicieron éstos. El muy taimado trató de corromperles utilizando el celebérrimo Anillo Único (de cuya manufactura sí que se encargó en persona). Y, claro, no lo consiguió. Sí que regaló, no obstante, siete anillos a los Enanos y nueve a los Hombres. Curiosidad: los tres talismanes élficos acabaron en manos de Elrond, Galadriel y Gandalf. Sí, ya sé que el Peregrino Gris no era un representante de los Primeros Nacidos, pero su legítimo propietario se lo cedió, por considerar que estaría a salvo de las maquinaciones del Señor Oscuro, bajo la custodia del Istari (mago) más sabio y noble de los tres que los Valar (dioses) enviaron a la Tierra Media. Los otros dos, por cierto, son Saruman, que, como seguramente sabréis, se enganchó enseguida al regustillo del poder y traicionó a los Pueblos Libres, y un tal Ragadast el Blanco, que no sale en las películas y que el libro describe brevemente de modo tal que uno acaba imaginándoselo como un viejo torrijas y despistado que mete la pata constantemente. Fin del matiz. Sigamos...

Los Elfos no sucumbieron al hechizo de Sauron. Demasiado nobles.
Los Enanos, tampoco. Demasiado brutos.
Y los Hombres perdieron el culo por corromperse. Demasiado humanos. 

Desde ese momento, se convirtieron en los Nâzguls, o Espectros del Anillo y tamizan toda la tierra en busca del Anillo Único, que se perdió en las aguas del Gran Río Anduin cuando su portador, Isildur, que cortó a Sauron la mano en la que lo llevaba, fue asaltado por un grupo de orcos. Resulta que ese poderosísimo instrumento de control, que permitiría al Señor Oscuro ganar la guerra que libraba por la conquista todo el continente, le salió al tipejo demasiado bien, y adquirió cierta misteriosa voluntad propia. La voluntad de saltar de mano en mano cada vez que le apetecía.

No es que la pequeña alhaja se desprendiera del dedo de su portador cuando estaba durmiendo, y fuera volando o rodando hasta el siguiente. Es que, de un modo muy sutil, conseguía que el destino confabulara para que el dueño lo perdiera y lo encontrara otro.

Y ahora es Frodo, el hobbit, quien lo tiene. Aquí empieza la historia. Y aquí empieza el juego.

El bondadoso hombrecillo y su Compañía del Anillo, comandada por el poderoso Gandalf, el Mago Blanco, comienzan en Rivendel, la ciudad de Elrond, el señor elfo.

Tenemos acceso a cualquier punto de la Tierra Media, simplemente moviendo un cursor con forma de guantelete sobre un mapa, y pinchando donde queramos para que se abra una vista detallada (como podéis apreciar en la captura de arriba). El cursor se transformará entonces en una lupa que podemos situar sobre los objetos más importantes, o sea, ciudades, castillos, torres, plazas fuertes, y tropas.

Lo más importante en esta vista, es hacernos una idea del estado de nuestras fuerzas y darles órdenes (seguir a alguna compañía, unirse a otra, dirigirse a algún punto concreto...). En la gran Guerra del Anillo participarán las cuatro principales razas de la Tierra Media, es decir, Humanos, Elfos y Enanos, luchando de nuestro lado, y los Orcos, batallando en el bando de Mordor. ¡Qué ambientazo! ¿Regalan algo?

Los primeros están en todos lados, aunque muestran una preocupante tendencia a vivir en las inmediaciones de la tierra del Señor Oscuro.

Los segundos suelen morar en los grandes bosques, en la zona media del continente, y los terceros, en las montañas del norte.

Respecto a los Orcos (una raza repugnante creada por uno de los Valar que salió rana, llamado Melkor, amo de Sauron hasta que es derrotado y su esbirro toma las riendas, pervirtiendo a algunos Elfos), suelen merodear cerca de Mordor, y en los aledaños de Orthanc, la torre de Saruman.

En el mapa ampliado no podemos ver las huestes del enemigo (cosa que no acabo de comprender; debería existir algún tipo de personaje que desempeñara tareas de espía o explorador, y nos permitiera localizar las tropas del Señor Oscuro y sus adláteres, aunque fuera cuando se encuentren en las cercanías de las nuestras), pero sí las aliadas con la Compañía del Anillo. Se representan mediante escudos, sobre los que podemos poner el cursor-lupa para obtener más información. Se nos dirá cuántos hombres, enanos y/o elfos componen la tropa, su fuerza, su moral, su valor... en algunos casos, uno o más personajes especiales del libro comandarán a los guerreros. Theoden, Eomer... todos los lores, señores y reyes, que se han sumado a la fiesta, y están ansiosos por empezar a repartir capones, son una verdadera ayuda, porque disfrutan de valores especiales en sus parámetros. Valores que ningún soldado ordinario puede alcanzar ("Extremadamente valiente", por ejemplo, o "Extremadamente fuerte"), y que pueden conseguir que uno de estos héroes acabe con un grupo de 20 ó 30 Orcos. Él solito. En ese sentido, la Compañía del Anillo es una fuerza más que digna de respetarse, al contar con varias "celebridades" en sus filas. No sólo Gandalf (que es capaz de hacer auténticos estragos entre los malos), sino Aragorn, Boromir de Gondor, y por supuesto, Frodo y sus compañeros Hobbits.

Claro, que los enemigos tampoco se quedan mancos y, con frecuencia, sus hordas de Orcos fanáticos vienen con regalito incorporado: un Balrog (una especie de demonio armado con una espada de fuego), o algún otro personaje especial equivalente a los héroes de nuestro bando, o sea, que pueden pasar a cuchillo a todo un regimiento aliado, sin despeinarse. Terribles.

Supongo que el objetivo final es llevar a Frodo hasta Orodruin, el llamado Monte del Destino, en pleno corazón de Mordor, y en cuyo vientre de fuego se forjó el Anillo Único, para destruirlo. Está claro que la idea no le hace ni pizca de gracia a Sauron, así que tendremos que mover nuestras piezas para mantener sus hordas a raya, y permitir crear un "pasillo seguro" a través del que podamos deslizar a la Compañía.

Las batallas se desarrollan de un modo bastante original: en la pantalla se muestran TODOS nuestros efectivos y TODOS los del enemigo. En serio: TODOS. No un icono para representar a 10 ó 12 unidades. No, no, nada de eso. Si tenemos 100 hombres bajo nuestras órdenes, que deben contener la embestida de 80 Orcos, aparecerán TODOS ellos en pantalla. 180 sprites en total. Claro, no todos a la vez, por la sencilla razón de que no caben en la pantalla, pero es más que digno de admiración cómo se consiguió meter a tantos personajes, en ocasiones literalmente inundándola, sin que el inevitable enlentecimiento (que existe, y es muy notable) afecte demasiado al juego.

Los hombres que sean atacados directamente, responderán a tizonazo limpio, pero los que queden fuera del "frente" en el que chocan los dos bandos, permanecerán inmóviles, esperando a que situemos un cursor sobre ellos, para indicarles a quién queremos que ataquen... me vais a perdonar, pero no estoy muy seguro de que esto sea así siempre. Quizás debería existir alguna opción para lanzar a la batalla a todos a la vez, de modo que cada uno pelee contra el enemigo que le caiga más cerca (a fin de cuentas, los malos hacen precisamente eso: es bastante llamativo ver a las hordas de decenas de sprites de los Orcos, llegando como una auténtica oleada, corriendo y abalanzándose sobre nuestros hombres), pero a estas alturas de la película, ya ni la recuerdo.

Lo mejor

* Un interesante juego de estrategia.
* Aunque sea sólo por el mérito técnico, lo sorprendente que resulta tener a cosa así de 100 personajes en pantalla, a la vez, durante los combates.

Lo peor

* Que no se puede ver a las tropas enemigas. Habría sido interesante, aunque sólo se obtuvieran datos vagos (como "Gran número de Orcos dirigiéndose al Norte". Cosas así).
* El "¡clang-clang!" metálico de las batallas, acaba por darle a uno unas jaquecas macanudas.