Bart vs the Space Mutants
Género: Arcade / Aventura Música: Jonathan Dunn
Desarrollado por: Ocean Año: 1991
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Corría el año 1991, y la segunda cadena de la televisión pública española (de toda la vida se llamó así: "la segunda cadena"; pero tras una campaña de marketing más bien... hmmm... "alternativo" -aunque indudablemente efectivo, por lo machacón- acabaron consiguiendo que la llamáramos "La 2") anunció a bombo y platillo la emisión inminente de una serie de televisión que estaba arrasando en los Estados Unidos. "Humor corrosivo e inteligente", decían. "Crítica social", aseguraban. "Dibujos animados para adultos", proclamaban. En fin, que se publicitó tanto el estreno de Los Simpsons en nuestro país, que un servidor de ustedes, la noche en que emitieron "La babysitter ladrona", estaba frente al televisor con el vídeo dispuesto. 

Y desde entonces, siempre que he podido, he visto todos los episodios de esta que, para mí, está entre las mejores series de la historia de la televisión. Algunos, incluso varias veces (merced a la estrategia capullesca de repetir los capítulos de cada serie de éxito, sin previo aviso y porque sí, a veces incluso hasta el punto de emitir el mismo dos veces en una semana, de esa... erm... ¿cómo calificarla sin ser demasiado duro? ¿vertedero pútrido de telebasura, amarillismo, sensacionalismo y amoralidad hasta extremos nauseabundos? ¿pitorreo sistemático a costa del espectador, falta de respeto a las más elementales normas del buen gusto, el decoro, la imparcialidad, el saber estar y la inteligencia? hmmm... bueno, supongo que todos sabéis a que proyecto de esbozo de conato de aborto de esqueje contrahecho de feto deforme de cadena de televisión me refiero, ¿verdad? No; no es La 2, evidentemente. ¡Qué lástima que se dejaran comprar aquella serie!). 

¡Multicérote por plica! ... estooo... Los Simpsons han tenido temporadas memorables. Aunque, si me permitís el comentario, la última (en el momento de redactar este comentario, en España se estaban emitiendo los últimos capítulos de la decimosegunda) evidencia un QUEME colosal. Creo que los señores de la Fox, con un criterio comercial de lo más comprensible, pero quizás un pelín digno de debate, se están pasando exprimiendo una serie que debió haber terminado hace tiempo. Este ritmo, no hay guionista que lo aguante.  

Claro, que también Matt Groening, Mike Scully y compañía son perfectamente libres de rechazar el contrato (ofertas no les van a faltar) y dar carpetazo definitivo a una de las familias de dibujos animados más célebres de todos los tiempos.

Y como suele ocurrir con cualquier producto televisivo de éxito, en seguida Los Simpsons arrastraron tras de sí toda una colección de objetos de "mercadería" (creo que esa es una traducción medio qué de "merchandising", ¿no?). Tazas, camisetas, calzoncillos y, claro, videojuegos.
 
El C64 fue escenario de las andanzas de Homer, Marge y adláteres, en dos ocasiones. En una de ellas, se trató de una vistosa conversión de una recreativa en la que la familia Simpson la emprendía a bofetadas con lo más selecto de la escoria de Springfield. Sí señor: ¡un juego de lucha! El caso es que la adaptación al Commodore fue de lo más resultona.

Y la otra es precisamente la que nos ocupa: una especie de mezcla muy curiosa entre aventura y arcade. 

Os cuento:

Por algún extraño motivo, cuando algún humorista / guionista cómico / dibujante de historietas de mucha risa-jijijí-jajajá, presta a sus personajes para que protagonicen un videojuego, los desdichados se desvirtúan de lo lindo, y terminan haciendo muy poquita gracia. Empezando por el argumento. 

Si la única vez que Mortadelo y Filemón asomaron sus narices de boniato por las pantallas de nuestros Commodores, el resultado fue un tostón macabeo, morrocotudo y cojonudo, con aproximadamente la misma gracia que un martillazo en la uña del dedo gordo, ¿qué os voy a contar de la pavadita presuntamente surrealista, y probadamente estúpida -aunque no exenta de cierto nivel de adicción- que llevaba el nombre de los Monty Python? Sí, sí, el "Flying Circus" aquel. 

Bueno, pues esta no es una excepción. Aunque, en el fondo, da lo mismo. Está claro que la intención del juego no es que el usuario eche el bofe delante de la pantalla, a carcajada limpia, sino que pase un rato entretenido. Bueno, pues misión cumplida.

Veréis: resulta que los extraterrestres han invadido Springfield, y Bart Simpson es el único que se ha dado cuenta de ello. Gracias a sus gafas de rayos-X los ha descubierto, camuflados adoptando la forma de probos ciudadanos. Ah. Pues qué bien. Qué gracioso. Parece el argumento de un episodio... de la temporada 12. Por lo forzado, vamos. 
Pero, insisto, en este caso, eso es lo de menos. 

Bueno, pues resulta que las hordas de alienígenas viscosos y blanduchos, están planeando conquistar la Tierra entera. Para ello, tienen que construir una máquina pavorosa, y andan por medio mundo recogiendo los materiales adecuados. 

Bien, pues nuestro papel es precisamente impedir que los encuentren. ¿Y qué materiales son esos? ... bueno, desde lo más previsible, como las barras de uranio en el nivel que se desarrolla en la central nuclear, hasta cosas algo más... tontainas. Sombreros y globitos, por ejemplo. Más aún: en la primera fase, tenemos que cargarnos todo lo que sea morado. -¿Está Empe? De apellido Lotas. -Empe Lotas. ¡Que se ponga al teléfono Empe Lotas!

Pues precisamente aquí es donde entra el componente de aventura en un juego que, sin él, se reduciría a una especie de salta-y-corre lejanamente parecido a los Super Marios y compañía, en el que Bart tendría que intentar desenmascarar a todos los babosos cósmicos con los que se cruce, utilizando las gafas de rayos-X, y brincando sobre la cabeza del personaje en cuestión, amén de algún que otro salto con precisión milimétrica, y temporización afinada hasta los nanosegundos. No faltan, por supuesto, ni los malosísimos de fin de nivel. Al menos, podemos contar con la ayuda de alguno de los otros miembros de la familia. Basta con formar el nombre de uno de ellos en cada fase. ¿Que cómo se hace eso? Pues saltando sobre los marcianitos camuflados. Al desenmascararlos, dejarán una prueba que sólo tenemos que recoger para obtener una de las letras. 

El componente de aventura del que os hablaba, se basa en la utilización de objetos. A veces, tenemos que usar algunos para conseguir otros. Lo que se conoce técnicamente como ... mercado. Ya sabéis: yo te doy un billetajo y tú me das... erm... bueno, aunque también está la modalidad del trueque. ¿Qué me cambias por una recua de mulas, un borrego pelón y cuatro gallináceas? Estoo... 

... vaya, que para obtener algunos de los cachimbos que pasarán a engrosar nuestro inventario de trastos inservibles, marranadas cochambrosas y cochinadas mugrientas, tenemos que comprarlos en las tiendas, utilizando las monedas que encontraremos desperdigadas en cada nivel. 

Lo que me gusta de este juego es que es bastante abierto. Quiero decir que se te dan unos cachivaches al principio, y tú tienes que ingeniártelas para destruir o inutilizar todos los ingredientes de la máquina de los viscosos interestelares que encuentres en la fase en cuestión (bueno, en realidad basta con mandar al cuerno a tantos como se nos indique en el marcador, en un recuadro titulado con la palabra "Goals"; lo que ya no sé es si hay tantos "goals" como objetos a inutilizar en cada nivel). 

¿Un ejemplo? Claro: si os fijais en la segunda captura, vereis dos sábanas blancas tendidas entre dos edificios. Vale. ¿Y os dais cuenta que justo bajo ellas aparecen dos caballitos de juguete morados? Ssstupendo. Pues como precisamente en esta fase hay que hacer trizas cualquier cosa que sea de ese color, el truco en este caso consiste en brincar hasta el tendedero, y caminar sobre las cuerdas para que las sábanas caigan sobre los caballitos. ¿Os hacéis una idea? 

Algunos de los puzzles son bastante más sencillos (por ejemplo, basta con repintar algunos objetos, echando mano de un spray), y otros tienen mucha más miga. En general, suelen ser razonablemente ingeniosos. 

 
 
Coloristas y simpáticos. Los fondos quizás pequen de simples en algunas ocasiones, aunque se las apañan aceptablemente bien para captar el estilo de la serie. 

Respecto a los personajes, son expresivos sí... y divertidos incluso... ¡pero cuadriculados como ellos solitos! Al menos, Bart está dibujado en alta resolución, y la verdad es que es bastante reconocible. 

La música es una versión bastante lograda del tema de la serie (por cierto; ¿sabíais que es de Danny Elfman, el mismo que compuso la banda sonora de Batman, y algunas de las películas de Tim Burton?), y los efectos de sonido no pasan de simplemente funcionales.

Hombre, si yo fuera uno de esos puristas agilipollados, más cercanos a la idolatría irracional y a la mitomanía desmedida, que tanto pululan por ahí, igual me cabrearía porque el juego no es lo suficientemente gracioso...

... o porque no sale Homer clamando aquello tan hondo, místico e inolvidable de... "¡Quiero mi bo-cadillo! ¡Quiero mi bo-cadillo!" (aplausos, aplausos)... pero como afortunadamente, en prácticamente nada de lo que me gusta (o incluso de lo que me apasiona) voy más allá de los límites del interés y de la afición, estoy encantado de puntuar a este Bart vs the Space Mutants con todo un notable. 

Si no fuera tan tremebundamente difícil, le habría adjudicado una nota aún más alta. Y no sólo me refiero a esos saltitos con precisión a nivel de pixel, y zarandajas habilidosísimas similares, sino al hecho de que hay un límite de tiempo para completar cada fase. ¡Craso error! Personalmente, me gusta recrearme en los videojuegos de aventuras / puzzles / acertijos y similares. Odio que me hagan pensar contra reloj.  

* Interesante mezcla de puzzles y acción.
* Gráficos simpáticos.
* Tremendamente difícil.
* No me gusta eso de que haya un límite de tiempo para completar cada fase, en un juego con un componente de aventura tan fuerte como este.