|
Boulder Dash
|
||||
|
||||
|
Huy, huy, huy, me temo que aquí va a ser necesario un urgente "disclaimer",
como dicen los ingleses. ¿Podríamos traducirlo como "descargo"? Sí,
bueno, vaya, algo que podría resumirse con la frase "esto es pa no
pillarme los dedos". Una práctica de lo más inútil en situaciones como
la que inmediatamente pasaré a describiros (vamos, que el proclamar
"¡oigan, que no quiero pillarme los dedos!" no te va a salvar de que
la tapa del piano más avieso y carnívoro que sea posible, te los acabe
laminando con la misma eficacia), pero que aún así se sigue fielmente en todos
los casos.
Os cuento: como supongo que todos los que seguís el mundillo de la emulación
ya sabéis, esto de poner juegos de C64 a disposición de todo el que tenga a
bien pasarse por la página de turno, no siempre es... erm... jurídicamente
correcto. Por decirlo con suavidad. No siempre, ojo, pero sí en una abrumadora mayoría de los casos. Se supone que las leyes de copyright y demás, están
para proteger los derechos del autor de un disco / libro / videojuego y otros
ingenios comparables. Se pretende evitar que el pirateo masivo prive al papaíto
intelectual de la criatura de la migaja que le corresponde legítimamente... (y
a la distribuidora, del resto del pastelón). Un libro puede estar vendiéndose
sine die. Y lo mismo puede decirse de la música. Sin embargo, en el mundillo de
los juegos de ordenador, habría que añadir cierta cláusula a la
reglamentación de rigor (y de mucho rigor, además): se trata de productos que
están tan sujetos al avance de la técnica, que se quedan obsoletos muy
rápidamente, así que, aunque el copyright de turno permanezca vigente durante
varias eras geológicas y se haga extensivo a los descendientes lejanos del
creador del título en cuestión, incluso aunque hayan evolucionado hacia una
forma de vida diferente o hayan emigrado a otra galaxia, no es menos cierto que
hoy en día ningún juego de Commodore 64 se vende. No se saca un duro por
ellos. Ni distribuidora, ni productora, ni programadores. ¿Cuántos ejemplares
de este Boulder Dash habéis visto en El Corte Inglés últimamente?
Ajá. Entonces, ¿se causa un perjuicio económico a las empresas o personas responsables? ¿El hecho de que tengáis a vuestra disposición este juego (no sólo aquí, sino en infinidad de sitios más), hará que First Star deje de ingresar UN SOLO CÉNTIMO? Ni uno, seguro. Es más, estoy convencido de que la emulación de sistemas antiguos es una cosa de lo más positiva. Sin ella, ¿cuántas obras de arte habrían ya desaparecido para siempre? Otra cosa distinta es imitar con tu ordenador al último modelo de videoconsola. Eso SÍ que puede hacer que uno decida no comprársela. Ergo, pérdidas al canto para la empresa pertinente.
![]() |
Pero volviendo al tema de los juegos antediluvianos, ¿sabíais que muchos de los programadores no sólo no ponen pegas al hecho de que algunos particulares queramos dejarlos al alcance del público (ojo: gratis; no los revendemos), sino que se muestran de lo más contentos al toparse con sus antiguallas de nuevo, en Inet? |
Aún no he leído ninguna entrevista con ningún clásico de la época, desde el grafista de System 3 hasta músicos como Rob Hubbard o Reyn Ouwehand, que no esté encantado de ver que sus trabajos siguen pululando por ahí. Se alegran sinceramente y alguno hasta se emociona.
Así, el inimitable Jeff "¿Qué es un peluquero?" Minter, ha declarado todos sus juegos de C64 de dominio público. Y no es el único: empresas como Gremlin Graphics, Cosmi o Cinemaware, están más que entusiasmadas de dar a conocer a la jugonería mundial sus trabajos de hace 20 años y en no pocos casos, incluso permiten que se descarguen, gratis, desde su página. Es un tema de ética empresarial y me vais a permitir no entrar en polémicas pseudopolíticas de ningún tipo (eso de los capitalismos galopantes, ya sabéis) y limitarme a decir que no entiendo en absoluto las decisiones que van en un sentido opuesto.
Hala. Ya más contento (si me tienen que dejar los dedos como espárragos cocidos, me los dejarán de todos modos, pero al menos me quedo más tranquilo así, jeje), puedo seguir con el comentario de este Boulder Dash. ¿Que a qué ha venido semejante discurso? ... a la política de First Star respecto a sus juegos antiguos. Sigamos, pues.
Podría decirse, con toda tranquilidad, que Boulder Dash es uno de los grandes CLÁSICOS (con mayúsculas) de C64. Cuenta con hordas de aficionados, jugones que no dudan en situarlo en lo más alto de sus listas de preferidos, por encima de la infinidad de joyas respaldadas por una realización técnica asombrosa (como el Turrican 2, por poner un ejemplo) y hasta fans de la hormiga famélica que lo protagoniza y que, armados con cierta herramienta, diseñaron multitud de niveles nuevos. Y luego dicen que eso lo inventó el Doom...
A mí me resulta difícil de entender. Me refiero a que muchos dicen que los mejores juegos son los sencillísimos, los simplísimos, los que no necesitan librito de instrucciones ni nada que se le parezca. Vamos, algo así como una lata de birra fresquita (hmmmm... biiiiirraaaa...); tiras de la anilla y ¡hala! ¡a tragar! Así de fácil. Y no niego que el encanto principal de los títulos de 8 bits es precisamente ese. Pero... ¿no se os hacen repetitivos los Annihilator, Tetris y ... bueno, y Boulder Dash? Que sí, que están muy bien, que son muy entretenidos y todo lo demás, pero hay que tener una capacidad de concentración o de inmersión realmente macanuda (y me temo que un servidor de ustedes no cuenta ni con la una ni con la otra) para no aburrirse después de ochocientas horas haciendo lo mismo. Vamos, por mucho que te guste comer pipas, cuando llevas ya tres cuartos de kilo, tienes la boca como si estuvieras masticando un estropajo escochbrite de esos y tus pies hacen surcos en la alfombra de cáscaras que tienes por suelo, como que empiezas a estar un poquito hasta las narices, ¿no?
¡Huy, jo, jo, jo, qué metáfora más estupenda se me acaba de ocurrir! ¡Qué pena que no me haya venido antes! Me habría ahorrado el coñazo de introducción desinspiradísima y sosa que os acabo de largar.
¡Sí señor! Este Boulder Dash es como la mayoría de los juegos sencillos, rápidos, simples y sin más pretensiones que entretener de forma inocua al personal: ¡igual que las pipas! Ohh. Ahh. Aplausos, aplausos. Hala, ya está bien. Autógrafos luego.
¿Os gustan las pipas? Aparte de lo "antisociales" que son, como suele decirse (basta con que se repartan un par de bolsas entre un grupo de amiguetes para que, en cuestión de 5 minutos, la charla haya sido reemplazada por un silencio moteado de "crack", "crack"), resultan febrilmente adictivas. Cuando estás hartísimo de ellas, te has zampado una saca industrial tú solito y te dan arcadas y convulsiones cuasiepilépticas con sólo mirar la cáscara de una... ¡no puedes parar! ¡siempre tienes que comerte una más!
| Bueno, pues casi puedo entender a los fanáticos del Boulder Dash. Aunque estés hasta el gorro de su simplicidad, es la monda de difícil resistirse a eso de "bueeno, una partidita más y ya me acuesto". Cuando te quieres dar cuenta, el reloj-despertador se ha quedado sin dígitos para mostrar la barbaridad de hora que es. Lo que ya se me escapa es que haya gente que tenga a las pipas entre sus delicatessen favoritos y que casi, casi, serían capaces de subsistir con ellas. Sin más. Argh. | ![]() |
Y como todavía no he demorado lo suficiente el comentario del juego, tecleando gilipolleces inconexas, aquí tenéis otra más, calentita ella, recién salida del horno: existe una relación de proporcionalidad inversa (buena forma de empezarla, sí señor; soy la leche) entre la simplicidad de un juego y la longitud de la introducción con respecto a la de la ficha. O sea, que si estamos ante un título cuya complejidad es comparable a la de la organización socio-cultural de las garrapatas que anidan en un felpudo mohoso (y este es el caso, precisamente), tiendo a desvariar en un desesperado intento por evitar que el comentario se me quede en cuatro renglones concisos, directos y sin memeces. ¡Qué horror!
Hala. Creo que ya va siendo hora de hablaros del juego en sí: veréis, la cosa se desarrolla a través de una serie de niveles que representan sendas cavernas llenas de tierra, pedruscos y tabiques. El héroe de semejante epopeya es una especie de hormiga vestida como un gondolero veneciano y con un evidente desorden endocrinológico que la impulsa a devorar toneladas y toneladas de arena. Debe ir excavando túneles a lo largo de cada fase, recogiendo todos los diamantes que encuentre en cada una de ellas. Cuando se haga con el último, se abrirá la compuerta que da acceso al siguiente nivel. ¡Uff! ¡Qué complejidad! ¡Qué sobrehumano esfuerzo de abstracción!
Pues esperad, que la cosa se complica más aún (horror, pavor, terror, furor, resquemor, condemorrrr -lo siento, no he podido evitarlo-), porque hemos de tener mucho cuidado mientras ejercemos de minero inflado a base de esteroides anabolizantes: si excavamos debajo de un montón de piedras, se nos vendrán todas encima. En realidad, es de lo más fácil provocar una avalancha cuyos efectos más obvios son los de dejar a nuestra pantagruélica hormiguita con el grosor de la asquerosa telilla que se le forma al Cola-Cao cuando lo dejas enfriar demasiado (hoy estoy metafórico yo). Pero no son los únicos: a veces, el derrumbe de un puñado de pedruscos puede taponar el único acceso a una cámara en la que descansa un ramillete de diamantes (que, recordemos, son imprescindibles para completar el nivel).
El bichejo protagonista (que creo recordar, entre brumas, montañas de cáscaras de pipas y asquerosas telillas del Cola-Cao, tenía nombre propio), puede empujar horizontalmente las rocas. Pero sólo de una en una. Si hay dos juntas, no tendrá forma de moverla, a no ser que reposen sobre una capa de tierra que pueda roer.
Si, después de someter a vuestras neuronas al ímprobo esfuerzo de deglutir tan hondos y elevadísimos conceptos aún conserváis algo de lucidez, agarraos donde podáis, porque todavía puedo enrevesarlo todo un poquito más: y es que el valeroso hormigón hiperactivo no está solo en su mundo de suculenta arenisca, jugosa archilla y apetitosos barros mil: a veces encontraréis... erm... bueno, el equivalente a los malosos de cualquier juego. O sea, personajes animados que se mueven cíclicamente y que pueden desintegrar a ... a... ¿Rockford? es que me ha venido semejante nombre de pronto, aunque no sé si es el del hipertiroideo protagonista de esta historieta o cualquier retortijón mental de esos que me dan de vez en cuando. Da igual, sigamos... (NOTA BREVE: sí, los espíritus del cosmos kármiko se han puesto en contacto conmigo y me han confirmado que ese es el nombre del protagonista del juego... vamos, que viene en la portada...).
... como os iba diciendo, Rockford debe evitar a toda costa a estos extrañísimos bichejos... en realidad con más pinta de alucinación geométrica que de engendro orgánico subterráneo. Y por si fuera poco tanto denuedo intelectual por sondear la hondura de semejante argumento, resulta que a veces veréis una serie de tabiques de ladrillos que son, casi a todos los efectos, indestructibles. Casi, ojo, porque una avalancha inteligentemente provocada puede llevarse por delante cualquier muro.
Vale, en el fondo Boulder Dash es un poco más complicado que una bolsa de pipas.
... ¿os gustan las rebujinas?
|
|
|
||||||
![]() |
Muy esquemáticos, aunque la verdad es que el juego no necesita nada más. Hace poco leí que Rockford no es un sprite, sino un personaje dibujado y animado, sólo Confucio sabe cómo, a base de caracteres remapeados. |
O algo así...
Los niveles ocupan más de una pantalla, así que la vista se desplaza siguiendo
al protagonista, gracias a un scroll no especialmente sorprendente, pero sí
todo lo suave que cabe esperar en un juego de Commodore.
![]() |
Un tema musical compuesto a base de melódicos y agradables pitiditos que no duran mucho más de medio minuto, y una abundante y generosa colección de ruido blanco de toda índole, como efectos de sonido. |
![]() |
Es cierto... Boulder Dash es adicción y entretenimiento sin colorantes ni conservantes. Sólo una mijina de sal encima de la cáscara para darle un toque de saborcillo y para agrietarte y resecarte convenientemente la boca y ¡hala! ¡a antiosocializarse tocan! |
| * Adictivo como una bolsa de pipas. | * Repetitivo y simple como una bolsa de pipas. ¿O eres de los que estarían 4 horas comiéndoselas? |