Heroes of the Lance
Género: Arcade / Rol Música: Ben Daglish
Desarrollado por: SSI Año: 1989
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Si habéis leído la review del Dragons of Flame, ya tendréis una idea acerca de este Heroes of the Lance. Los dos son bastante parecidos (aunque este que nos ocupa es bastante mejor, la verdad... y eso que tampoco es una maravilla).

De todos modos, no resisto la tentación de flagelaros y aburriros un poquito con un tostón de sinopsis...

Veréis: el juego está basado en una de las series de novelas de fantasía más populares, después de El Señor de los Anillos. Están fuertemente fundamentadas en el juego de rol "AD&D" (y la verdad es que, a título personal, creo que son los mejores libros ambientados en ese "universo"; la inmensa mayoría del resto son más bien... mediocres -por decir algo suave-). La tierra de Krynn está en peligro. Desde hace un tiempo, faltan varias constelaciones del cielo nocturno. Una de ellas es la de la Reina de la Oscuridad, y otra es la de Paladine, el dios del Bien. Eso sólo puede significar que las dos deidades han descendido a los dominios de los mortales, para pelear en una titánica batalla.

La mala malísima ya se ha puesto manos a la obra, y ha comenzado a mover sus piezas maestras: los dragones malvados. Aún más: está creando una raza de repugnantes híbridos de hombre y dragón, los "Draconianos", con una fuerza tremenda, y la mala leche de un babuíno con hemorroides.

¿Está todo perdido? ... ¡Hombreeee...! ¡La duda ofende...! ¡Pues claro que no!, porque un grupito de héroes se encargará de ponerles las pilas a las huestes de las tinieblas. Y aquí entramos nosotros...

Tomamos el control de la pandilla de bravos aventureros, en una de las misiones más arriesgadas (y que están inspiradas por uno de los libros): la búsqueda de los Discos mágicos de Mishakal, en las profundidades de las ruinas de Pax Tharkas, una antigua ciudad que quedó sepultada tras el Cataclismo (otra guerra descomunal entre inmortales).

¿Enano yo? ¡Toma hachazo! La cosa es muy sencilla: dar un garbeíto por las acogedoras, cómodas y tibias ruinillas, con sus florecillas sivestres, sus amables duendecillos giliverdes (que invitarán a nuestros héroes a probar su dulce te de bayas), y llegar a donde los discos reposan, al alcance de cualquier transeúnte.
... ¿no te digo?

Pues no: obviamente no he sido muy preciso en la descripción de la aventura. Pax Tharkas es un lugar bastante poco recomendable. Debería estar prácticamente abandonado, como cualquier ruina que se precie, pero en nuestro caso a veces uno tiene la sensación de estar paseando por una avenida concurrida de Hong Kong, sólo que han sustituido a los chinitos por draconianos babeantes, insectos venenosos del porte de un marrano, y otras lindezas del submundo. ¡No veáis lo transitado que está!

Aparte de los alegres habitantes de las tinieblas, habremos de enfrentarnos a alguna que otra trampa (con la sutileza de una losa de tres toneladas que se desprende del techo, por ejemplo), y a un laberinto bastante confuso. Si aún así logramos sobrevivir (con al menos un personaje de una pieza), tendremos que batallar contra el guardián de los Discos: un dragón negro (de los que escupen un ácido capaz de corroer el granito en menos que canta un gallo) viejo, grande y no especialmente simpático con las visitas.

Nuestro grupito está compuesto por los siguientes miembros (los listo por el orden en que aparecen sus retratos en la captura de abajo -en la de arriba falta uno porque se me cayó por un socavón y se me hizo mierda-, de izquierda a derecha y de arriba a abajo):

Sturm Brightblade, caballero de Solamnia, Tanis el semielfo, Raistlin Majere, el mago, Goldmoon, la sacerdotisa (clérigo, para los aficionados al AD&D), Flint Fireforge el enano, Riverwind, marido de Goldmoon y ranger (es difícil de traducir... lo de "guardabosques", que es como algunos libros adaptan el término, me convence poco... me recuerda a el Oso Yogui, jejeje... quizás sería más adecuado algo como "cazador"), Tasslehoff Burrfoot el kender (versión estilizada -y repipi a más no poder- de los clásicos hobbits) y Caramon Majere, el guerrero y hermano (¡gemelo!) de Raistlin.

El desarrollo del juego es bastante similar al de las escenas de combate de Dragons of Flame, aunque sensiblemente más vistosas. Sólo se muestra el sprite del personaje que va en cabeza, pero en las peleas, no sólo él recibirá daños. En realidad, los cuatro primeros héroes pueden acusar los mamporros de nuestros enemigos (o los cuatro últimos, si nos atacan por la espalda).

Afortunadamente, contamos con cierta ayudita: la magia. Goldmoon lleva un bastón con el que puede invocar varios conjuros de clérigo, desde los más sencillos, como "protección contra el mal", o "curación de heridas leves", hasta otros más serios, de la índole de "curación de heridas críticas", o "resucitar a los muertos".

Usadlo con moderación, porque tiene un número finito de cargas (aunque pueden reponerse utilizando los Discos de Mishakal). Y si te quedas sin curaciones, no durarás demasiado... por esto es vital que Goldmoon sea el personaje que más cuidemos (de todos modos, cuando está sufriendo daño, automáticamente, Riverwind da un paso al frente para protegerla). Pazo de garrapata

Raistlin también puede lanzar hechizos. Quizás no están los más poderosos (¡cómo se echa de menos la bola de fuego!), pero los hay ciertamente útiles, y además, no fallan ni cuando deberían (es curioso eso de bloquear a un Wraith -un ser incorpóreo, como un fantasma- con una telaraña mágica, jejeje).

Conforme avancemos por las ruinas, podremos encontrar objetos guardados en cofres, y otras sorpresas (por ejemplo, una cascada que cura las heridas de todos los miembros del grupo -para no abusar, sólo puede utilizarse una vez-), amén del consabido elenco de monstruitos, desde los enclenques y andrajosos Enanos Gully (por cierto: en los libros eran bastante amistosos, así que no sé qué pintan aquí dejándose hacer tasajo por el animal de Caramon) hasta crías de dragón recién emergidas del huevo en el que se han gestado.

El avance por los subterráneos es algo confuso. La perspectiva es siempre lateral, con scroll contínuo; y cuando pasemos junto a una salida que se "aleja" o "acerca" a nosotros, se iluminarán el o los puntos cardinales a los que dan acceso (tenéis un ejemplo en la captura de arriba; la "W" resaltada en rojo, quiere decir que si pulsamos el joystick hacia arriba, nuestro grupo pasará bajo el arco, dirigiéndose hacia el oeste). Si no dibujas un mapa (o consigues alguno -yo tengo uno, jejeje, pero mientras que no sepa cuánto espacio van a ocupar todos los juegos, no pondré muchos extras; de todos modos, si quieres que te lo envíe, no tienes más que pedírmelo-) lo tienes en chino para orientarte.

 
 

Los escenarios están bastante logrados, pese a que se han dibujado en escala de grises. Los personajes y monstruos ya son otro cantar. Todos son bastante cuadriculados, y la animación no puede decirse que sea comparable a la "captura de movimientos", precisamente.

Algunos de los héroes caminan como si tuvieran encima una cogorza del quince. Las crías de dragón, sin embargo, medio se salvan de la quema.

Un tema musical correcto, pero repetitivo (por aquello de que es muy corto y, claro, no se va a reproducir una sola vez y ya está), de Ben Daglish, y efectos de sonido adecuados.

Una especie de antepasado de la saga de Baldur's Gate, que mezcla los elementos de un arcade 2D con scroll horizontal, y algún que otro ingrediente de los RPGs, como la posibilidad de invocar conjuros y demás pocholos. Tiene su interés, pero resulta terriblemente difícil.

* Los escenarios.
* Interesante mezcla de arcade y RPG.
* Los personajes son cuadriculados como ellos solos, y andan renqueantes, como si se hubieran "jartado" de whisky.
* Muy, muy difícil.