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Ice Palace
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Que yo sepa, este juego no tiene nada que ver con el Beyond
the Ice Palace; me refiero al argumento, porque si los comparáis uno junto
al otro, se parecen tanto como un huevo a una castaña.
Confieso que en mis tiempos, me echaba mucho para atrás. Me pasaba casi como
con el Hybrid: era de esos juegos que,
nada más probarlos cinco minutos, pensé que estaban entre los más patéticos
que había visto nunca. Bueno, lo cierto es que no es para tanto. Ice Palace
es bastante mejor (y aún así no pasa de ser un título más bien tirando a mediocre).
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El objetivo es derrotar a la Reina de los Hielos, que ha
lanzado una maldición sobre el palacio de un buen rey (al que, de paso,
mandó a criar malvas), que lo ha sumido en un invierno perpetuo. Para conseguirlo, hemos de recuperar los fragmentos de la corona del monarca, repartidos en las cámaras hexagonales del castillo. Sí: cámaras hexagonales. Como los panales de una colmena de abejas. Curioso, ¿no? A la izquierda tenéis una foto. |
Como podréis apreciar en la captura, los gráficos son de todo menos llamativos. En realidad, el palacio es un laberinto de hexágonos que contienen:
Hielo: representado por el típico cristal de nieve. No siempre están en ese estado. La escarcha se forma sólo en ocasiones (pero cuando lo hace, afecta a un montón de habitaciones al mismo tiempo), y creedme: es un verdadero coñazo caminar sobre ella. Afortunadamente, tras un rato, vuelve a deshacerse.
Tierras baldías: representadas por una cruz negra. Simplemente, no podemos entrar en esas habitaciones.
Lagos: en principio son como las tierras baldías... salvo si en cierto nivel, echamos mano de la magia, y los congelamos...
Cámaras de fuego: tienen una serie de líneas de color rojo dispuestas de manera que dejan entre ellas un espacio con forma más o menos rectangular. Pues bien: si el protagonista entra en esa oquedad, saldrán llamaradas de las líneas. No os preocupéis: no hacen daño. Sólo sirven para recargar el cetro de fuego que, dicho sea de paso, es el arma con la que cuenta el héroe.
Objeto: representado por una espada amarilla. Para saber qué es exactamente, hemos de entrar en la habitación en cuestión, y pulsar la barra de espacio, con lo que accederemos a la pantalla de estado, en la que entre otras cosas, se nos muestran los objetos que tenemos en el inventario, y una lista de las acciones que puede llevar a cabo el personaje.
Nada: bastante evidente, ¿no?
Pues como probablemente, ya estaréis imaginando, el juego consiste en vagabundear por las habitaciones, recopilando objetos, y tratando de hacer algo con ellos, para obtener el trozo correspondiente de la corona. Cuando lo logremos, avanzaremos al siguiente nivel, en el que, la verdad, apenas cambian mucho las cosas. Visualmente, quiero decir, ya que los puzzles a resolver son distintos (faltaría más), y aparecen más monstruitos y más agresivos...
| Por cierto, ya que hablo de monstruitos: atacan por oleadas. Digamos que el palacio está de lo más tranquilo, cuando de repente suena una música apremiante (si estamos en la pantalla de estado, los ojos de una calavera que hay en uno de los paneles, brillan para advertirnos del ataque), y se nos echa encima una horda de bichejos de toda índole. La única forma de acabar con ella es empleando el cetro de fuego que, por cierto, tiene un funcionamiento un poco extraño... | ![]() |
Cuando pulsamos el botón de fuego, lanza un disco ardiente. Si lo soltamos,
desaparecerá, así que hemos de mantener el disparo apretado y mover el joystick
para guiar al proyectil por la pantalla, hasta hacerlo impactar contra algún
maloso.
Ellos nos atacan por contacto pero no nos hacen ningún daño. No señor: su forma
de acabar con el protagonista es volviéndolo malvado. En el panel de estado
(recordad: se accede a él desde la pantalla de juego, pulsando la barra de espacio)
se muestra un gráfico que va de "Bueno" a "Malo", y una
línea negra que indica nuestro nivel actual. Si llega a alcanzar el "Malo
malísimo cual examen de Teoría Hiperbólica de Conjuntos aplicada al Caos Inherente
a un Plato de Natillas, a las 8:00 de la mañana de un lunes" (¡toma ya!),
terminará la partida.
Para recobrar la bondad, tenemos dos métodos: tocar el fantasma del rey, que
a veces flota por el palacio (digo yo que a mi me recuerda más al muñeco de
Michelín), o caminar hacia unos cilindros de colores que aparecen, girando,
cuando terminamos con una oleada de monstruitos.
Por cierto, no lo he dicho, pero en ocasiones te darás cuenta de que es imposible avanzar mucho a través de las habitaciones hexagonales, porque gran cantidad de ellas tienen todas las salidas tapadas. Hay un remedio a esto: si tiras hacia abajo del joystick en una estancia cualquiera, harás que las paredes de todas las que estén alrededor giren 60 grados en el sentido de las agujas del reloj (bueno, en realidad, no lo hacen todas a la vez, si no por turnos: primero giran las paredes de una, si volvemos a pulsar "abajo", lo hacen las de otra, etc...).
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No es que sean comparables a la riqueza visual de la Capilla Sixtina... PRECISAMENTE. Los personajes son en su inmensa mayoría sprites monocolores bastante simplones. Y para muestra un botón: mirad la primera captura y, los que no lo hayáis jugado nunca, intentad encontrar al protagonista. |
Sí: es esa piltrafilla azul (se supone que la vista es cenital), junto a la
espada blanca.
¿Los escenarios? Más básicos, imposible. Al menos, en el centro del mapa, aparece
un bonito escudo de armas con la leyenda "Selseus Magnara" (que, por
cierto, no tengo ni repajolera idea de qué significa... en BUP me llevaba fatal
con el Latín; con deciros que ni estoy seguro de que eso sea Latín...).
Se salva un poco de la quema el panel de estado, sobre todo por los dibujitos
de la calavera-alarma-de-ataque, y una vela que muestra el tiempo que nos queda
para terminar el nivel actual.
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Las músicas son flojas en el apartado técnico, pero como composiciones hay que reconocer que son bonitas. Los efectos de sonido son correctos. |
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Se salva por la parte de aventura... ya sabéis: recoger objetos, hacerles perrerías, y conseguir alcanzar el pedacito de la corona pertinente... porque en otros apartados no es especialmente un buen juego. Como "arcade" no vale un duro, la verdad. |
Las secuencias de lucha son aburridísimas (por lo fácil) en el primer nivel, y a partir del tercero son una castaña pilonga, porque prácticamente se enlaza una oleada con la siguiente, sin dejarnos casi ni respirar, y aparece algún que otro bichejo bastante dañino (incluyendo dragones), capaces de dejarnos, tan sólo con rozarnos, con la mala leche de un avispero pisoteado.
| * La aventura en sí. | * Los gráficos son más simples que el mecanismo de un botijo. * Las secuencias de combate son un poco chorras. |