Rainbow Islands
Género: Plataformas Música: Jason Page
Desarrollado por: Ocean / Graftgold Año: 1989
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Son curiosos estos japoneses. Igual te programan el juego de lucha más salvaje y cruel que haya pasado por una videoconsola o similar, que te llenan la pantalla de florecitas, golosinas o animalitos monos. Y lo curioso es que los tíos dominan los dos géneros como nadie. No parecen tener un término medio, vamos. Son verdaderos maestros de esa especie de "manga infantiloide" que presta su estilo a títulos como The New Zealand Story, Bubble Bobble o su segunda parte: Rainbow Islands.

Lo que realmente no sé es por qué precisamente al colorido y más bien empalagosillo título que nos ocupa le otorgaron el rango de continuación de aquel entretenido plataformero protagonizado por dos dragoncitos rechonchos en miniatura, que expulsaban burbujas con las que atrapaban a los malosos... bueno... aparte de para vender más, claro está.

¡Qué pajarosos son los lindos pajaritos! En Rainbow Islands, no veremos ni la más pequeña escama de los dos pequeños reptiles que saltaban entre frutas y monerías malvadas (pero monerías, a fin de cuentas) en Bubble Bobble. Ahora, el protagonista es un niño cabezón y de enormes ojos. 

Otra cosa curiosa... ¿os habéis dado cuenta de lo occidentalizados que están los personajes de los dibujos Manga? Me refiero a que tienen grandes ojos redondos y, con frecuencia, lacias melenas rubias. Vamos, que se parecen a un nipón tanto como un paraguas a un higo.

Cada fase consta de una serie de pantallas dispuestas verticalmente: comenzamos en el fondo de la primera de ellas, y hemos de alcanzar la parte superior de la más elevada. Por el camino, tendremos que ir saltando de plataforma en plataforma, recogiendo las florecitas, frutitas y chucherías diversas (¡madre mía, qué cosa más dulzona!... esperad un momento que me enjuague la boca .... brrrbrbrbrbr... ¡ahhh! Ya. Gracias) que encontraremos desperdigadas por el escenario, o bien la que nos dejan los malos al caer fulminados por nuestros... ¡arcos iris!

Si, vaya, el nombre del juego, aparte de ser una cursilada más, tiene su lógica. Nuestro protagonista tiene la curiosa habilidad de poder lanzar pequeños arcos iris en miniatura (el efecto es bastante colorista: una estrella parte del muñequito cabezón, y traza una parábola. La estela que va dejando es, precisamente, uno de estos llamativos fenómenos). Con ellos, podemos atrapar a algunos de los malos (si los lanzamos de modo que el engendro en cuestión quede en la parte interna del arco), o mandarlos a freír monas fuera de la pantalla, dando volteretas por los aires, si logramos que esa estrellita trazadora de la que os he hablado, golpee al bichejo en cuestión.

Pero los arcos no sólo nos sirven de armamento. Además, podemos subirnos a ellos. Si caminamos en dirección a uno, el protagonista recorrerá su superficie. Esto puede ser de gran ayuda a la hora de alcanzar plataformas muy elevadas. Incluso en el caso de que tengamos que cruzar un gran espacio abierto, para llegar a alguna pasarela a mucha altura, podemos colocarnos sobre uno de los arcos, y desde allí, disparar otro. Así, podemos ir construyéndonos una colorida escalera. ¡Qué monaaaadaaa! (¡argh! ¡otra vez necesito un enjuague!).

Algunos de los objetos que recojamos nos permitirán lanzar varios arcos iris de una sola vez. Claro, que no todo van a ser ventajas. La duración de estas luminosas apariciones es limitada. Al cabo de unos segundos, parpadean brevemente y se vienen abajo. Literalmente. Se hunden hacia el fondo de la pantalla, así que cuidado. Los Teletubbies son heavy metal al lado de esto

Ocurrirá lo mismo, por cierto, si saltamos sobre alguno de ellos, sólo que en ese caso los resultados pueden ser bastante más demoledores: imaginad que hemos construido una escalera de arcos iris para alcanzar una plataforma alejada... y en ese momento, se nos echa encima una araña cabezona (uno de los enemigos más recalcitrantes del juego), y nos obliga a saltar. Bueno, pues en cuanto el chavalín vuelva a posarse sobre el arco, se desmoronará y, con él, todos los que están debajo.

Ya que os hablo de enemigos recalcitrantes, aunque la mayoría de ellos no son especialmente peligrosos, tenéis que tener cuidado si se cabrean, cosa que sucede en dos ocasiones:

- Cuando encierras a uno dentro de un arco y éste termina deshaciéndose al cabo de unos segundos.
- Cuando el tiempo que tenemos para completar cada fase (y que no aparece por ningún lado, por cierto; un fallo este, en mi opinión. No sé por qué pensarían que es más emocionante no ver un cronómetro o similar por ningún lado) está a punto de agotarse.

Cuando un enemigo se pone hecho un basilisco, adquiere un encendido color rosáceo y se vuelve bastante más agresivo.
Esto es parecido a lo que ocurría en el Bubble Bobble, no sé si os habéis dado cuenta. Si dejamos que el tiempo siga pasando, una vez que ha aparecido en pantalla un letrero con el texto "Hurry up!" ("¡date prisa!"), la música se ha acelerado, y todos los malosos de la fase están hechos unas furias, imagino que aparecerá algún tipo de bicho terrible que nos quitará una vida sin que prácticamente podamos hacer nada por evitarlo. Imagino, digo, porque ahora que lo pienso, nunca me he dejado matar de ese modo :-)

Como en todo buen arcade, cuando completamos un cierto número de fases, nos enfrentaremos a un maloso especialmente grande, hostil y feo. El primero de ellos es una descomunal araña con un toque muy manga, que rebota y revolotea frenéticamente por la pantalla.

Es muy difícil enfrentarnos a este tipo de energúmenos armados con un puñado de arcos iris. No podemos disparar, no podemos protegernos... lo único que podemos hacer es tratar de pillarlos con esa "estrellita trazadora" de la que os he hablado, un cierto número de veces, hasta que caigan fulminados. No es tarea fácil, no.

 
 

Muy, muy coloristas. Los personajes están, en general, bastante bien dibujados. Lo que no termina de gustarme es que los objetos que podemos recoger (frutas, golosinas y demás) parecen estar inscritos dentro de un cuadrado azul, que se recorta contra el fondo, creando un efecto poco agradable.

Durante todo el juego, acompañando a unos efectos de sonido adecuados, podremos escuchar uuuna y otra vez, uuuna y otra vez, uuuna y otra vez, una versión de hojalata y machacona a más no poder, de la célebre canción "Somewhere Over the Rainbow", que interpretaba Judy Garland en la película clásica de El Mago de Oz (la de 1939, vaya).

Un plataformero difícil, muy colorista y bastante entretenido. No se puede decir que tenga grandes pretensiones, pero tampoco le hacen ni puñetera falta.

* Muy colorista.
* Divertido.
* La música es machacona cosa mala.