Red Max
Género: Arcade Música: David Whittaker
Desarrollado por: CodeMasters Año: 1987
Portada no disponible Pincha aquí para bajarte el juego Pincha aquí para bajarte la música en formato SID ¡Bodrio!

Vamos a ver si me expreso con claridad.

Después de tantos años de afición a los videojuegos, hemos visto muchas cosas raras deslizándose sobre las pantallas de nuestros televisores y/o monitores, ¿verdad? Hemos interpretado a los héroes (y hasta a algún que otro villano) más variopintos, y nos hemos enfrentado a los engendros más extraños. Incluso hemos tratado de implicarnos en historias de difícil digestión. Así que se supone que cualquiera de nosotros debería de estar prácticamente inmunizado ante según qué chorradas.

... pues no es así. De vez en cuando, uno se topa con juegos que automáticamente evocan una palabra: GILIPOLLEZ.

¡Je, je! ¡Y los del Apollo haciendo los tontos con un buggy cutre! Me explico: para cualquier profano en la materia o poco aficionado a eso de usar la imaginación, un argumento que involucre dragones, brujos y espadas sagradas, es una tontería poco estimulante. Para un jugón diplomado como cualquiera de nosotros, es una historia más, pero que bien llevada a la pantalla de turno, puede convertirse en algo muy envolvente e interesante.

Pero para cualquier hijo de vecino, la idea de pilotar una moto por la Luna (o algún otro cuerpo celeste) desactivando minas y esquivando alambradas-láser, no tiene otro calificativo, repito, que el de chorrada. Y gilipollesca, además.

Vale. Había muchos videojuegos de 8 bits con argumentos que rozaban lo digno de haber surgido de un aula de preescolar, pero al final terminaban siendo divertidos. No es el caso de este Red Max. La historia es una payasada y el desarrollo no es que le motive a uno especialmente.

Hay quien lo consideró como una especie de segunda parte del The Last V8. No diré que aquel fue uno de mis títulos preferidos, precisamente, pero aún dentro de sus defectos, que casi lo llevaban a la frontera de la mediocridad, creo que era bastante mejor que este.

Quizás las principales similitudes sean que el área de juego abarca una pequeña franja en la parte superior de la pantalla, mientras que el resto está ocupado por el salpicadero de nuestro vehículo futurista (un bólido trucado hasta los tapacubos en el juego de Mastertronic, y una moto asombrosa en este título de CodeMasters), y que el método de control es relativamente similar: digamos que se rota hacia la derecha o la izquierda moviendo el joystick hacia el lado pertinente, se avanza empujándolo hacia adelante y se frena tirando hacia atrás.

Sí. No lo niego. The Last V8 y Red Max se parecen. Pero puestos a no ser originales, los responsables de esta pavada, sin ningún tapujo arrancaron el sonido de la nave protagonista del Sanxion, cuya música y efectos corrieron a cargo del inefable Rob Hubbard. Dicho en cristiano: que la moto del Red Max suena EXACTAMENTE igual que la susodicha navecita. En fin...

El objetivo de este juego es desactivar una serie de minas desperdigadas a lo largo de la superficie lunar, entre las construcciones de una base futurista. Para lograrlo, basta con que pasemos sobre ellas.


La cosa sería relativamente sencilla, si no fuera porque muchas de las minas se encuentran protegidas tras "alambradas-láser" que debemos desactivar (pisando el interruptor correspondiente) y otros peligros (como túneles surcados por devastadoras descargas de rayos que se activan a intervalos regulares).
La Vespa de Han Solo...

El principal problema de las "alambradas-láser" es que no permanecen indefinidamente inactivas, una vez que pisamos el botoncito correspondiente, sino que, al cabo de un tiempo, volverán a conectarse. Y, con demasiada frecuencia, sólo hay un interruptor. Es decir, que para volverlas a cruzar, tendremos que acelerar como posesos, atravesarlas a lo loco y confiar en que nuestro escudo resista la descarga. Muy lógico.

Para terminar de complicarlo todo, resulta que nuestra maravillosa motocicleta, a la hora de tragar combustible, deja al Trasbordador Espacial a la altura de un mechero de bolsillo y tendremos que buscar unos recuadros grises con la letra "F" escrita en su interior, para recuperar todo el carburante.

 
 

El panel de la moto está bien dibujado y, además, no es estático, ya que las agujas y otros indicadores se mueven en función de nuestra velocidad, combustible restante y demás. Sin embargo, es tan grande que deja un espacio demasiado reducido para el área de juego en sí, que si bien no utiliza unos gráficos pobres, tampoco son como para tirar cohetes.

Yo diría que las músicas, pese a que técnicamente no están del todo mal, no son demasiado adecuadas. Me refiero a que, salvo la de presentación, suenan demasiado alegres; de hecho, cuando la partida termina después de habernos entortillado la última vida, la tonadilla que puede escucharse parece estar celebrándolo.

Además, no tienen demasiada personalidad. Vaya, que son de esas que uno podría haber escuchado en cualquier otro juego y se habría quedado tan tranquilo.

Los efectos de sonido son buenos, aunque eso de que el ruido de la moto sea idéntico al de la nave del Sanxion, no sé por qué, me fastidia. (Bueno, ¡sí lo sé! ... es que el plagio me parece una cosa feísima, incluso en niveles tan inocuos como este).

Incluso dejando al margen la tontería de argumento, Red Max no es un juego que pasara a los anales de la Historia particular de este mundillo. Vamos, ni de hecho creo yo que esa fuera la intención de sus responsables. Quizás a algunos les entretenga, pero a mí no me resulta nada llamativo. No sólo no engancha, si no que tiende a aburrir.

* El panel de mandos de la moto está bien dibujado. * El área de juego es pequeña.
* Algunas músicas no pegan ni con cola.
* Aburrido.