|
Stormlord
|
||||
|
||||
|
Al contrario de lo que ocurre con muchas películas, en el mundillo de los videojuegos,
con frecuencia las segundas partes superan a las primeras. Haced memoria: Barbarian
2, The Last Ninja 2, Turbo
Out Run...
Bueno, pues aquí tenéis una excepción. Si el Deliverance era bueno, este
Stormlord, su antecesor, es para quitarse el sombrero.
El argumento es el mismo que el de su continuación. El mismo, e igual de extraño. ¿Qué pinta un poderoso guerrero de poblada barba y complexión de oso polar, con más que claras reminiscencias del dios escandinavo del trueno, Thor, rescatando a un puñado de haditas en pelotas, secuestradas por una malvada bruja, en una especie de país multicolor de fantasía, setitas gigantes y otros alegres elementos? Más aún: ¿qué pinta la descrita masa de músculos siendo arrollada por gusanos furibundos, abejas o gotas de agua que caen de las nubes?
Y si queréis, aún voy más lejos con las preguntas estúpidas: ¿y a
nosotros, qué cuernos nos importa todo eso si el juego es divertido?
... bien pensado, esa última pregunta no tenía nada de tonto.
![]() |
A veces, uno no necesita un buen argumento. Incluso, en muy contadas ocasiones, no le hace falta echar mano de un nivel de jugabilidad estratosférico, cuando cuenta con un equipo de grafistas, músicos y programadores de la calidad de los que crearon la versión de C64 de este Stormlord. |
¡Eh! ¡Quieto parao tol mundo! No estoy diciendo que este juego no sea divertido. Claro que lo es. Mucho. Tanto, tanto, que es sólo la mitad de entretenido que difícil. Imaginaos.
La verdad, con héroes así, ¿quién quiere víctimas? A cada paso que nuestro poderoso pseudo-vikingo da, algún maloso más o menos oculto en el escenario, se le echa encima, le cae en el colodrillo, o le pega un bocao en un pie. Hay que medir mucho los movimientos, y quizás la prudencia aconseje tomarse un tiempo antes de llevar a cabo alguna acción... ¿no?... ¿no? ...
No.
Porque, ENCIMA, tenemos un límite de tiempo, persiguiéndonos
implacablemente, como un dobermann mordisqueándonos el culo mientras huimos.
Muy relajante. La única forma que veo de progresar en este juego, es echándole
muuchas horas de práctica (aunque lo cierto es que, aunque sólo sea por ver
sus gráficos y escuchar su música, se presta a tal dedicación). Y la única
forma que veo de terminarlo, es poniéndole una velita a Santa Tecla.
Jaja. Bueno, en realidad eso de "una velita" es demasiado. Demasiado
poco, vamos: habría que ponerle toda una fábrica de cirios.
Eso, o recurrir a la ciencia y echar mano de los "trainers" que trae
la versión que tenéis disponible en esta página. No me gusta lo de hacer
trampas en un videojuego, pero así y todo, me quedo con la opción científica.
Stormlord consiste en una serie de niveles (no me preguntéis cuántos... bueno, o preguntadme si queréis, pero como no tengo ni puñetera idea, igual os contesto "422", y me quedo tan ancho) que sólo se pueden superar cuando hemos rescatado a un cierto número de haditas. Fijaos en la parte derecha del colorista y magníficamente bien dibujado panel de la zona inferior de la pantalla. Allí tenéis el número de estas graciosas criaturitas que hemos de liberar del cautiverio al que les somete la bruja mala, malísima.
A pesar de ser un juego de acción más o menos rápida, Stormlord te permite usar un poquitín el cerebelo, no sea que se te oxide y, de cuando en cuando, te plantea algún puzzle. La mayoría son bastante obvios y, los que no lo son, de todos modos acaba uno resolviéndolos de pura chiripa cuando, al caminar junto a un objeto en el suelo, se cambia automáticamente por el que llevamos encima y resulta que la maniobra involuntaria y accidental tiene consecuencias positivas. Vamos, lo que se dice "que suena la flauta por casualidad".
Uno de los elementos más curiosos del juego son los teletransportadores. Son la única forma de alcanzar lugares inaccesibles a pie.
| Tienen una forma bastante curiosa que, a primera vista, quizás recuerdan a una especie de trampolín rudimentario, de madera. Fijaos, precisamente en el que aparece en la captura de la derecha, junto al hada. | ![]() |
Cuando caminamos sobre uno de ellos, Stormlord saldrá catapultado hacia el espacio y navegará velozmente sobre un fondo de estrellas que hacen scroll en distintos niveles, hasta aterrizar en su destino.
Bueno, todo esto está muy bien, pero ¿y los malos?
Pues no creáis que hay muchos de ellos. En realidad, la mayoría de los
peligros con los que nos toparemos, vienen en la forma de obstáculos móviles
más bien anodinos, como pelotitas que surgen de una especie de cráteres en el
suelo (mirad esa bola morada de la foto de arriba; es una de ellas), o gotas que
caen de nubes. Creedme: SON UN COÑAZO. Se las bastan y se las sobran
para que un juego que podría ser una auténtica maravilla, se quede en
"solamente" muy bueno.
Aunque si echáis de menos vuestra dosis de babosidades reptantes y monstruosidades pestilentes, no os preocupéis. Alguna que otra se os suministrará, seguro. Si no tenéis bastante con los gusarapos que emergen del suelo, muy cerca de la pantalla principal y, tras mirar alrededor con una cabezota bastante fea, salen disparados a por nosotros, ya veremos qué os parecen las alimañas voladoras que se abalanzan sobre Stormlord en las inmediaciones del lugar en el que una de las hadas permanece presa. Los engendros son casi como misiles tierra-cogote-de-héroe, por su velocidad y precisión (¡es que no fallan una, los muy indeseables!) que los hace imposibles de esquivar. Ya sabéis: a untaros el dedito con Super-Glue y dejarlo pegado al botón de disparo.
Stormlord está armado con una reserva ilimitada de una especie de bolas de fuego que, por si acaso a alguien le pareció que el juego era muy facilón tal y como estaba, son a veces más un problema que un remedio, mientras nos fuerzan a maniobrar para que los malosos caigan dentro de su más bien escuálido alcance (encima, trazan una parábola cuando las lanzamos; más parecen escupitajos de alta energía que algún tipo de devastador hechizo), hasta que acabamos metiendo la pata donde no debemos (y, por supuesto, vida al traste).
Al menos, si mantenemos el botón pulsado unos segundos, nuestro héroe arrojará una espada bastante dañina, que vuela en línea recta y tiene un alcance ilimitado. Menos mal.
|
|
|
||||||
![]() |
Maravillosos. Ya os digo: dan ganas de jugar a este Stormlord, sólo para mirarlos. El uso del color es fabuloso y los escenarios están llenos de elementos exquisitamente dibujados y muy originales. El sprite de Stormlord está diseñado en alta resolución y, aunque el resto de los personajes no la utilizan (creo), el caso es que están tan bien trazados y coloreados que da lo mismo. Una gozada. |
![]() |
Asombroso. No hay efectos de sonido, que yo sepa (o si los hay, no he dado con la teclita que los activa), pero las músicas están entre lo mejorcito de Maniacs of Noise. Todo un alarde de virtuosismo. No sólo son fantásticas como composiciones, sino que, por el apartado técnico, merecen un aplauso atronador. No falta ni el (ya casi típico en aquel entonces, para el célebre grupo de músicos SID) tema lleno de samples digitales, de muy alta calidad. |
![]() |
Técnicamente, Stormlord es uno de los juegos más asombrosos que se lanzaron para el C64 a finales de los 80. Los gráficos son brillantes (en todos los sentidos del término), y la música... bueno... da gusto escucharla. |
Es muy jugable, y no le faltan detalles de cierta originalidad (como los puzzles -simplones, sí, pero puzzles a fin de cuentas-, o el uso de los teletransportadores). Estoy seguro de que si no fuera tan HORRIBLEMENTE difícil (¿habrá algún jugón compulsivo, con el joystick soldado a su mano, que lo haya completado, en algún rincón de este planeta -o de algún otro-?), habría entrado en los anales de la historia del Commodore, como uno de los clasicazos de todos los tiempos.
| * Gráficos maravillosos. * Músicas asombrosas. * Y además, entretenido. |
* TREMEBUNDAMENTE difícil. |