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The Trapdoor
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Vale, reconozco que en esta ficha voy a ser verdaderamente subjetivo. Está
claro que The Trapdoor tiene muchísimas cosas buenas, pero quizás alguno
piense que me estoy pasando una miqueta otorgándole todo un sobresaliente. Y
más si tenemos en cuenta su chorrada de temática, quizás demasiado
escatológica, quizás demasiado cercana a eso de "caca, culo, pis"
que tanta gracia les hace a los críos pequeños.
Bueno, matizo: "caca, culo, pis y mocos". "Y babas". "Y
gusanos". "Y pedos".
Este juego está basado en una serie de televisión protagonizada por monigotes de plastilina y que, si no me equivoco, nunca se emitió en España. Al menos, en ninguno de los canales de ámbito nacional (y cuento los de satélite y afines). Y lo confieso: a pesar de mi proximidad a los treinta tacos (horror), me encantan los dibujos animados, y me habría gustado mucho ver algún capítulo de las andanzas de Berk (una especie de plasta azulada, ojos saltones y manos enormes). Me apasionan la imaginación y la creatividad, y las babosidades repugnantes que reptan en las profundidades de la trampilla son verdaderamente originales.
Esto es lo que más me gustó siempre de este juego (y otros, igualmente sorprendentes, programados por el brillante Don Priestley, como el Flunky o el Through the Trapdoor), pero no es lo único. Quedaos un rato por aquí, y os cuento...
Berk trabaja en el húmedo, lóbrego, tétrico, lúgubre y, en general, esdrújulo castillo de La Cosa.
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¿Que quién o qué es esa Cosa? Pues ni idea, oigan. En la parte derecha de la pantalla se le representa por un rectángulo en el que un par de trazos sugieren una cara que esboza una mueca bastante desagradable. Bajo ella, una barra de colorines va aumentando conforme el siniestro tipejo va impacientándose mientras espera su almuerzo. |
Esto es lo único que os puedo decir de este curioso personaje: que tiene más
hambre que el perro de un ciego. Y bastante mal genio, además.
La tarea de Berk es trabajar para esa Cosa pantagruélica, y cocinarle las
guarrerías que le pide. Sí, The Trapdoor es un juego verdaderamente original.
Lástima que sólo haya cuatro "misiones" en el nivel de aprendiz, y
cinco en el de "Super Berk".
El aperitivo es siempre el mismo: una latita de gusanos. Bocato di cardinale.
Caprice de dieux. Néctar y ambrosía...
... menuda marranada.
Simplemente, tenemos que entrar en la alacena, situada a la izquierda de la
pantalla en la que comienza el juego (precisamente, la de la captura de arriba),
tomar una lata y, rápidamente, abrir y cerrar la trampilla. Ojo, esto es
importante: cada vez que accionemos la palanquita que descubre el tenebroso pozo
hacia las tinieblas del subsuelo del castillo, algún monstruito asomará la
cabeza. Si mantenemos la trampilla abierta, se escapará, y comenzará a
vagabundear por los alrededores. Es un verdadero coñazo, porque además, si el
engendro en cuestión no es útil para nuestro objetivo, no podremos liberar al
que nos sirva hasta que le echemos.
Lo dicho: abrid y cerrad rápidamente la trampilla. Con eso, conseguiréis que
escapen tres pequeños gusanos morados, que reptarán por las inmediaciones,
perseguidos implacablemente por Drutt, una verdadera curiosidad de bicho, a
medio camino entre sapo y vaya usted a saber qué molusco blanducho, que brinca
como loco cada vez que un gusarapo merodea en alguna de las pantallas del juego.
Si atrapa a alguno, lo sorberá como si fuera un espagueti. Divertidísimo, en
serio.
Divertidísimo, y peñazo diplomado, el bicho de marras. Sobre todo en la
primera misión, porque es mucho más ágil y rápido que Berk, y con frecuencia
nos quitará algún gusano de las manos. No, en serio: si no los metéis pronto
en la lata, Drutt es capaz de brincar y comerse al que llevéis con vosotros,
dejando a Berk con un palmo de narices.
De todos modos, no os preocupéis: cada vez que abramos la trampilla, saldrán
más gusanitos, hasta que sumen un máximo de tres (esto es, si hay uno en
alguna de las pantallas, escaparán dos más).
Cuando hayamos metido a las tres viscosas y resbaladizas criaturitas en la lata, no tenemos más que dejarla en el montacargas que hay en la pantalla justo a la derecha de la inicial, y enviársela a La Cosa.
Los tres siguientes platos pueden variar en el orden en el que nos los pide
el oscuro tragaldabas. Generalmente, el entrante es una bandeja de huevos
fritos. Nada especialmente llamativo, ¿verdad?
No lo sería, si el animalito del que tenemos que obtenerlos fuera una gallina.
O una chochaperdiz, si me apuran. El caso es que, no sé a vosotros, pero a mí,
el pajarraco desaliñado, gordo y feo que revolotea en la primera captura, me
recuerda demasiado a un gallo. ¡Un gallo! ¡Bueno! ¿Y cómo diablos vamos a
conseguir que ponga un huevo? Pues ojo al dato, señores, que La Cosa nos pide
CUATRO (podemos enviarle menos, pero obtendremos menos puntos en ese caso).
| El plato fuerte es un cocido de Slimies. ¿Y qué son? Pues unas simpáticas criaturitas que habitan en un pantano en los sótanos del castillo. Simpáticas e irritantemente escurridizas. Resulta casi frustrante perseguirlos a través del cieno, mientras asoman sus ojitos saltones y amarillentos, y vuelven a sumergirse, mofándose los denuedos del patoso de Berk. | ![]() |
Y los problemas no acaban ahí: la enorme olla donde debemos hervir a los resbaladizas asquerosidades pesa demasiado como para ponerla sobre el fogón de la pantalla del montacargas.
¿Solución? Echar mano de otra de las bestezuelas surrealistas que moran en las profundidades de la Trampilla: el Calentador Móvil. Curioso engendro, sin duda. Y además, de lo más recalcitrante. No es fácil librarse de él, y parece que le tiene una inquina espectacular a Berk, y trata de chamuscarlo cada vez que se le pone a tiro. Menos mal que ve menos que un adoquín, y no es difícil esquivar sus llamaradas. De todos modos, si una de ellas nos alcanza, lo único que ocurrirá es que Berk será transportado a otra pantalla, donde hará un par de aspavientos mientras se recupera.
Y de postre, un buen chupito de zumo de ojos. Hala. No se puede ser más
guarro.
Como ninguno de los personajes del juego se va a dejar vendimiar los globos
oculares (y mira que todos están bastante bien dotados... salvo Boni, la
calavera que nos da consejos cuando la recogemos de su nicho), tendremos que
sacarlos de algún sitio, ¿no? ¿Y quién se encargará de pisotear las
"uvas"? Pues, claro, otra porquería maloliente escapada de la
Trampilla.
En el nivel de "Super Berk", tras completar la última misión, La
Cosa nos pedirá que dejemos todo recogidito y limpio. Y la verdad, nunca he
sabido qué hay que hacer. No sé si es que hay que devolver cada cacharro a su
sitio inicial, tirarlos por la trampilla para abajo o qué.
Por cierto: en este nivel, a veces escapa de los infectos abismos, un fantasmón
de lo más molesto, que vuela por la pantalla, y si toca a Berk, lo manda al
cuerno.
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Fabulosos. Los escenarios son más bien simples, pero cumplen de sobra. Lo mejor, sin duda, son los personajes: todos enormes, bien animados, tremendamente expresivos... casi de dibujos animados. De hecho, tanto ellos como los fondos están dibujados en alta resolución. |
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Un tema musical adecuado y efectos de sonido divertidos y técnicamente buenos. |
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Sí, ya sé que sólo hay cuatro misiones (o cinco, en el nivel de "Super Berk"). Pero aún así, es curioso, nunca me canso de jugar a este The Trapdoor. Es enormemente divertido y original. Rezuma personalidad, y los monstruitos que lo pueblan son dignos de la más imaginativa de las películas de dibujos animados. Personalmente, me encanta. |
| * Los personajes, no hay duda. * Original, divertido, simpático, y con muchos toques de calidad. |
* Sólo 4 misiones (o 5 en el nivel "Super Berk"). |