Through the Trapdoor
Género: Arcade / Aventura Música: No tiene
Desarrollado por: Piranha Año: ¿1987?
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Nunca he visto la serie en la que se basan los personajes de este juego (y su excelente antecesor: Trapdoor), pero reconozco que me gustan mucho. Siempre me han llamado la atención los dibujos imaginativos de monstruos, criaturas extrañas, dragones, y todas esas cosas (y, ya que lo menciono, si alguno de vosotros tiene también interés en el tema, no dejéis de buscar por Inet las creaciones de Larry Elmore, Jeff Easley y Clyde Cadwell, entre otros. Algunas son absolutamente brillantes). Y lo cierto es que esa especie de enorme barriga azul, con pies, manos descomunales y dos ojillos saltones, que es Berk, me parece verdaderamente divertido.

Aún más simpático me resulta Drutt, una versión coñazo -y babosa... y sin pelo- del típico perrito faldero, con el aspecto de una bola amarilla dotada de dos patas finas que utiliza para brincar como un sapo, persiguiendo gusanos, a los que sorbe como si fueran espaguetis. Imaginación no les falta, desde luego.

Bueno, pues si en los 80 tuvisteis la oportunidad de ver alguno de los juegos del que, por aquel entonces, era uno de mis programadores favoritos (Don Priestley, se llamaba el señor en cuestión), como el Popeye o el Flunky, sabréis que el tipo se las arreglaba de maravilla a la hora de meter personajes así de originales e imaginativos en una de nuestras maquinitas. Personalmente, disfruto como un enano, simplemente viendo las guarrerías vivientes que reptan, se arrastran y babean en este Through the Trapdoor. Sí, supongo que de chico jugué demasiado con el Blandi-Blub aquel.

¿Insecticida? ¡Aquí hace falta una garrota! Berk, la masa blanducha azulada que podéis ver esbozando una sonrisa tontainas en la captura de la izquierda, trabaja en un castillo lóbrego, húmedo y más sucio que el palo de un gallinero, para una monstruosidad que come las marranadas más inimaginables. Como ayuda inestimable, Berk siempre contó con la calavera parlante, Boni... bueno, o con la de la Micromanía, según. 

Yo eché mano de la legendaria revistilla, así que, como el cráneo lenguaraz ya no me era útil, solía echarlo al cocido, para darle gustillo, jie-jie...

En Trapdoor, Berk obtenía gran parte de los ingredientes que la Cosa le pedía para sus antojos, de una siniestra trampilla en el suelo de una de las habitaciones del castillo.

Bueno, pues precisamente, al comienzo de este juego, la trampilla se abre, y emerge un pajarraco feísimo. Vamos, tan feo, como que es algo así como un esqueleto de pollo descabezado. Encantador.

Después de aletear torpemente, enfila hacia Boni, la ensarta en su cuello y para pasmo de los congregados (o sea, la plasta andante de Berk, y el peñazo saltarín de Drutt) vuelve por donde vino.

Sin pensarlo dos veces (y yo diría que hasta sin pensarlo ni una sola vez), Berk se lanza en pos del polvoriento colodrillo parlante, trampilla para abajo, dispuesto a rescatarlo... cuando se recupera de la morrada que se pega, claro.

Through the Trapdoor consta de varias fases (no recuerdo si cuatro o cinco; lo siento) de unas pocas pantallas cada una. El nivel de dificultad va aumentando conforme nos adentramos en las profundidades del subterráneo que se extiende bajo la trampilla... o sea, que no quiero ni pensar cómo será el último nivel, porque ya el segundo puede presumir de tener una de las pantallas más difíciles de la historia del videojuego.

Pero os cuento, os cuento:

La cosa es sencilla. Para acceder al siguiente nivel, tenemos que buscar la llave pertinente. Y claro, ésta siempre se encuentra lo más protegida posible, en el rincón más inaccesible de la fase de turno. Para alcanzarla, siempre tendremos que conseguir que Berk y Drutt cooperen. Un detalle original, este: convertir a uno de los personajes más simpáticos... pero insufribles y coñazo, de la primera parte, en un aliado.

Drutt es impredecible y difícilmente manejable. Incluso cuando asumimos su control, tiende a írsenos de las manos a la menor oportunidad, a la caza del jugoso gusano más próximo. Sin embargo posee dos ventajas:

1. Es invulnerable. Ninguno de los bicharracos u obstáculos del juego puede causarle el menor daño.

2. Cuando toma el impulso suficiente, es capaz de dar saltos de más de una pantalla de altura, a veces suficientes para salvar brechas en el suelo, o alcanzar objetos colgados fuera del alcance de Berk.

... pero claro, no todo van a ser buenas noticias, y Drutt también muestra un inconveniente bastante gordo: no tiene manos. Sus dos raquíticas patas le podrán servir para propulsarle como una pulga de goma, rebotando histéricamente por todo el subterráneo... pero no puede agarrar ningún objeto. Al menos, puede empujar los más pequeños, para que Berk los recoja, pero cuando el cachivache en cuestión es más grande que él, no nos quedará otra opción que pasar el control al gordinflas azul. 

Berk es el que introduce toda la dificultad en el juego. Es torpe, lento y patoso. Al menos, puede paliar algunos de estos defectos, zampándose las porquerías que se ocultan en los lúgubres recovecos del inframundo bajo la trampilla. Muy sensato por su parte. Estáis ante una de las pantallas más difíciles de la historia de los videojuegos

Ya sea gracias a hongos más bien poco apetitosos, o a caramelos que vaya usted a saber cómo han ido a parar allí abajo, Berk puede obtener ciertas habilidades que le serán imprescindibles para progresar.

En algunos casos, esas habilidades sólo duran un tiempo (como las sorprendentes alas membranosas que le salen a Berk de la espalda cuando se come un caramelo rojo en el primer nivel, y que le permiten salir volando de un foso). Otras, tienen efecto mientras sigamos en el mismo nivel. ¿Ejemplos? Pues sí: en la segunda fase, hay dos pantallas (esas tan terribles que os mencioné antes) en las que un par de extrañísimos bichejos verdes, caminan lentamente, acercándose y alejándose el uno del otro, en intervalos periódicos. Bueno, pues se trata de saltarlos, hasta alcanzar una especie de jarra-cañón muy simpática, que puede hacer caer la llave del siguiente nivel.

Si Berk se traga un hongo que Drutt puede llevarle, será capaz de brincar como un gamo. Perdón: como un hipopótamo, porque no se puede decir que sea todo un dechado de gracilidad. Primero tiene que tomar impulso, saltando varias veces (cada vez más alto) sobre el mismo sitio (ojo, porque si tomas demasiada altura, Berk se dará un zurriagazo contra el techo, o se hará daño al caer), lo que ya lleva su tiempo (que los engendros verdosos reptantes aprovecharán para poner las cosas aún más complicadas, seguro). Después, tiene que brincar hacia un lado, tratando de pasar por encima de una de las repugnancias... el problema es que, cuando vuelva a tocar el suelo, no se detendrá en el sitio, sino que seguirá rebotando y rebotando, fuera de control.

ESE mínimo detalle, ESE pequeño matiz, ESA aparente tontería, fijaos qué cosa, consigue convertir la maniobra en una de las más frustrantes e irritantes a las que jamás me he enfrentado en un juego de ordenador. Se te quedan cortísimas las 16 vidas con las que empezamos la partida. Y he leído que, en fases más avanzadas, hay cosas aún peores...

Por cierto, las vidas que tenemos están representadas mediante una fila de muñequitos en la parte inferior de la pantalla; cuando perdamos una, el monigote pertinente cerrará los ojos.
 
También, cambian de color para reflejar qué personaje estamos controlando: amarillo (Drutt) o azul (Berk).

 
 

Todos están en alta resolución, o sea, con una definición magnífica. Y aunque no hay demasiadas pantallas, y suelen tener fondos bastante simples, los personajes son fantásticos, enormes, con diseños divertidos e imaginativos... casi, casi, de dibujos animados.

Hay bastantes efectos, y todos muy correctos. Sin embargo, quizás se echa de menos alguna musiquilla.

Siempre me han encantado los juegos de Don Priesley. Y siempre me gustó muchísimo el Trapdoor, pero me parecía una lástima que fuera tan corto. Por eso pensé que la segunda parte, si tenía más pantallas, podía ser una verdadera joya.

Y sí: tiene más pantallas... pero el problema es que, a pesar de lo imaginativo y original que es el juego, la dificultad en muchas de ellas es tan ABSURDA, que está a punto de cargárselo. De todos modos, creo que Through the Trapdoor es verdaderamente simpático, y bien merece la pena que le echéis una ojeada. O dos.

* Personajes magníficos: muy bien dibujados, originales y divertidos.
* Un juego imaginativo.
* ABSURDAMENTE difícil. No es coña. Probadlo, y veréis.