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Uridium
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Admirable. Creo que es admirable que un jovenzuelo enclaustrado en su cuarto
en sus ratos libres, horas y horas al teclado de un C64, y casi como un hobby,
fuera capaz de producir una maravilla como este Uridium. En aquellos tiempos, el
programador era casi como el escritor de un libro, o el vocalista de algún
grupo de éxito. Él se lo guisaba, él se lo comía, y acababa ganándose, con
no poca frecuencia, el beneplácito de los aficionados.
Los commodoreros solíamos alabar a este o a aquel músico, pero tampoco nos
faltaba algún que otro "coder" de enorme talento. Los hermanos
Rowlands, Shaun Southern, o el autor de este clasicazo: Andrew Braybrook.
"One man, one dream", decían los sajones. Ahora, habría que
cambiar la frase por alguna más parecida a "Un porrón de men, one
superproduction", como atestiguan las interminables listas de créditos de
cualquier juego moderno.
No, no digo que sea mejor ni peor. Simplemente, las cosas han cambiado con los
tiempos... erm... vaya, ya me he metido otra vez en el berenjenal de "que
si en mis tiempos tal, en mis tiempos cual". ¡Mira que está manido el
tema! Ustedes perdonen... sigamos:
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Uridium es un auténtico clásico del C64. Es uno de esos títulos que servían casi de emblema de nuestra maquinita, igual que el Checkered Flag o el Profanation para el Speccy, o La Abadía del Crimen para los CPCeros. Se mire por donde se mire, se merece un sobresaliente en todos los apartados. Es rápido, es suave, es feroz, es adictivo, y técnicamente está lleno de esos pequeños toques de calidad que funcionan de maravilla. |
Resulta que el Sistema Solar está siendo atacado por una flota de naves
alienígenas. Son quince en total... una por planeta... erm... sí, sí, una por
planeta. Eso es lo que aseguran las instrucciones.
No me salen las cuentas, porque el Sistema Solar tiene NUEVE planetas. Y si me
apuran, ocho, porque a mí, Plutón, me parece más una enorme bola de hielo que
un pequeño mundo (¡si hasta nuestra Luna es más grande!).
Bueno, da lo mismo. El señor Braybrook podía no tener ni las más básicas
nociones de Astronomía, pero era un fiera programando, y eso es lo que cuenta
en este caso, ¿no?
Cada una de estas Súper-naves (curiosa traducción del nombre original de los ingenios extraterrestres: Super-Dreadnoughts) se supone que flota en órbita al planeta de turno, haciendo las veces de base de operaciones de los cazas de combate de los marcianitos, y de centro de coordinación de las operaciones de minería que están expoliando los recursos minerales de nuestro sistema. Cada estación se encarga de churrupetear un metal distinto: Zinc, Plata, Plomo...
Nos ponemos a los mandos del caza Manta (antes de que a alguien se le ocurra un chistecillo chorras, capaz de rivalizar con los míos en estridente soplapollez, diré que el nombre de la nave se debe a su parecido con ese animalito marino que es muy plano, y se desliza bajo las aguas moviendo sus "alas" como si volara) para sobrevolar las estaciones, causando el mayor estropicio que sea posible, abatiendo, en el proceso, a las hordas de alienígenas que las defienden.
Comenzamos en uno de los extremos de la Super-Dreadnought, y debemos volar hacia el opuesto, en el que encontraremos la pista principal. Por el camino, hemos de chamuscar todos los objetos de la superficie que podamos, mientras tratamos de esquivar los obstáculos que resaltan, traicioneros, y contra los que podemos escoñarnos eficazmente, si no prestamos atención. Es bastante más fácil de lo que parece que eso ocurra, no creáis: a la velocidad máxima, el juego es verdaderamente frenético, y casi no tienes tiempo material de reaccionar cuando tu nave se dirige derechita a frotar amorosamente su morro contra un avieso muro de metal.
A intervalos más o menos regulares, escucharemos un curioso gorgorito electrónico, que nos advertirá del asalto de una nueva horda de naves enemigas, que vuelan en distintas formaciones, a diferentes velocidades y con diferentes comportamientos.
| Algunas apenas representan un peligro, pero la gran mayoría se nos abalanzan con una velocidad diabólica, disparando desaforadamente y, con mucha frecuencia (demasiada, diría yo), apenas transcurren unas décimas de segundo desde que el primer vehículo de los malosos asoma por un lado de la pantalla, hasta que nuestra poderosa Manta queda reducida a tapioca. Literalmente imposible reaccionar. | ![]() |
Pero este no es el único peligro: ya os he mencionado que en la superficie
de las Dreadnoughts se erigen obstáculos muy inoportunos contra los que es más
que fácil que nos dejemos los piños, dado que volamos muy bajo y a mucha
velocidad.
Pues bien: conforme vayamos progresando en el juego y aumente el nivel de
dificultad, tendremos que vérnoslas con situaciones realmente peliagudas, en
las deberemos volar a través de conductos angostos, mucho más estrechos
que nuestra nave. ¿Que cómo se come eso? Pues con patatitas aliñadas,
champiñones salteados, y pulsando fuego + abajo, para que el caza Manta dé un
giro de 90º, y se ponga "de lado", es decir, con un ala mirando
"hacia nosotros", y el otro hacia la estación. Muy original, sí. Y es
que nuestra nave es verdaderamente ágil.
Por si fuera poco, de algunos puntos de las Súper-naves (precisamente en las dos capturas aparecen, uno en cada una: es ese cuadradito verde, sobre la superficie), emergen en ocasiones unas minas voladoras que siguen a nuestra nave a toda velocidad, lo que nos forzará a acelerar para tratar de dejarlas atrás (con el consiguiente riesgo de despanzurrarnos contra la esquina más inoportuna) o a trazar toda suerte de piruetas para intentar que acabe desapareciendo (lo hacen al cabo de unos segundos).
Después de un rato baleando marcianitos y esquivando escollos, aparecerá en la pantalla el mensaje "Land now!". En ese instante, tenemos que volar hacia la pista principal del Super-Dreadnought, y la Manta aterrizará automáticamente sobre ella. Fin de la fase (tras una etapa de bonificación, y una llamativa secuencia en la que la enorme estructura se deshace rápidamente, como un azucarillo disolviéndose en el agua).
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Fabulosos. Son muy nítidos, con una excelente utilización del color para dar la impresión de que sobrevolamos estructuras metálicas (y ¡oye! ¡se consigue!) y un scroll suave y muy rápido. La nave Manta es tremendamente ágil, y da gusto verla trazar toda suerte de veloces piruetas. |
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Un tema musical bastante en la línea de Steve Turner (autor de las canciones principales de otros títulos de Graftgold, como el Alleykat, o el Intensity), o sea, con un toque muy futurista (y si me permitís la mariconada, yo diría que "cibernético") y un buen elenco de fantásticos efectos de sonido. |
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Uno de los matamarcianos clásicos del C64. Técnicamente fabuloso, rápido, suave y muy adictivo. |
| * Magníficos gráficos y sonido. * Suave, veloz y muy adictivo. |
* A veces es muy difícil, sobre todo cuando se nos echa encima un escuadrón de marcianitos y nos desintegra en cuestión de décimas de segundo. No es broma; pasa con demasiada frecuencia. |