Vendetta
Género: Arcade / Aventura / Carreras Música: Matt Gray
Desarrollado por: System 3 Año: 1990
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¿Conocéis el Max Payne? Es un espectacular arcade en 3D (¿cómo no?) que se lanzó alrededor de Septiembre de 2001. No es que fuera gran cosa desde el punto de vista de la jugabilidad. Al final, se reducía a balear a los malos, una y otra vez, una y otra vez. El mismo viejo perro de toda la vida, pero con un collar texturado en tiempo real. Lo más impactante del juego era que incluía una función llamada "Tiempo Bala", que permitía ralentizar la acción (hasta los sonidos se volvían más graves, como en un disco de vinilo, de los de antes, girando a pocas revoluciones) mientras manteníamos el control de nuestro personaje y le hacíamos dar toda suerte de volteretas y saltos acrobáticos para esquivar los disparos de los mafiosos. Para que os hagáis una idea: es lo más parecido a algunas de las espectaculares escenas de The Matrix, que he visto en un videojuego.

Pero eso no tiene mucho que ver con la ficha que nos ocupa, sino más bien el argumento. Max Payne es un perdedor. Pero uno con encanto.

Sí, hay perdedores con encanto. El clásico detective privado, solitario y siempre al borde de la depresión, es uno de ellos. Desde la caricatura del sargento de la policía, desquiciado y con tendencias suicidas, de Arma Letal, interpretado por Mel Gibson, hasta el mítico Humphrey Bogart. Para que un perdedor tenga carisma, necesita tres ingredientes:

- En el fondo, en el fondo, disfrutar con su miseria. Vivir en una perpetua resaca y paladear la nicotina todas las mañanas. Más o menos como Joaquín Sabina, pero más sincero.

- Tener imagen. Un perdedor guapo disfruta casi de más gancho para las nenas que un guaperas con éxito. Un perdedor feo, es un despojo humano. Y un espanto ambulante con una cuenta corriente bien cebadita ella, tampoco crean ustedes que no se lleva al huerto a macizas mil. Que le pregunten a Ronaldo.

- Mantener un poquito de dignidad, que mezclada con la mala suerte y las pocas ganas de salir adelante (es como muy carca, relamido y pijo eso de hacer gala de una felicidad sana y sincera), da como resultado una mala leche enorme. Encima, de las que el interesado cree que tiene todas las justificaciones, y más aún. Vaya, que llega a pensar que lo malísimo que ha sido el Mundo con él, le da licencia para ser un verdadero bastardo.

Así es Max Payne (salvo por lo de la imagen; difícilmente se puede ser más hortera. Y además, el mamarracho deambula por ahí esbozando una permanente mueca como de estar oliendo un alfiler untado en boñiga), y así es el protagonista de este Vendetta. Al menos, así es como se perfila en el esbozo de párrafo extirpado de cualquier guión genérico de "género negro", que sirve de introducción en el manual del juego.

Un matón trata de chamuscarnos el rapado militar. Barba de cuatro días, botella de whisky soldada a la mano, una vida llena de injusticias... sólo que en este caso, tiene un trasfondo un poco diferente. La causa de las miserias de nuestro héroe no es ninguna misteriosa rubia vestida de rojo (sería como muy blandengue por su parte), sino su soledad y la repugnancia que su pasado que despierta a su alrededor.

¿Que por qué? Porque es un héroe de guerra.

Bueno, no sólo por eso, sino porque un general envidioso de su popularidad, consiguió apartarle del Ejército y hacerle la vida imposible.

El que fue uno de los hombres más condecorados de la Armada de los USA, ahora es poco más que un alcohólico indeseable, siempre en el punto de mira de la policía.

Peeeero un día, una pequeña luz viene a dar esperanza a su vida sin rumbo. ¡Que nooo! ¡Que no es ninguna rubia, leñee! ¡Mira que tenéis ganas! (y yo también *ejem*). Insisto en que eso sería bastante amariconadito. ¿Qué es eso de un robusto héroe, rudo soldado curtido en mil batallas, babeando por una chica? ... Pues lo más normal del mundo, la verdad, pero como que no pegaría en el ambiente de mala leche en estado puro que rezuma el juego.

Se trata de su hermano, y la hija de éste. El señor es un reputado científico que también trabaja para el Ejército. Pero como él no se ha cargado a nadie (al menos directamente; no se nos dice a qué se dedica exactamente el personaje... solamente, que trabaja en una fórmula que podría ser devastadora si cayera en malas manos), propios y extraños le tienen en muy alta estima.

Poco a poco, nuestro protagonista va recuperando la confianza, conforme su hermano le ayuda a salir del agujero. Vale. Hasta ahora, es casi el comienzo de un telefilm de Antena 3. Y desde este punto... más aún: las cosas se tuercen súbitamente. El hermano y la sobrina son secuestrados por un grupo terrorista fanático a los que el héroe se enfrentó en Saigón, años atrás (y que, está claro, se equivocó al darlo por desarticulado), que andan como loquitos detrás de esa "fórmula", sea lo que sea. Seguro que deja al malhadado carbunco a la altura de un constipadillo de tres al cuarto. 

Como decía la canción de la Trinca, "pero si Dios quiere y alguien le provoca, pronto sacará el bazooka". Bueno, pues ya le han provocado. ¡Y cómo!

Ahora, nuestro recio muchachote cuenta con una hora para averiguar dónde retiene la banda a sus dos familiares y liberarlos. Y bueno, ya que pasa por allí, de camino, desarticular DE VERDAD al grupo. Literalmente. O sea, dejarlos sin articulaciones. Ya me entendéis.

Vendetta es otra de las pruebas de que System 3 era una de las compañías que mejor programaba el C64. No sólo fueron los responsables de la espectacular saga de The Last Ninja, sino de otros títulos igualmente dignos de aplauso, como IK+, Turbo Charge o Tusker. Ni uno malo, oigan. ¿Qué coño intermitente? ¿A que te meto dos yoyas con el lanzagranadas?

En este caso, casi podríamos decir que estamos ante una especie de The Last Ninja 2, pero cambiando al noble Armakuni y sus nunchakos, por un cenutrio de cabeza plana y cuello de buey, que esgrime un arma automática.

El juego consta de ocho fases, que nuestro protagonista recorrerá a pie (cuatro de ellas), o a bordo de un reluciente Ferrari F40 (las otras cuatro). Y hablando de eso: he aquí el punto más flojo, con mucha diferencia, del juego. Esas extrañas etapas de conducción, metidas un poco como con calzador, entre cada dos fases, en las que el héroe debe enfrentarse a los malos, y recopilar pruebas y pistas que le ayuden a encontrar a sus familiares.

Aparte de que son técnicamente mediocres (salvo por los gráficos de los coches), resultan horriblemente difíciles. Casi rayan en lo injugable. Una pena, porque consiguen tirar para abajo de la impresión general del juego. Menos mal que no duran mucho... por cierto: en todas estas etapas, no sólo tendremos que enfrentarnos al propio desarrollo (intratable, insisto), sino a helicópteros que no dudarán en bombardearnos (¡hala! ¡ahí en medio de la autovía, como si fuera lo más normal! Menuda chorrada...) -aunque los efectos de los explosivos, curiosamente se limitan a frenarnos un poco, y nada más-, y a algún que otro recalcitrante agente de policía, que nos pedirá que le enseñemos una de las pruebas que se supone que hemos encontrado. Si no la llevamos encima, terminará el juego, así que ojo. 

Ya os digo: en las etapas "a pie", el protagonista tiene que encontrar una serie de objetos que le permitan seguir progresando en la misión. Desde zapatos o un collar de su sobrina, hasta mapas para llegar a la siguiente fase (de lo contrario, en la etapa de conducción pertinente, terminaremos perdiéndonos en un auténtico laberinto de bifurcaciones, que nos retrasarán mucho -peor aún: nos obligarán a SUFRIR el nefasto subjuego durante más tiempo-).

Puede que para obtener algunos de estos chismes, sea necesario utilizar otros previamente (lo que introduce un ligero componente de aventura; de poco peso, sin embargo, porque la mayoría de los puzzles no van mucho más allá de lo obvio). Y mientras tanto, tendremos que defendernos de los mafiosos (igual de recios e igual de macarras que el protagonista; seguro que si los videojuegos pudieran emitir olores, estos energúmenos desprenderían un pestazo a gimnasio de barrio, que tirarían de espaldas) a puñetazos, patadas, cuchilladas... o a bombazos y tiros, en cuanto encontremos las armas y la munición. Y eso será bastante pronto, no os preocupéis.

 
 

Las etapas de a pie son muy, muy vistosas, con una perspectiva isométrica muy lograda, escenarios realistas y personajes con un diseño peculiar, pero efectivo. La animación no está nada mal y las refriegas a tiro limpio, con las armas despidiendo fogonazos destelleantes, son bastante espectaculares.

Las etapas de conducción son mucho más flojas. Los coches y motos que circulan por la carretera están razonablemente bien dibujados. De hecho, los únicos "personajes móviles" que no están a la altura, en estas fases son... los helicópteros. Paradójicamente. Claro. Hi-hi-hi. Helicópteros... altura... Qué guasa... *tos rasposa y perruna*.

Tanto la carretera, como los objetos que la jalonan y pasan a nuestros lados como para dar impresión de velocidad, son muy mediocres. Con diferencia, lo más pobre que he visto nunca en un juego de System 3. No sé qué pintan esas etapas, la verdad. Puestos a meterlas con calzador, al menos, que hubieran sido algo más jugables, ¿no?

Un tema musical de presentación, de Matt Gray, que quizás no tenga la fuerza y la calidad técnica de los que compuso para el The Last Ninja 2 o el Tusker, pero personalidad no le falta. El que suena cuando completamos el juego es algo más movido.

Durante el desarrollo, podremos escuchar efectos de sonido bastante adecuados, a cargo de Maniacs of Noise.

Lo dicho: tomad el Last Ninja 2, y sustituid a su protagonista por una especie de Rambo venido a menos. Vendetta tiene detalles de mucha profesionalidad (no hay más que ver la presentación, breve pero bastante cinematográfica -dentro de lo que cabe; recordad que estoy hablando de un juego de 8 bits-), con gráficos excelentes y muchos toques de calidad. 

Es muy facilón; con un poco de habilidad, resulta sencillo completarlo en cuestión de 40 minutos... eso cuando uno se hace con los endiablados controles, tras meterse en alguna que otra bronca con un mafioso, en la que el héroe termina vapuleado después de lanzar varias estocadas al aire, mientras el otro no parece tener la menor dificultad para patearnos los riñones). Lo peor, sin duda, las mediocres, aburridas y casi injugables (por la EXAGERADA sensibilidad de los controles; un toquecito, y el coche se va automáticamente al extremo opuesto de la carretera) fases de conducción. Bueno, y los terribles bugs que aparecen en algunas pantallas (creo que es cosa de la emulación, porque no los recuerdo de la versión original), y que hacen que, en ocasiones, cuando tratamos de salir de una, en lugar de entrar en la siguiente, el personaje desaparezca, para materializarse luego en el sitio más insospechado. 

Por cierto, antes de terminar, cuando entramos en una pantalla, los objetos con los que podemos interaccionar, o los cacharros susceptibles de ser recogidos, se muestran con una especie de crucecita que parpadea unos instantes en el lugar en el que están. Así, no tiene uno más que dirigirse hacia el punto en cuestión, y realizar la maniobra de "recoger" (fuego + abajo). 

Vale. Pues en la tercera fase (el campamento militar, al que, por cierto, corresponde la primera captura) no aparece ni una sola de esas crucecitas. Creo recordar, entre brumas, que en el juego original pasaba lo mismo. Bueno, pues aquí tenéis una ayudita: en este nivel sólo hay tres objetos: un mapa, una nota de los secuestradores, y un zapato de la sobrina del héroe. Recordad que, para encontrar un chisme, tenéis que posicionar al protagonista en el lugar EXACTO, así que perseverad hasta que los tengáis todos.

* Las fases "a pie".
* Gráficos estupendos.
* La secuencia de introducción. 
* Las fases de conducción.
* Los controles son bastante enrevesados. Cuesta adaptarse a la perspectiva del juego, sobre todo en las peleas.
* Facilón.
* Bugs clamorosos (aunque quizás sean cosa de la emulación, no estoy seguro...).