FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO
1985, The Day After

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COMENTARIO ORIGINAL
La review
A mediados de los 80 (puede que, precisamente, fuera en 1985) se proyectó una especie de película-documental en la que se mostraban las consecuencias de una guerra nuclear. Concretamente, qué ocurriría el día después. De ahí, el nombre del pseudorreportaje, bastante desolador que, cuentan, hicieron ver a Ronald Reagan y al que en aquel entonces era presidente de la Unión Soviética, un tal Yuri Andropov, si no recuero mal.
Supongo que pretendían concienciar a los dos mandamases. El gesto era bonito, desde luego, pero a todas luces innecesario. Las armas nucleares se construyeron para no usarlas nunca. Sirven para meter miedo al rival, pero ninguno de los bandos se atreverá nunca a usarlas... al menos, ningún bando moderadamente civilizado.
Bueno, ¿y qué tiene que ver todo esto con el juego que nos ocupa? Pues absolutamente nada, miren ustedes por donde.
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La verdad, no sé por qué le pusieron este título. Lo
único que tiene en común con la célebre película, es que se desarrolla
después de que, en un futuro lejano, un holocausto nuclear ha asolado a
la Tierra, y ha dejado sólo a un puñado de supervivientes (que,
seguramente, brillarán en la oscuridad, como un Gusiluz de esos). Los rescoldos de la Civilización necesitan energía para volver a prender. Pero no queda ni un mal barril de uranio en todo el planeta. |
Vaya, debió de gastarse todo a base de petardazo atómico.
Pero no todo está perdido: la llamada Antigua República, almacenó una serie de cápsulas nucleares en planetas vecinos al nuestro, así que el objetivo de la misión que afrontaremos, será volar hasta ellos, a bordo de un curiosa navecita, muy parecida a los módulos de alunizaje del programa Apolo, y recuperarlos todos. Si lo conseguimos, se nos encomendará la tarea más difícil de todas: hacernos con un cacharro que nos permitirá fusionar la materia radioactiva, para obtener mogollón de energía limpia. Por supuesto, a nadie se le ocurrió dejarlo encima de un mostrador, al lado del pan Bimbo y una saca de cebollas de la huerta, sino que el responsable de su custodia (un graciosillo, sin duda), no tuvo mejor ocurrencia que llevarlo más o menos a donde Cristo perdió el bolígrafo.
Para terminar de complicar el panorama, resulta que unos alienígenas oportunistas
han colonizado todos los planetas cercanos, y ya andan husmeando a través de
los cielos chamuscados del nuestro.
De hecho, en todos ellos, veréis cómo una especie de platillo sobrevuela el
escenario a intervalos periódicos (fijaos en la primera captura). No nos atacará
de ninguna forma, pero es indestructible, y si chocamos contra él, quedaremos
reducido a sopa de sobre.
Y chocar contra este chisme, o contra cualquier otro obstáculo, es más fácil de lo que podría uno imaginar. MUCHO más fácil. El método de control del juego le da toda su personalidad y, a pesar de su complejidad, al cabo de un buen rato de práctica, se hace bastante manejable, y lo cierto es que no le falta adicción.
Os cuento: si habéis jugado al Space
Taxi, tendréis una idea del mecanismo en cuestión. Veréis: el módulo se
controla rotándolo a derecha o izquierda, y activando su propulsor. La única
fuerza externa que actúa sobre él, es la gravedad. De este modo, si tratáramos
de volar siguiendo una línea recta paralela al suelo, al final, la atracción
gravitatoria curvaría esa trayectoria, y nos daríamos la morrada padre. O sea,
que para conseguir no escoñarnos mientras avanzamos, hay que inclinar ligeramente
hacia abajo la parte trasera de la nave.
Cuando descendamos, lo mejor es dejarnos caer lentamente, dando ocasionales
toques hacia arriba al joystick, para lanzar pequeñas ráfagas del propulsor
que contrarresten la atracción de la gravedad.
¿Vamos bien? ¿Se ha perdido alguien? ¿Os estáis enterando? ¿Sí? Estupendo...
bueno, pues ahora, que explicádmelo a mí...
No, en serio, en realidad no es tan complicado. El truco consiste siempre en:
a) Procurar no encender el retropropulsor durante demasiado tiempo, o nos empotraremos contra el risco más afilado e incordiante posible. b) Nunca descender apuntando hacia abajo, y con el cohete a toda potencia. Insisto: dejaos caer. |
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Por si no os parece suficientemente difícil el juego con semejante método de
control, añadidle alguna que otra escena de navegación a través de angostas
cavernas llenas de aristas rocosas escarpadas, que tendremos que salvar con
precisión a nivel de pixel, y una serie de torretas que no dejan de dispararnos
proyectiles (o séase, puntitos blancos).
Fijaos en la segunda captura; precisamente, ahí tenéis tres de ellas: son esos
objetos azules. ¿Y los chismes morados, qué son? Pues precisamente, los barriles
nucleares que hemos de recoger. Para ello, hemos de descender muy lentamente
sobre ellos, y cuando estemos a punto de chocar contra el suelo, activar un
rayo tractor (pulsando el botón de fuego), para recogerlos. Esta maniobra no
es especialmente fácil, como supongo que habréis deducido ya, vosotros solitos,
y sin coloroformizaros.



