Portada de CJ's Elephant Antics

FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO

CJ's Elephant Antics

GéneroSalta y corre
Desarrollado porCodeMasters
MúsicaAshley Hogg
Año1991
Veredicto originalMola
Valoración8/ 10
Gráficos
7
Sonido
8

Material

COMENTARIO ORIGINAL

La review

¡Cómo me suelen fastidiar los críticos! Sobre todo, los de cine. No, es que, no vayáis a creer, tampoco sería justo meterlos a todos en el mismo saco. Los de videojuegos, por ejemplo, nunca han intentado hacerse pasar por intelectualoides baratos, porque quedarían como imbéciles (... lo que me recuerda a cierto comentarista nostálgico de títulos de C64, aficionado a utilizar profusamente el color azul en sus páginas ¿os suena?). Pero, repito, los de cine... ¡ay, los críticos de cine! Siempre me han dado la impresión de que, por norma, tienen que alinearse, todos en fila india, todos cortados por el mismo patrón, detrás de la película menos taquillera del momento. ¿De qué otra forma se iban a distinguir de la masa? ¿De qué otro modo podrían hacer honor a su profesión, a como ellos entienden que se define? De ninguna, claro. O reparten leña, a diestro y siniestro, contra cualquier cosa que venga de Hollywood, o no son críticos de cine.

¿Film moldavo de catorce horas y cuarto, rodado en riguroso color sepia-demacrado con ribetes grisáceos, en el que se cuenta, empleando para ello alguna que otra imprecación en húngaro con subtítulos en cirílico de Kaliningrado, las atribuladas andanzas de un líder sindical que padece las angustias de no sentirse lo suficientemente útil al Estado? ¡Ooobra maestra! ¿Experimento uzbeko rodado por un señor que desertó de las milicias mujahidines y en el que, con toda crudeza, se exponen las miserias de una fidelísima y piadosísima hurí que se afana por alcanzar los jardines de Mahoma? ¡Oootra obra maestra!

¿Chorrada banal que consigue vender varias toneladas métricas de refrescos y palomitas y que entretiene al pueblo llano y al trabajador de a pie sin más intención que ir al cine una noche de estas, que bien se lo ha ganado, con los amiguetes, a pasar un rato agradable, de distensión y, si es menester, de risas tontas? ¡Otro subproducto del imperialismo retrasado mental, protagonizado por la clásica patulea de personajes planos con evidentes síntomas de sociopatía profunda!

Que no puede ser, vamos. Que si uno pretende hacer carrera como crítico de cine, tiene que tener un coeficiente intelectual estratosférico, que le permita destacar de ese vulgo gorrináceo que se conforma con cualquier monda mugrienta que le arroje la Paramount o equivalentes. O fingirlo. Más bien.

Hombre, hay de todo, eso sí. Cosa buena, esta. Que haya donde elegir. En cualquier caso, tampoco debería yo mostrarme tan airado, porque, si hay alguien con todas las papeletas para dar mucho asco al prójimo, es quien suscribe y esto escribe. Porque, lo reconozco, lo de recurrir a rimbombancias mil y a opiniones pretendidamente sesudas, como pretexto para redactar la introducción al comentario de un videojuego infantiloide con muchos años de antigüedad, es tan patético como el brioso orgullo viril que muestran algunos niñatos de quince años mientras, embutidos en el chándal preceptivo, hacen el caballito con la turbovespino, calle abajo.

Alonsanfans de la patrí y ¿a que te pego con la trompa? A lo que iba: en el fondo, hay algo en lo que coincido con los críticos de cine que no parecen sentirse realizados si no vierten indignadísimos ríos de tinta a propósito de la última parida para consumo general, proveniente, directamente, desde la Meca del Cine (hay que ser cursi para acuñar mote semejante).

Y ese algo es que... por algún oscuro motivo, uno se lo pasa estupendamente propinando caña a alguien, en cuanto tiene la oportunidad de echarle el guante a algún lápiz / pluma / bolígrafo o, ya puestos a dar cancha a la modernidad, a un teclado. A mí me ocurre con frecuencia. No os lo niego. Algunos de los comentarios que más he disfrutado escribiendo, han sido aquellos en los que me he hinchado a repartir leña a los aspectos técnicos, gráficos, sonoros y, sobre todo, de concepto, argumentales... en fin, todo lo que se me pusiera a tiro.

Tenía a este CJ's Elephant Antics en mi carpeta de "Candidatos", con bastantes posibilidades de ingresar en la selecta corte de videojuegos de C64 que, pese a que no tuve en mis tiempos, encuentro lo bastante entretenidos como para que merezcan un comentario en mi página. Y, en una de mis patrullas nocturnas por eBAY, hete aquí que encontré que se estaba subastando una copia, original, en cassette; dudo mucho, de todos modos, que se hubiera comercializado en otro formato, en sus tiempos; principalmente, porque el juego, salvo que me equivoque, se lanzó exclusivamente en Europa, en general, y en el Reino Unido en particular. Y, allí, la unidad de disco 1541 tuvo casi tan poco éxito como en España. Los gringos, ya a principios de los 90, se habían olvidado, hacía tiempo, de su fantástico invento, el Commodore 64, y andaban enfrascados en la producción y comercialización de las nuevas maravillas digitales de 16 bits. Como mínimo. Sólo en ciertas esquinas del Viejo Continente se siguió suministrado pitanza a las máquinas de la gama inmediatamente inferior.

A lo que iba: el precio de salida de la subasta era de 50 peniques. Algo menos de 1 Euro. Una auténtica bagatela para tratarse de un juego que podríamos etiquetar como "raro". O, al menos, infrecuente. Y, además, ya conocía al subastador (o subastadora, para ser exactos), y me merecía bastante confianza. Claro que, antes de pujar, decidí echarle un vistazo al invento en cuestión, en su versión emulada, no fuera que luego no me convenciera en absoluto y hubiera acabado tirando los cuartos por el módem para abajo. Porque, miren ustedes, uno será muy coleccionista, muy nostálgico de la gloriosa era del C64 y todo lo que quieran, pero de mi pragmatismo (sobre todo, del que adopto por motivos económicos -¿lo hay más poderoso?-) no me separa nadie: si un juego, por muy rarísimo que sea, por muy bien conservado que esté y por muy completo que venga, con su manual, sus extras de tienda de todo a 100 (como se las llamaba antes) y demás pocholos, si, para mi gusto, es un verdadero bodrio, lo siento mucho, pero va a pujar Santa Tecla. ¿No habían designado a esa como patrona de Internet, por cierto? ¿O era a no sé qué religioso iluminadísimo dotado del poder de la bilocación, la ubicuidad y la habilidad para transformarse en Súper-Guerrero SonGoku y derribar a sus enemigos cósmicos a golpe de rayo espiritual?

Y no sólo terminé pujando, sino que me hice con él por los 50 peniques, más los gastos de envío de la cinta en cuestión, y de otra más (el mismísimo Head Over Heels, que también obtuve de manos de la misma señora inglesa). En total, menos de 6 Euros por los dos clásicos, gastos de envío incluidos. Que no está mal. Y es que el juego merece la pena, sí señor. Es verdaderamente adictivo y, aunque para tratarse de un título de principios de los 90, la verdad es que podía estar un pelín más aprovechado en el apartado técnico, no se puede uno quejar. Os cuento...

... y, si me lo permitís, voy a enlazar ahora con la introducción de la ficha. Lo de los críticos de cine, vaya. La he escrito porque, como no sabía qué decir acerca de este juego y que tuviera el mínimo de chispa necesario para conseguir que las varias páginas de sandeces que, sin remedio, iba a terminar vomitando, se me ocurrió que podía utilizar como guión la enternecedora ñoñería pueril que alguien redactó para Lemon64 (y que podéis leer aquí).

Y ya mismo, inevitablemente, surgen los reparos y los retortijones que claman por alcanzar el rango de objeciones de conciencia. Y me digo, "hombre, la verdad es que es toda una declaración de arrogancia cretinoide por mi parte, lo de reírme de los cuatro párrafos inocentemente arrejuntados por un mozalbete que, una de dos, o cuenta con los añitos justos como para haberse enterado del cierre de Commodore cuando aún se meaba en la cama, o no llega a mucho más a la hora de pegar unas palabras con otras". Ya sabéis aquello de "no hagas a nadie lo que no te gustaría que te hicieran a ti". Y, personalmente, no me gustaría enterarme de que, otra persona, en su página web, se dedica a mondarse, con mi humilde persona como objeto de sus chanzas inclementes. Ahora bien, si no me entero...

... ¿o es que mister Harris, que así es como se apellida el mozo en cuestión, se va a enterar de algo? (insértese aquí una asmática y sibilante risilla gutural malvadísima).

Bueeeno, bueeno, de acuerdo, me portaré bieeen... Lo cierto es que cuando leí el comentario, me pareció, de entrada, simpático. Muy simpático. Es tan tontísimo y tan inocente, que no pude evitar imaginarme a uno de aquellos párvulos británicos que tenía yo que padecer cuando pasaba algún veranito allende las islas de su ubérrima Majestad (ahora ya no les tengo tan profunda inquina a los niños pequeños; supongo que será porque me va llegando la edad en la que debería contribuir a la conservación de la Especie) (ay, qué pánico), que se pasmaban de admiración ante cualquier gilipollez de colorines estridentes que iluminara los televisores a los que enchufaban sus extraños experimentos de informática doméstica (siempre me llamó la atención aquel "Acorn Electron" que tenían los inglesitos que me acogieron las dos primeras veces que me dejé caer por Albión; no sé, pero a mí lo de "Bellota" no me parece que sea un nombre con mucho gancho comercial). En realidad, el entusiasmo indiscriminado que la mayoría de los chavalines preadolescentes, muestra ante cualquier pavada, es de lo más alegre.

Pues lo dicho, intentaré aguantarme las carcajadas (en el fondo bienintencionadas, no vayan ustedes a creer) y emplearé el comentario del zagal como referencia.

Y empieza tal que así...

"Este fue el primero de la colección de CJ y aunque es el primero de la colección, creo que es el mejor de todos". Vale. Bueno, no seamos muy duros con las formas, hombre. Y es que, en mi opinión y, hasta donde he podido ver los videojuegos protagonizados por esta mariconadita de elefante empalagoso que barrita entusiasmado ante la mención de su nombre, "CJ" (¿acrónimo de qué? ¿Cursi Jumbo? ¿Cebollino Justiciero?), este es, si no el más entretenido, sí de los que más. -Jorobao, ¿qué estudias? -Derecho. -¿Y ahora qué, graciosillo, de vacaciones...? Hi, hi...

De modo que, hasta ahora, el ilusionadísimo comentarista y yo coincidimos en el fondo. Ya, bueno, el mozo redunda hasta lo dañino para las pupilas, pero (ahora viene, para dar más asco todavía, la cabriola pedante; es que no puedo pasar sin mi dosis diaria, oigan ustedes...) eso es algo bastante común en inglés. Quiero decir que, incluso los escritores anglosajones más cualificados, emplean una y otra vez la misma palabra o el mismo nombre propio en un contexto cortísimo, y se quedan tan anchos. Así que, sí, este CJ's Elephant Antics no sólo es el primero de todos los juegos de CJ, sino que, además de ser el primero de todos los juegos de CJ, es el mejor de todos los juegos de CJ. Y eso que es el primero. Jaté.

Poco después, Johnny (tiene nombre de haber servido para comenzar el título de una película; ya sabéis: "Johnny encuentra un videojuego procedente de algún lejano vericueto del continuo espacio-tiempo y le gusta tanto, tantísimo, que en el paroxismo del entusiasmo preescolar, decide repiquetear sobre el teclado del mastodóntico ordenador de su papá y redactar un comentario para cierta página web dedicada al Commodore 64". Por supuesto, la versión original es: "Camon Beibe Lets Du De Tuist") entra en faena, valeroso él, sin ningún atisbo de temor por las afiladas normas del Oxford Concise Dictionary y se dedica a... copiar, tal cual (bueno, cometiendo algún que otro desmán sintáctico, para que no se note tanto el plagio), el texto de la secuencia de introducción del juego (breve, pero vistosa y muy en la línea, a medio camino entre la puerilidad empalagosa y un leve toque de plataformero-anime made in Hokkaido, de los salta-y-corre de la época), en la que se nos narra cómo el elefantito CJ, separado de su familia y enclaustrado en una caja de madera, vuela ahora rumbo a un zoológico de Londres. Pero, hete aquí, mientras el avión (que no desmerecería nada en una película de los años 40; vaya, de hecho, se parece un montón al que sale al final de "Los Hermanos Marx en Casablanca") atraviesa una zona de turbulencias, la caja se abre y el paquidermo corajinoso escapa y utiliza un paraguas que había por allí tirado, a modo de paracaídas, para saltar hacia la libertad. Claro. Si es que no aprenden, estos furtivos malvadísimos. ¿A quién se le ocurre dejar un paraguas al alcance de un elefante?

Hala. Introducción y puesta en antecedentes, en cuestión de dos párrafos escuchimizados. Qué capacidad de concisión. Qué envidia. No, si hasta el muchacho se permite comentar la mecánica del juego en, literalmente, cuatro líneas. Literalmente, en serio: "CJ debe alcanzar el final de cada nivel, donde se enfrentará a un enemigo grande. Puede saltar y utilizar un paraguas para frenar su caída y disparar cacahuetes con la trompa o tirar bombas a cualquier cosa que se ponga en su camino. Para mantenerse en forma, CJ come plátanos y pasteles". Sí señor. ¡Sí señor! ¡Cojonudo! No, coño, que va en serio, no os riáis: un aplauso. Menuda capacidad de sinopsis. Asombrosa...

... aunque, ahora que lo pienso, igual viene dada por cuatro factores:

1. Lo poco versado que está el comentarista en cuestión, en las lides de concebir amasijos de letras con cierto sentido. Normalmente, la gente no muy habituada a escribir, exhibe una curiosa destreza a la hora de describir trivialidades. Ejemplo:
"Pregunta número 1 del examen de Lengua del Estado Español -no hiramos sensibilidades- Para Neanderthales de Vigésimo Noveno curso de la ESO (Encefaloctomía Sutil y Ominosa). Describe con tus propias palabras el contenido de la viñeta siguiente" (acompaña al párrafo una ilustración elaboradísima, de lo más barroca, cargada de detalles y matices, en la que un grupo de caballeros ataviado a la moda de principios del siglo XIX, pasea a bordo de sus bicicletas en las inmediaciones de los Campos Elíseos).

Respuesta de Zangolotinito-Josua-Kevin-José Pérez: "Se ben hunos tios en vici". Con dos cojones.

2. La capacidad expresiva del idioma de Shakespeare. Con cuatro palabrejas guturales, los británicos y allegados te dicen cosas que casi cualquier lengua romance necesitaría un par de párrafos para expresar. Hombre, no está mal lo de la concisión a toda costa, pero a mí, que me gusta tanto eso de escribir y escribir y escribiiiiiiir nada más que dando vueltas y exclamando soplapolleces en cada una de ellas, sin acabar llegando a ninguna conclusión, como por ejemplo me está ocurriendo ahora mismo, socorro que alguien me pare, que me escuerno... *arf, arf*, ... esto... pues eso, a mí que no me saquen de mi castellanito. Bueno, vale, sáquenme si quieren, pero luego devuélvanme a la caja de zapatos y déjenme un par de hojitas de morera para que me entretenga royéndolas. *cocotazo contra la bandeja del CD-ROM, a ver si me pongo la neurona Juanita Pita en su sitio, que vaya tarde que me está dando*.

3. En realidad, no puede decirse mucho más del juego. La gente directa, concisa, capaz de concretar, utiliza cuatro renglones escuchimizados para describirlo con toda precisión. Los lunáticos como yo, necesitan un juego protagonizado por un elefante que se pasea por París con un paraguas y ametralla al probo gendarme a cacahuetazo limpio, para desarrollar todo un ensayo sobre la estulticia humana en general y la propia en particular. 

Que alguien me explique lo que acabo de decir, por favor...

4. Resulta que, lo que cuenta Johnny en su notorio y meritorio comentario para Lemon64, es una copia exacta del manual. EXACTA. Punto por punto. Pa mí que va a ser eso...

Dejémoslo. ¿De qué iba todo esto? ¡Ah, sí, el juego de marras! Pues muy entretenido, oiga ¿y su señora, qué tal? ¿También muy entretenida? ... *toses* ... Vaya por Dios. Digoo... que CJ's Elephant Antics es uno de aquellos simpáticos y monísimos plataformeros que surgieron al calor de la última moda que animó las pantallas de los commodoreros, ya a principios de los 90: la de los llamados "salta y corre". Aaaay, que me se hiela la trooompa...

Que sí, que se llaman así. O, vamos, que algunos les llaman así. Y, claro, se me ha acabado pegando. Me parece que, en realidad, se trata de una traducción de la expresión anglosajona "jump'n run", aplicable, sobre todo, a los Súper Mario y demás hierbas, esto es, los primeros juegos de plataformas pasados por la sesión de maquillaje y travestimiento saleroso de las videoconsolas domésticas pioneras que, realmente, tuvieron éxito, como la Nintendo original. Simpática maquinita esa, no hay duda.

No pocos desarrolladores se dieron cuenta del potencial del C64 para los títulos de este tipo. Y si no, fijaos bien en los requisitos: sprites ágiles, scroll fluido y, a ser posible, una musiquilla pegadiza y alegre. Hala. Que ni pintado, la verdad. Y, así, Mayhem in Monsterland, Nobby the Aardvark, The Great Giana Sisters, Chuck Rock y otros inventos igualmente divertidos, vieron la luz conforme a Commodore, la empresa, se le iban fundiendo los plomos, merced a los desmanes de la directiva más asombrosamente inepta de la historia del Capitalismo. O, quizás, merced a los méritos de la quinta columna infiltrada por la competencia, más efectiva y devastadora, que se recuerda desde que el dólar es dólar. Que también puede ser.

Pues creo que nuestro comentarista invitado... digo... el manual del juego, ya ha dejado las cosas bien claras: CJ debe superar cada nivel echando mano de tres herramientas, a saber:

- Cacahuetes: pulsad el botón de disparo para que CJ escupa uno, usando la trompa a modo de cañón. Todos los malosos, por muy monos, frágiles e inofensivos que parezcan, requieren varios impactos para acabar estirando la pata, el tentáculo o el apéndice mullidito de peluche, más conveniente. Algunos de ellos dejan chucherías diversas (que, no es que "mantengan a CJ en forma"... más bien, se limitan a proporcionarnos un pellizco de puntos adicionales) o ventajas como invulnerablidad temporal y...

- ... bombas: de lo más útiles. Tienen un alcance birrioso y, además, CJ las lanza de modo tal que describen una parábola bastante cerrada. Pero, insisto, muy útiles: probad a emplearlas cuando queráis quitaros del medio a algún caniche neurasténico o a algún sapito malintencionado que brujulee justo por encima o justo por debajo del protagonista, haciendo casi imposible ponerlos al alcance de vuestros cacahuetazos, sin recurrir a un salto arriesgadísimo.

- Paraguas: una pavada ornamental e infantiloide que sirve como excusa para justificar el hecho de que nuestro elefantito tenga la habilidad de caer lentamente y, además, de controlar su trayectoria mientras desciende. Se despliega automáticamente cada vez que nos despeñamos desde alguna plataforma.

Cada fase termina ante algún espanto deforme, como el aprendiz de Quasimodo que podéis ver en la segunda captura y que, a nada que ventee a CJ, la emprenderá a gargajos viscosos con él. Qué poético y florido, no me digan ustedes que no... 

Y, entre nivel y nivel, una rápida etapa de bonificación en la que el elefantito valeroso, a lomos de una bicicleta de montaña (en fin), debe perpetrar toda suerte de cabriolas intentando no darse un trompazo. Hi, hi, hi. Qué juego de palabras más ingenioso, tío. Que-me-par-to. Ejem. 

Sí, desde luego, mister Harris hace gala de una destreza a la hora de sintetizar conceptos con la complejidad intelectual de las memorias completas de Yola Berrocal, que te cagas. Pero no me digáis que no tiene mérito pretextar que va uno a analizar las bondades de un videojuego antediluviano, y acabe largándoos, así, sin avisar y pillándoos desprevenidos, un tostón de muchos párrafos y muy poco sentido. ¿Eh? Porque, a esto de dar muchas vueltas para no decir nada, le pasa como a no acertar ni una en la quiniela... ¡es casi tan complicado como acertarlas todas! ... esto... ¿de qué estaba hablando? ¿quién soy? ... creo que ya me toca la pastilla...

Lo mejor

* Gráficos alegres.
* Lo mismo puede decirse de la música.
* Simpático, divertido y muy jugable.

Lo peor

* No termina de convencerme el colorido en algunos casos. Por ejemplo, en el primer nivel se abusa del amarillo. Y muchos personajes tienen demasiados grises.
* Que la única alternativa a la música sea el silencio. No, si la música está muy bien, pero para dar esa alternativa, mejor que no den ninguna, digo yo...