FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO
One on one

Material
COMENTARIO ORIGINAL
La review
Qué crueles son los niños. Cuando un servidor rondaba los 13 añitos, allá
por octavo de EGB (supongo que ya no existe nada semejante en lo que queda de
sistema educativo español), había muchas
formas de meter a los demás en distintos sacos, bien separados y bien aislados
los unos de los otros. O de colgarles enormes etiquetas chillonas. Todos esos
métodos eran de una arbitrariedad pasmosa. Y una de las más sorprendentes era la que
dividía a los nenes de la clase en "listos" y "basquetbalers"
(pronúnciese tal y como se lee). Ser un "basquetbaler" era lo peor
que el sector de los "listos" podía llamarte. Era peor que ser tonto
y feo. Sólo podía rivalizar con "ser un pera" o, el colmo, "un
pera limonera", término que se aplicaba a los inadaptados, introvertidos
o, en general, gente sin gracia ninguna. Como ven ustedes, había que
pertenecer a una especie de elite homogeinizadora.
Sí, lo de los basquetbalers tenía que ver con el baloncesto, claro que sí. No
era una etiqueta más o menos accidental (como la de "pera limonera").
Resulta que los chavales más corrientitos de la clase, esos que pesaban una vez
y media más que los demás, les sacaban un par de palmos de estatura, y
siempre venían al cole enfundados en un chandal y oliendo a macarrones con
tomate, habían entrado voluntaria y orgullosamente en el saco de los
aficionadísimos al baloncesto. Y es que, en aquel entonces, a mediados de los
80, se dio un curioso fenómeno que no se ha repetido, hasta donde yo sé: el
baloncesto hizo un amago de convertirse en el deporte favorito de los
preadolescentes pacenses, incluso por delante del fútbol. Asombroso.
![]() |
Los basquetbalers iban a su aire. Si hubieran sabido el cachondeo que motivaban al sector larva-de-intelectualoide, es más que probable que no les hubieran hecho ni puñetero caso. Entre otras cosas, porque no les habrían entendido. No, no es que se encontraran en un plano moralmente superior, es que, todo hay que decirlo: es verdad que tendían a la ceporrez más clamorosa. |
Los listos tenían la literatura tolkieniana por bandera y El Silmarilion por Biblia. Blandían, de forma imaginaria, la cosmogonía de la Tierra Media, ante los impíos ojos de aquellos gordinflas amodorrados y envueltos siempre en una tenue nubecilla de olor a aceite de huevos fritos con patatas, como el que esgrime un crucifijo y una ristra de ajos para espantar a una bandada de vampiros transilvanos. Qué panda de capullos éramos todos. Aunque, es interesante observar cómo esa etapa de la vida apunta atisbos de un embrión de la personalidad, y determina usos y costumbres posteriores. De ahí que la educación no sólo sea importante, sino absolutamente vital.
¿Que en qué saco me había tocado caer a mí? Bueno, lo cierto es que nunca
lo tuve muy claro. No, y sigo sin tenerlo, no creáis :-)
El caso es que si había uno en el que no podría haber ingresado jamás, era en
el de los basquetbalers. No es que tuviera nada visceral contra ellos... es que
yo era un alfeñique canijo. Lo único que se me daba bien en gimnasia era el
poquito de atletismo (o de algo muy remotamente parecido) que practicábamos en
el patio del cole. Era muy rápido corriendo. Pero pare usted de contar.
Además, en el fondo, siempre me gustó más el fútbol.
Vale, admito que el baloncesto es un deporte mucho más rápido, ágil,
inteligente y emocionante que el que pone a 22 tipos en calzoncillos pegándole
patadas a una pelota. Pero el caso es que los estadios faraónicos poblados por
decenas de miles de personas que chillan, cantan, saltan, ondean banderas
gigantescas y, en general, se toman la cosa como si fuera en ello el honor de su
ciudad, su familia y su religión, tiene una cierta épica tonta y una especie
de grandeza facilona, que terminan por hacerlo bastante atractivo.
Bueno, pues en 1983, los commodoreros ya contábamos con un juego dedicado al
deporte de la pelotita y las porterías; el magnífico International
Soccer. Hubo que esperar un par de años hasta que la compañía responsable
de nuestro ordenador favorito tuviera a bien comercializar un título parecido,
aunque basado en el baloncesto. Era el (también excelente) International
Basketball. Por eso, en aquellos tiempos remotos, los aficionados a lo del
"deporte de la canasta" (la de expresiones cursis y forzadas de las
que tiene uno que echar mano con tal de no caer en la redundancia) tenían que
conformarse con este One on One.
... aunque, claro, dicho así, quizás dé la impresión de que el juego era una
especie de parche que habría de consolar a los aficionados hasta que a alguna
otra empresa le diera por programar un título de baloncesto en condiciones.
Pues sería injusto que pensarais así, creo yo, porque este One on One es una
gozada.
"El evolucionado software americano", clamaba un anuncio de la
época, en la Commodore Magazine. Corrían los tiempos en los que... bueno,
éramos demasiado pequeños como para tenerle tirria a los gringos (salvo
algunos de los integrantes del saco de los "listos" de la clase; esos
iban por el caminito de la precocidad), así que para muchos de nosotros,
aquello sonaba, probablemente, bastante bien. Bastante creíble, digamos. Pues sí: los yanquis habían inventado los ordenadores en general, y ¡más
aún! ¡el Commodore 64, en particular! Con esas credenciales, no podían ser
tan malos. Al menos, no todos ellos ;-)
El anuncio proclamaba las excelencias de cuatro de los últimos lanzamientos
de Electronic Arts, distribuidos en España por Dro Soft (me pregunto si la empresa
tendría algo que ver con el grupo musical "Aviador Dro"... de hecho,
éstos compusieron la música de carga de algunas de las joyas de E.A., como Realm
of Impossibility, o Racing
Destruction Set; supongo que pertenecerían al sello "Dro"), dentro
de unas cajas verdaderamente elegantes, que se abrían como libritos con portadas
exquisitamente ilustradas. Aún conservo algunas de ellas. Bueno, pues las maravillas
que decoraban aquella página publicitaria en la Commodore Magazine, eran Skyfox,
Archon, M.U.L.E.
y este One on One. No se cansaban de verter halagos sobre el cuarteto. Y ¡qué
cosas! ¡tenían razón y todo!
El título completo del juego que nos ocupa, vendría a ser algo así como "Julius Erving vs. Larry Bird, One on One". O lo que es lo mismo, planteaba una manita entre dos de los mejores jugadores de la NBA, de la época.
|
Y todavía vio una especie de segunda parte y todo, en la que se mantenía
a Bird, y se introducía a una leyenda: Michael Jordan. Bueno, como no tengo ni recontrarrepajolera idea de baloncesto, me temo que no os puedo decir mucho sobre los dos jugadores. |
![]() |
Hombre, sé que el tal Larry Bird era un señor muy curioso... ¡porque era blanco! La verdad, choca ver a un tipo rubio y bigotudo, desenvolviéndose entre negrazos descomunales, casi los únicos que se las arreglan verdaderamente bien en la espectacular liga norteamericana (Paules Gasoles y Fernandos Martíneces al margen). Pero de ahí no me saquéis: no sé cuáles eran sus habilidades, sus puntos débiles, sus características... aparte de parecerse a una versión kilométrica de Sir Arthur Pendragon. Y lo mismo puedo deciros del tal "Dr. J.", como creo que gustaba de hacerse llamar el tal mister Erving. Matizo: ni siquiera puedo deciros lo mismo del chaval en cuestión. Lo único que sé de él, es que es negro.
Nunca me llamó la atención este One on One. Al menos, no por la publicidad. Y mira que las pocas reviews que las más escasas aún revistas dedicadas al C64 de la época, publicaron sobre él, lo ponían por las nubes. Pero aparte de lo poco que me interesaba el baloncesto, y lo imbéciles que estábamos todos con aquello de estigmatizar a cualquiera que practicara el noble arte de meter la bolita en la canastita, como si fueran piaras de neandertales a medio civilizar, el hecho de que el partido se jugara entre dos deportistas, solamente, y en una única pantalla (además, más que simple: esquemática), hizo que pasara por alto esta pequeña joya. Porque, lo admito, ahora después de dos décadas: lo es. Simplísima, hasta la saciedad, pero joya a fin de cuentas.
Puede que al principio os echen para atrás los detalles. O más bien, la
falta de ellos. Y es que One on One es el matamarcianos de los videojuegos de
baloncesto. Con una salvedad: no es un frenético experimento descerebrado. Y ya
tiene mérito que algo tan simple deje al jugador la posibilidad de ser
creativo. Pero es cierto.
Basta un joystick antediluviano, de esos que tenían un solo botón (olvidad los
"gamepads" de pleiestesions y similares, que a veces más parecen
teclados estándar en miniatura, con sus ciento catorce mil quinientos
pulsadores de colorines), para conducir a Bird o Erving sobre la pista, con una
agilidad verdaderamente sorprendente. Es lo que más me gusta de este juego: la
soltura con la que se mueven los dos personajes. No es que hagan gala de una
animación que dejaría tamañita a las últimas producciones de la compañía
(léase, la saga FIFA y afines... ¡hay que ver qué bien ha sabido evolucionar
Electronic Arts!, ¿eh?), pero por decirlo de algún modo, el control de
cualquiera de ellos es verdaderamente "gustoso". Responden a la
milésima, se deslizan velozmente sobre la pista, y con un poco de práctica, en
cuanto uno consiga dominar la pulsación del botón de disparo (un toque leve y
rápido para hacer que nuestro jugador gire rápidamente sobre si mismo, si
está en posesión del balón, y uno más largo para hacer que tire a canasta o,
si está defendiendo, que trate de robarle la pelota al rival o que salte para
interceptar un lanzamiento), empezará a disfrutar del juego como se merece.
Respecto al conato de reglamento que One on One incorpora... bueno, no os podría
contar gran cosa. Por tres razones, principalmente, a saber:
1. Insisto: no tengo ni jurásica idea de este deporte.
2. El manual (que tenéis a vuestra disposición en esta página) no es el original,
sino una especie de comentario chusquero (¡tiene mucha menos gracia que este!
¡coñe! ¡faltaría más!) a cargo de vaya usted a saber quién, así que no se para
a describir profusamente la historia del baloncesto, anécdotas más divertidas
y la talla del refajo de la suegra del que lo inventó.
3. Dado que no estamos ante un partido entre dos equipos, sino entre dos jugadores
sólo, la cosa cambia. Hay que olvidar aquella falta del "campo atrás",
que se daba cuando un atacante, después de entrar en la mitad del campo rival,
volvía a pasar el balón a alguien que seguía en el propio.
Se añade, además, una norma bastante curiosa, supongo que para hacer el juego
más equilibrado y justo: si uno de los jugadores lanza el balón, pero falla
y el rival lo recoge dentro de... de... bueno, del área rectangular que se extiende
desde debajo de la canasta (no, no sé cómo se llama), no tiene permitido tirar.
Antes, debe salir del área de marras.



