FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO
Summer Olympiad

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COMENTARIO ORIGINAL
La review
El plagio, incluso a niveles tan inofensivos como este, es una cosa muy fea. Creo que ya he dicho esto en otra ocasión a lo largo de las tropecientas fichas que llevo tecleadas. Hala, pues me reafirmo en ello, jaté tú. Pocas cosas hay que me fastidien más que el plagio flagrante. Eso sí, rebajemos la tensión de la definición de semejante mal arte, que hay por ahí mucho neurótico agónico fijándose hasta en la última esquina de la configuración molecular de este o aquel trabajo y comparándola con todas las de los demás, cazamariposas en mano, en busca de coincidencias. Que me los conozco. Tienden a aprovecharse de lo difuminada que está la frontera entre lo "inspirado en..." y lo "gracias, Dios mío, por el Copy & Paste" para sembrar una mica de cizaña, que eso nunca viene mal para combatir el aburrimiento y el que a uno no le presten atención.
Me joroba profundamente, insisto, que una piara de vagos se aproveche de la
creatividad y el esfuerzo de otros, para pegar el pelotazo. Lo que me parece
bastante más comprensible y legítimo es que, cuando alguna empresa o similar
da la campanada con un producto que a la gente le encanta, se suban al carro
catorce más, deseando seguir sus mismos pasos pero, a ser posible, mejorando el
invento para vender más. Cojonudo. Estamos hablando, entonces, de un "inspirado
en...", bastante claro. Porque, vamos a ver, seamos sinceros, ¿hay alguien
que sea ABSOLUTAMENTE original, en este planeta? Lo dudo mucho. Al final, está
casi todo inventado y, de lo que se trata, es de buscar formas nuevas de
reinventar. Se puede ser original en la manera de presentar algo de lo más
manido y usado. No es original un turbo-mocho alimentado por baterías de
antimateria, que aniquila el polvo doméstico, convirtiéndolo en pequeños
estallidos de rayos gamma que, ya de paso, caldean agradablemente el ambiente,
hacen las veces de iluminación navideña, rizan el pelo a abuela y convierten a
los ácaros en borregos lanudos. Ojo con el perro, señora, que el mocho este no
se anda con chiquitas y lo puede sorber, así como el que no quiere la cosa, en
cuanto usted esté mirando para otro lado. Y recuerde que la antimateria no se
come, ni se puede tirar por el retrete, ni usar de abono, ni es para jugar.
Gilipollas.
No, no es un nuevo invento. Es una mezcla de estupideces surtidas que,
combinadas todas, en amor y comparsa, dan como resultado una estupidez todavía
más grande. A estas alturas de la película, innovaría cualquier esnob
abotargado, con demasiado tiempo libre, al que le dé por crear un nuevo deporte
de riesgo practicado con mochos polvorientos.
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¡Oigh! ¡Es lo más! ¡Es súper original! ¡Súper creativo! ¿Quién es mejor, Akira Kurosawa, Keynes o la mula de Milton Humason? (respuesta: ¿sabéis quiénes son esos tres, pandilla de larvas de macaco de diseño, afeitado, panzudo y pretencioso?... esto... perdón... ¿hay algún esnob abotargado, con demasiado tiempo libre, entre vosotros). |
El plagio, según la Enciclopedia de las Definiciones que Nunca Existieron
(Bueno, Algunas Sí Que Existen, Sí), a la que su seguro servidor recurre con
tanta asiduidad, es una copia literal, textual, de un trabajo, sin el
permiso del autor, para atribuirse uno mismo, taimadamente (no se excluye el frotamiento
de unas manos de apariencia cruel, con sus deditos afilados y sus uñas amarillas, y
todo; la risa de desequilibrado mental no viene en el paquete estándar, pero
por un suplemento, se la lleva usted, más un par de centímetros cúbicos de
profuso babeo. Y le regalamos la joroba peluda) para mayor gloria personal.
Está el plagio del merluzo, que se da en dos direcciones:
- Dirección 1 (conocida como la del Merluzo Integral o el Mamón Redomado):
parte de un famoso famosísimo y llega hasta algún borrón anónimo del pueblo
llano. La celebridad se dedica a fusilar, tal cual, párrafos enteros de obras
de autores de vigésimo quinta fila. Estas sanguijuelillas se basan en el
conocido fenómeno de "dime quién eres y te diré... erm... si me gusta to
lo que haces". A algunos, el nombre-del-abajo-firmante es determinante a la
hora de decidir si lo que ha leído merece su aprobación o no. Den ustedes un
texto más o menos aseadito a un jurado. Díganles que se trata de un
experimento de un adolescente blanducho e insatisfecho y que juzguen la
conveniencia de publicarlo con toda alharaca. Se terminarán tronchando y
acabarán repartiendo el manuscrito entre los pobres... sin papel higiénico en
casa. Escojan a otro tribunal, y aseguren que el ensayito es lo último de
algún escuadrúpedo Premio Sistema Planetario, Cúmulo Local de
Galaxias e incluso Nebulosa de Emisión (este tiene que ser la leche) y escuchen
cómo las babas repiquetean sobre la moqueta, con un caudal directamente
proporcional al tamaño de la cuenta corriente del supuesto artista y, sobre
todo, de las de sus amiguetes influyentes. "¡Ooobra maestra!",
clamarán. "¡Se ha superado una vez más!", afirmarán.
La dirección 1 es de lo más patética, por cuanto el famoso famosísimo
intenta aprovecharse, para su bien, del trabajo de un mindundi penoso y digno de
lástima... pero que, mira tú por dónde, que ha tenido una idea que al egregio
personaje no se le había ocurrido. De aquí, el segundo nombre de la dirección
1. El primero le viene del hecho de que hay que ser un Merluzo Integral para
suponer que, si copias algo textualmente, nadie se dará cuenta. El problema de
los excelsos plagiadores, es que deben de pensar que la Humanidad sólo lee lo
que ellos escriben, así que jamás se notará el cambiazo.
- Dirección 2 (conocida como la del Imbécil del Todo): el origen es
indiferente; lo que importa es el destino, o séase, la víctima del copión
inmisericorde: un famoso. Sí, señores, hay gente capaz de plagiar a autores
famosos. De ahí el sobrenombre de la dirección de marras. Al menos, estos
individuos intentan disminuir las posibilidades de que les pesquen (aunque, a
veces, uno se pregunta si no será precisamente eso, que les pillen en pleno
proceso de clonación, lo que buscan; sadomasoquistas autodestructivos los hay a patadas por el
mundo...) refiriéndose a párrafos recónditos de obras poco desconocidas. Los
menos hábiles se creen que, cambiando un par de palabrejas por sus sinónimos
más cercanos, la cosa ha quedado ya lo suficientemente enmascarada.
Menudo prólgo, sí señor. Y semejante vomitona mental, sólo para acabar diciendo
algo que quedaría tan bonito, conciso y pulcro como si me hubiera dado por expresarlo
mediante esta frase: "No creáis que este Summer Olympiad es una mala copia
de los Summer Games de Epyx. Es cierto que, seguramente,
se lanzó siguiendo su estela y tratando de recoger algunas migas de su éxito.
Pero, desde el principio, queda bien a las claras que no se trata de una intentona
de engañar al común de los jugones, haciéndole creer que está ante otra entrega
de los juegos deportivos más célebres -y mejores- del C64, sino más bien ante
una chorradita inocua, sencillamente entretenida y sin pretensión ninguna".
Hala. Ya está. Y con esto, nos habríamos ahorrado los sotopocientos párrafos
cretinoides que acabáis de leer. (Ah, pero ¿los habéis leído? ¡qué valor, el
vuestro!).
Vaya, que Summer Olympiad es un clásico ejemplo del "inspirado
en...". No, no llega hasta eso de mejorar el original, pero tampoco nos
vamos a quejar por ello. No son pocas las compañías de videojuegos que,
basándose en el éxito de Id Software con su Doom y adláteres
tridimensionales-del-todo-te-lo-juro-que-esta-vez-sí, decidieron sacar sus
propios "first person shooters". Entre esas empresas, se contaban
algunas de la talla de Origin, con su System Shock, o LucasArts, con su serie de
machaca-soldaditos-imperiales en perspectiva subjetiva, protagonizada por el
Jedi más marrano de la Galaxia. Le tienen que oler los gayumbos como si llevara
a Yoda muerto debajo de los pantalones. Algunos de esos jueguecitos "tipo
Doom", como se les dio en llamar, mejoraban bastante el modelo original.
Otros, ni de coña... pero, aún así, eran la mar de divertidos (Redneck
Rampage, por ejemplo).
Sí, bueno, cuatro de los cinco eventos que forman el juego (¿sólo cinco?) ya aparecieron en las dos entregas del Summer Games, pero, al menos, en esta tontería que nos ocupa, tan ricamente, se les ha dado un enfoque distinto, más en la línea del juego. O sea, con poquitas pretensiones. Pero poquitas, poquitas ¿eh?
Os cuento:
Para empezar, olvidaos de una estupenda secuencia de introducción. Lo cierto es
que, gráficos (coloristas y vistosos) aparte, en lo que se refiere a la
presentación, el juego a veces coquetea con la mamarrachada preadolescente. Se
prodiga en memeces de efectitos y cabriolas con enormes letras pixelizadas a
más no poder que se deslizan por la pantalla siguiendo trayectorias absurdas, y
poca cosa más. Lo más espectacular y creativo de la "ceremonia de
apertura" es la suelta de globitos que llevan escrita una letra sobre su
superficie, y flotan lentamente, en grupos de ocho (por aquello de no trastear
más de la cuenta -y la cuenta, por lo que se ve, es chiquitíiiisima- con la
multiplexación de sprites, claro), formando palabras (el título del juego, los
créditos y demás...). Una chorrada, en serio.
Las pruebas son un refrito de lo más variado. Helas:
| - Tiro al plato: una versión de lo más light de este... "deporte". El entrecomillado va a propósito. Es que, miren ustedes, nunca he tenido muy claro qué entienden los del Comité Olímpico por "deporte". Yo pensaba que es algo en lo que uno se cansa, al menos un poquito y que te deja con unas agujetas estupendas. Si llaman "deporte" a pegar tiros con una escopeta, ya puestos, propongo que se creen nuevas disciplinas olímpicas... | ![]() |
... como Perranganeo With Birra en el Sofá In Front of The TV (gana el que
pase más tiempo despanzurrado sobre los cojines, sin experimentar pérdidas de
sensibilidad en las extremidades), A Ver Quién Mea Más Lejos o Tírale Un Cantazo Al
Perro. Medalla de oro para el que descalabre antes al caniche piojoso de turno.
... estooo... bueno, pues sí, que esta prueba es toda una declaración de los
principios del juego (jo, qué pena más triste, esto de hablar de los
"principios" de un videojuego de los 80; como para fundar un
movimiento político / filosófico), con su música a medio camino entre la
épica gárrula y la estridencia astutamente medida para que... bueno, para que
tenga cierto tono de fanfarria olímpica; con sus gráficos cuadriculaditos
ellos, pero de lo más efectivos y agradables de ver; y con su mecánica simple
como el cálculo de la estructura del pitorro de un botijo. ¿Qué hay que
hacer? Mueva usted su punto de mira hasta que se sitúe en las inmediaciones de
uno de los platos que surcan la pantalla velozmente, y pulse el botón de
disparo cuando considere que puede hacerlo añicos de un perdigonazo. Hala. Se
acabó. Bueno, sí, hay algún que otro recolguín por ahí, como que la prueba
se realiza a lo largo de seis pantallas diferentes y que, con
frecuencia, tendremos que tratar de pulverizar dos discos que surgen, casi al
mismo tiempo, desde lados
opuestos.
- Esgrima: esta sí que se parece a la prueba homónima del Summer Games. Eso
sí, cambia una cosa: la perspectiva. Y se mantiene otra cosa: lo coñazo que
resulta. Pero más todavía. Porque, al menos, en el caso del juego de Epyx, el
"evento" (no sé yo si se podrá traducir así) tenía un mínimo poso
de jugabilidad. En el que nos ocupa, servidor de ustedes no entiende nada y se
limita a aporrear el joystick en direcciones más o menos aleatorias, para
observar, aburrido, cómo el monigote de la parte inferior izquierda de la
pantalla la emprende a floretazos contra el controlado por el ordenador (supongo
que pueden participar dos personas en esta prueba; no lo sé, ni lo he
comprobado ni tengo la menor intención de hacerlo ¿passa algo?), obligando al
SID a proferir toda suerte de tintineos mil y campaneos cien. El otro
saltimbanqui-avec-colador-en-la-cara hace lo mismo y, vaya por Dios, termina
ganando. Siempre. Indefectiblemente. Y mucho tarda el jodío, porque la prueba
se hace de lo más monótona. Hala, pues ya nos salió la oveja negra del
rebaño. Hasta en esto tenía que imitar este Summer Olypiad a los célebres
Games (que sí, que serían joyas y todo lo que tú quieras, pero prácticamente
ninguno se libró de contar con algún "evento" que rebasaba
alegremente la frontera de lo gilipollesco).
- Triple Salto: de nuevo, ganan los Games. Aún así, la prueba es bastante
simpática y, además, utiliza una perspectiva muy original. Vaya, como que la
vista es parecida a la de la prueba de esgrima. Fijaos en la segunda captura,
fijaos. Pues sí: lo corriente en eventos de este tipo (que ponen a un señor
brincando como una chotacabra cualquiera, sobre un foso de arena), es que se
desarrolle con una vista más o menos lateral. Bueno, pues con bastante buen
criterio, la gente de Tynesoft decidió que eso sería imitar (más todavía) a
los escuadrupedísimos jacarandísimos calagurritameratipon... ejem...
gachufladenterrísimos... hum... y mencionadísimos Games de Epyx, y optó una
especie de desarrollo isométrico protagonizado por un atleta bastante grande,
un scroll rápido y suave y... un escenario más bien plano y anodino.
- Salto de trampolín: ... o desde el trampolín. Claro. No vayan ustedes a
creer que es el trampolín el que salta y... y... *suspiro*
... ahí me he pasado con la imbecilidad, sí.
Bien, pues... que alguien me la explique. El enorme sprite salta desde alturas
troposféricas, hacia la piscina y, por el camino, tiene tiempo de realizar todo
tipo de cabriolas, malabarismos, contorsiones y payasadas volantes... que si
ocho o nueve saltos mortales para delante (en serio), que si cinco o seis giros
para acá, otros siete u ocho para allá... vamos, un despliegue asombroso de
desprecio a "cualquiera de las leyes de la gravedad" (como dijo el
otro día el comentarista deportivo de un Telediario, refiriéndose a los
brincos que pegaban los participantes en un torneo de trial; me hizo gracia la
ceporrez del muchacho, ¿qué queréis que os diga? "CUALQUIERA" de
las leyes de la Gravedad, desafiaban los motoristas, ni más ni menos. Hala,
qué tíos. Escojan ustedes la ley gravitacional que les dé la gana. No
importa. Una cualquiera. La que más asco les dé. No se preocupen, porque
nuestros osados y aguerridos moteros la desafiarán gallardamente... jopé.
Aunque, ¿quién sabe? a lo mejor, el presentador en cuestión es un forofo de
Stephen Hawkings, y lo que quería decir es que aquellos valerosos saltimbanquis
de bajo octanaje eran capaces de cabalgar sobre el horizonte de sucesos de un
agujero negro, asomarse a su oscurísimo interior, y dejar caer un par de
desafiantes gargajos que, claro, quedarán convertidos instantáneamente en
chorros de energía. Ya lo decía Einstein: la energía del gargajo es igual a
la masa del mismo por la velocidad de la luz al cuadrado. Así que, los
salivazos con flema espesa son más energéticos que los fluidos...) (¿por
dónde iba?) (¿quién soy? ¿dónde estoy? ¿qué es esta pantalla azul con
letras blancas?)... ah, sí, lo del saltador que cae al vacío trazando piruetas
imposibles antes de zambullirse en la piscina, para conseguir una puntuación
de... uno. Uno y medio. Tres, como mucho. No sé en qué criterio se basa el
juego para evaluar los saltos, pero desde luego, no hay quien lo entienda. En
una de las pruebas, conseguí dar cosa así de cuatro o cinco mortales adelante
y otros tantos hacia atrás, en el mismo salto, y me gané... CERO-PUNTO-CERO.
Por parte de TODOS los jueces. En fin...
- 110 metros vallas: otra prueba que parece de lo más tonta, pero que luego se complica de mala manera. A ver: hasta donde he podido comprobar, la cosa consiste en machacar los controles de izquierda y derecha, alternativamente (vaya por Dios, echábamos de menos al nefasto método... llevábamos sin verlo desde... desde... desde la prueba de triple salto, que también lo usa. Cagontó) y pulsar el botón de disparo en el momento oportuno, para salvar el obstáculo. Vale. Lo curioso es que el atleta intentará saltar la valla de turno aunque no se lo ordenemos. Lo que pasa es que, sin nuestra colaboración, se la tragará con patatas, indefectiblemente. Eso sí, no se caerá al suelo, como ocurría en el Summer Games (y parece lo más lógico ¿no? Vamos, digo yo. Si pulsar botoncito = saltar vallita. No pulsar botoncito = hostión contra la vallita, und visita al odontólogo más conveniente, con una bolsita en la que el atleta lleva, recogidos primorosamente, los fragmentos de su dentadura, más un poquito de tartán molido, entre empaste y empaste). ¿Que es muy cómodo? No sé qué deciros. A mí, la prueba me resulta de lo más confusa. Para empezar, hasta los corredores controlados por el ordenador muestran un grado de patosería asombroso. La regla es no dejar una valla en pie. La excepción es que a alguien le dé por saltar alguna. Loor y gloria. En esas condiciones, es difícil incluso identificar a nuestro atleta. Claro: en los juegos de este tipo, cuando uno participa, por primera vez, en una prueba en la que tiene que medirse con uno o más rivales manejados por el inefable Commo, se distingue a sí mismo fácilmente: el primero que se vaya al suelo de cabeza, con los incisivos por delante... ese soy yo. Como, en el caso que nos ocupa, todos son más torpes que un cerrojo...
Después de habernos enfrentado a todas las pruebas que hayamos escogido (ya sean las cinco, o un subconjunto de ellas) (toma pedantez con leves y grisáceos tintes de dialecto de funcionario ocioso experto en no tramitar montañas de papelajos inútiles), podremos ver la... pantalla de presentación. Sin más. Ni ceremonia de clausura, ni gaitas. ¿Qué esperabais? Ya os lo advertí: Summer Olympiad es la imitación. Para la versión original, véanse los Games made by Epyx.
↑ Lo mejor
* Gráficos coloristas y agradables.



