Portada de Summer Olympiad

FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO

Summer Olympiad

GéneroDeportes
Desarrollado porTynesoft
MúsicaIan Crabtree & Wally Beben
Año1988
Veredicto originalMola
Valoración7/ 10
Gráficos
8
Sonido
7

Material

COMENTARIO ORIGINAL

La review

El plagio, incluso a niveles tan inofensivos como este, es una cosa muy fea. Creo que ya he dicho esto en otra ocasión a lo largo de las tropecientas fichas que llevo tecleadas. Hala, pues me reafirmo en ello, jaté tú. Pocas cosas hay que me fastidien más que el plagio flagrante. Eso sí, rebajemos la tensión de la definición de semejante mal arte, que hay por ahí mucho neurótico agónico fijándose hasta en la última esquina de la configuración molecular de este o aquel trabajo y comparándola con todas las de los demás, cazamariposas en mano, en busca de coincidencias. Que me los conozco. Tienden a aprovecharse de lo difuminada que está la frontera entre lo "inspirado en..." y lo "gracias, Dios mío, por el Copy & Paste" para sembrar una mica de cizaña, que eso nunca viene mal para combatir el aburrimiento y el que a uno no le presten atención.

Me joroba profundamente, insisto, que una piara de vagos se aproveche de la creatividad y el esfuerzo de otros, para pegar el pelotazo. Lo que me parece bastante más comprensible y legítimo es que, cuando alguna empresa o similar da la campanada con un producto que a la gente le encanta, se suban al carro catorce más, deseando seguir sus mismos pasos pero, a ser posible, mejorando el invento para vender más. Cojonudo. Estamos hablando, entonces, de un "inspirado en...", bastante claro. Porque, vamos a ver, seamos sinceros, ¿hay alguien que sea ABSOLUTAMENTE original, en este planeta? Lo dudo mucho. Al final, está casi todo inventado y, de lo que se trata, es de buscar formas nuevas de reinventar. Se puede ser original en la manera de presentar algo de lo más manido y usado. No es original un turbo-mocho alimentado por baterías de antimateria, que aniquila el polvo doméstico, convirtiéndolo en pequeños estallidos de rayos gamma que, ya de paso, caldean agradablemente el ambiente, hacen las veces de iluminación navideña, rizan el pelo a abuela y convierten a los ácaros en borregos lanudos. Ojo con el perro, señora, que el mocho este no se anda con chiquitas y lo puede sorber, así como el que no quiere la cosa, en cuanto usted esté mirando para otro lado. Y recuerde que la antimateria no se come, ni se puede tirar por el retrete, ni usar de abono, ni es para jugar. Gilipollas.

No, no es un nuevo invento. Es una mezcla de estupideces surtidas que, combinadas todas, en amor y comparsa, dan como resultado una estupidez todavía más grande. A estas alturas de la película, innovaría cualquier esnob abotargado, con demasiado tiempo libre, al que le dé por crear un nuevo deporte de riesgo practicado con mochos polvorientos.

Lo mejor para no tener que fregar la vajilla... ¡Oigh! ¡Es lo más! ¡Es súper original! ¡Súper creativo! ¿Quién es mejor, Akira Kurosawa, Keynes o la mula de Milton Humason? (respuesta: ¿sabéis quiénes son esos tres, pandilla de larvas de macaco de diseño, afeitado, panzudo y pretencioso?... esto... perdón... ¿hay algún esnob abotargado, con demasiado tiempo libre, entre vosotros).

El plagio, según la Enciclopedia de las Definiciones que Nunca Existieron (Bueno, Algunas Sí Que Existen, Sí), a la que su seguro servidor recurre con tanta asiduidad, es una copia literal, textual, de un trabajo, sin el permiso del autor, para atribuirse uno mismo, taimadamente (no se excluye el frotamiento de unas manos de apariencia cruel, con sus deditos afilados y sus uñas amarillas, y todo; la risa de desequilibrado mental no viene en el paquete estándar, pero por un suplemento, se la lleva usted, más un par de centímetros cúbicos de profuso babeo. Y le regalamos la joroba peluda) para mayor gloria personal.

Está el plagio del merluzo, que se da en dos direcciones:

- Dirección 1 (conocida como la del Merluzo Integral o el Mamón Redomado): parte de un famoso famosísimo y llega hasta algún borrón anónimo del pueblo llano. La celebridad se dedica a fusilar, tal cual, párrafos enteros de obras de autores de vigésimo quinta fila. Estas sanguijuelillas se basan en el conocido fenómeno de "dime quién eres y te diré... erm... si me gusta to lo que haces". A algunos, el nombre-del-abajo-firmante es determinante a la hora de decidir si lo que ha leído merece su aprobación o no. Den ustedes un texto más o menos aseadito a un jurado. Díganles que se trata de un experimento de un adolescente blanducho e insatisfecho y que juzguen la conveniencia de publicarlo con toda alharaca. Se terminarán tronchando y acabarán repartiendo el manuscrito entre los pobres... sin papel higiénico en casa. Escojan a otro tribunal, y aseguren que el ensayito es lo último de algún escuadrúpedo Premio Sistema Planetario, Cúmulo Local de Galaxias e incluso Nebulosa de Emisión (este tiene que ser la leche) y escuchen cómo las babas repiquetean sobre la moqueta, con un caudal directamente proporcional al tamaño de la cuenta corriente del supuesto artista y, sobre todo, de las de sus amiguetes influyentes. "¡Ooobra maestra!", clamarán. "¡Se ha superado una vez más!", afirmarán.

La dirección 1 es de lo más patética, por cuanto el famoso famosísimo intenta aprovecharse, para su bien, del trabajo de un mindundi penoso y digno de lástima... pero que, mira tú por dónde, que ha tenido una idea que al egregio personaje no se le había ocurrido. De aquí, el segundo nombre de la dirección 1. El primero le viene del hecho de que hay que ser un Merluzo Integral para suponer que, si copias algo textualmente, nadie se dará cuenta. El problema de los excelsos plagiadores, es que deben de pensar que la Humanidad sólo lee lo que ellos escriben, así que jamás se notará el cambiazo.

- Dirección 2 (conocida como la del Imbécil del Todo): el origen es indiferente; lo que importa es el destino, o séase, la víctima del copión inmisericorde: un famoso. Sí, señores, hay gente capaz de plagiar a autores famosos. De ahí el sobrenombre de la dirección de marras. Al menos, estos individuos intentan disminuir las posibilidades de que les pesquen (aunque, a veces, uno se pregunta si no será precisamente eso, que les pillen en pleno proceso de clonación, lo que buscan; sadomasoquistas autodestructivos los hay a patadas por el mundo...) refiriéndose a párrafos recónditos de obras poco desconocidas. Los menos hábiles se creen que, cambiando un par de palabrejas por sus sinónimos más cercanos, la cosa ha quedado ya lo suficientemente enmascarada.

Menudo prólgo, sí señor. Y semejante vomitona mental, sólo para acabar diciendo algo que quedaría tan bonito, conciso y pulcro como si me hubiera dado por expresarlo mediante esta frase: "No creáis que este Summer Olympiad es una mala copia de los Summer Games de Epyx. Es cierto que, seguramente, se lanzó siguiendo su estela y tratando de recoger algunas migas de su éxito. Pero, desde el principio, queda bien a las claras que no se trata de una intentona de engañar al común de los jugones, haciéndole creer que está ante otra entrega de los juegos deportivos más célebres -y mejores- del C64, sino más bien ante una chorradita inocua, sencillamente entretenida y sin pretensión ninguna". Hala. Ya está. Y con esto, nos habríamos ahorrado los sotopocientos párrafos cretinoides que acabáis de leer. (Ah, pero ¿los habéis leído? ¡qué valor, el vuestro!).

Vaya, que Summer Olympiad es un clásico ejemplo del "inspirado en...". No, no llega hasta eso de mejorar el original, pero tampoco nos vamos a quejar por ello. No son pocas las compañías de videojuegos que, basándose en el éxito de Id Software con su Doom y adláteres tridimensionales-del-todo-te-lo-juro-que-esta-vez-sí, decidieron sacar sus propios "first person shooters". Entre esas empresas, se contaban algunas de la talla de Origin, con su System Shock, o LucasArts, con su serie de machaca-soldaditos-imperiales en perspectiva subjetiva, protagonizada por el Jedi más marrano de la Galaxia. Le tienen que oler los gayumbos como si llevara a Yoda muerto debajo de los pantalones. Algunos de esos jueguecitos "tipo Doom", como se les dio en llamar, mejoraban bastante el modelo original. Otros, ni de coña... pero, aún así, eran la mar de divertidos (Redneck Rampage, por ejemplo).

Sí, bueno, cuatro de los cinco eventos que forman el juego (¿sólo cinco?) ya aparecieron en las dos entregas del Summer Games, pero, al menos, en esta tontería que nos ocupa, tan ricamente, se les ha dado un enfoque distinto, más en la línea del juego. O sea, con poquitas pretensiones. Pero poquitas, poquitas ¿eh?

Os cuento:

Para empezar, olvidaos de una estupenda secuencia de introducción. Lo cierto es que, gráficos (coloristas y vistosos) aparte, en lo que se refiere a la presentación, el juego a veces coquetea con la mamarrachada preadolescente. Se prodiga en memeces de efectitos y cabriolas con enormes letras pixelizadas a más no poder que se deslizan por la pantalla siguiendo trayectorias absurdas, y poca cosa más. Lo más espectacular y creativo de la "ceremonia de apertura" es la suelta de globitos que llevan escrita una letra sobre su superficie, y flotan lentamente, en grupos de ocho (por aquello de no trastear más de la cuenta -y la cuenta, por lo que se ve, es chiquitíiiisima- con la multiplexación de sprites, claro), formando palabras (el título del juego, los créditos y demás...). Una chorrada, en serio.

Las pruebas son un refrito de lo más variado. Helas: 

- Tiro al plato: una versión de lo más light de este... "deporte". El entrecomillado va a propósito. Es que, miren ustedes, nunca he tenido muy claro qué entienden los del Comité Olímpico por "deporte". Yo pensaba que es algo en lo que uno se cansa, al menos un poquito y que te deja con unas agujetas estupendas. Si llaman "deporte" a pegar tiros con una escopeta, ya puestos, propongo que se creen nuevas disciplinas olímpicas...  ¿No nos hemos visto en otro juego?

... como Perranganeo With Birra en el Sofá In Front of The TV (gana el que pase más tiempo despanzurrado sobre los cojines, sin experimentar pérdidas de sensibilidad en las extremidades), A Ver Quién Mea Más Lejos  o Tírale Un Cantazo Al Perro. Medalla de oro para el que descalabre antes al caniche piojoso de turno.

... estooo... bueno, pues sí, que esta prueba es toda una declaración de los principios del juego (jo, qué pena más triste, esto de hablar de los "principios" de un videojuego de los 80; como para fundar un movimiento político / filosófico), con su música a medio camino entre la épica gárrula y la estridencia astutamente medida para que... bueno, para que tenga cierto tono de fanfarria olímpica; con sus gráficos cuadriculaditos ellos, pero de lo más efectivos y agradables de ver; y con su mecánica simple como el cálculo de la estructura del pitorro de un botijo. ¿Qué hay que hacer? Mueva usted su punto de mira hasta que se sitúe en las inmediaciones de uno de los platos que surcan la pantalla velozmente, y pulse el botón de disparo cuando considere que puede hacerlo añicos de un perdigonazo. Hala. Se acabó. Bueno, sí, hay algún que otro recolguín por ahí, como que la prueba se realiza a lo largo de seis pantallas diferentes y que, con frecuencia, tendremos que tratar de pulverizar dos discos que surgen, casi al mismo tiempo, desde lados opuestos. 

- Esgrima: esta sí que se parece a la prueba homónima del Summer Games. Eso sí, cambia una cosa: la perspectiva. Y se mantiene otra cosa: lo coñazo que resulta. Pero más todavía. Porque, al menos, en el caso del juego de Epyx, el "evento" (no sé yo si se podrá traducir así) tenía un mínimo poso de jugabilidad. En el que nos ocupa, servidor de ustedes no entiende nada y se limita a aporrear el joystick en direcciones más o menos aleatorias, para observar, aburrido, cómo el monigote de la parte inferior izquierda de la pantalla la emprende a floretazos contra el controlado por el ordenador (supongo que pueden participar dos personas en esta prueba; no lo sé, ni lo he comprobado ni tengo la menor intención de hacerlo ¿passa algo?), obligando al SID a proferir toda suerte de tintineos mil y campaneos cien. El otro saltimbanqui-avec-colador-en-la-cara hace lo mismo y, vaya por Dios, termina ganando. Siempre. Indefectiblemente. Y mucho tarda el jodío, porque la prueba se hace de lo más monótona. Hala, pues ya nos salió la oveja negra del rebaño. Hasta en esto tenía que imitar este Summer Olypiad a los célebres Games (que sí, que serían joyas y todo lo que tú quieras, pero prácticamente ninguno se libró de contar con algún "evento" que rebasaba alegremente la frontera de lo gilipollesco). 

- Triple Salto: de nuevo, ganan los Games. Aún así, la prueba es bastante simpática y, además, utiliza una perspectiva muy original. Vaya, como que la vista es parecida a la de la prueba de esgrima. Fijaos en la segunda captura, fijaos. Pues sí: lo corriente en eventos de este tipo (que ponen a un señor brincando como una chotacabra cualquiera, sobre un foso de arena), es que se desarrolle con una vista más o menos lateral. Bueno, pues con bastante buen criterio, la gente de Tynesoft decidió que eso sería imitar (más todavía) a los escuadrupedísimos jacarandísimos calagurritameratipon... ejem... gachufladenterrísimos... hum... y mencionadísimos Games de Epyx, y optó una especie de desarrollo isométrico protagonizado por un atleta bastante grande, un scroll rápido y suave y... un escenario más bien plano y anodino. 

- Salto de trampolín: ... o desde el trampolín. Claro. No vayan ustedes a creer que es el trampolín el que salta y... y... *suspiro*  
... ahí me he pasado con la imbecilidad, sí.

Bien, pues... que alguien me la explique. El enorme sprite salta desde alturas troposféricas, hacia la piscina y, por el camino, tiene tiempo de realizar todo tipo de cabriolas, malabarismos, contorsiones y payasadas volantes... que si ocho o nueve saltos mortales para delante (en serio), que si cinco o seis giros para acá, otros siete u ocho para allá... vamos, un despliegue asombroso de desprecio a "cualquiera de las leyes de la gravedad" (como dijo el otro día el comentarista deportivo de un Telediario, refiriéndose a los brincos que pegaban los participantes en un torneo de trial; me hizo gracia la ceporrez del muchacho, ¿qué queréis que os diga? "CUALQUIERA" de las leyes de la Gravedad, desafiaban los motoristas, ni más ni menos. Hala, qué tíos. Escojan ustedes la ley gravitacional que les dé la gana. No importa. Una cualquiera. La que más asco les dé. No se preocupen, porque nuestros osados y aguerridos moteros la desafiarán gallardamente... jopé. Aunque, ¿quién sabe? a lo mejor, el presentador en cuestión es un forofo de Stephen Hawkings, y lo que quería decir es que aquellos valerosos saltimbanquis de bajo octanaje eran capaces de cabalgar sobre el horizonte de sucesos de un agujero negro, asomarse a su oscurísimo interior, y dejar caer un par de desafiantes gargajos que, claro, quedarán convertidos instantáneamente en chorros de energía. Ya lo decía Einstein: la energía del gargajo es igual a la masa del mismo por la velocidad de la luz al cuadrado. Así que, los salivazos con flema espesa son más energéticos que los fluidos...) (¿por dónde iba?) (¿quién soy? ¿dónde estoy? ¿qué es esta pantalla azul con letras blancas?)... ah, sí, lo del saltador que cae al vacío trazando piruetas imposibles antes de zambullirse en la piscina, para conseguir una puntuación de... uno. Uno y medio. Tres, como mucho. No sé en qué criterio se basa el juego para evaluar los saltos, pero desde luego, no hay quien lo entienda. En una de las pruebas, conseguí dar cosa así de cuatro o cinco mortales adelante y otros tantos hacia atrás, en el mismo salto, y me gané... CERO-PUNTO-CERO. Por parte de TODOS los jueces. En fin...

- 110 metros vallas: otra prueba que parece de lo más tonta, pero que luego se complica de mala manera. A ver: hasta donde he podido comprobar, la cosa consiste en machacar los controles de izquierda y derecha, alternativamente (vaya por Dios, echábamos de menos al nefasto método... llevábamos sin verlo desde... desde... desde la prueba de triple salto, que también lo usa. Cagontó) y pulsar el botón de disparo en el momento oportuno, para salvar el obstáculo. Vale. Lo curioso es que el atleta intentará saltar la valla de turno aunque no se lo ordenemos. Lo que pasa es que, sin nuestra colaboración, se la tragará con patatas, indefectiblemente. Eso sí, no se caerá al suelo, como ocurría en el Summer Games (y parece lo más lógico ¿no? Vamos, digo yo. Si pulsar botoncito = saltar vallita. No pulsar botoncito = hostión contra la vallita, und visita al odontólogo más conveniente, con una bolsita en la que el atleta lleva, recogidos primorosamente, los fragmentos de su dentadura, más un poquito de tartán molido, entre empaste y empaste). ¿Que es muy cómodo? No sé qué deciros. A mí, la prueba me resulta de lo más confusa. Para empezar, hasta los corredores controlados por el ordenador muestran un grado de patosería asombroso. La regla es no dejar una valla en pie. La excepción es que a alguien le dé por saltar alguna. Loor y gloria. En esas condiciones, es difícil incluso identificar a nuestro atleta. Claro: en los juegos de este tipo, cuando uno participa, por primera vez, en una prueba en la que tiene que medirse con uno o más rivales manejados por el inefable Commo, se distingue a sí mismo fácilmente: el primero que se vaya al suelo de cabeza, con los incisivos por delante... ese soy yo. Como, en el caso que nos ocupa, todos son más torpes que un cerrojo...  

Después de habernos enfrentado a todas las pruebas que hayamos escogido (ya sean las cinco, o un subconjunto de ellas) (toma pedantez con leves y grisáceos tintes de dialecto de funcionario ocioso experto en no tramitar montañas de papelajos inútiles), podremos ver la... pantalla de presentación. Sin más. Ni ceremonia de clausura, ni gaitas. ¿Qué esperabais? Ya os lo advertí: Summer Olympiad es la imitación. Para la versión original, véanse los Games made by Epyx. 

Lo mejor

* Rápido, sencillo... como un Summer Games light. 
* Gráficos coloristas y agradables.

Lo peor

* Sólo cinco pruebas, y bastante tontas en algunos casos (al menos, en el de la esgrima).